Home / Mafia / Hasta que muera / 4. Otra noche más

Share

4. Otra noche más

Author: Autorgen
last update publish date: 2025-10-28 21:23:10

—Oigan, en tres semanas asignan los turnos en la clínica—Dijo Samara, mientras ojeaba el menú del restaurante—¿Ustedes que opinan?

Habíamos decidido salir a comer un rato después de las clases en un restaurante cerca de la universidad. Se sentí bien salir y despejar mi mente luego de estos días. Todavía me costaba mucho estar con ellos sin sentir que me consumía el dolor, pero debía ser fuerte y enfrentar mi realidad.

—Mi papá dice que tengo que ganarlo por mis propios medios. Él no va hacer nada para ayudar.

—Fabi. Mira el lado positivo. Así puedes demostrarle que vas camino a convertirte en un excelente médico—agregó Samara con una sonrisa burlona. Y Fabi y yo reímos también.

Estábamos a punto de llamar a la camarera para nuestro pedido, cuando el caos estalló alrededor. El estruendo de cosas cayendo sobre nosotros hizo que todo el mundo comenzara a gritar. Miré con horror cuatro hombres enfundados con tapabocas y capuchas entrando a la fuerza y disparando a varios comensales. Halé a Samara debajo de la mesa, y cuando quise tomar la mano de Fabricio, cayó a mi lado, gimiendo mientras sostenía su estómago.

—¡Fabricio! — Gritó Samara en medio del ruido — ¡Alina! ¡Está herido! ¡Oh, madre santa!

La sangre salió a borbotones de su estómago, e inmediatamente reaccioné. Me acerqué con rapidez, y presioné con fuerza la herida, intentando detener la hemorragia. 

—Está sangrando mucho— Murmuré con la respiración agitada— ¡Samara busca algo con que pueda hacer presión!

—¡Mierda, m****a! —Exclamó ella con la mirada perdida— Nos van a matar, Alina. ¡Ellos tienen armas! ¡Vienen para acá!

—¡Samara, reacciona! — Grité—¡Necesito algo para detener la hemorragia! Hala aquel mantel con mucho cuidado que ellos no te vean, por favor, Samara. ¡Ya no siento su pulso!

Aturdida, Samara gateó hacia la mesa continua, y antes de poder tomar el mantel, uno de los tipos se acercó arrastrándola del pelo.

—¡No! ¡Suéltame!

—Cállate, puta— Gruñó él— ¿Dónde está la nieta de Robert Valencia? ¿Acaso eres tú, bonita?

—Por favor, llame a una ambulancia— Murmuré entre lágrimas— Yo soy Alina Valencia. Puede llevarme, pero déjeme salvarlo. Puedo salvarlo, solo necesito detener la hemorragia. Por favor.

—¡Alina, no digas nada! —Gritó Samara. Mordió con fuerza el antebrazo del hombre, y fue lanzada con fuerza contra una de las mesas.

—¡Maldita mujer! ¡Hoy te mueres, perra! — Rugió el hombre enmascarado, apuntado el arma directamente sobre ella.

Pánico corrió a través de mí, y me levanté de un salto, interponiéndome entre él y Samara.

—¡No la mates, por favor! ¡Iré contigo! — Supliqué desesperada— Iré sin decir nada, lo prometo.

—Alina, no— Murmuró Samara con voz ahogada— No vayas con ellos. Te van a lastimar.

Volví la mirada hacia ella, e intenté sonreír.

—Voy a estar bien. Fabricio te necesita. No puedes dejarlo morir, Samara. Llama a la ambulancia, por favor. Te veo luego, ¿sí?

Me devolvió la sonrisa, asintiendo. Y antes de poder asimilar la situación, el hombre encapuchado me tomó del brazo llevándome a la salida con el resto de sus compañeros. Con brusquedad, fui lanzada hacia la parte trasera de una camioneta negra. Una bolsa negra cubrió de inmediato mi rostro, y sentí un leve pinchazo en mi brazo derecho.

—Dulces sueños, señorita Valencia— Susurró alguien a mi lado, antes de perder el conocimiento.

Desperté con el sonido de la lluvia y los truenos. No podía ver nada. La venda en mis ojos estaba tan ajustada que mi cabeza ya se sentía pesada. Escuché pasos acercarse, e inmediatamente contuve el aliento. Las bisagras de la puerta chirriaron con fuerza, y una voz gruesa y espeluznante resonó entre las paredes.

—Quítenle la capucha— Ordenó—No se ocurra hacer nada estúpido, niña. Mis hombres están listos para matarte si yo lo decido.

En cuanto mi cabeza fue liberada, intenté adaptar mis ojos a la luz resplandeciente. Un bombillo enorme iluminaba toda la habitación, dejando ver con claridad el rostro de tres hombres enormes. Musculosos, tatuados, y vestidos de negro. Uno de ellos me miraba con aparente curiosidad, y los otros dos relamieron sus labios mientras sus ojos hacían un barrido por mis piernas desnudas.

—Así que eres la nieta del puto viejo avaro de Robert— Comentó el más grande y espeluzándote de ellos— Nunca pensé que llegaría a conocerte. Siempre te mantuvo en las sombras.

—Tenemos que enviarle una foto, Dito. En cuanto sepa que la tenemos, vendrá aquí con el rabo entre las piernas. Es un cobarde— Dijo su amigo de cabeza rapada.

El tal Dito sonrió sombrío con sus ojos negros fijos en mí. Mi respiración comenzó a ser rápida, mientras un temblor recorría todo mi cuerpo. Sin darme cuenta, llevé mis piernas hacia mi pecho, en un intento por protegerme. Dos lágrimas se deslizaron por mis mejillas, y él extendió su mano atrapando la humedad entre sus dedos.

—No llores, niña.

—Por favor, no me lastimes— Susurré entrecortado.

—No puedo hacerte daño— Murmuró mirándome fijamente, y un suspiro de alivio escapó de mis labios.

—Oh, dios. Gracias, de verdad muchas gra…—

Las palabras murieron en mi garganta en el momento en que uno de sus amigos, haló con fuerza mis piernas, haciendo que la parte de atrás de mi cabeza golpeara el cabezal de la cama vieja. Grité, el dolor irradiando por todo mi cuello.

—Eres muy bonita— Murmuró acariciando mis piernas.

—Por favor, no. No lo hagas, por favor— Repetí con desespero.

—Si te resiste es peor, caramelito

—¡Espera, por favor! Mi familia tiene mucho dinero. Yo puedo hacer que tengas mucho dinero ¡lo juro!

Soltó una carcajada, burlona, dejando ver una hilera de dientes en mal estado, y mi estómago se retorció con arcadas. Él notó mi reacción de repudio, y su cara se transformó en una expresión aterradora. Se acercó con lentitud, y sostuvo mi barbilla mientras saboreaba el lóbulo de mi oreja.

—¿Te doy asco, niña?  Espera que tengas mi polla en tu vagina— Añadió tomando mi cabeza entre sus manos, besándome.

Dejé salir un grito ahogado, intentado escapar de su agarre, pero mantuvo su boca pegada a la mía. El sabor era desagradable, y mi cuerpo se estremeció. Sentí el vómito subir por mi garganta mientras arañaba su mejilla con fuerza.

—¡Jodida perra eso dolió — Gritó, enfurecido

Me arrastré por sobre la cama, cayendo de bruces en el suelo, y vomité.

El muy hijo de puta, volvió a reír, y tomó mi pie con fuerza, halándome hacia él. Antes de poder reaccionar, se dejó caer sobre mi espalda, atrapándome con todo su cuerpo. Con una mano subió mi vestido, y metió su pierna musculosa entre las mías.

Estaba prácticamente arrancando mis uñas contra el suelo intentando escapar del horror de ser tomada en contra de mi voluntad de nuevo, cuando la puerta se abrió de golpe sin previo aviso, interrumpiendo el ataque. Algo sobre un cargamento de drogas, armas y mucho dinero, eran las palabras que alcancé a comprender. En el momento que ellos terminaron de discutir, quedé sola de nuevo en la habitación, y no pude evitar las lágrimas de alivio brotar de mis ojos. Sollocé, sintiendo un gran peso liberarse dentro de mi alma.

—Oh, mi Dios, por favor no permitas que regrese—Susurré en la oscuridad.

El cansancio fue como un camión aprisionándome, y cerré los ojos. No debería quedarme dormida, pero estaba hecha un desastre y mi cuerpo se encontraba al borde de un colapso.  Cuando abrí mis ojos de nuevo, me di cuenta que alguien había entrado en la habitación. Observé la bandeja con comida puesta sobre el colchón junto a mis pies. Dejé salir una bocanada de aire mientras me sentaba teniendo especial cuidado en no tirar la comida.

En silencio inspeccioné mi cuerpo. Tenía moretones en la parte interna de mis muslos, rasguños en mis brazos, y más moretones en mis caderas. De nuevo mis ojos se posaron en la bandeja de comida. No tenía apetito, pero era demasiado lento el proceso de morir de hambre, así que comería algo hasta que encontrar la manera de salir de aquí.

—Entonces, niña. ¿Te gustó lo que mi amigo te hizo anoche? Hoy puede repetirse, si quieres.

Levanté la mirada hacia la voz burlona proveniente del umbral de la puerta. Estaba tan ida en mis pensamientos que no me fijé que habían llegado.

—Mi abuelo te va hacer pagar por esto— Murmuré enojada con la mirada fija en el pelón.

—¿Eso crees? Porque hemos estado llamado a tu querido viejo, y no quiere negociar con nosotros.

—Eso no es cierto. Él jamás me dejaría aquí.

—Ojalá tengas razón, niña. De lo contrario esta noche, el turno es para moreno. Y él tiene la polla más grande que este pendejo—Añadió señalando a su amigo calvo, quien gruñó y salió dando un portazo.

Determinada a huir, me levanté de la cama con piernas temblorosas, y comencé a inspeccionar la pequeña habitación. Una mínima ventana se ubicaba en lo alto, llegando casi al techo. Intenté llegar a ella subiéndome en la cama, pero estaba demasiado alta. Gemí internamente, sintiendo ira y frustración.

La bandeja metálica se volteó con el movimiento del colchón, derramando todo su contenido. Intenté controlar el llanto, y observé fijamente la comida esparcida. Un pequeño rayo de luz se reflejó en la bandeja, e inmediatamente mi mente materializó el pensamiento.

Un golpe. Solo necesitaba un golpe certero con esa cosa, y podría huir.

A medida que el tiempo corrió sentí más nervios. Me temblaba todo el cuerpo, y cuando escuché pasos acercándose, creí que iba a sufrir un infarto. La puerta se abrió lentamente, e inspiré profundo antes de lanzarme con fuerza sobre él. El primer golpe lo recibió justo sobre la sien, haciendo que se tambaleara y cayera encima de la cama. Me lancé de nuevo por otro golpe más fuerte, y sonreí al verlo perder el conocimiento.

Observé la bandeja metálica en mi mano, totalmente desfigurada, y no lo pensé dos veces antes de utilizar el arma potencialmente peligrosa en la que se había convertido el objeto. Arremetí contra él, empujando el lado filoso en su nunca, la sangre saliendo a borbotones manchando mis manos y ropa.

Aturdida, salí de la habitación con rapidez. Corrí en medio de un pasillo oscuro y cuando noté la luz proveniente debajo de una puerta, lágrimas empañaron mi campo de visión de alivio.

—¿Niña millonaria? M****a. Así que tú eres el premio del que tanto habla Dito.

Di la vuelta lentamente, encontrándome con los ojos negros del chico del accidente. En cuanto sus ojos registraron a quien tenía adelante, me miró con asombro, dando un barrido por mi cuerpo, hasta detenerse en mis manos ensangrentadas.

—Eres uno de ellos, ¿cierto? Por eso estabas tan golpeado ese día—Murmuré dejando salir las lágrimas. La decepción apretándome el pecho.

Extendió la mano, y sonrió con pesar. Su expresión llena de lástima hizo que se me revolvieran las tripas.

—Suelta eso, y vuelve conmigo. No puedes escapar, doctora.

—Si vuelvo contigo, ellos van a violarme. Prefiero morir antes que dejar que ellos toquen mi cuerpo.

—¡Maldita sea! ¿Te violaron? ¿Dime quién fue? —Exigió dando un paso hacia mí—Ellos no debían hacerlo. ¡Eso nos mete en problemas!

—No lo hizo, pero si me quedo otra noche no creo que salga viva para contarlo. Si quieres ayudar, déjame ir— Supliqué desesperada— No voy a involucrarte, lo juro. Solo quiero salir de aquí.

—Oh, m****a, doctora. Me temo que no puedo hacer eso.

—Por favor. ¡Te ayudé una vez! — Sollocé casi arrodillándome a sus pies, pero él lo impidió, tomándome por el brazo— ¡Déjame ir!

Tristeza parpadeó detrás de sus ojos, y por un instante flaqueó. Aproveché ese pequeño gesto, y tomé su mano entre las mías, temblando con anticipación.

—Por favor, ayúdame. Maté al hombre de la cabeza rapada, no saldré viva si me descubren. Ese día te dije que no tengo dinero, pero es mentira. Puedo hacer que tu vida cambie por completo. Si me ayudas, le diré a mi abuelo y él te recompensará.

Dejó salir un suspiro agobiado, y negó con la cabeza.

—Es demasiado peligroso, además no quiero meterme en más problemas. La última vez casi me matan. Lo siento, pero no puedo.

—Mátame entonces—Musité ausente—Es mejor morir así que volver allí y soportar sus manos manoseando mi cuerpo.

—Joder, niña. ¿Por qué demonios quieres morir? tu familia puede darnos el dinero, y vuelves a tu vida de rica.

—De todas maneras, pasará, tarde o temprano, pero no voy a regresar a esa habitación contigo— Respondí con una sonrisa amarga— Si quieres llama a tus amigos. Estoy segura que estarán encantados en matarme apenas sepan que asesiné a tu compañero.

—¿De qué diablos hablas? Nadie va a morir, joder… — resopló, enojado y asintió— Está bien, doctora. Me juego la vida hoy, así que procura cumplir tu promesa.

Solté un suspiro de alivio, y asentí con una sonrisa temblorosa.

—Por supuesto que sí. Tienes mi palabra. ¡Es una promesa, lo juro!

Se quedó observándome por algunos segundos, y tuve la impresión que quería añadir algo más, sin embargo, sacudió su cabeza como desechando la idea, y murmuró por lo bajo.

—Jodida situación. Vámonos, y por favor corre lo más rápido que puedas.

En el momento que tomó mi mano, y me sacó corriendo de allí, experimenté la mayor de mis alegrías. Quizás este era el inicio de una nueva prisión para mí, pero por lo menos tenía la satisfacción de saber que existía una persona que le importaba mi bienestar, así fuese por un poco de dinero.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • Hasta que muera   55. Te amo a ti.

    Ver como sacaban el cuerpo sin vida del hombre que había utilizado con tal de ganar un poco de tiempo me producía un a opresión en el pecho producto de la culpa. Saber que estaba convirtiéndome en una pieza más en los juegos macabros de Kedar hacía que quisiese encerrarme a llorar durante días en mi habitación. No era una mujer común, eso lo sabía desde muy joven, sin embargo, sentía que cada día se alejaba más de mí, el ideal de ser una persona diferente. A medida que pasaba el tiempo, aquel sueño de dejar atrás mis lamentos y dramas a causa de la maldición de mi apellido se volvía una utopía. Esta noche, terminaría de marcar mi destino para siempre. Ya no tenía caso seguir luchando contra la corriente. Era inútil. Sobre todo, ahora que era consciente de mis sentimientos. Amar a un hombre como Kedar Asim, era el precio que debía pagar por haber sido cómplice de tantas atrocidades.Desde que fui testigo del primer homicidio en casa, debí comprender que era mi responsabilidad como ser

  • Hasta que muera   54. Esto es lo que somos

    Once de la mañana. El reloj marcaba las once en punto de la mañana.¿Qué podría hacer si llegase el tiempo no podía localizar a Jalid?Gemí internamente mientras me paseaba de un lado al otro en la habitación por enésima vez. Necesitaba localizar a Jalid desesperadamente, pero todos mis intentos habían sido en vano. Tal y como lo supuse, no estaba contestando mensajes ni llamadas. No había podido dormir en toda la noche pensando en una manera de llamar su atención. Me negaba a creer que Jalid estaba lo suficientemente enojado conmigo para desaparecer sin dar una segunda mirada hacia mí.Si tan solo pudiese arrebatarle el teléfono al guardaespaldas llamaría a Samara de inmediato para ponerla sobre aviso. Antes de que Kedar apareciera con sus hombres, estaba hablando con uno de los socios más cercanos del abuelo. Quizás logró escuchar el caos en la ambulancia y en este momento estaba buscándome o yendo a la mansión por respuestas. Ahora que el abuelo había muerto, no tenía más opción qu

  • Hasta que muera   53. Nada que perder

    El soplo de la brisa nocturna no lograba refrescar mi rostro. Alrededor no había nada, ni siquiera el zumbido de un insecto. A pesar del silencio, en mi mente reinaba un caos de pensamientos que desestabilizaba cualquier intento de raciocinio. No podía creer que estuviese de rodillas en lo que parecía un solitario campo de sembradíos. Frente a mí se erguía Kedar, en una postura tan prepotente que tuve que hacer un esfuerzo sobrehumano para no lanzarme sobre él y golpearlo hasta que mis nudillos sangraran.Tenerme así, sometida en el suelo, no era más que puro orgullo herido. Necesitaba demostrarse a sí mismo que era superior a mí en todos los sentidos; estaba completamente segura de ello. Sin embargo, mi paciencia tenía un límite. Y si en los próximos minutos no dejaba de jugar conmigo, las cosas se saldrían de control.—Ya deja de mirarme así —dijo, manteniendo una sonrisa socarrona en los labios— Me gusta cómo te ves. Pareces una fiera a punto de devorar a su presa. Aunque estés de r

  • Hasta que muera   52. Acorralada

    De verdad estaba en una ambulancia, fingiendo una sobredosis.Ladeé la cabeza hacia los dos paramédicos que revisaban con cuidado mis signos vitales. Quise decirles que estaba completamente bien y que los síntomas que ellos veían como signos de alarma, para mí, eran normales. Estaba más que acostumbrada a los efectos secundarios de los sedantes y las pastillas para la ansiedad.Después de salir prácticamente huyendo de la mansión de Kedar, no podía sacudirme la sensación amarga de haber expuesto a mis amigos a un peligro inminente; el peligro que me esperaba tras haber sido descubierta traicionando la poca confianza que él tenía en mí. Kedar había sido muy claro desde un principio, y yo ya no cabía dentro de su piedad.Necesitaba revisar mi teléfono. Antes de que el caos estallara, les había enviado un par de mensajes a los socios más importantes de mi abuelo para ponerlos al tanto de su desaparición. Prácticamente les supliqué que me ayudaran con su gente para proteger la mansión. Aun

  • Hasta que muera   51. Un lado peligroso

    «Tu sangre será lo próximo que manche mi camisa…»«Huye, Alina. ¡Huye! ¡Huye!»— ¿Alina?Gemí, revolcándome entre las sábanas aún con los ojos cerrados. La pesadilla de ser expuesta ante Kedar se materializaba en mi mente; me veía corriendo por toda la mansión mientras sus hombres me buscaban con desesperación para matarme. Creía que podía correr más rápido, pero mis piernas no tenían suficiente fuerza, como si estuvieran atrapadas en cemento. Estaban a punto de atraparme…— ¡Alina, despierta! —el grito de Samara se coló en mi mente, pero no lograba abrir los ojos. Necesitaba huir— ¡Maldición! ¿Qué demonios le pasa, Fabi?— Es el efecto de las pastillas que se tomó para dormir. Iré por alcohol, ya regreso.— Malditos medicamentos —gruñó mi amiga mientras me zarandeaba de un lado a otro, intentando sacarme de la pesadilla— Alina, por favor. Abre los ojos.No fue hasta que sentí el olor penetrante del alcohol rozando mi nariz que logré despejar la mente. Las imágenes terroríficas de la

  • Hasta que muera   50. Condena

    El silencio en la mansión era roto únicamente por el sonido de nuestras respiraciones. El olor de la comida esparcida y el vino derramado se mezcló con el aroma de mi propio miedo y anticipación. Estaba completamente a merced de él. No podía moverme, no podía hablar. El peso de su cuerpo en mi espalda no solo me cortaba el aire, sino que me atrapaba en un retorcido juego psicológico.Algo dentro de mí me decía que Kedar me estaba poniendo a prueba.— Tan perfecta —musitó en mi oído, mientras sus manos grandes y callosas subían lentamente por mis muslos expuestos, arrastrando el dobladillo del vestido hacia arriba— Pareces dispuesta a complacerme.— Quizás… —mi voz salió como un hilo ahogado por la presión de mi rostro contra la madera— O quizás solo estoy esperando que sientas que tienes el control. ¿Cuál de esas dos opciones te gusta más?— Creo que va a ser una noche interesante si continúas siendo tan atrevida. ¿Puedo conocer el motivo? Me intriga.Resoplé amargamente, empujando mi

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status