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Capítulo 2

Author: León Corazón
Apenas colgué, recibí una foto de mi compañero, Germán Acosta. En ella, Alondra llevaba un vestido de fiesta blanco y se acurrucaba, feliz, en brazos de un desconocido de traje. Después, Germán me envió una larga nota de voz.

“¿Ya viste? Eso sí es amor de verdad”.

“Siempre te crees superior, como si nadie estuviera a tu altura. Alondra ya se hartó de eso”.

“César es tan amable y nunca la presiona. Aparte de controlarla, ¿qué tienes para ofrecerle?”

“Te aconsejo que lo entiendas y te largues de su vida”.

Me quedé mirando la foto, destrozado, como si me hubieran arrancado el corazón.

El vestido de fiesta que llevaba Alondra era mi regalo de graduación. Lo compré con el dinero de la beca que ahorré durante un año.

Y ahora se comprometía con otro usando el vestido que yo le regalé. Furioso, salí del aeropuerto arrastrando la maleta y tomé un taxi al hotel. En cuanto aparecí, el representante del grupo fue el primero en levantarse y bloquearme el paso a la mesa principal.

—¿En serio viniste a arruinar la fiesta? Fuimos compañeros. ¿Tienes que llegar a estos extremos? César y Alondra son más compatibles. Les costó mucho llegar hasta aquí. ¿No puedes ser comprensivo?

Lo ignoré y me quedé mirando fijamente a Alondra, que estaba en la mesa principal. Se acercó a mí y suspiró con resignación.

—Isma, ya te lo expliqué todo por teléfono. Es solo una ceremonia para tranquilizar a César. ¿Tienes que hacer una escena ahora y dejarnos a todos en ridículo?

Extendió la mano para tomarme del brazo, pero me hice a un lado.

—Alondra, me das asco.

Entonces se acercó César, vestido de traje. Tenía facciones delicadas y parecía inofensivo. La típica cara de mantenido.

—No culpes a Alondra. Todo es mi culpa. Sé que pedí demasiado. Sé que ahora te ama a ti, pero aun así quería una ceremonia. Si quieres golpearme o insultarme, hazlo. Pero te suplico que la dejes en paz.

Mientras hablaba, hizo ademán de arrodillarse ante mí. Alondra lo sujetó y lo puso detrás de ella para protegerlo.

—César, estás delicado de salud. No hagas movimientos bruscos.

Luego se volvió hacia mí y me miró con reproche.

—¿Qué quieres? Ya te di explicaciones y te pedí perdón. César ya cedió muchísimo. ¿Todavía quieres seguir presionándonos?

Al verlos hacerse pasar por una pareja de enamorados incomprendidos, la situación me pareció hasta cómica.

—Una me engañó durante tres años y el otro no dejó de buscarla aun sabiendo que tenía novio. ¿A eso le llaman ceder?

Apenas terminé de hablar, mi compañero de la litera de arriba no pudo contenerse.

—No te pases. Te estamos tratando por las buenas. César se destrozó la espalda trabajando en la construcción para pagarle la universidad a Alondra. ¿Qué sacrificaste tú por ella? ¡Lo único que haces es aprovecharte del cariño que te tuvo y presionarla todos los días para que no se atreva a dejarte!

Otro compañero le dio la razón:

—¡Exacto! ¡Alondra es una chica buena! ¡No creas que vamos a dejar que le arruines la vida!

Recorrí con la mirada aquellas caras conocidas. Durante los cuatro años de universidad, los ayudé a estudiar, a corregir sus currículums y hasta les presté dinero para emergencias. Ahora todos se sentían moralmente superiores y con derecho a pisotearme.

—Bien. Muy bien.

Miré a Alondra con calma.

—Si lo de ustedes es amor verdadero, no voy a interponerme.

Saqué un juego de llaves del bolso. Eran del departamento que alquilábamos cerca de la universidad. Yo pagaba el alquiler y también había pagado el depósito.

Arrojé las llaves a sus pies.

—Tienes hasta mañana para sacar todas tus cosas. Lo que siga ahí después de ese plazo lo voy a tirar a la basura.

Alondra se inquietó, pero pronto recuperó la calma.

—Isma, estás hablando por enojo. No te lo voy a tomar en cuenta. Dentro de unos días, cuando te calmes, iré a buscarte.

No respondí. Me di la vuelta y salí del hotel. Apenas crucé la puerta, escuché los gritos de celebración a mis espaldas.

—¡Por fin echamos a ese manipulador!

—¡Vamos, que siga la fiesta!

—¡Beso, beso...!

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