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3. Acción-reacción

Author: Autorgen
last update publish date: 2025-10-15 22:34:18

Al día siguiente desperté con el cuerpo todo adolorido, sin embargo, el dolor esta vez se sintió bien. Dormí con una sonrisa en mis labios, y soñé toda la noche con aquel chico atractivo. Cuando lo vi alejarse, estuve a punto de preguntar su nombre, pero sentí vergüenza de mis emociones. No era algo que pudiese permitirme, pero aun así se sintió emocionante comportarme como alguien de mi edad.

Terminé de arreglar mi cabello, y poner maquillaje sobre los golpes, y me dirigí al comedor. El abuelo leía el periódico, mientras Alicia, sostenía en par de papeles con expresión seria. Me senté en silencio en mi silla habitual intentando no llamar su atención, pero fue en vano.

—Hoy te ves demasiado maquillada. No me gusta— Dijo ella, sorbiendo un poco de su café— Y ese cabello debería estar en una cola alta.

—Antes de irme lo arreglo— Musité, sintiendo la amargura instalarse en mi garganta haciéndome perder el apetito.

—Tu abuelo me contó lo que te pasó ayer. ¿Quieres explicar que sucedió exactamente? Creo haber sido muy clara contigo. No tenías permitido salir de la universidad antes.

—Alicia, por favor, estamos desayunando. Déjala en paz—Espetó el abuelo— No quiero tocar ese tema de nuevo. Si ayer te hubieses quedado en casa, entonces sabrías lo que pasó con exactitud. ¿Dónde demonios estuviste?

—Robert. Fui a la empresa— Replicó ella— Hay cosas por solucionar. Los abogados están nerviosos por el contrato que firmaste. No sabemos nada de los petroleros, y ya pasó un mes.

—Organiza un viaje a Dubái para la próxima semana. Quiero que lleves Alina contigo—Señaló el abuelo mirándome con seriedad—Alicia, encárgate que ese maldito cumpla sus palabras. Ya me harté de sus juegos.

Contuve el aliento, el miedo atorándose en mi pecho. No estaba preparada para ir a ese viaje.

—Abuelo, no puedo salir de viaje— Respondí con temor— Mis exámenes comienzan la próxima semana, y no puedo…

—¡No está en discusión, Alina! — Gritó interrumpiéndome— Ese contrato depende de ti, y lo sabes. Ya pasó demasiado tiempo. Necesitamos recuperar lo que tu padre nos quitó, o de lo contrario esa gente nos va asesinar. ¿He sido claro?

Alicia, resopló y dijo.

—Ella lo sabe, Robert. Solo se hace la tonta. Puedes aplazar tus exámenes. Hablaré con el decano de la facultad. No hay ningún problema con eso.

Asentí, cabizbaja.

—Está bien—Murmuré intentando controlar las lágrimas.

—Alina, cuando estés con ellos asegúrate de ser amable, respetuosa, y educada. Tu padre nos dejó en una muy mala posición, pero si logras dar una buena impresión, puede que ellos quieran emparentar con nosotros. Ese ha sido siempre nuestra finalidad, y la de ellos también, solo que Darío acabó con nuestras esperanzas cuando se metió con la esposa de mi amigo. No me puedes fallar—

—Abuelo. No me quiero casar con alguien que no conozco…

Se levantó con furia, y lanzó el periódico sobre la mesa.

—Lo siento, pero debe ser así— Espetó—Mi familia depende de ello, y no voy a poner en riesgo mi vida ni la de tus hermanos por un capricho.

Se retiró tan tranquilamente, ignorando la tristeza y la desolación que inundaban mi alma. Mis ojos se encontraron con los de mi madre, e inmediatamente observé el reflejo de satisfacción en ellos.

Ella disfruta de mi desgracia, y no puedo evitar preguntarme. ¿Por qué?

—Ya escuchaste a tu abuelo. No quiero pataletas días antes de viajar.

Sonreí con amargura, levantándome de la silla con lentitud. Sentí que mi vida era un sinfín de malas decisiones y no pude evitar querer retarla.

—Alicia. ¿Cómo piensas explicar que ya no puedo quedar embarazada? Estoy segura que mi futuro esposo espera tener hijos conmigo.

—Detente. No se te ocurra, Alina— Gruñó, su mirada destilando veneno.

Comencé a reír en voz alta mientras las lágrimas empañaban mi campo de visión. Sé que era una locura enfrentarla, pero ya no tenía nada que perder.

—¿Te asusta? — Pregunté entre risas—Mi abuelo no sabe lo que tu hermano me hizo, ¿cierto? Él cree que sigo siendo la niña de sus ojos. ¡Tuve un aborto que casi me mata y me dejaron incapacitada para tener hijos frente a tus narices y no hiciste nada!

—¡Cállate!

—No puedo casarme, madre. Ningún hombre va querer por esposa a una mujer que no puede darle hijos. ¿Qué crees que va decir aquel señor tan importante? ¿Crees que va permitir que su hijo mayor, heredero de todo su imperio se case conmigo?

—Tenías que arruinarlo todo. ¡Maldita sea, tenías que arruinarlo todo!

Volví a reír con fuerza, sin poder crear sus palabras. De nuevo yo soy la culpable y no su hermano.

—No se te ocurra contarle a nadie de esto, Alina— masculló mientras me tomaba con fuerza por el brazo—Puedo matarte si me entero que abriste la boca. Cuando llegue el momento iremos dónde el mejor ginecólogo a que te revisen.

—Oh, madre. Qué gesto tan amable de tu parte— Comenté con sarcasmo— Estoy viva de milagro, así que ahórrate la preocupación. No puedo quedar embarazada, ni ahora ni después.

Volvió apretarme el brazo, enterrando muy profundo sus uñas en mi piel haciéndome gemir de dolor.

—Así tenga que gastar todo el dinero del mundo, Alina, pero voy arreglarte— Siseó antes de salir del comedor, furiosa.

Dejé salir una enorme cantidad de aire, mientras mis piernas temblorosas perdían el equilibrio. Caí de rodillas, llorando de impotencia. La presión en mi pecho hizo que mi corazón doliera hasta el punto de sentir que se detenía. Grandes sollozos salieron de mi cuerpo, y fui superada por la situación. De nuevo caí en un hueco profundo, esperando que alguien lanzara una cuerda para salvarme.

Cuando llegué al auditorio para la clase de anatomía, Samara me vio, y frunció el ceño.

—Oh, por dios. ¿Qué te pasó? — Preguntó inspeccionando mi frente—¿Tu mamá te pegó?

—No, esta vez ella no tiene nada que ver.

Suspiró aliviada.

—Gracias al cielo. Bueno, habla. Ayer te fuiste de repente, y no contéstate ninguno de mis mensajes. ¿Qué está pasando contigo?

—Nada, no te preocupes. Estoy bien. Tuve un accidente ayer, y me golpeé la frente cuando el airbag del auto se activó.

Abrió los ojos como platos y exclamó en voz alta atrayendo la atención del resto de estudiantes.

—¡Tuviste un accidente y no me llamaste! ¡Se supone que soy tu amiga!

—Samara, por favor baja la voz. Nadie tiene por qué saber del accidente—Respondí con inquietud, observando al resto de compañeros mirarme sorprendidos— No fue nada grave. Es un pequeño golpe.

—No es tan pequeño, Alina. Ni todo el maquillaje del mundo puede ocultar el moretón. Además, parece que estás a punto de vomitar o algo así. Cuéntame que tienes, por favor. Y sé honesta.

Suspiré profundamente, y tomé su mano entre las mías necesitando sentir un poco de apoyo. Ella era la única persona en la que confiaba plenamente. Cuando nos conocimos en primer semestre me ayudó a integrarme con el resto de compañeros. Siempre demostró ser muy abierta, alegre, y sobre todo honesta.

—Me voy de viaje la otra semana— Murmuré con un nudo en la garganta— El abuelo quiere que me case con el hombre que te comenté.

—¿El que era socio de tu padre?

Asentí.

—El hijo mayor. Se supone que nos casaríamos en mis dieciocho, pero mi papá se metió con la esposa de uno de ellos y todo el mundo se enteró. Ya conoces el resto de la historia.

—Oh, m****a, Alina— Maldijo en voz baja, sacudiendo su cabeza—Aun me sigue pareciendo absurdo que en pleno siglo veintiuno existan personas que obliguen a sus hijas a casarse. En serio tu abuelo quería casarte a los 18 con un tipo de 30. ¡Es horrible!

Sonreí con tristeza.

—Si no fuera por todo el tema de la violación, estuviese viviendo en Dubái, para salvaguardar el honor, los negocios, el dinero, y el poder de mi familia. Qué gran ironía, ¿no te parece?

—Si, es una m****a lo que pretenden hacer contigo. ¿Qué vas hacer? no puedes quedarte de brazos cruzados. Tenemos que idear algún plan.

—Quizás encuentre alguien con quien acostarme, eso enloquecería a mi mamá— Comenté soltando una risa amarga—O puedo ir a trabajar en uno de esos bares de mala muerte donde las mujeres se desnudan.

—No es gracioso para nada, Alina— Espetó con seriedad— No me gusta que te burles de los horrores de tu situación. Nadie en este mundo debe pasar por lo que tú, y mucho menos con alguien de la familia.

—Discúlpame, olvidé cuanto te afecta. Pasó hace mucho Samara, ya deberías superarlo.

—¡Obvio que no! — Exclamó indignada—Tu tío tarde o temprano va a pagar por lo que te hizo, y yo voy a estar allí para patear sus bolas con mis botas de diseñador.

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