LOGIN—Tal y como era de esperar, considerando lo sobreprotectores que son y lo mucho que he demorado en dar este paso.
—A todos nos ha costado aceptar que ya no eres la pequeña que necesita nuestra protección constante. Eres una mujer independiente y con excelentes ideas. Tu trabajo en la empresa lo demuestra. Milo hizo bien al darte responsabilidades que te obligaron a desplegar tus alas. Y estoy maravillado por tu desempeño.
—Kaleb, eres un encanto. Gracias, hermanito.
—¿Cuándo será el feliz acontecimiento?
—La próxima semana. Jace me ayudó a encontrar un apartamento excelente con vistas maravillosas. ¿Y sabes qué es lo mejor? Lo voy a compartir con Tina, la hermana de Regina.
Él elevó una ceja.
—Tenía entendido que estaba estudiando y le tomaría un buen tiempo hacerse con el título y volver.
—Sí, pero sus metas cambiaron y finalmente optó por otros cursos, que puede hacer aquí. No lo tengo demasiado claro, nos hemos contactado telefónicamente. Estaré por mi cuenta, pero acompañada. El sitio es demasiado grande para mí y será una solución para ella también.
—Milo tratará de espiar todos los detalles a través de su cuñada.
—Sé que no es no muy diferente a ti, hermanito controlador.
—Un rasgo de carácter heredado—elevó los hombros—. ¿Qué te ha dicho a nuestra madre? Imagino el drama.
—Sí, le parece bien, aunque ha enfatizado su dolor e incomprensión por mi falta de asistencia a esas presentaciones en la alta sociedad que podrían darme el esposo de mis sueños. Y a la familia perfecta con la que tanto ha soñado.
—Tú, ingrata, eres su última esperanza de lograr emparentarnos con alguien de sangre azul.
—Fútil esperanza. Dada a mi poca experiencia en la sociedad _ dijo con nostalgia.
—Vaya decepción que son todos ustedes para los planes de nuestra madre para al menos ser parte de una monarquía—sonrió.
—¿Qué hay de ti Kaleb? Podrías darle el gusto. Podrías tú casarte con la mujer que nuestra madre elija para ti.
—Nunca, eso de la aristocracia no es para mí hermanita—sostuvo con firmeza.
—¿Trajiste las exquisiteces dulces?—preguntó, cambiando el tema.
—¿Todas las mujeres del universo Monahan orbitan alrededor de esa pequeña tienda? Esto sí que es un misterio, será que es una especie de hechicera y le echa a sus creaciones pociones mágicas para hacer adictos a sus clientes.
—Son absolutamente deliciosas. No puedes negarlo. Te he pillado en más de una ocasión cuando los pruebas. Y lo mejor es que podemos ayudar a un pequeño emprendimiento a crecer así como a su dueña, así que digamos que todos estamos haciendo una labor social a la vez que degustamos un producto de excelente calidad y hecho con amor.
—Lo sé—asintió, su mente otra vez trayendo la imagen de la adorable propietaria.
Fue una ardua semana de trabajo para Casie, pero esto no hizo más que revitalizarla y ponerla feliz, como solo podía lograrlo el saberse dueña de las riendas de su vida y no tener que rendirle cuentas a nadie. Parecía absurdo considerar como logros el poder decidir qué tipo de masas y tartas haría cada día, o las pequeñas innovaciones que haría en la presentación de estas o en la estética en las vitrinas. Pero para alguien que durante años había estado sometida las decisiones de otro, era liberador.
Esa misma semana la había pasado dando vueltas a dos ideas en su cabeza. Las quería convertir en acciones, pero su talante tímido la frenaba. Las dos tenían como disparador la presencia de Kaleb Monahan en su local, como si hubiera sido el catalizador para que algo en ella se despertara. Ese hombre regio y sensual había sacudido su domingo y provocado las más locas reacciones en su cuerpo, durante y después de su visita. A los nervios y la tensión que experimentó bajo su mirada inquisitiva y escrutadora, que parecía leer su alma, se había sumado que pareció aquilatar su cuerpo como un lobo frente a un conejo o algo así.
Sus rodillas temblaron y su centro pareció vibrar ante su mirada, pulsando impiadoso. ¡Y su voz! Oh, señor, su voz. Intensa, profunda, rica en matices, la obligó a tragar grueso y se impuso para incitarla a actuar, frenando frases o inmovilizándola.
Un hombre acostumbrado a mandar, a imponerse. Si la analogía servía, Casie se había sentido como la serpiente que esos hombres de la flauta hacían bailar a su son, tanto que vergonzosamente tartamudeó y habló de más.
Había sido menos de media hora, eso era todo lo que la presencia de Kaleb Monahan había durado en su local, pero más que suficiente para que ese rostro seductor se filtrara en sus noches, en sus fantasías, sin importar cuánto esfuerzo hiciera ella para espantarlo.
DESENLACE.El mesero los condujo hasta la mesa y ambos contuvieron la respiración al apreciar la vista genial a la Bahía Hulopoe. Vestidos con comodidad y relajados, habían logrado sortear las invitaciones de los demás a una cena conjunta, argumentando que lo harían los siguientes días.Las chanzas de Kaleb y Aidan no se hicieron esperar, pero Jace ni siquiera los miró, y Tina no sintió más que ganas de reír al notar la decepción de Kaleb al ver que Jace ya no se tomaba sus comentarios a pecho. Su hombre solo la miraba a ella y le hacía ver que la tenía en el centro de sus atenciones.Tomaron el consejo del maître en lo concerniente al vino y ordenaron frutos del mar cocinados de acuerdo a tradiciones locales, que les fueron explicadas con calidez y colorido. Jace se regocijaba con conocer las costumbres locales y no dudó en averiguar datos de los verdaderos conocedores de la zona. Le había dicho que lo mejor cuando viajaba era acudir a la población más que a las agencias. Permite con
De ahí la importancia de este tiempo de vacaciones para desconectar y retomar fuerzas, para aliviar el estrés que inevitablemente el circo mediático había traído.Afortunadamente el equipo de Matt había estado a la altura y había blindado toda posibilidad de que paparazis y periodistas llegaran hasta Tina, y solo habían existido mínimos incidentes. La fuerte presión de los abogados y la constante atención a publicaciones indeseadas y la amenaza de juicios por injurias habían hecho que los medios perdieran interés. Siempre había otras noticias trágicas que convocaban al morbo, lamentablemente.Las limusinas los condujeron al Four Seasons, lujoso complejo vacacional de Hawái que les había sido altamente recomendado. Y vaya si era impactante, pero ¿qué lugar podía no serlo con los paisajes impresionantes de ese paraíso que era el archipiélago del Pacífico? La Naturaleza en su más perfecto estado y colorido. Era el lugar perfecto para el romance, y Jace había planificado al detalle el pri
—No podría pedir algo mejor. Destino, gracias—gritó, y ambos rieron.—Estás loquito.—Sin dudas. Por ti. Quiero que sepas que voy a apoyarte siempre, en lo que elijas. Estudio, trabajo, la dinámica de esta relación…— Jace, gracias. Sé que lo harás. He pensado en retomar la carrera, tengo que definirlo. Pero la dinámica de esta relación la vamos a establecer entre los dos, amor. No tengas recaudos, no creas que debes plegarte a lo que quiera yo. Me voy a equivocar muchas veces. Tiendo a pensar las cosas demasiado. Puedo ser porfiada, algo torpe a veces.—No creo esta última parte. Mis defectos los vas a ver pronto.—No puedo esperar, Jace. Mi tía Meg solía decir que no hay amor más bonito que aquel que se brinda limpio y que no aspira a la perfección. Que amar es brindarse en la justa medida, aceptar al otro, potenciarlo, pulirlo. Sería tan bonito que podamos amarnos así.—Una mujer sabia. Me hubiera gustado conocerla.—Sí, la extraño. Pero sus recuerdos son dulces y me hacen bien.—M
Él escuchó un buen rato y Tina sintió que el tiempo se detenía, hasta que lo observó distender sus músculos y aflojar la mandíbula, mientras la miraba y ofrecía una sonrisa.—Lo atraparon. Funcionó tal y como lo previeron.Ella sintió que las piernas se le aflojaban y se tomó de una de las sillas altas, donde se apresuró a sentarse. Habían atrapado al maldito bastardo. Lo tenían. Se tapó la boca con ambas manos para contener un sollozo, y Jace corrió hacia ella y se hincó entre sus rodillas, mirándola con preocupación.—Matt, voy a cortarte, Tina no se siente bien. Hablamos luego—tiró el teléfono sobre la alfombra y sus manos envolvieron el rostro femenino.—Salió bien, tienen lo necesario. Está en custodia policial, pero vapuleado. Se resistió a ser detenido y arrestado. No hay más amenaza, Tina. No llores.Había cierta preocupación en su tono, y ella acercó sus labios y lo besó con ardor.—Es el alivio que siento el que me hace verter estas lágrimas.Probablemente tensión y preocupa
—Así es—avanzó hasta ella y la tomó por la cintura— me voy a asegurar de ello. tengo varias ideas que pueden parecerte interesantes.—¿En verdad? ¿cómo cuáles?—inquirió con curiosidad.—Podemos navegar. pienso enseñarte a surfear. vamos a caminar mucho por la playa, tomar sol, nadar.—Suena muy bien. De acuerdo con todo.—Claro que eso será en el tiempo que nos quede libre. Planeo hacerte el amor en todas las habitaciones y lugares disponibles de la casa.Ella miró la casa y luego a él, con una ceja levantada.—Es una casa grande.—Ajá, exacto—le guiñó un ojo y le besó la nariz.—Sugiero que no perdamos tiempo, entonces—le indicó, y lo tomó de la mano para avanzar hacia la mansión, y él la siguió riendo.Mientras bajaban el equipaje y abrían la casa Tina observó movimiento en la playa y se pegó a él. Jace giró para observar, y luego hizo un gesto de saludo.—Es uno de los hombres de Matt. Estamos seguros aquí. La acción va a transcurrir en otro lado, Tina. Todo está dispuesto para que
Pronto estuvieron en una carrera hacia el clímax, y cuando ella sintió que su orgasmo estallaba desde su centro, echó la cabeza atrás y casi sollozó de placer, uno que se volvió frenético cuando sintió que él se corría en su mano y su semilla bañaba su bajo vientre. Agitados, saciados, se abrazaron, y él tardó poco en levantarla y llevarla en andas hasta el lecho, donde la tendió. Sentado a su lado, la miró y sonrió.—Te voy a dar un respiro breve, considéralo un cese al fuego temporal. La conquista final será en este escenario y tendrá varias batallas…—Dame tu mejor ataque—contestó, y luego estallaron en risas, besándose y abrazándose.Con los ojos cerrados Jace escuchó por primera vez la voz de Heston, y el tenor de sus términos y frases lo llenó de tal furor que tuvo que hacer gala de toda su entereza para no estallar en aullidos. No tuvo duda de que si alguna vez lo tenía enfrente lo agrediría sin piedad ni remordimiento.La muestra de su verdadera personalidad se hizo clara a tr







