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Juicio de Internet
Juicio de Internet
Author: León Corazón

Capítulo 1

Author: León Corazón
En el chat seguían llegando mensajes que me pedían que fuera comprensivo. El tutor incluso me llamó.

—Ismael Soria, hazme caso. No vayas a amargarles la celebración.

Apreté los puños y le exigí una explicación:

—Alondra y yo llevamos cuatro años juntos. ¿Qué se supone que significa todo esto?

El tutor suspiró y me habló con mayor desaprobación.

—Muchacho, ¿por qué eres tan terco? César ni siquiera terminó la preparatoria. Se puso a trabajar para pagarle los estudios a Alondra. ¿Tienes idea de cuánto sufrió? Tú vienes de una familia acomodada, tienes estudios universitarios y te espera un gran futuro cuando te gradúes. Más adelante podrás encontrar a la mujer que quieras. ¿Por qué te empeñas en competir con alguien que sufrió tanto? Te lo suplico. Sé un caballero y no vayas a hacer un escándalo. Solo nos avergonzarías a todos.

Me temblaba la respiración.

—Entonces, ¿todos ustedes lo sabían y yo era el único imbécil que no sabía nada?

El tutor guardó silencio durante dos segundos.

—Tienes un carácter muy fuerte. Temíamos que, en un arranque de ira, golpearas a alguien y dañaras la reputación de la universidad. Por eso te lo ocultamos. Alondra es una buena estudiante, leal y muy apegada a quienes quiere. Ya tomó una decisión, así que deberías retirarte con dignidad.

En cuanto terminó de hablar, colgó. Me quedé solo, perdido y sin saber qué hacer, en el vestíbulo del aeropuerto, entre la gente que iba y venía.

No sé cuánto tiempo pasó antes de que anunciaran por los altavoces que debíamos apresurarnos a abordar. Sonreí con amargura y rompí los boletos de avión. Alondra los había reservado para los dos quince días antes.

Me dijo que saltaría conmigo en paracaídas y que se pondría mi anillo a diez mil metros de altura. Pero ahora llevaba el anillo de otro. Todavía quería una explicación, así que la llamé, aunque me temblaban las manos.

Del otro lado de la línea se oía mucho alboroto. De vez en cuando se distinguían las bromas y los gritos de nuestros compañeros. Alondra buscó un rincón tranquilo y me habló en voz baja:

—Perdón. Estoy comiendo con unos amigos, por eso hay tanto ruido.

A esas alturas, todavía pretendía ocultármelo. Me reí con desprecio y fui al grano.

—Vi en el grupo de la universidad que dijeron que habían enviado dinero.

Hubo un breve silencio al otro lado de la línea. Luego suspiró y me habló con resignación.

—Ya te enteraste… Perdón. Sí, me equivoqué, pero no tenía otra opción. César tiene mala salud y lleva años pasando penurias lejos de casa. Su única obsesión es celebrar una ceremonia formal conmigo. Solo nos comprometimos. No nos casamos por el civil, y el compromiso no tiene validez legal. Yo te amo a ti. Ya eres un adulto, ¿no puedes comprender lo difícil que es esto para mí?

Apreté el celular, sin poder creer lo que oía.

—¿Te comprometes con otro a mis espaldas y todavía quieres que te comprenda?

Al notar mi enojo, me habló más despacio.

—Isma, tú siempre fuiste muy comprensivo. César no tiene nada. Solo me tiene a mí. Tú eres distinto. Tienes a tu abuela que te adora, tienes estudios y un gran futuro por delante. ¿Por qué te empeñas en disputarle el título de prometido, si no significa nada? Hoy termino con esto y mañana me voy contigo al viaje, ¿qué te parece?

Hablaba tan convencida de tener razón que me pareció una desconocida. Como si para ella traicionarme no tuviera ninguna importancia. Guardé silencio unos segundos y luego dije con frialdad:

—Alondra, lo nuestro se acabó.

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