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Capìtulo 7

last update Veröffentlichungsdatum: 22.09.2026 06:34:17

Valentina Montesinos

Llamé a la señora Martha desde la sala de estar mientras Santi continuaba jugando en el suelo con sus dinosaurios. Ella era una de las empleadas de mayor confianza de la mansión Kuri y, desde que había llegado a aquella casa, se había encargado de estar pendiente de todo lo que pudiera necesitar, aunque con el tiempo había terminado convirtiéndose en una de las pocas personas dentro de aquella enorme mansión con las que realmente podía hablar sin sentir que debía medir cada
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  • Hasta que la muerte nos separe   Capìtulo 7

    Valentina MontesinosLlamé a la señora Martha desde la sala de estar mientras Santi continuaba jugando en el suelo con sus dinosaurios. Ella era una de las empleadas de mayor confianza de la mansión Kuri y, desde que había llegado a aquella casa, se había encargado de estar pendiente de todo lo que pudiera necesitar, aunque con el tiempo había terminado convirtiéndose en una de las pocas personas dentro de aquella enorme mansión con las que realmente podía hablar sin sentir que debía medir cada una de mis palabras. Cuando apareció frente a mí, le pedí con una sonrisa que por favor preparara dos tazas de té acompañadas de algunas galletas y, después, que llevara a Santi un rato al jardín para que pudiera jugar. La mujer asintió de inmediato y se acercó al pequeño, quien protestó un poco al principio porque todavía quería continuar con su juego, pero terminó aceptando cuando Martha le prometió que podrían llevar algunos de sus dinosaurios al jardín. Lo observé alejarse junto a ella hast

  • Hasta que la muerte nos separe   Capìtulo 6

    Valentina MontesinosLlamé a la señora Martha desde la sala de estar mientras Santi continuaba jugando en el suelo con sus dinosaurios. Ella era una de las empleadas de mayor confianza de la mansión Kuri y, desde que había llegado a aquella casa, se había encargado de estar pendiente de todo lo que pudiera necesitar, aunque con el tiempo había terminado convirtiéndose en una de las pocas personas dentro de aquella enorme mansión con las que realmente podía hablar sin sentir que debía medir cada una de mis palabras. Cuando apareció frente a mí, le pedí con una sonrisa que por favor preparara dos tazas de té acompañadas de algunas galletas y, después, que llevara a Santi un rato al jardín para que pudiera jugar. La mujer asintió de inmediato y se acercó al pequeño, quien protestó un poco al principio porque todavía quería continuar con su juego, pero terminó aceptando cuando Martha le prometió que podrían llevar algunos de sus dinosaurios al jardín. Lo observé alejarse junto a ella hast

  • Hasta que la muerte nos separe   Capitulo 5

    Valentina MontesinosDespués de salir del Hospital San Román, lo único que deseaba era llegar a casa, encerrarme en mi habitación y pensar. Necesitaba estar sola, lejos de médicos, diagnósticos y palabras que todavía no conseguía asimilar. Lupus. Esa palabra parecía perseguirme desde que había abandonado el consultorio del doctor Mendiola. La llevaba en la cabeza mientras conducía de regreso a la mansión y, por más que intentaba pensar en otra cosa, siempre terminaba regresando a la misma pregunta: ¿cómo iba a decírselo a Christian? No sabía cómo abordar el tema, ni siquiera sabía si debía hacerlo. El doctor había insistido en que debía estar acompañada en mi próxima consulta, pero yo no conseguía imaginarme sentada frente a él diciéndole que estaba enferma, mucho menos explicándole que mis riñones ya presentaban un deterioro importante y que, si el tratamiento no funcionaba, podía terminar necesitando diálisis o incluso un trasplante. Durante el camino había intentado convencerme de

  • Hasta que la muerte nos separe   Capitulo 4

    Me encontraba sentada frente al escritorio del doctor Mendiola, con las manos entrelazadas sobre mi regazo mientras intentaba mantener la calma. Desde que había entrado al consultorio había sentido una presión extraña en el pecho, una sensación que no conseguía explicar y que se hacía más intensa cada vez que el doctor desviaba la mirada hacia los documentos que tenía frente a él. El sonido de las hojas al moverse parecía demasiado fuerte dentro de aquel pequeño consultorio y, por alguna razón, cada vez que pasaba una página sentía que mi corazón comenzaba a latir un poco más rápido. El doctor llevaba varios minutos revisando mis resultados y yo no sabía si aquello era una buena o una mala señal. Finalmente, dejó los papeles sobre el escritorio, entrelazó sus manos y levantó la mirada hacia mí.—Valentina, quiero que primero mantengas la calma.Sentí que mis dedos se apretaban unos contra otros.—¿Es algo grave?El doctor guardó silencio durante unos segundos antes de responder.—Tus

  • Hasta que la muerte nos separe   Capitulo 3

    Aquella mañana me encontraba sentada junto a Christian en la mesa del comedor, aunque la distancia entre nosotros parecía mucho más grande que los pocos centímetros que separaban nuestras sillas. Frente a mí había un desayuno que apenas había tocado. Desde que había despertado, las náuseas habían regresado y, aunque intentaba ignorarlas, el simple aroma del café y de los alimentos me revolvía un poco el estómago. Tomé un pequeño sorbo de jugo y dejé nuevamente el vaso sobre la mesa, tratando de concentrarme en cualquier otra cosa que no fuera aquella sensación desagradable. A mi lado, Christian parecía completamente ajeno a mi malestar. Deslizaba un dedo por la pantalla de su teléfono mientras tomaba su café con la otra mano, revisando quién sabe qué asuntos de la empresa. Ni siquiera había levantado la mirada hacia mí desde que nos sentamos. Lo observé de reojo durante unos segundos y suspiré. Era curioso cómo podía estar tan cerca de él y, al mismo tiempo, sentir que se encontraba a

  • Hasta que la muerte nos separe   Capitulo 2

    Desperté con una extraña sensación de vacío en el estómago. Durante unos segundos permanecí con los ojos cerrados, intentando recordar dónde estaba, hasta que una ligera sensación de mareo me obligó a incorporarme lentamente sobre la cama. Llevé una mano a mi frente y respiré profundo, esperando que aquella sensación desapareciera, pero en su lugar una pequeña oleada de náuseas hizo que cerrara los ojos nuevamente. Tragué saliva y esperé unos segundos antes de atreverme a moverme. No era la primera vez que me ocurría. Últimamente esos pequeños malestares se habían vuelto más frecuentes, aunque prefería no pensar demasiado en ello. Quizá solo estaba cansada. Había dormido poco la noche anterior y, después de todo, no había sido precisamente una noche fácil. Me quedé sentada al borde de la cama y bajé la mirada hacia mis manos. Fruncí ligeramente el ceño al notar que mis dedos se veían un poco más hinchados de lo normal. Giré las manos frente a mí, observándolas con detenimiento, como s

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