LOGINLiz se dio la vuelta y se fue a casa. Al llegar, lo primero que hizo fue escribir su carta de renuncia a la empresa de su tío; lo segundo fue buscar pasajes disponibles para el primer vuelo a cualquier país que quedara lejos de allí; después tomó su maleta y comenzó a empacar su ropa.
—¡Liz! ¡Liz! —mientras guardaba la ropa, oyó cómo los gritos se aproximaban
—. ¡Liz, qué hiciste! ¡No puedes maldecir el matrimonio de tu prima Carla, ustedes se trataban como hermanas! —apareció el tío de Liz, seguido por su tía, Carla y Lauro.
—¡Puedo y lo hice! ¡Eso es lo que deseo desde lo más profundo de mi corazón herido! ¡Deseo que los dos tengan un matrimonio de m****a!
—¡Liz, piénsalo bien! Tómate un calmante y reflexiona. Eres fuerte y puedes viajar, trabajar y andar por ahí; Carla está enferma y no puede salir de casa. Ella y Lauro se enamoraron y él se comprometió a cuidarla. Ahora esto aliviará tus preocupaciones por tu hermana y podrás divertirte más e incluso encontrar otro amor, sin culpa. No seas egoísta. ¡Este matrimonio es la única oportunidad de tu hermana para ser feliz! —se acercó la tía de Liz, intentando consolarla.
—Carla esto, Carla aquello… Siempre ha sido igual. Les dije que, aunque me casara, nunca abandonaría a mi prima, ¿pero pretenden que renuncie al hombre que amo y me alegre por ella? ¡Eso es demasiado! ¿Cómo pueden pedirme algo así? ¿Acaso no piensan que ya tengo 36 años y que no tendré muchas oportunidades de ser feliz en la vida? ¡Los médicos ya me dijeron que dentro de poco no podré tener hijos! ¿Y mis sueños? ¿No pensaron en ellos? Les estoy agradecida por haberme acogido cuando quedé huérfana y por eso dediqué todo mi tiempo y esfuerzo a corresponderles, pero ahora, cuando llegó el momento de ser feliz, ¿me pagan con una traición? No, ¡no me vengan a decir que Carla merece más la felicidad que yo solo por estar enferma!
—Querida, no pienses así. Tengo amigos conocidos que tienen hijos solteros. Siempre fuiste muy cerrada para el noviazgo y confieso que no pensé que quisieras casarte. Las mujeres de hoy en día ya no piensan en formar una familia, solo piensan en trabajar, y terminé pensando que tú… ¡olvídalo! Te presentaré a hombres buenos, a tu altura. Lauro solo era un pasante en nuestra empresa y no está a la altura de casarse con una CEO, con una mujer tan importante como tú. Es eso, está decidido, te presentaré a los pretendientes más ricos de esta ciudad y pronto te darás cuenta de que mereces mucho más que a un pasante.
—Conque es eso. ¿Creen que mi corazón se puede comprar? Primero me ofrecen un millón de dólares y después vienen a decirme que me van a presentar pretendientes ricos, ¿no? Las cosas no funcionan así, tío. El amor no es una transacción comercial. Y sobre ser la CEO, ya no lo quiero. Tome mi carta de renuncia, no quiero tener ninguna relación más con esta familia ni con su negocio.
—¡Liz! Pero… ¿hablas en serio? ¡No puedes hacer esto! ¿A quién voy a poner en tu lugar? ¡Sin ti nuestra empresa se irá a la quiebra!
—Eso ya no es problema mío. ¿Acaso no se unieron para traicionarme? Ahora únanse para resolver el problema.
—Bueno, señor Martínez. Si usted quiere, yo puedo asumir como CEO de la empresa —dijo Lauro. Elizabeth dejó de hacer sus maletas y lo miró fijamente a la cara.
—Así que era eso, ¿Lauro? ¿Eso era lo que querías? ¿Ser el CEO de la empresa? Dios mío, qué equivocada estaba con respecto a todos ustedes.
—¡No! Él no va a ser el CEO de la empresa, ¡Liz! ¡Tómate un té y cálmate! ¿Vas a dejar pasar una gran oportunidad como la que tienes por culpa de un pasante? —gritó el tío de Liz.
—¡Sí! Me voy, tío. Una cosa que aprendí sobre los negocios es que no se hacen negocios con gente en la que no se confía, y yo ya no confío en ninguno de ustedes.
Elizabeth cerró las maletas y salió arrastrándolas con determinación hacia la puerta.
—Liz, por favor, ¡perdoname! — Carla se arrojó al suelo y se arrodilló, sujetando la pierna de Elizabeth —. ¡No me dejes, prima! ¡No me dejes! Te voy a extrañar mucho, somos como hermanas, ¿recuerdas?
—¿Somos como hermanas? ¿Qué clase de hermana le roba el prometido a la otra? Si quieres que te perdone, ¡anula tu matrimonio!
—Liz… yo… no, no puedo hacer eso. Lauro no puede volver contigo —dijo Carla con voz baja y avergonzada.
—Lo que me imaginaba: mis sentimientos no les importan en realidad. A partir de ahora, ¡no quiero saber ninguna noticia tuya, Carla! A partir de este momento ya no te considero mi hermana.
Liz se soltó de Carla y se fue directo al aeropuerto. Tomó el primer vuelo hacia un país extranjero. Liz estaba tranquila en cuanto a establecerse: era políglota y tenía buenos ahorros guardados, dinero que había estado reservando para cuando se quedara embarazada y necesitara ausentarse un tiempo para cuidar de su bebé. Ahora sentía que todos sus planes futuros estaban destrozados y que el sueño de ser madre había quedado atrás.
Cuando era muy pequeña, Elizabeth perdió a sus padres en un accidente y fue acogida por su tío. Él y su esposa le dieron un hogar, estudios y compartieron con ella todo lo que tenían. Poco tiempo después de que Liz fuera acogida en casa de sus tíos, Carla nació prematura. Desde niña siempre fue pequeña y frágil, y demandaba mucha atención de sus padres. Pero Liz nunca les exigió a sus tíos la atención de unos padres, pues pensaba que el solo hecho de haberla recibido en su peor momento ya era lo mejor que podían hacer por ella.
Mientras Carla crecía necesitando atenciones, Liz creció de forma independiente. Sus tíos nunca tuvieron que exigirle las cosas cotidianas, como sacar buenas calificaciones en la escuela, acostarse temprano o lavarse los dientes después de las comidas. Liz lo hacía todo sin que se lo pidieran. Todo lo que hacía era pensar en recompensar a sus tíos por haberla acogido. Se esforzaba por no darles ningún problema e incluso ayudaba a cuidar a su primita. En muchas ocasiones Carla se sintió mal cuando solo Liz estaba cerca, y Liz, aun siendo una adolescente, asumía la responsabilidad de no desesperarse y hacer lo necesario para ayudar. Maduró demasiado pronto.
Liz creció, estudió Administración de Empresas y su madurez era tan reconocida por la familia de sus tíos que, en cuanto se graduó, le entregaron la responsabilidad más grande de la familia: ser la CEO de su empresa. Su tío ya se consideraba un hombre mayor y pensaba que Carla necesitaba que estuviera en casa al lado de su hija; como consideraba a Liz muy capaz, dejó el cargo y se lo entregó a su sobrina.
Liz siempre fue muy seria en su trabajo y se dedicaba por completo a él. Era admirada por todos a su alrededor, quienes decían que era una mujer fuerte, pero… no siempre las apariencias reflejan la verdad absoluta. Liz podía ser muy fuerte por fuera, pero su corazón era frágil y carecía de amor. Fue dejando de lado sus sueños románticos y, cuando se dio cuenta, ya tenía 36 años. Fue al médico y este le dijo que, después de los 36, las probabilidades de quedarse embarazada serían muy bajas. Fue en ese instante cuando comprendió que se había pasado toda la vida cuidando de los intereses ajenos, mientras que los suyos propios habían sido descuidados.
Se encontraba en un momento muy frágil, sin saber qué hacer. No creía que fuera fácil encontrar al hombre perfecto para ella a los 36 años. Ya no era joven y, según la sociedad, había quedado fuera del grupo de mujeres con las que los hombres deseaban casarse. Se sentía atrapada por las elecciones que había hecho; su sueño de casarse y formar una familia feliz parecía escurrirse entre sus dedos.
Fue entonces cuando entró a la empresa el nuevo pasante, Lauro. Al principio, Liz no le prestó ninguna atención. No lo consideraba el hombre que debía ser su objetivo. Como estaba acostumbrada, Liz elaboró un plan minucioso: en un plazo de seis meses debía enamorarse, tenía cuatro meses para casarse y dos meses más para lograr quedarse embarazada. Doce meses para alcanzar la meta de lo que había pospuesto durante años era una buena cifra para ella. Dejó de lado todas las implicaciones de lo que pudiera suceder.
"Me casaré con un hombre de mi edad para que así no me exija juventud." "Congelaré los óvulos que me quedan y así tendré una mayor tasa de éxito para quedarme embarazada." "Pagaré todos los gastos de mi boda y todos los derivados de la convivencia; así mi marido no pensará en cambiarme por otra mujer."
Lo tenía todo planeado en una hoja de cálculo y en su cabeza todo saldría bien… Sin embargo, no sabía que el amor no se puede prever ni calcular.
Aurora aún intentó mirar al suelo para ver qué era aquello: ¿una persona, un maniquí, una ilusión óptica? Pero Beatriz la arrastró desesperada hacia afuera.Las dos salieron corriendo del SPA, sin que nadie a su alrededor entendiera nada.Solo cuando llegaron al coche Beatriz finalmente se calmó:— Jefa, por fin estamos seguras... Ese hombre... Ese hombre no debía hacer eso. ¿Cómo es posible? Yo... —Beatriz se puso completamente roja y se calló de repente.Aurora la miró con una mirada de compasión y le acarició el cabello:— Tranquilízate, ya pasó... ¡Fueron solo cosquillas! ¿Qué clase de servicio estúpido fue ese? ¡¿Hacerles cosquillas a los clientes?! ¡Nunca más vuelvo a ese lugar! —dijo Aurora revoltosa, golpeando el volante.Beatriz la miró, un poco confundida:— ¿Cosquillas? ¿A eso lo llama cosquillas?— ¿Cómo lo llamas tú, entonces?— Ah, déjalo ya... ¡Solo sé que aprendí la lección! ¡Nunca más pediré bailarines o masajistas guapos, ¿entendido?!!Aurora miró a la pobrecita con
Un momento de suspenso se hace. Aurora miró hacia los lados y no vio ningún movimiento alrededor. Intentó bajar de la camilla, pero justo en ese instante una mano tocó su hombro, diciendo bajito para que volviera a tumbarse.Ella dio un brinco de susto.De repente, la voz del masajista parecía diferente.Aurora miró despacio hacia atrás y vio a un hombre de pie, usando la misma máscara negra. Solo que, por algún motivo, pensó que ya no parecía tan gentil como antes. Parecía que estaba enojado. ¿Pero por qué?Ella lo miró bien. Continuaba enmascarado, solo que ahora vestía una camisa blanca.Aurora respiró aliviada y comentó:— Ah, ¿te desapareciste para ir a ponerte una camisa?! ¡Qué bueno! Es mucho mejor así, ¿sabías? Quedarse sin camisa con las clientas es medio incómodo. ¿Continuamos?Volvió a tumbarse boca abajo y cerró los ojos. Pasó algún tiempo hasta sentir las manos de él tocando sus hombros.Aurora no sabía el motivo, pero, esta vez, el toque hizo que su cuerpo se erizara por
Bia miró a Aurora, un poco pensativa. Aquella información cambiaba todo lo que ella imaginaba. Pensaba que la jefa estaba siendo víctima de una persecución corporativa sin armas para luchar, pero la verdad era mucho más profunda.— Jefa, usted me dijo que el matrimonio de ustedes no era un matrimonio de verdad, ¿no es así? Entonces... ¿por qué se casaron?Aurora se dio una palmada en la frente, haciendo una mueca:— Vaya, Beatriz, si te contara... En fin, en esa época éramos amigos y yo confiaba en él. Solo que no podía confiar tanto así, ¿sabe? Las cosas sobre mí son complicadas... Vamos a relajarnos, ¿sí?Aurora recostó la cabeza en el respaldo de la tumbona, pensando en lo absurdo de aquella historia. ¿Cómo le explicaría a Beatriz lo burocrático que era abrir una empresa nueva siendo que ya tenía empresas multimillonarias a su nombre? ¿Cómo contarle que, para evitar la burocracia o tener que revelar su secreto a Henrique, propuso un matrimonio con cláusulas que exigían que, en caso
Aurora escuchó el tono del cliente e hizo una pausa para pensar.Siempre pensó que Henrique era más inteligente y se daba cuenta de que aquel tipo de justificación superficial y decisión impulsiva solo funcionaba dentro de la agencia. En el mundo corporativo, las personas no eran tontas —más aún clientes experimentados que trabajaban con ella desde hacía tanto tiempo.Aparentemente, ella lo había subestimado. Al mirar el rostro de él, veía características que ella misma deseaba ver. Pero ahora, finalmente, lograba ver quién era él realmente.Aurora respiró hondo y respondió:— Señor Feliciano, hubo algunos cambios internos y, lamentablemente, ya no estoy a cargo de las campañas de su empresa. Sobre el portafolio... bueno, pertenece a la agencia.— Entiendo. En ese caso, tal vez nosotros no cerremos el contrato para la próxima temporada. ¿Usted entiende, verdad, Aurora? La empresa de ustedes es nueva y se hace difícil confiar.— Comprendo perfectamente, señor Feliciano. No puedo interf
Aurora miró hacia la fachada del SPA y recordó que, desde que renunció a los lujos de su familia, no se había detenido ni un solo momento para pensar en su propio bienestar.En diversas ocasiones pasó frente a aquel lugar y se preguntó si no debería tomarse un día para sí misma. Sin embargo, siempre había algo considerado más importante: los estudios en la universidad, la planificación para fundar la agencia o las carreras para conquistar nuevos clientes.Todo iba en primer lugar, menos sus propias necesidades.Pero ahora sería diferente. No iba a volver a poner el bienestar de los demás por delante del suyo.Aurora dio el primer paso con determinación. Parecía un gesto simple, pero era el inicio de una nueva fase.Tan pronto llegaron a la recepción, Beatriz quedó deslumbrada por la arquitectura en arcos, las estatuas blancas y las plantas ornamentales. Corrió de un lado para otro mirándolo todo, mientras Aurora esbozaba una leve sonrisa al ver la emoción de su amiga y caminaba hacia
En ese exacto momento, la puerta se abrió y Beatriz entró pisando fuerte.— ¡Jefa! ¿Qué fue eso? ¡Ese Henrique es peor que perro sarnoso! ¿Cómo tuvo el valor de usar esa excusa patética de confidencialidad para darle tu trabajo a los demás? ¡Esto no puede quedarse así! ¡Tenemos que vengarnos!Aurora asintió con un leve movimiento de cabeza y dijo en voz baja:— Sí... esto realmente no puede quedarse así.Beatriz celebró, emocionada, y se sentó frente a Aurora de un salto, adoptando un tono misterioso:— ¡Adivina! ¡Pasé todo este tiempo reuniendo información para ayudarte! Conseguí dos noticias importantes: una mala y una buena. ¿Cuál quieres primero?Beatriz casi se subía a la mesa de tan emocionada que estaba.Aurora la miró, frunciendo las cejas:— Está bien, dime la buena.— La buena es que Henrique no nos estaba espionando en la discoteca. Realmente era otra persona. La gente descubrió a dónde fuimos porque... — Beatriz se encogió de repente y susurró: — Creo que me confundí, esa







