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Capítulo Dos: La invitación

Author: Munachimmmso
last update publish date: 2026-08-31 02:15:09

POV de Nina

A regañadientes se volvió a poner el pantalón y regresó a su asiento como si nunca hubiera intentado actuar de forma salvaje, como un monstruo. Puse los ojos en blanco cuando no me estaba mirando y me senté también, intentando abrocharme el cinturón. Debo mantenerme fría, no debo mostrar que estoy molesta. El señor Stefano siempre está enfadado, siempre camina por la oficina frunciendo el ceño como si estuviera a punto de declarar la guerra a alguien. ¡Tóxico!

—¿Señor Stefano? —llamó una voz desde fuera—. ¿Señor Caruso, está usted ahí? ¿Puedo pasar?

Stefano apretó la mandíbula, con el ceño fruncido de siempre.

—Pase —ordenó y giró su silla.

Entró una persona; era un compañero de trabajo del departamento legal.

—Le traje los documentos, señor, para la revisión como me sugirió. Nuestro equipo sigue buscando en los archivos, señor —dijo el empleado con calma.

—Déjelos sobre el escritorio y váyase —le espetó Stefano.

El empleado me miró, pero yo no le devolví la mirada. Extrañado, hizo lo que se le ordenó y salió de la oficina. Por suerte no notó nada inusual, y ese empleado acababa de salvarme. Solté un profundo suspiro de alivio por dentro.

Stefano hojeó el documento que el empleado había dejado.

—Ah, se me olvidaba. De camino a la salida, envíe un mensaje al equipo de Recursos Humanos. Hoy todos tienen media jornada a partir de las doce del mediodía, y nos reuniremos en el Hotel La Serenissima a las seis de la tarde. Nada de retrasos. Tenemos una cena. Todos incluidos —dijo sin mirarme.

Sonreí. ¿Media jornada un viernes? ¿Para descansar y luego asistir a una cena? Casi me reí de la emoción; necesitaba todo el descanso del mundo.

—De acuerdo, señor —respondí y me levanté para irme.

—Nina —me llamó cuando ya casi estaba en la puerta.

—Señor —contesté con calma.

Deslizó un sobre blanco y rojo por el escritorio.

—Este es específicamente para usted. Habitación 206 del Hotel La Serenissima, a las siete, después de la cena. Encuéntrame en persona. Esta vez no hay excusas.

Mi rostro permaneció inexpresivo. Sus ojos lo escrutaban buscando alguna pista. Levanté las cejas y él añadió:

—Si de verdad quieres tu trabajo… déjame tenerte esta noche.

Su mirada se tornó en ira, o quizás solo era un destello. No supe interpretarlo.

—¡Ahora, fuera! —bramó.

Salí de la oficina completamente desconcertada. ¿Qué estaba pasando?

—Niño mimado —murmuré para mis adentros, lo bastante bajo para que nadie me oyera.

Aferré el sobre. Fuera lo que fuera lo que contenía, lo vería más tarde. Por ahora tenía que ir primero al equipo de Recursos Humanos.

Llegué a mi puesto y me dejé caer en la silla, girando con ansiedad.

—¿Estás bien, Nina? —preguntó Mia, mi compañera de trabajo y amiga cercana.

Asentí con un gruñido y me puse a trabajar. En cuanto envié el correo a Recursos Humanos, bajé la cabeza bajo el escritorio, pensativa, y pronto me sumí en una profunda siesta.

—¡Nina! —alguien me sacudió con fuerza—. ¿Puedes creerlo? ¡Media jornada un viernes y además una cena hoy! —dijo Mia eufórica, y todos a mi alrededor se unieron a los vítores.

Los miré con expresión ausente. Se habían reunido alrededor de mi mesa, mientras otros se apresuraban a terminar su carga de trabajo. El señor Stefano no solía ser tan amable.

—Hotel La Serenissima —añadió otra empleada—. Uno de los más lujosos de Sicilia.

—¡Hay que irse, chicas! Ya son las doce, ¡no hay tiempo que perder! —dijo Chloe agitando las llaves del coche con estilo, y enseguida se formó una pequeña fiesta. Todos reían y celebraban cualquier chiste soso que alguien soltara.

—¿Ah, ahora todo es gracioso? —murmuré para mí. La cabeza me pesaba y lo único que necesitaba era una siesta rápida.

—¿Nos vamos? —pregunté mientras recogía mis cosas.

—Ehi, calma, mia signora. Tranquila —bromeó Chloe, y todos se rieron.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

POV del señor Stefano

Desde la ventana de mi oficina la observé reír y charlar con algunas de sus compañeras. Había dado media jornada a propósito para que descansara y reuniera suficiente energía para soportarme esta noche. Nina Ricci… siempre había tenido un ojo puesto en ella, y creo que ya es hora de salir de las sombras.

Es hermosa. Cada vez que me resiste, más la deseo. Nada más: sin ataduras. Solo quiero probarla, como he hecho con la mayoría de las demás empleadas. Debo probarla, por mucho que intente fingir.

El teléfono a mi lado sonó y lo contesté.

—¿Señor Caruso? —preguntó la voz del otro lado. Era demasiado calmada. Demasiado fría.

—Sí, dígame —respondí con naturalidad.

—Señor, su reserva ya está lista. No podemos esperar a verle.

—El placer es mío.

—Si necesita cualquier otra cosa, no dude en avisarnos.

—Lo tendré en cuenta —respondí con una risa maliciosa y colgué. Porque soy Stefano, y consigue lo que quiere. Y Nina no va a ser la excepción.

. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .

Me desplomé en el asiento del coche de Chloe. De las tres, Chloe era la más acomodada, y eso porque su novio Steve la mantenía… al menos eso es lo que nos cuenta. A diferencia de mi Tomaso, que a pesar de trabajar desde casa la mayor parte del tiempo se gasta el dinero destinado a gastos importantes en el juego, y eso siempre había sido el punto de fricción.

—Ciao. ¿Ci sei? —me sacó Chloe de mis pensamientos—. ¿Qué te pasa, Nina?

—Se te ve muy agobiada, de verdad —añadió Mia.

Suspiré. No sabía exactamente qué decirles: si hablar de Tomaso o del hecho de que nuestro jefe de repente se hubiera interesado por mí.

—Tomaso —confesé al fin.

—¡Argh! ¿Ese dolor de novio? —preguntó Chloe.

—¿Y el tuyo es mejor? —intervino Mia poniéndole los ojos en blanco. Me reí por lo bajo.

—¿Qué ha pasado esta vez? —preguntó Chloe, ignorando por completo a Mia.

—La misma historia de siempre —dije intentando no llorar.

—Chica, creo que en este punto necesitas priorizarte a ti misma —dijo Mia mirándome por el espejo retrovisor.

Exhalé.

—No puedo dejarlo, Mia. Lo quiero.

—Por favor —se rió Mia—. «Lo quiero», dice.

—Sácatelo de la cabeza, Nina. Hablaremos de esto esta noche en la reunión. Hazme un favor y descansa un poco, ¿vale? —Asentí.

—No querrás estar en la lista negra de Stefano. Por favor, sé puntual —añadió.

El nombre de Stefano me secó la garganta. Tragué saliva con dificultad.

Condujimos en silencio un rato hasta que el coche se detuvo frente al edificio donde Tomaso y yo vivíamos juntos. No era nada lujoso, solo sencillo, pero con cierto estilo. Agradecí a Chloe y vi cómo el coche se alejaba a toda velocidad antes de entrar en el edificio. Las escaleras estaban en mal estado, y también la instalación eléctrica y las paredes. Subí con dificultad hasta el tercer piso. No había forma de que les contara a Chloe y a Mia lo de Stefano; las dos podrían presentar la renuncia junto conmigo, y sinceramente no quería eso para ellas.

Mientras caminaba por el pasillo que conducía a nuestra habitación, noté algo extraño. La puerta estaba ligeramente entreabierta. Jadeé.

Tomaso se había ido antes que yo después de la discusión, porque también tenía una reunión programada con uno de sus clientes. Si era así, estaba segura de haber cerrado la puerta con llave antes de salir.

Con las manos temblorosas me acerqué. Las luces estaban encendidas y podía oír una voz tenue, como la de dos personas hablando con calma, casi en susurros.

El corazón empezó a golpearme el pecho. Había alguien dentro de nuestro apartamento. Y quienquiera que fueran, no debían estar allí.

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George Hedrick
¡Me encanta esta historia! Cada capítulo se pone más interesante. ¡Estoy completamente enganchada! ...️...
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Charlie Leo
I love how fast paced this book is
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