Home / Romance / LA DOBLE V / CAPÍTULO 4

Share

CAPÍTULO 4

Author: La Doble V
last update publish date: 2026-09-11 16:18:17

Me senté en la cama intentando procesarlo todo.

-Mejor me voy a donde mi familia -dije para romper el silencio.

Me levanté y me fui directo al baño a darme una ducha. Dejé que el agua caliente me cayera encima mientras intentaba asimilar lo que acababa de pasar. Cuando salí con la toalla puesta, Neyder ya no estaba en la habitación ni en el departamento.

Me vestí rápido porque ya casi rozábamos las doce de la noche. Al bajar por el ascensor me encontré con una vecina que, con el espíritu navideño a flor de piel, me regaló un plato navideño preparado. Con el plato en la mano y la prisa en el cuerpo, salí a la calle y logré parar a un mototaxista que ya se iba a su casa a cenar. Como era conocido de la zona, me hizo el favor de llevarme. Iba montada en la moto a casi las doce de la noche, comiéndome el plato navideño en el camino hacia la casa de mi familia materna, que quedaba bastante cerca de donde vivía El Negro.

Llegué justo a tiempo para celebrar. La noche transcurrió con normalidad entre abrazos y hallacas, pero sentía las miradas de mi familia sobre mí. Había algo en mi rostro, ese brillo inconfundible que te queda cuando pasas de chica a mujer y que es imposible de disimular. Aunque me hacían comentarios indirectos y me miraban raro, yo me hacía la loca y lo negaba todo, diciendo que estaba normal.

El teléfono me vibró dos veces en el bolsillo: eran llamadas de Neyder. Me quedé mirando la pantalla pero no le contesté. No quería demostrarle que me interesaba tanto ni darle el gusto de saber que me tenía pensando en él.

Regresé al departamento con Michel ya entrada la madrugada, casi a las 5:00 AM. Al entrar a mi cuarto y acostarme, me quedé mirando el techo. Sentía un vacío raro en el pecho, pero al mismo tiempo una sensación increíble me recorría el cuerpo. Cada vez que volteaba a ver la cama me salía una sonrisa inevitable, aunque de inmediato me sacudía la cabeza para volver a la realidad: "Aterriza, Victoria, que tú no eres así".

El 25 de diciembre desperté con la mente hecha un remolino, pero la realidad me aterrizó de golpe cuando Michel me dio una noticia: tenía novio. Llevaba dos semanas saliendo con él, se llamaba Andrés y era un chamo súper tranquilo. Nos organizó una cena en el departamento de mi mamá para presentárnoslo oficialmente a ella y a mí esa misma noche.

La cena estuvo amena, pero alrededor de las 11:00 p.m. la reunión subió a nuestro departamento. Llegó Carolina, la manager de Michel con otra amiga de Michel, y entre trago y trago la cosa se puso más animada. En medio de la música, Michel se me acercó con una sonrisa complaciente:

-Invité a Neyder -me soltó-. Va a venir a compartir un rato. Así lo piensas mejor y le das la oportunidad de que vuelva a trabajar para ti.

No dije nada, pero la tensión en mi pecho se disparó. A los minutos llegó Neyder cargando una botella de ron. Cruzamos muy pocas palabras; la incomodidad flotaba en el aire y prefiero hacerme la loca cuando siento la mirada de la gente encima.

Para las 3:00 a.m., el efecto del alcohol ya había hecho de las suyas en la mayoría. Michel se fue a su cuarto con Andrés, mientras que Carolina y su otra amiga cayeron rendidas en el cuarto de visitas. Me fui al balcón a buscar un poco de aire fresco, sintiendo la brisa de la madrugada. De repente, sentí un cuerpo pegarse al mío por detrás. Neyder me tomó por la cintura, me giró despacio y me besó. Sus manos comenzaron a recorrer mi cuerpo sin pedir permiso, encendiendo de nuevo esa chispa que habíamos dejado a medias. Sin cruzarnos palabras, caminamos directo a mi habitación y volvió a pasar.

A las 10:00 a.m. me levanté de la cama; Neyder ya no estaba a mi lado. Ese viernes teníamos planeado irnos a la playa todo el grupo: Michel, Andrés, Carolina, la amiga, Franklin, Neyder y yo. Mi tía Alejandra, mi prima Noemí y mi abuela Rosa se nos unirían al día siguiente, el sábado.

Neyder pasó a recogernos en la camioneta e iniciamos el viaje hacia Tucacas. Llegamos como a las 4:00 p.m., descargamos las cosas y comimos algo. Cerca de las 5:00 p.m. me dio curiosidad salir a caminar sola por la zona. Mientras recorría el lugar, me topé con un grupo de raperos -una chama y dos chamos- que estaban improvisando. La conexión fue inmediata. Nos quedamos horas soltando versos, tirando rimas y compartiendo vibra musical.

Cuando regresé al hospedaje a eso de las 9:00 p.m., la paz se acabó. Michel me recibió con un reclamo de frente, alterada porque no le respondía el teléfono y diciendo que estaba preocupada.

-Aja, estaba con unos muchachos haciendo música, deja la peleadera ya -le respondí sin muchas ganas de discutir.

Tuvimos un cruce fuerte de palabras y Michel terminó encerrándose en su cuarto. Me quedé sola en la cocina buscando un vaso de agua cuando sentí los pasos pesados de Neyder acercándose. Tenía la cara seria.

-¿Con quién puñeta estabas? ¿Por qué no avisaste dónde andabas? -me reclamó con tono de propiedad.

Lo quedé viendo de arriba abajo, rozando la ironía.

-Ajá... ¿y quién eres tú para que yo tenga que decirte con quién estoy o con quién no? Que yo sepa, tú y yo no somos nada.

Neyder apretó la mandíbula, clavándome una mirada fría.

-Ah, ¿no somos nada? Dale, está bien -dijo seco.

Se dio la vuelta y se fue echando pestes a su habitación. Yo, hirviendo de la rabia por la actitud de ambos, me fui a encerrar al cuarto a dormir.

Al día siguiente, sábado, mi familia ya había llegado temprano. Yo preferí adelantarme sola e irme al yate que habíamos alquilado. Llegué a las 9:00 a.m., una hora antes de la cita, buscando un momento de paz. Me acomodé en uno de los camarotes del yate.

A eso de las 10:00 a.m. empezó a subir todo el mundo. Escuché risas en el pasillo: era mi prima Noemí mostrándole a Neyder los cuartos de la embarcación. Cuando cruzó por la puerta del camarote donde yo estaba, me echó una mirada horrible, seria y llena de resentimiento. A mí ya se me había pasado la rabia de la noche anterior, así que me divertía verlo así.

Como muchos venían trasnochados, a las 11:00 a.m. varios decidieron tirarse a dormir un rato. Vi que Neyder se metió a uno de los camarotes. Esperé unos cinco minutos y fui detrás de él a contentarlo.

Entré al cuarto y cerré la puerta con seguro. Él estaba sentado en la punta de la cama con la mirada clavada en el celular, haciéndose el desinteresado. Sin pedir permiso, me acerqué y me le monté encima, a horcajadas. Neyder intentó esquivarme, marcando distancia con los brazos, pero le apliqué mi táctica: me le acercaba a la boca como si lo fuera a besar y me retiraba justo a un milímetro, jugándole con la respiración.

Cuando vi que la paciencia se le estaba agotando y que la arrechera le iba a mutar en ganas, me le fui encima y lo besé de verdad, profundo.

-Me encantas -le susurré contra los labios.

Se dejó caer hacia atrás en la cama, sujetándome de la cintura. Nos quedamos así un rato, yo acostada sobre su pecho mientras revisaba mi teléfono. Al poco tiempo sentí cómo su respiración se volvía pesada: el hombre se había quedado completamente dormido por el cansancio. Lo dejé descansar tranquilo y salí del camarote porque el almuerzo ya estaba listo.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • LA DOBLE V    CAPÍTULO 12

    Llegué al lugar a las 11:30 p.m. Las luces del estudio estaban tenues, el ambiente olía a humo de porro y los beats callejeros retumbaban en las cornetas. Entré sin tocar. Con paso firme y el taconazo marcando territorio, solté un seco:—Buenas noches.Todos los presentes se giraron al instante. Se hizo un silencio sepulcral en la sala; las miradas de los hombres se clavaron en mí, atónitas. Nadie dijo una palabra. Neyder se quedó completamente congelado. Sosteniendo un porro en la mano, intentó disimular la impresión y le habló al productor fingiendo indiferencia:—Ponla a ver cómo suena...Los chamos en el estudio se miraron entre sí, entendiendo la escena de inmediato. Uno de ellos rompió el silencio:—Brothers... vamos a salir un momento.Se retiraron todos, dejándonos completamente solos. Neyder caminó hacia la computadora, dándome la espalda sin mirarme.—¿Qué carajos haces aquí? —preguntó.—Estoy donde me da mi hijueputa gana —respondí con firmeza, manteniéndome erguida antes

  • LA DOBLE V    CAPÍTULO 11

    En la noche me tocó a mí devolverle el gesto. Le entregué mis regalos: un reloj exclusivo, una colección de gorras que le encantaban y una pulsera de plata labrada con una imagen en alto relieve de mis ojos. Por la parte trasera de la pulsera le mandé a grabar una frase que definía lo nuestro: «My Demon». Pasamos una noche increíble juntos, como siempre.El 21 de febrero la historia dio un giro gigante. Neyder lanzó su tema «Matón», un trap de calle bien pesado que se volvió una locura internacional en cuestión de días. El impacto fue tan masivo que para marzo ya estaba grabando el remix oficial nada menos que con Luar y Jon Z, dos referentes gigantes de Puerto Rico. Me sentía absurdamente orgullosa de él.Aunque a Neyder le llovía hate en redes de gente diciendo que se estaba «colgando de mi fama», en la industria la cosa cambió: profesionalmente se agrandó el respeto hacia él, pero en la intimidad conmigo siguió siendo el mismo hombre de siempre.El 15 de marzo estábamos instalados

  • LA DOBLE V    CAPÍTULO 10

    A las 10:30 p.m. salimos hacia el conjunto residencial, llegando cerca de las 11:00 p.m. En el departamento de mi mamá se quedaron Aranza, mi tía Alejandra, Noemí y mi abuela. También se quedaron Mateo y Mía, porque mi mamá quería ver películas con los niños y consentirlos con un postre que tenía reservado en la nevera.Mientras tanto, en el departamento de Michel y mío organizamos una pequeña reunión para tomar unos tragos y conversar. Subimos Michel, Andrés, Franklin, Neyder y yo. Al principio la tensión en la sala se podía cortar con un cuchillo: yo me mantenía seria y distante, pero Neyder no dejaba de buscarme con la mirada cada vez que tenía la oportunidad...Me fui a la cocina a servirme un cóctel. Me apoyé sobre el mesón con un pitillo en la boca, inclinándome un poco hacia adelante. En eso, sentí a Neyder caminando a mis espaldas a propósito. Pasó pegadísimo a mí, rozándome el cuerpo al andar. No conforme con eso, dio la vuelta para regresar a la sala y volvió a rozarme, haci

  • LA DOBLE V    CAPÍTULO 9

    Llegó el martes. En la mañana, Michel y Neyder hicieron una jornada caritativa entregando desayunos a gente en situación de calle. En la tarde nos tocaba a nosotros regalar juguetes a los niños en la plaza, y Neyder también iría a colaborar.A las 3:00 p.m., Franklin nos pasó buscando en su moto a Noemí y a mí para ir un rato a su casa. Mientras jugaba con la hijita de Franklin —una niña hermosa de dos años—, él intentó sacarme el tema de Neyder.—Por favor, Franklin, no entremos en ese tema. Gracias —le dije cortante.Salí al balcón a tomar aire. Mientras algunas personas del sector me pedíanfotos desde abajo, miré hacia la acera de enfrente y vi a Mateo jugando con sus amigos. Neyder no estaba allí; andaba descansando en la otra casa preparándose para la entrega de juguetes. Mateo levantó la cabeza, me descubrió en el balcón, me saludó con la mano y me regaló una sonrisa hermosa.—¡Te ves rara con esos lentes! —me gritó risueño, haciendo referencia a los lentes gruesos que llevaba p

  • LA DOBLE V    CAPÍTULO 8

    Nos fuimos a la cena de Nochevieja en la casa de los suegros de Michel.Al llegar, nos encontramos a todos sentados en la mesa rectangular grande.El único puesto libre para mí estaba justo al frente de él. Me senté callada y seria, clavanándole miradas fijas para intimidarlo mientras él se hacía el desentendido.A eso de las 3:00 a.m., arrastré una silla y me le senté al lado.-¿Qué? -me soltó de una, seco.-¿Qué de qué? -le respondí.-¿Michel no te dijo que te mantuvieras alejada de mí? Siéntate para otro lado, por favor.-¡Me siento donde me dé la gana! -le respondí desafiante.Neyder se levantó de la silla con fastidio y se fue a sentar lejos. En ese instante, Michel me picó el ojo y me dijo en voz alta: "Victoria, acompáñame a comprar hielo".Le pidió las llaves de la camioneta a Neyder. Él solo preguntó a qué hora volvíamos porque ya se iba a ir, a lo que Michel le respondió cortante. Nos montamos en el carro pero no fuimos por ningún hielo: nos escapamos directo a mi departamento

  • LA DOBLE V    CAPÍTULO 7

    A las 8:00 p.m. Neyder me despertó llenándome la espalda y las caderas de besos. Al abrir los ojos noté que mi equipo no estaba en la habitación. Él me explicó que habían bajado y que seguro tardaban en subir, pero no esperó ni un segundo: empezó a besarme la parte baja por encima del short.Eché la cabeza hacia atrás por la excitación mientras intentaba quitarle la mano del muslo.—Espérate, que pueden venir... —le dije entre dientes, tratando de frenarlo.Él no me hizo caso y siguió. Justo cuando estaba a punto de quitarme el short, se escucharon varias voces en el pasillo. Nos quedamos paralizados del susto. Me separé de golpe y me senté en la cama intentando disimular, pero al final solo eran otras personas pasando por afuera.Neyder me jaló del brazo con intención de seguir.—Ven acá... —me susurró.—¡Noooo! —le respondí muerta de la risa.—Acho, ea la madre... Aunque sea dame un beso —protestó él, soltando un suspiro de resignación.Me acerqué a dárselo, pero intentó morderme el

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status