LOGINPOV de Kylie
Nos quedamos un rato más sentados bajo la luz tenue de la oficina, con la pantalla del ordenador brillando entre nosotros, hasta que el último archivo quedó guardado y el zumbido de las máquinas se hizo más fuerte en el silencio total.El coño me dolía todavía, rico y hondo, de la polla de Caleb, y cada movimiento en la silla hacía que su semen se deslizara dentro de las bragas empapadas.El calor pegajoso no dejaba de recordarme lo fuerte que me había follado antes yPOV de Julia—Fred, bájame, puedo caminar sola. Esto se está poniendo raro —susurré por lo bajo, pero me quedé inerte en sus brazos mientras me subía la gran escalera. El cuerpo pegado a su pecho, sintiendo cómo cada músculo sólido se movía con cada peldaño.El corazón me latía tan fuerte que temí que lo notara a través de la camiseta, pero seguí fingiendo dormir, la cara hundida en su camisa, inhalando ese olor a hombre rico que hacía que el coño se me cerrara y soltara más humedad sobre los shorts ya empapados.Dios, los brazos se le sentían fuertes. Una mano me agarraba por debajo de la nalga, los dedos clavándose lo justo para enviar chispas sucias por la columna.En la cabeza no paraba de verlo tirándome sobre la cama que había arriba, arrancándome la ropa y enterrando la polla hasta las pelotas en mi coño chorreante mientras yo le arañaba la espalda y gemía como una puta desesperada.Empujó una puerta pesada y el aire fresco del dormitorio principal me golp
POV de Julia—Fred, yo espero aquí fuera, al aire fresco, mientras subes a por el monedero.No quiero molestar ni nada —dije, bajando del coche al camino de entrada. Las piernas me temblaban un poco por el trayecto y por toda aquella tensión que todavía zumbaba entre los muslos.El sol pegaba fuerte en la piel, haciendo que la camiseta de tirantes se me pegara aún más a las tetas. Sentía el sudor resbalando por la espalda, mezclados con la humedad que se había acumulado en los shorts por la mano de él en mi pierna durante todo el camino.El coño me dolía ahora de verdad, latía con cada paso mientras levantaba la vista hacia la mansión enorme, preguntándome qué clase de hombre tenía un sitio así y por qué demonios se empeñaba tanto en meterme dentro.Cerró la puerta del conductor con un golpe seco y rodeó el coche hasta mi lado, imponiéndose sobre mí con aquella sonrisa segura que siempre me revolvía el estómago.—Vamos, Julia, no seas tonta. Hace demasiado ca
POV de Julia—Fred, ¿puedes dejarme en el centro comercial rápido? Necesito recoger ese paquete y volver a casa antes de que mamá empiece a bombardearme el teléfono otra vez —dije, moviéndome en el asiento del copiloto de su coche de lujo. Los muslos desnudos se me pegaban al cuerpo caliente mientras las calles de la mañana bullían de gente que se apresuraba al trabajo.La camiseta de tirantes me quedaba demasiado apretada sobre las tetas y no paraba de tironear del dobladillo, intentando ignorar cómo los pezones seguían duros por el aire frío que salía de las rejillas… o tal vez por la forma en que Fred no dejaba de echar vistazos a mis piernas cada pocos segundos.Dios, el coño ya se me estaba poniendo resbaladizo solo de estar tan cerca de él. El ronroneo del motor vibraba a través del asiento y hacía que el clítoris me latiera un poco con cada bache de la carretera.Aferraba el volante con una mano grande; la otra descansaba cerca de la palanca de cambios, lo bas
POV de Julia—Mamá, ¿qué demonios está pasando tan temprano? Apenas había logrado dormir —murmuré, frotándome los ojos mientras tropezaba fuera de mi diminuto dormitorio hacia la sala de estar estrecha, donde la luz de la mañana apenas se colaba a través de las cortinas diseñadas.Mi camiseta de tirantes se pegaba a la piel por el calor y los shorts se me subían por los muslos, mostrando más de lo que quería que nadie viera, pero ¿a quién le importaba? Era mi casa.Mamá estaba ahí, con las manos en las caderas, con cara de urgencia y estrés, como si el alquiler se hubiera vencido ayer… que probablemente así era.—Julia, date prisa y vístete decentemente. Necesitamos que corras al centro comercial ahora mismo y recojas ese paquete. Es importante para la familia. Ya sabes cómo van estas cosas, no discutas, solo muévete.Me quedé congelada a mitad de un bostezo porque ahí estaba él, sentado en nuestro viejo sofá como si fuera el dueño del maldito lugar. Fred. Cuaren
POV de KylieNos quedamos un rato más sentados bajo la luz tenue de la oficina, con la pantalla del ordenador brillando entre nosotros, hasta que el último archivo quedó guardado y el zumbido de las máquinas se hizo más fuerte en el silencio total.El coño me dolía todavía, rico y hondo, de la polla de Caleb, y cada movimiento en la silla hacía que su semen se deslizara dentro de las bragas empapadas.El calor pegajoso no dejaba de recordarme lo fuerte que me había follado antes y hacía que el clítoris me latiera despacio y constante, como si quisiera más incluso ahora.—Todo parece correcto —dijo Caleb, cerrando el programa y echándose hacia atrás en la silla.La mano volvió a posarse en mi muslo bajo el escritorio, apretando con firmeza y mandando calor directo al centro.—Deberíamos irnos antes de que la seguridad empiece a preguntarse por qué siguen las luces encendidas.—Sí, vamos —respondí, levantándome y alisando la falda sobre el culo.Sentía
POV de KylieEstábamos cerca en la despensa mientras el sol bajaba fuera de las ventanas, proyectando sombras largas sobre las encimeras.Me moví de peso y sentí otro hilo lento del semen de Caleb escaparse del coño hacia las bragas ya empapadas, haciendo que la tela se pegara a los pliegues hinchados.El clítoris me latía constante y cálido del polvo anterior y cada pequeño movimiento enviaba chispas frescas por la columna.Cogí otra galleta con queso intentando actuar con normalidad mientras los pezones seguían tiesos contra la blusa.—Estos snacks vienen de puta madre después de todo —dije, dando un sorbo al café que nos había servido a los dos.La voz me salió más suave de lo habitual, todavía ronca de todos los gemidos que había soltado sobre aquel escritorio.Caleb se apoyó en la encimera a mi lado; el brazo me rozaba mientras bebía.Los ojos verdes se le veían cansados, pero más cálidos ahora.—Ni de coña. El proyecto me está echando demasiadas noches últimamente. La dirección







