LOGINLa madrugada del 24 de diciembre, cerca de la una de la mañana, la atmósfera en Maracay ya se sentía distinta, cargada de ese ambiente navideño pero silencioso. Yo prefería ir al estudio a esa hora; en la madrugada la cabeza me funciona diferente y la inspiración me fluye mucho mejor. Como ya era costumbre, Michel sabía que saldría a grabar. Aunque siempre iba sola con Neyder en la camioneta Chevrolet, nunca había pasado nada fuera de lo común. Lo normal entre nosotros era un silencio constante, interrumpido solo por el sonido del motor o alguna indicación rápida. Hasta esa noche.
A medida que nos acercábamos a la casa de El Negro, donde quedaba el estudio, empecé a notar una actitud rara en él. No era el Neyder distante de siempre. Había un coqueteo sutil, una intención marcada en sus palabras. Yo, por supuesto, me puse en mi papel de odiosa para no darle el gusto. -¿Puedo entrar contigo al estudio? -me preguntó cuando aparcó la camioneta, mirándome con esa intensidad a la que no estaba acostumbrada. -¿Para qué? -le respondí, alzando una ceja. -Quería estar ahí, pues. -No -dije tajante. -Bueno, entonces hoy no me llames para más nada porque no voy a trabajar -soltó, buscándome la lengua. -Está bien -respondí sin darle importancia. -Voy a entrar al estudio quieras o no. -Tú no vas a entrar -lo desafié. -Ponme a prueba -dijo, sonriendo de lado. Neyder siempre tenía la costumbre de bajarse para abrirme la puerta, pero esa vez le gané de mano. Abrí la puerta yo misma y salté hacia el piso. -Ven, yo lo iba a hacer -me dijo desde el carro. Le tiré la puerta con fuerza, dejándola cerrar de golpe, y lo miré con superioridad. -¿Tú crees que yo siempre te necesito? Caminé unos pasos hacia la entrada de la casa de El Negro, pero antes de atravesar la puerta, me detuve. Pasé por el lado del conductor y le toqué la ventana. Neyder la bajó despacio. -Dale, entra... que me da cosita que te quedes ahí solo -le dije, regalándole una media sonrisa antes de dar la vuelta. Ya dentro del estudio, el ambiente se volvió pesado, espeso. Mientras esperaba que El Negro terminara de acomodar unos detalles, me senté en un sofá en silencio, metida en mis pensamientos. Sentía la mirada de Neyder clavada en mí a cada segundo. En un momento que me agarró despistada, sacó el teléfono y me grabó. Lo miré de reojo, fingiendo que no me importaba. Poco después, saqué un porro y lo encendí. El humo empezó a flotar en la habitación. Neyder, sentado cerca, me miró fijo. -Dame -me pidió. Me acerqué a él despacio, sosteniendo el aire, me incliné hacia su rostro y le tiré el humo directamente en la boca. Sentí un corrientazo eléctrico recorriéndome la espalda; me encantaba la tensión que se estaba armando entre los dos. Él aspiró, me miró a los ojos con una sonrisa pesada y, devolviéndome la jugada, se acercó para tirarme su humo en la boca. Al rato, El Negro bajó un momento del estudio a buscar algo, dejándonos completamente solos. Vi a Neyder mirando el celular con unas risitas que me dieron rabia. Decidí romper el ambiente con tono dominante. -Te voy a necesitar hoy para que me lleves a varios sitios -le solté, cruzándome de brazos. -No voy a poder hoy -respondió sin despegar la vista de la pantalla. -Ah... porque te necesitaba hoy -dije con fastidio. Neyder dejó el teléfono, se levantó despacio y me miró a los ojos. -¿No es que no siempre me necesitas? Me le quedé viendo fijamente por unos tres segundos, manteniendo la cara seria. -Tranquilo, que yo contrato a otro. No alcancé a dar un paso cuando sentí su mano firme rodeándome el cuello. Me empujó hacia atrás con fuerza hasta pegarme contra la pared. El impacto me dejó helada, completamente paralizada. No me dio tiempo de reaccionar cuando sentí su otra mano bajando lentamente por mi abdomen, deteniéndose justo por debajo de mi vientre. Se pegó a mi oído, rozándome apenas, y murmuró con una voz baja y rasposa: -La satisfacción se gana. Se retiró de golpe, caminó hacia la salida y, antes de cruzar el marco, abrió la puerta y me miró por última vez: -Te espero en el auto. Se me aceleró el corazón, pero no de miedo, sino de una rabia hiriente. Me daba furia conmigo misma porque sabía que Neyder había logrado ver mi lado vulnerable, ese deseo que yo estaba intentando disfrazar haciéndome la difícil. Que me hubiera roto el personaje de esa manera me tenía hirviendo la sangre. Terminé de despedirme de El Negro lo más rápido que pude para disimular. Cuando bajé a la calle, vi que Neyder ya estaba montado al volante y había dejado la puerta del copiloto abierta para que me subiera a su lado. Pasé de largo. Me fui directo a la parte trasera, abrí la puerta de un tirón y me senté atrás. A él no le quedó más remedio que estirarse para cerrar la puerta delantera. El camino de regreso al departamento fue un tormento de silencio. Ni él me habló por el retrovisor ni yo despegué la mirada de la ventana. La rabia me quemaba por dentro, pero en el fondo sabía que esto apenas estaba empezando.Llegué al lugar a las 11:30 p.m. Las luces del estudio estaban tenues, el ambiente olía a humo de porro y los beats callejeros retumbaban en las cornetas. Entré sin tocar. Con paso firme y el taconazo marcando territorio, solté un seco:—Buenas noches.Todos los presentes se giraron al instante. Se hizo un silencio sepulcral en la sala; las miradas de los hombres se clavaron en mí, atónitas. Nadie dijo una palabra. Neyder se quedó completamente congelado. Sosteniendo un porro en la mano, intentó disimular la impresión y le habló al productor fingiendo indiferencia:—Ponla a ver cómo suena...Los chamos en el estudio se miraron entre sí, entendiendo la escena de inmediato. Uno de ellos rompió el silencio:—Brothers... vamos a salir un momento.Se retiraron todos, dejándonos completamente solos. Neyder caminó hacia la computadora, dándome la espalda sin mirarme.—¿Qué carajos haces aquí? —preguntó.—Estoy donde me da mi hijueputa gana —respondí con firmeza, manteniéndome erguida antes
En la noche me tocó a mí devolverle el gesto. Le entregué mis regalos: un reloj exclusivo, una colección de gorras que le encantaban y una pulsera de plata labrada con una imagen en alto relieve de mis ojos. Por la parte trasera de la pulsera le mandé a grabar una frase que definía lo nuestro: «My Demon». Pasamos una noche increíble juntos, como siempre.El 21 de febrero la historia dio un giro gigante. Neyder lanzó su tema «Matón», un trap de calle bien pesado que se volvió una locura internacional en cuestión de días. El impacto fue tan masivo que para marzo ya estaba grabando el remix oficial nada menos que con Luar y Jon Z, dos referentes gigantes de Puerto Rico. Me sentía absurdamente orgullosa de él.Aunque a Neyder le llovía hate en redes de gente diciendo que se estaba «colgando de mi fama», en la industria la cosa cambió: profesionalmente se agrandó el respeto hacia él, pero en la intimidad conmigo siguió siendo el mismo hombre de siempre.El 15 de marzo estábamos instalados
A las 10:30 p.m. salimos hacia el conjunto residencial, llegando cerca de las 11:00 p.m. En el departamento de mi mamá se quedaron Aranza, mi tía Alejandra, Noemí y mi abuela. También se quedaron Mateo y Mía, porque mi mamá quería ver películas con los niños y consentirlos con un postre que tenía reservado en la nevera.Mientras tanto, en el departamento de Michel y mío organizamos una pequeña reunión para tomar unos tragos y conversar. Subimos Michel, Andrés, Franklin, Neyder y yo. Al principio la tensión en la sala se podía cortar con un cuchillo: yo me mantenía seria y distante, pero Neyder no dejaba de buscarme con la mirada cada vez que tenía la oportunidad...Me fui a la cocina a servirme un cóctel. Me apoyé sobre el mesón con un pitillo en la boca, inclinándome un poco hacia adelante. En eso, sentí a Neyder caminando a mis espaldas a propósito. Pasó pegadísimo a mí, rozándome el cuerpo al andar. No conforme con eso, dio la vuelta para regresar a la sala y volvió a rozarme, haci
Llegó el martes. En la mañana, Michel y Neyder hicieron una jornada caritativa entregando desayunos a gente en situación de calle. En la tarde nos tocaba a nosotros regalar juguetes a los niños en la plaza, y Neyder también iría a colaborar.A las 3:00 p.m., Franklin nos pasó buscando en su moto a Noemí y a mí para ir un rato a su casa. Mientras jugaba con la hijita de Franklin —una niña hermosa de dos años—, él intentó sacarme el tema de Neyder.—Por favor, Franklin, no entremos en ese tema. Gracias —le dije cortante.Salí al balcón a tomar aire. Mientras algunas personas del sector me pedíanfotos desde abajo, miré hacia la acera de enfrente y vi a Mateo jugando con sus amigos. Neyder no estaba allí; andaba descansando en la otra casa preparándose para la entrega de juguetes. Mateo levantó la cabeza, me descubrió en el balcón, me saludó con la mano y me regaló una sonrisa hermosa.—¡Te ves rara con esos lentes! —me gritó risueño, haciendo referencia a los lentes gruesos que llevaba p
Nos fuimos a la cena de Nochevieja en la casa de los suegros de Michel.Al llegar, nos encontramos a todos sentados en la mesa rectangular grande.El único puesto libre para mí estaba justo al frente de él. Me senté callada y seria, clavanándole miradas fijas para intimidarlo mientras él se hacía el desentendido.A eso de las 3:00 a.m., arrastré una silla y me le senté al lado.-¿Qué? -me soltó de una, seco.-¿Qué de qué? -le respondí.-¿Michel no te dijo que te mantuvieras alejada de mí? Siéntate para otro lado, por favor.-¡Me siento donde me dé la gana! -le respondí desafiante.Neyder se levantó de la silla con fastidio y se fue a sentar lejos. En ese instante, Michel me picó el ojo y me dijo en voz alta: "Victoria, acompáñame a comprar hielo".Le pidió las llaves de la camioneta a Neyder. Él solo preguntó a qué hora volvíamos porque ya se iba a ir, a lo que Michel le respondió cortante. Nos montamos en el carro pero no fuimos por ningún hielo: nos escapamos directo a mi departamento
A las 8:00 p.m. Neyder me despertó llenándome la espalda y las caderas de besos. Al abrir los ojos noté que mi equipo no estaba en la habitación. Él me explicó que habían bajado y que seguro tardaban en subir, pero no esperó ni un segundo: empezó a besarme la parte baja por encima del short.Eché la cabeza hacia atrás por la excitación mientras intentaba quitarle la mano del muslo.—Espérate, que pueden venir... —le dije entre dientes, tratando de frenarlo.Él no me hizo caso y siguió. Justo cuando estaba a punto de quitarme el short, se escucharon varias voces en el pasillo. Nos quedamos paralizados del susto. Me separé de golpe y me senté en la cama intentando disimular, pero al final solo eran otras personas pasando por afuera.Neyder me jaló del brazo con intención de seguir.—Ven acá... —me susurró.—¡Noooo! —le respondí muerta de la risa.—Acho, ea la madre... Aunque sea dame un beso —protestó él, soltando un suspiro de resignación.Me acerqué a dárselo, pero intentó morderme el







