LOGINYuri avanzó lentamente con toda su imponencia en su traje oscuro. Irina lo reconoció de inmediato y su expresión cambió. —Tú también has venido. —Por supuesto. —Pensé que, después de todo lo que ocurrió entre nosotros, al menos tendrías la decencia de mantenerte al margen. Yuri la miró con una mezcla de decepción y desprecio. —¿Decencia? ¿Quieres tú, hablarme de decencia? Acabas de secuestrar a un recién nacido, nada menos que a mí nieto y de Angelic. Ella alzó el mentón. —Fuiste mi amante. Me conoces mejor que todos ellos. Lo que hago tiene un motivo, le entrego al niño a su bisabuela, de paso tú y los Ivanov, sufren un poco. Piénsalo, no es nada en comparación de lo que tú y Rodrigo me hicieron sufrir a mi. —Precisamente por eso estoy aquí. Irina parpadeó. —¿Qué significa eso? —Significa que conozco tu capacidad para manipular a los demás. Sé cómo utilizas los sentimientos de las personas para conseguir lo que quieres. Sé cómo conviertes tus frustraciones e
. Yuri observó con seriedad a su hijo. Entonces dijo algo. —Quiero que entiendas algo. No voy a defenderla por lo que fuimos alguna vez. Tampoco voy a justificarla porque conozca sus debilidades. Si ha secuestrado a mi nieto, deberá responder por ello. El ex Pakhan dejó escapar el aire antes de decirle a su hijo. —No te estoy pidiendo que la odies. Ella es tu madre, a final de cuentas. —No necesito odiarla para detenerla. Ivanko miró hacia la carretera. —Y si cree que todavía tiene algún poder sobre mí solamente porque es mi madre, hoy descubrirá lo equivocada que está. (...) LA CASA DONDE SE ESCONDÍA LA TRAICIÓN La propiedad de Sara Ivanov se encontraba apartada de las principales carreteras, rodeada por altos árboles y protegida por un muro de piedra. Era una residencia elegante, construida décadas atrás, con enormes ventanales y un jardín que habría resultado hermoso en cualquier otra circunstancia. Aquella msdeugada sin embargo, parecía una fortaleza enem
El silencio dentro de los coches de operaciones de los Ivanov era tan tenso que nadie se atrevía a pronunciar una sola palabra. Sobre la pantalla que permanecía a un lado del volante se encontraba congelada la última imagen captada por una de las cámaras de seguridad de la ciudad. En ella aparecía Irina, con el rostro parcialmente cubierto por una bufanda oscura, subiendo a un vehículo negro con el pequeño heredero Ivanov entre sus brazos. Un segundo después, la puerta del automóvil se cerraba. Y el coche desaparecía de la grabación. Rodrigo Ivanov permanecía con la mirada fija frente a la pantalla, con las manos apoyadas sobre sus piernas y la mandíbula tan apretada que parecía a punto de romperse los dientes. Su nieto había sido arrancado de los brazos de sus padres. Su familia estaba en peligro. Y alguien de su propia sangre había facilitado aquella atrocidad. —Quiero saber quién conducía ese vehículo —ordenó con una voz helada— Revisen cada cámara, cada carret
La voz del jefe de seguridad llegó desde el pasillo. Eliester se separó de Amelia, le besó la frente y salió de la habitación. —Habla. El hombre le mostró una tableta con varias imágenes. —El automóvil aparece en una cámara de tráfico situada a unos kilómetros del hospital. La matrícula coincide parcialmente con la de un vehículo registrado a nombre de una empresa privada. —¿Qué empresa? —Estamos verificándolo. Sin embargo, tenemos una segunda grabación. El vehículo tomó una desviación hacia una carretera secundaria. Eliester examinó las imágenes. El automóvil negro aparecía en una intersección. La cámara había captado parte de la matrícula y un pequeño distintivo en la parte trasera. —Amplía esa zona. El guardia obedeció. —Ese distintivo… —murmuró Eliester. Le resultaba familiar. No podía identificarlo con certeza, pero recordaba haber visto un símbolo parecido en uno de los vehículos utilizados por personas relacionadas con las propiedades de su familia.
El silencio que reinaba en la sala de vigilancia del hospital era tan pesado que nadie se atrevía a pronunciar una palabra. Eliester Ivanov permanecía de pie frente a una de las pantallas, con los ojos clavados en las imágenes de las cámaras de seguridad. A su lado, el jefe de seguridad y varios de sus hombres revisaban cada grabación disponible, buscando cualquier pista que les permitiera recuperar al pequeño heredero de la familia. Su hijo llevaba demasiado tiempo lejos de su madre. Y cada segundo que transcurría aumentaba la desesperación de un padre que jamás había conocido el miedo hasta aquella noche. —¡Detengan la imagen! —ordenó Eliester. Uno de los guardias congeló la grabación. En la pantalla aparecía Irina, vestida con el uniforme de una enfermera, caminando por el pasillo que conducía a una salida secundaria del hospital. Llevaba al pequeño bebé entre los brazos, cuidadosamente envuelto en una manta blanca. La mujer miró a ambos lados antes de salir. Afue
El jefe de seguridad lo miró y preguntó —¿La reconocen? Es una mujer la que tiene al niño en los brazos. Eliester apoyó las manos sobre la mesa sin dejar de ver la pantalla. Pero hubo alguien atrás que dijo. —Sí. Es ella... Irina, la madre de Ivanko y ex amante tuya, Yuri. Dijo el CEO Rodrigo Ivanov, con los dientes apretados. La imagen volvió a reproducirse. La mujer entró en la habitación y, minutos después, salió llevando un pequeño bulto envuelto en una manta blanca contra el pecho. El bebé. Su hijo. Eliester sintió que la furia le quemaba las venas. —Detenga la grabación. El técnico obedeció. —¿Quién es? —preguntó el jefe de seguridad. Eliester levantó lentamente la mirada. — Es... Irina, la madre de mi cuñado. El nombre cayó en la sala como una sentencia. —Quiero todas las cámaras del hospital. Quiero saber por dónde entró, dónde se cambió y qué salida tenía planeada. Revisen también las cámaras exteriores y los registros de vehículos. Y envíen l







