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Juicio de Memoria: Ella Rompió en Llanto
Juicio de Memoria: Ella Rompió en Llanto
Penulis: Mónica Herrera

Capítulo 1

Penulis: Mónica Herrera
El día en que Claire Sutton me llevó a juicio, se aseguró de que todo el pueblo pudiera verlo.

La plaza estaba abarrotada. Los reporteros se agolpaban detrás de las barricadas con las cámaras en alto, y las transmisiones en vivo de todas las principales plataformas llevaban mi rostro a todos los rincones del país.

Yo ya estaba muriendo.

El fallo de varios órganos había reducido mi existencia a medicamentos y a alimentación intravenosa. Eso era lo único que mantenía mi cuerpo con vida.

Aun así, me arrastraron hasta la plataforma como si fuera una criminal condenada.

Un hombre se lanzó contra mí antes de que los guardias pudieran detenerlo, y sus manos se cerraron alrededor de mi cuello.

—¡Rachel Vale, ¿por qué lo protegiste?! ¡Eres un monstruo! ¡Destruiste a mi familia! ¿Por qué sigues viva?

No podía respirar y manchas negras comenzaron a cubrir mi visión.

La multitud estalló a nuestro alrededor.

—¡Es ella! ¡La mujer sin corazón! ¡Su amiga fue agredida, ella sabía quién lo había hecho y decidió guardar silencio!

—¡Lily se suicidó! ¡Su madre le suplicó de rodillas en su puerta hasta que su frente comenzó a sangrar, y Rachel ni siquiera quiso abrir!

—¡Incluso soltó a su perro contra la gente! ¡Es repugnante!

Su odio caía sobre mí desde todas las direcciones.

Claire estaba a unos pasos de distancia, con el ceño tan fruncido que parecía tallado en piedra.

En este mundo, aparte de la familia de Lily, nadie me odiaba más que Claire Sutton.

Diez años atrás, Lily Warren, Claire y yo éramos inseparables. Pero entonces encontraron a Lily muerta después de haber sido violada en el bosque cerca de mi casa, y todo lo que existía entre Claire y yo se hizo añicos.

Porque… la última nota de Lily afirmaba que yo había visto al agresor. Por esto, a los ojos del pueblo, yo me convertí en cómplice.

Sin embargo, lo peor era que no estaban completamente equivocados.

Yo sí lo había protegido.

Claire se detuvo frente a mí.

—Rachel, te estoy dando una última oportunidad. —Su voz era tan fría como la hoja de una navaja—. Di su nombre. Entrégate por haberlo encubierto. Aún puedes elegir hacerlo. Cuando el extractor de recuerdos se active, sentirás que cada hueso de tu cuerpo será aplastado una y otra vez. Después de eso, ya no podrás explicar nada.

Sentí cómo el calor abandonaba mi rostro, y forcejeé contra las manos que me sujetaban.

—¡Claire, no! ¡No puedes extraer mis recuerdos!

Claire me agarró de la muñeca, apretando los dientes.

—¿Ahora tienes miedo? —preguntó Claire, apretando los dientes, mientras me agarraba de la muñeca—. Es demasiado tarde. Voy a hacer justicia por Lily.

Las lágrimas me nublaron la vista.

—Claire, por favor, escúchame. Mis recuerdos no pueden salir a la luz. Te arrepentirás de esto.

Claire soltó una risa amarga.

—¿Arrepentirme? —inquirió, acercándose más, con los ojos inyectados en sangre—. Lo que más lamento es haberte llamado mi hermana alguna vez.

Dos guardias me obligaron a sentarme en la silla de hierro. Los grilletes de metal se cerraron alrededor de mis muñecas y de mis tobillos. Y un casco descendió sobre mi cabeza.

Unas finísimas agujas atravesaron mi cuero cabelludo al mismo tiempo y se hundieron en mi cráneo como picos de hielo.

El dolor explotó dentro de mí.

Grité hasta desgarrarme la garganta. Mi cuerpo se convulsionó con tanta violencia que la silla entera tembló. Sentía como si mi alma estuviera siendo arrancada desde la parte superior de mi cabeza.

Sin embargo, ni siquiera eso apaciguó a la multitud.

Verduras podridas y huevos impactaban la plataforma.

—¡Traidora! ¡Parásito! ¡Púdrete en el infierno! —gritó alguien.

Detrás de mí, la enorme pantalla parpadeó y mis recuerdos comenzaron a rebobinarse.

La primera escena apareció ante todos: era el tercer día después de la muerte de Lily.

Me arrastraron hasta el memorial levantado en su honor, donde todos exigían que revelara el nombre del agresor.

Me escupieron y me lanzaron piedras.

Varias manos me sujetaron por los brazos mientras alguien me arrancaba mechones de raíz.

Los golpes llegaron de todas partes. Mi rostro se hinchó y la sangre llenó mi boca, mientras los moretones florecieron por toda mi piel.

Tambaleante, logré a alejarme del memorial mientras los habitantes del pueblo me perseguían.

Entonces llegó el fuego.

Mi casa, el único lugar que me quedaba en el mundo, ardía con furia bajo la oscuridad de la noche.

Y yo solo pude quedarme allí, impotente, viendo cómo las llamas devoraban todo cuanto poseía.
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