Compartir

Capítulo 3

Autor: Ruth
Mariana tuvo un sueño.

En el sueño, se había convertido en una mujer atrevida y descarada que se aferraba a un hombre apuesto sin querer soltarlo.

Aquellas escenas eran cosas que en la vida real ni siquiera se atrevía a imaginar.

Ya no podía distinguir si todo había ocurrido de verdad o si solo había sido un sueño.

Se movió ligeramente. Además del dolor de cabeza, sentía una incomodidad extraña en todo el cuerpo.

Abrió los ojos con dificultad.

La luz del sol era tan intensa que levantó el brazo para cubrirse.

Sin embargo, solo unos segundos después, notó que algo no estaba bien.

En el departamento que rentaba, la luz del sol jamás entraba por la mañana de esa manera.

Este no era su hogar.

De inmediato recuperó gran parte de la lucidez.

Los recuerdos de la noche anterior comenzaron a aparecer uno tras otro en su mente.

Al final, solo quedó un nombre.

¡Alejandro!

A medida que los recuerdos se volvían más claros, giró bruscamente la cabeza hacia un lado.

El rostro atractivo de Alejandro estaba justo frente a ella, tan cerca que contuvo la respiración por un instante.

¡Todo lo de anoche no había sido un sueño!

Mariana finalmente comprendió lo que había hecho.

Antes de que su mente pudiera pensar cómo enfrentarlo, su cuerpo ya había reaccionado.

Se levantó rápidamente de la cama, recogió la ropa esparcida por el suelo y, cubriéndose el pecho, salió corriendo descalza.

Tenía miedo de que el hombre en la cama despertara de repente y la llamara.

Se terminó de vestir en la puerta y salió, con una extraña sensación que no sabía cómo explicar.

***

Mariana acudió al Club Horizonte a trabajar como de costumbre.

Durante tres días seguidos, no volvió a ver a Alejandro.

Alguien como él probablemente tampoco aparecería todos los días en un lugar así.

De cierta manera, eso era mejor.

Era como si todo hubiera vuelto a la normalidad, como antes de que se conocieran.

Después de terminar una presentación, Mariana bajó del escenario para descansar, pero de pronto un hombre la detuvo.

Nunca había visto al hombre que tenía frente a ella.

—Bailas bien. Ve al salón VIP y hazme un baile privado.

Al ver que Mariana estaba siendo llevada, varios empleados se pusieron nerviosos.

—Ernesto, ¿qué hacemos ahora?

Leandro Cárdenas también tenía mucha influencia en San Aurelia.

Su familia tenía conexiones políticas, así que la mayoría de las personas no se atrevían a provocarlo.

Ernesto frunció el ceño y sacó su celular.

—Ustedes vayan a vigilar la entrada. Yo haré una llamada.

Él no podía enfrentarse a Leandro.

Pero si Leandro se atrevía a tocar a la mujer de Alejandro, su club tampoco podría seguir abierto.

***

En el salón VIP, Leandro ya había perdido la paciencia.

—¡Quítate la ropa!

Ese día, Mariana llevaba un vestido negro ajustado de tirantes y unos tacones altos y delgados.

Su figura era esbelta y la piel que quedaba expuesta era tan blanca que resultaba llamativa.

Los hombres dentro de la habitación llevaban mucho tiempo observándola.

Ella enganchó con un dedo el fino tirante que descansaba sobre su hombro.

Al instante, todos quedaron mirándola sin poder apartar la vista.

Mariana miró discretamente hacia la puerta.

El hombre que vigilaba la entrada también quedó distraído por la escena y avanzó unos pasos hacia ella.

Era el momento.

Al mismo tiempo que bajó el tirante, Mariana se giró bruscamente y corrió directamente hacia la puerta.

Pero el hombre parecía haber estado preparado desde hacía mucho tiempo.

Reaccionó más rápido que ella.

La tomó del brazo y la lanzó contra el sofá.

Mariana tomó de inmediato el cenicero que estaba sobre la mesa y lo lanzó con fuerza contra Leandro, quien se abalanzaba sobre ella.

Pero Leandro alcanzó a sujetarle la muñeca a tiempo y le quitó el cenicero.

—Sabía que no ibas a quedarte tranquila.

Apenas terminó de hablar, le dio una fuerte bofetada a Mariana.

Sus oídos comenzaron a zumbar. Sus ojos se enrojecieron y, aunque quería resistirse, sintió una impotencia como nunca antes.

La mano de Leandro se dirigió hacia su pecho.

—Coopera y te ahorrarás sufrimiento.

De repente, la puerta de la habitación fue abierta de una patada.

El viento frío entró junto con la puerta.

Leandro volteó con impaciencia.

—¿Quién demonios es?

En el instante en que Mariana vio aparecer a Alejandro, por primera vez comprendió qué se sentía encontrar esperanza cuando ya no quedaba ninguna salida.

Alejandro tenía el rostro sombrío.

Caminó hacia ellos con pasos firmes, tomó una botella de alcohol de la mesa y sujetó a Leandro por el cuello de la camisa.

Sin dudarlo, estrelló la botella contra su cabeza.

Con un fuerte sonido de cristal roto, la botella se hizo añicos y el líquido comenzó a escurrir por el rostro de Leandro.

Pero Alejandro no se detuvo.

Había varias botellas sobre la mesa.

Tomó una tras otra y las estrelló contra él.

Cada golpe era más fuerte que el anterior.

El alcohol en el rostro de Leandro ya se había mezclado con la sangre.

Todos los presentes quedaron inmóviles.

Nadie se atrevió a intervenir.

Cuando Mariana volvió en sí, de inmediato se escondió detrás de Alejandro.

Tenía el rostro pálido y el corazón le latía con tanta fuerza que parecía querer salir de su pecho.

Alejandro ni siquiera miró a Leandro, quien estaba tirado en el sofá, sujetándose la cabeza mientras gritaba de dolor.

Solo tomó la mano de Mariana y la sacó de allí.

Incluso los hombres de Leandro no se atrevieron a detenerlos.

Después de que ambos se fueron, Ernesto ordenó de inmediato a los empleados:

—Rápido, lleven a Leandro al hospital.

La puerta del salón se cerró.

Alejandro soltó a Mariana.

Su mirada pasó de su rostro hinchado y enrojecido hasta su pecho, que todavía subía y bajaba con rapidez.

Continúa leyendo este libro gratis
Escanea el código para descargar la App

Último capítulo

  • Jugando con Fuego   Capítulo 30

    Por muy espacioso que fuera el carro, el espacio del lado del conductor seguía siendo limitado. No era para nada tan amplio como Alejandro había dicho, mucho menos más que su departamento.Mariana sabía perfectamente dónde lo había rozado hacía un momento y también se había dado cuenta de que Alejandro ya había reaccionado.Pero como ya había sucedido, solo podía fingir que no había notado nada.Intentó ignorar el calor de la palma que sentía en la cintura y, en cuanto tomó su celular, lo encendió rápidamente.De inmediato aparecieron una gran cantidad de mensajes sin leer. Mariana no les prestó atención. Abrió WhatsApp y se apresuró a agregar a Alejandro.Después de hacerlo, le recordó:—Acéptame.Alejandro solo vio en sus ojos la prisa por agregarlo. Parecía no importarle en absoluto la postura tan sugerente en la que se encontraban.Bajó la mirada y vio el mensaje que Mariana acababa de enviarle. Era su número de celular.—Mi número.Mariana pensaba que, por lo menos, debían te

  • Jugando con Fuego   Capítulo 29

    El carro entró en la vieja unidad habitacional y se detuvo frente al edificio donde vivía Mariana.Alejandro volteó a verla. Dormía profundamente.El cielo seguía cubierto y no se sabía cuánto tiempo más duraría aquella lluvia.Él también ajustó el asiento y se recostó.Las ventanas aislaban casi por completo el ruido del exterior, y el sonido constante de la lluvia, parecido a un ruido blanco, hacía que fuera muy fácil relajarse.Alejandro cerró los ojos y, sin darse cuenta, también terminó quedándose dormido.Un fuerte trueno despertó a Mariana.Miró hacia el parabrisas. La lluvia era tan intensa que apenas podía distinguirse lo que había afuera.Al darse cuenta de que todavía estaba dentro del carro, volteó de inmediato.Alejandro seguía dormido, con los ojos cerrados.No la había despertado.Mariana se quedó observando su rostro con atención.Tenía la piel muy bien cuidada, las cejas pobladas y alargadas, y la nariz alta y recta. Sus labios tenían una forma bien definida y las co

  • Jugando con Fuego   Capítulo 28

    La lluvia caía con fuerza y sin descanso, levantando una fina neblina blanca sobre el suelo.Mariana le preguntó a Alejandro:—¿Te sientes mal?Alejandro la miró.—Estoy perfectamente. ¿Tú viniste a consulta?Mariana negó con la cabeza.—No. Vine a visitar a un paciente.Alejandro no siguió preguntando.—Alejandro.Al escuchar que alguien lo llamaba, Mariana volteó.Eran Valeria y Rodrigo.Rodrigo seguía vestido de traje. Incluso en el hospital, parecía haber venido por algún asunto de trabajo, salvo por el paraguas que llevaba en la mano derecha.Valeria vestía una blusa verde y pantalones blancos. Llevaba el cabello suelto sobre los hombros, lacio y bien acomodado, y se veía fresca y delicada.De pie junto a Rodrigo, parecía darle un poco de color al lugar.Sonrió al saludar a Mariana.—Tú también estás aquí.Mariana asintió ligeramente.Valeria no hizo más preguntas y se dirigió a Alejandro:—Acabo de hablar con el director del hospital. Aceptó darle prioridad al asunto.Alejandro

  • Jugando con Fuego   Capítulo 27

    El corazón de Mariana dio un vuelco.—¿Qué le pasó a Arturo?Catalina se secó las lágrimas.—El médico dijo que lo mejor sigue siendo un trasplante de riñón. Solo así habría una posibilidad de resolver el problema de raíz.Mariana frunció el ceño.—Eso ya lo sé. El médico lo había mencionado antes.Catalina la miró con ansiedad.—Hace rato escuché que el hospital recibió un riñón de un donante. ¿Puedes preguntarle al médico si podrían asignárselo primero a Arturo?Solo entonces Mariana entendió.Catalina la había llamado con tanta urgencia no porque el estado de Arturo hubiera empeorado de repente.Sin darse cuenta, soltó un suspiro de alivio, aunque todavía sentía una opresión en el pecho.Se esforzó por contener sus emociones y explicó con calma:—Mamá, un trasplante no puede hacerse simplemente porque haya un órgano disponible. Arturo está relativamente estable por ahora. Tenemos que esperar a que haya un riñón compatible con él. Cuando le corresponda, el hospital nos avisará.Catal

  • Jugando con Fuego   Capítulo 26

    A Mariana le pagaban el sueldo diariamente.Poco después de salir del trabajo, recibió en el celular una notificación del banco informándole que acababan de hacerle un depósito.Al ver la cantidad, fue directamente al área de finanzas para preguntar:—¿No habrá un error en el cálculo?La persona encargada volvió a revisar la hoja.—No. Ernesto dejó indicado que, a partir de hoy, te aumentaran la comisión.Mariana se sorprendió.Ernesto siempre la había tratado bastante bien.Ella sabía por qué, pero no esperaba que él mismo le aumentara la comisión.Al salir del área de finanzas, se encontró con Ernesto en la planta baja.Mariana se detuvo a saludarlo.—Ernesto.Él sonrió.—¿Ya terminaste por hoy?Mariana se quedó frente a él con actitud respetuosa.—Sí. Muchas gracias.Ernesto sabía perfectamente por qué se lo agradecía y no fingió no entender.—No tienes que agradecerme. Te lo ganaste con tu propio trabajo.Mariana había averiguado cuánto pagaban otros clubes y ninguno ofrecía condic

  • Jugando con Fuego   Capítulo 25

    El departamento era tan pequeño que todavía quedaba en el aire el aroma fresco y tenue de Alejandro.Mariana salió al balcón, abrió la ventana para ventilar y, al bajar la mirada, alcanzó a ver su carro alejándose.Se quedó un momento apoyada en el barandal antes de volver al interior. Recogió la bitácora de vuelo que había quedado junto al sofá y entró a la recámara.***Alejandro iba sentado en el carro, pero seguía pensando en la expresión seria de Mariana cuando se negó a mudarse.Mientras esperaba el cambio de luz en un semáforo, volteó hacia la calle. Los edificios de departamentos de aquella zona eran bastante viejos y cerca había un mercado al aire libre. La mayoría de las personas que iban y venían eran vecinos de edad avanzada. En pleno día laboral, casi no se veía gente joven.¿Cómo podía Mariana estar acostumbrada a vivir ahí?De pronto sonó su celular.Alejandro contestó y enseguida escuchó la voz ansiosa de Ignacio.—¿Dónde demonios estás?Delante de él seguían cruzan

Más capítulos
Explora y lee buenas novelas gratis
Acceso gratuito a una gran cantidad de buenas novelas en la app GoodNovel. Descarga los libros que te gusten y léelos donde y cuando quieras.
Lee libros gratis en la app
ESCANEA EL CÓDIGO PARA LEER EN LA APP
DMCA.com Protection Status