LOGINCuando la camioneta se detuvo frente al edificio, no esperé ni un segundo. Me bajé rápido y, justo cuando estaba a punto de tirarle la puerta trasera con toda la fuerza del mundo para dejarle clara mi rabia, Neyder fue más veloz. Salió del carro, me alcanzó en un segundo y me acorraló contra el lateral del vehículo, justo al lado de la puerta trasera.
Sentí el metal frío a mi espalda y su cuerpo demasiado cerca. Se inclinó sobre mí, buscando mi boca. Por un segundo pensé que me iba a besar, mi respiración se cortó y por dentro me preparé para el contacto, pero en el último milisegundo se detuvo. Sonrió con suficiencia, se separó despacio y me miró a los ojos. -Buenas noches -me soltó con un tono burlón. Solté una carcajada corta, llena de sarcasmo y desafío, mirándolo desde arriba a pesar de la cercanía. -Estás despedido -le dije sin parpadear. Le di la vuelta y subí a toda prisa al departamento. Cuando entré, la casa estaba en penumbras. Fui directo a la habitación de Michel. Ella apenas abrió los ojos, totalmente dormida. -Despedí a Neyder -le dije cruzándome de brazos. -¿Qué...? ¿Por qué? -murmuró ella medio mudo, intentando procesar las palabras. -Mañana te cuento, duérmete -le respondí antes de irme a mi cuarto. Me acosté con la mente hecha un caos, pero la rabia le ganó al cansancio y me quedé dormida. Al día siguiente, ya 24 de diciembre por la tarde, me desperté con el tiempo medido. Tenía cita para hacerme las pestañas y las cejas. Me arreglé, me puse un vestido corto que me quedaba brutal y, como no tenía chófer, pedí un mototaxi. El estudio de la chica que me hacía las pestañas quedaba en la zona de Las Delicias, bastante cerca de donde vivíamos. Por suerte, la muchacha que me atendió se portó excelente y tenía carro, así que al terminar se ofreció a llevarme a la peluquería donde Michel ya se estaba terminando de arreglar el cabello para la noche. Al llegar a la peluquería, bajé del carro y me quedé fría. A unos metros, estacionada de lo más normal, estaba la camioneta Chevrolet. Y al lado, recostado, estaba Neyder. Supuse de inmediato que Michel lo había llamado para que la llevara a hacer sus diligencias, ignorando por completo lo que le dije en la madrugada. Cuando Neyder me vio caminar hacia la entrada con mi vestido corto, descaradamente me recorrió de arriba a abajo con la mirada, sin ningún tipo de vergüenza. Por dentro sentí una sacudida, una chispa de adrenalina y felicidad que intenté esconder de inmediato. Pero al mismo tiempo, la rabia me comía por dentro: Michel me había dejado mal parada frente a él. Al verlo ahí, sonriente, sentí que él había ganado la partida y que mi "estás despedido" había quedado en el aire. En ese preciso instante vi a Michel saliendo de la peluquería, hermosa y ya lista. Antes de que pudiera saludar a Neyder o subir al carro, me le acerqué a toda prisa, la agarré fuertemente del brazo y la jalé hacia adentro. -Acompáñame al baño un segundo -le dije entre dientes, llevándomela a rastras mientras sentía la mirada de Neyder clavada en mi espalda. En cuanto entré al baño de la peluquería con Michel, no dudé en inventarle una excusa rápida para no entrar en detalles morbosos. -Neyder y yo tuvimos un problema grandísimo de lo que no quiero ni hablar -le dije, cruzándome de brazos y mirándola fijamente-. Pero me da rabia que me hagas ver como poco seria. Tomo una decisión, digo que está despedido y tú me lo traes manejando. Siento que juegan conmigo y que nadie me toma en serio. Michel me miró resoplando, sin entender la dimensión de la tensión que había de fondo. -Chica, pero es que Neyder es un tipo de confianza -se defendió-. Si tú no quieres que trabaje para ti, tranquilo, que no lo haga. Que trabaje solo para mí y yo le pago de lo mío. La respuesta de mi hermana me dio una rabia tremenda. Sentí que no me estaba respaldando para nada. Justo después, me preguntó a qué hora me iba a ir al departamento para salir juntas hacia la casa de la familia a pasar la Nochebuena. -Ni siquiera sé si voy a ir -le solté, cortante. Sin esperar a que dijera más, me di la vuelta, salí del baño y me fui a sentar con la muchacha que me iba a hacer las uñas ahí mismo en la peluquería. Michel prefirió no insistir, se despidió y se fue directamente con Neyder en la camioneta. Cuando las chicas terminaron de arreglarme y estaban cerrando el local, una de ellas, que me conocía de hace tiempo y tenía carro, me hizo el favor de llevarme de vuelta al apartamento. Al llegar y abrir la puerta de mi departamento, lo primero que vi fue a Neyder saliendo con mi mamá, ayudándole a cargar unas cosas. Al principio venía caminando super serio y distante, sin buscarme con la mirada. Pero cuando cruzó los ojos conmigo, no pudo evitar sonreír mientras la mirada se le iluminaba por completo. Ignoré esa chispa en sus ojos y me fui directo a mi habitación a encerrarme. A los pocos minutos, mi mamá entró a mi cuarto a buscarme tema. -¿Por qué no vas a ir a donde la familia? -me preguntó, extrañada. -No tengo ganas de ir, mamá -le respondí desde la cama, sin ganas de discutir. -Tienes que arreglar las cosas con Neyder -insistió ella con tono protector hacia él-. Ese muchacho es de confianza, nos ayuda muchísimo... -¡Que no quiero hablar con nadie! -la interrumpí con fastidio. -Bueno, Michel ya está allá con la familia y yo ya me voy. Neyder me va a llevar en la camioneta -dijo intentando convencerme una última vez de que me fuera con ella. Al ver mi negativa rotunda, suspiró-: Está bien, me voy pues. Mi mamá salió de la habitación dejando la puerta abierta. Escuché la puerta principal del departamento cerrarse con fuerza, indicando que ya se habían ido. Suspiré profundo y me relajé en la cama pensando que al fin estaba sola. Pero entonces, el silencio del apartamento se rompió. Escuché unos pasos lentos, firmes, caminando por el pasillo directo hacia mi habitación. Me senté de golpe en la cama. Cuando levanté la mirada, vi la figura de Neyder parada justo en el marco de la puerta. Iba vestido completamente de negro: camisa negra, pantalón negro y zapatos negros, rematando su estilo impecable. Pero lo que más me impactó no fue su ropa, sino su rostro. Había dejado atrás la actitud arrogante y desafiante de la madrugada anterior; esta vez tenía una carita de perrito regañado, de alguien que sabe que la cagó y está buscando desesperadamente que lo perdonen. -¿Qué haces ahí?. Mi mamá porque te dejó aquí? -le pregunté mirándolo de reojo, intentando mantener la postura firme. -Necesito hablar contigo -respondió con voz suave pero decidida. Sin pedir permiso, caminó hacia la cama y se sentó a mi lado. El corazón me dio un vuelco, pero me puse a la defensiva. -Eyy, yo no quiero hablar contigo -dije alejándome un poco. -Por favor, perdóname... No quería hacerme sentir así -dijo mirándome fijamente a los ojos, con esa carita de arrepentimiento que me desarmaba por dentro. -Vete, no te quiero ver. -¿Quieres que me vaya? -preguntó. -Sí, vete -insistí. Se inclinó despacio hacia mí hasta quedar a escaso un centímetro de mi boca. Sentí su respiración tibia chocando contra la mía. Estaba completamente paralizada; la tensión en la habitación me impedía moverme y mi única forma de defenderme era a través de las palabras. -Vete... -alcancé a murmurar respirando hondo. Neyder dejó escapar una pequeña sonrisa cargada de complicidad. -Eso es lo que más me encanta de ti -susurró. Y sin darme tiempo a responder, me besó. Fue un beso intenso que me nubló el juicio por completo. Pasó a besarme el cuello con delicadeza mientras mi mente intentaba luchar en vano. -Vete... -repetí débilmente. -Ayy, cállate -murmuró contra mi piel. En ese instante, todas las defensas que había construido se cayeron de golpe. Lo que duró unos diez minutos se sintió como una eternidad donde el orgullo quedó a un lado. Fue mi primera vez, un momento que no había planeado que fuera así, pero la química entre los dos era algo que ya no podíamos seguir frenando. Cuando todo terminó, la realidad volvió de golpeLlegué al lugar a las 11:30 p.m. Las luces del estudio estaban tenues, el ambiente olía a humo de porro y los beats callejeros retumbaban en las cornetas. Entré sin tocar. Con paso firme y el taconazo marcando territorio, solté un seco:—Buenas noches.Todos los presentes se giraron al instante. Se hizo un silencio sepulcral en la sala; las miradas de los hombres se clavaron en mí, atónitas. Nadie dijo una palabra. Neyder se quedó completamente congelado. Sosteniendo un porro en la mano, intentó disimular la impresión y le habló al productor fingiendo indiferencia:—Ponla a ver cómo suena...Los chamos en el estudio se miraron entre sí, entendiendo la escena de inmediato. Uno de ellos rompió el silencio:—Brothers... vamos a salir un momento.Se retiraron todos, dejándonos completamente solos. Neyder caminó hacia la computadora, dándome la espalda sin mirarme.—¿Qué carajos haces aquí? —preguntó.—Estoy donde me da mi hijueputa gana —respondí con firmeza, manteniéndome erguida antes
En la noche me tocó a mí devolverle el gesto. Le entregué mis regalos: un reloj exclusivo, una colección de gorras que le encantaban y una pulsera de plata labrada con una imagen en alto relieve de mis ojos. Por la parte trasera de la pulsera le mandé a grabar una frase que definía lo nuestro: «My Demon». Pasamos una noche increíble juntos, como siempre.El 21 de febrero la historia dio un giro gigante. Neyder lanzó su tema «Matón», un trap de calle bien pesado que se volvió una locura internacional en cuestión de días. El impacto fue tan masivo que para marzo ya estaba grabando el remix oficial nada menos que con Luar y Jon Z, dos referentes gigantes de Puerto Rico. Me sentía absurdamente orgullosa de él.Aunque a Neyder le llovía hate en redes de gente diciendo que se estaba «colgando de mi fama», en la industria la cosa cambió: profesionalmente se agrandó el respeto hacia él, pero en la intimidad conmigo siguió siendo el mismo hombre de siempre.El 15 de marzo estábamos instalados
A las 10:30 p.m. salimos hacia el conjunto residencial, llegando cerca de las 11:00 p.m. En el departamento de mi mamá se quedaron Aranza, mi tía Alejandra, Noemí y mi abuela. También se quedaron Mateo y Mía, porque mi mamá quería ver películas con los niños y consentirlos con un postre que tenía reservado en la nevera.Mientras tanto, en el departamento de Michel y mío organizamos una pequeña reunión para tomar unos tragos y conversar. Subimos Michel, Andrés, Franklin, Neyder y yo. Al principio la tensión en la sala se podía cortar con un cuchillo: yo me mantenía seria y distante, pero Neyder no dejaba de buscarme con la mirada cada vez que tenía la oportunidad...Me fui a la cocina a servirme un cóctel. Me apoyé sobre el mesón con un pitillo en la boca, inclinándome un poco hacia adelante. En eso, sentí a Neyder caminando a mis espaldas a propósito. Pasó pegadísimo a mí, rozándome el cuerpo al andar. No conforme con eso, dio la vuelta para regresar a la sala y volvió a rozarme, haci
Llegó el martes. En la mañana, Michel y Neyder hicieron una jornada caritativa entregando desayunos a gente en situación de calle. En la tarde nos tocaba a nosotros regalar juguetes a los niños en la plaza, y Neyder también iría a colaborar.A las 3:00 p.m., Franklin nos pasó buscando en su moto a Noemí y a mí para ir un rato a su casa. Mientras jugaba con la hijita de Franklin —una niña hermosa de dos años—, él intentó sacarme el tema de Neyder.—Por favor, Franklin, no entremos en ese tema. Gracias —le dije cortante.Salí al balcón a tomar aire. Mientras algunas personas del sector me pedíanfotos desde abajo, miré hacia la acera de enfrente y vi a Mateo jugando con sus amigos. Neyder no estaba allí; andaba descansando en la otra casa preparándose para la entrega de juguetes. Mateo levantó la cabeza, me descubrió en el balcón, me saludó con la mano y me regaló una sonrisa hermosa.—¡Te ves rara con esos lentes! —me gritó risueño, haciendo referencia a los lentes gruesos que llevaba p
Nos fuimos a la cena de Nochevieja en la casa de los suegros de Michel.Al llegar, nos encontramos a todos sentados en la mesa rectangular grande.El único puesto libre para mí estaba justo al frente de él. Me senté callada y seria, clavanándole miradas fijas para intimidarlo mientras él se hacía el desentendido.A eso de las 3:00 a.m., arrastré una silla y me le senté al lado.-¿Qué? -me soltó de una, seco.-¿Qué de qué? -le respondí.-¿Michel no te dijo que te mantuvieras alejada de mí? Siéntate para otro lado, por favor.-¡Me siento donde me dé la gana! -le respondí desafiante.Neyder se levantó de la silla con fastidio y se fue a sentar lejos. En ese instante, Michel me picó el ojo y me dijo en voz alta: "Victoria, acompáñame a comprar hielo".Le pidió las llaves de la camioneta a Neyder. Él solo preguntó a qué hora volvíamos porque ya se iba a ir, a lo que Michel le respondió cortante. Nos montamos en el carro pero no fuimos por ningún hielo: nos escapamos directo a mi departamento
A las 8:00 p.m. Neyder me despertó llenándome la espalda y las caderas de besos. Al abrir los ojos noté que mi equipo no estaba en la habitación. Él me explicó que habían bajado y que seguro tardaban en subir, pero no esperó ni un segundo: empezó a besarme la parte baja por encima del short.Eché la cabeza hacia atrás por la excitación mientras intentaba quitarle la mano del muslo.—Espérate, que pueden venir... —le dije entre dientes, tratando de frenarlo.Él no me hizo caso y siguió. Justo cuando estaba a punto de quitarme el short, se escucharon varias voces en el pasillo. Nos quedamos paralizados del susto. Me separé de golpe y me senté en la cama intentando disimular, pero al final solo eran otras personas pasando por afuera.Neyder me jaló del brazo con intención de seguir.—Ven acá... —me susurró.—¡Noooo! —le respondí muerta de la risa.—Acho, ea la madre... Aunque sea dame un beso —protestó él, soltando un suspiro de resignación.Me acerqué a dárselo, pero intentó morderme el







