LOGINCuando la verdad salió a la luz, el supervisor de la empresa se comunicó conmigo personalmente.—La empresa no consideró bien las cosas cuando te despidió. Puedes regresar cuando quieras.Cerré la computadora.—No hace falta. Ustedes no necesitan un empleado, sino a alguien que nunca haya estado en polémicas. Yo no encajo.La arrendadora también se presentó en mi puerta con fruta.—Ya contraté a alguien para que quitara la pintura de la puerta. No te preocupes, te bajo el alquiler a la mitad.No le hice ningún reproche.—Gracias, pero voy a mudarme.—¿Adónde?—A otro país.Durante la universidad, solicité ingresar a un programa de estudios en otro país. El profesor a cargo vio lo que pasó en internet y volvió a enviarme un correo electrónico. Estaba dispuesto a reservarme el lugar y además me ayudó a solicitar una beca.El correo terminaba con una frase:“Tus logros académicos y tu aptitud no deberían quedar opacados por un rumor”.Acepté la oferta de admisión. Un día antes de mi parti
Cuando se publicó aquella nota de voz, las redes estallaron. Los seguidores de César seguían negándolo todo.“Las voces se pueden generar por computadora”.“Ismael es capaz de cualquier cosa con tal de limpiar su nombre”.Pero el abogado Ayala no tardó en publicar los registros completos. Ahí se detallaban las horas, los números y el contenido de los mensajes que había recibido mi abuela en su celular. Isabella también grabó un video.—Yo la llevé al hospital ese día. Antes de que se desmayara, no dejaban de llegarle insultos contra su nieto al celular. Isma todavía estaba fuera, en un autobús interestatal. Ni siquiera sabía lo que estaba pasando.Los comprobantes de pago del hospital y el boleto de autobús también coincidían. Ese día iba de regreso a mi pueblo. La acusación de que yo mismo había alterado a la abuela con los videos no se sostenía.Poco después, la plataforma publicó un informe de verificación. Las capturas de pantalla de las conversaciones que César había publicado est
Alondra me llamó el mismo día en que se envió el requerimiento del abogado. Apenas contesté, empezó a reclamarme sin darme tiempo a hablar:—¿No te parece que ya fue suficiente? Por tu culpa, César ya ni se atreve a salir. Siempre tuvo problemas de salud. ¿No vas a quedar satisfecho hasta matarlo? Con tus maldades causaste la muerte de tu propia abuela. ¿Y ahora quieres arrastrar a los demás contigo? ¿Cómo pudiste convertirte en esto?Me reí con desprecio.—¿Ni siquiera entendiste el requerimiento del abogado y ya corres a defenderlo?Me interrumpió.—No necesito leerlo. Las capturas de pantalla son muy claras. Tú sabes bien lo que le escribiste a César. Retira el requerimiento del abogado y pídele disculpas públicamente o voy a publicar todo nuestro historial de conversación para que todos vean cómo me obligabas a informarte adónde iba y cómo me prohibías acercarme a otros hombres.Guardé silencio un ratito.—Publícalo. Así todos podrán ver que me decías que sería tu esposo mientras l
La publicación se volvía cada vez más popular. Mi celular no dejaba de sonar. Mis antiguos compañeros empezaron a dejar sus testimonios en los comentarios.El representante del grupo fue el primero en escribir:“Fui su compañero durante los cuatro años de universidad”.“Ismael es un controlador de primera. Siempre obligaba a Alondra a decirle adónde iba y le prohibía relacionarse con otros hombres”.Germán también respondió enseguida.“Fuimos compañeros por cuatro años”.“Como tenía buenas calificaciones y su familia tenía dinero, siempre despreciaba a los demás”.“Siempre maltrataba a César”.Hasta nuestro tutor aceptó una entrevista con un canal pequeño de noticias en redes sociales. Suspiró frente a la cámara.—Ismael tenía buenas calificaciones, pero, por desgracia, su conducta dejaba mucho que desear. Antes de graduarse, hizo un escándalo en la fiesta de compromiso de un compañero y estuvo a punto de golpear a alguien. La universidad intentó hacerlo entrar en razón, pero nunca qui
Tres días después de llegar a Córdoba, entré a trabajar en una empresa de servicios educativos. El supervisor leyó mi currículum y me dio su aprobación de inmediato.—Sus calificaciones son buenas. Empezará con un mes de prueba.Recibí mi credencial de empleado.—Gracias. Me esforzaré.Eran las primeras palabras amables que escuchaba desde que murió mi abuela. Alquilé una casa pequeña y puse la urna con sus cenizas junto a la cama.—Cuando me establezca, te llevaré a ver el mar.Pero apenas llevaba dos días de trabajo cuando el supervisor me llamó a su oficina. Deslizó hacia mí un aviso de despido.—No hace falta que venga mañana.Me quedé paralizado.—¿Por qué?—La empresa no quiere problemas.Puso su celular sobre el escritorio.—Véalo usted mismo.En la pantalla había una publicación con más de cien mil me gusta. El título decía:“Graduado de una universidad de prestigio intenta robarle la novia a otro y mata de un coraje a su propia abuela para recuperar a su ex”.La publicación in
Bloqueé el número de César y recorrí toda la ciudad, tragándome el orgullo para pedirles dinero prestado a mis amigos.No logré reunir los tres mil dólares hasta la noche. Por fin tenía con qué pagar la cirugía de mi abuela. Pero, cuando subí al autobús para volver a mi pueblo natal, recibí una llamada de su vecina, Isabella Trejo.—¡Isma, regresa! ¡Le pasó algo a la abuela! Esta tarde la llamó un tipo para decirle que se había comprometido con Alondra. Le dijo que ella ya te había dejado, pero tú no dejabas de acosarla, y le pidió que te convenciera de dejar de hacer el ridículo. Después le mandó un montón de fotos y videos. ¡Ignacia se desmayó en cuanto los vio! ¡Siguen tratando de salvarla en el hospital del pueblo! ¡El doctor dijo que quizá no sobreviva!Sentí un zumbido en la cabeza. El celular se me resbaló de la mano y se estrelló contra el suelo. Cuando llegué al hospital del pueblo, acababan de apagarse las luces de la sala de urgencias.El doctor me miró con pesar.—Sufrió un