Share

LA ESPOSA INDESEADA SE CONVIRTIÓ EN SU OBSESIÓN
LA ESPOSA INDESEADA SE CONVIRTIÓ EN SU OBSESIÓN
Author: Paulina W

CAPÍTULO 1 - ESPOSA DE PAPEL

Author: Paulina W
last update publish date: 2026-10-03 10:36:25

Capítulo 1 - Esposa de papel

Isabella Restrepo acababa de correrse cuando Mateo Carrera se apartó de ella.

El placer todavía le recorría el cuerpo, pero él ya estaba de pie, desnudo, recogiendo su ropa del suelo sin mirarla. Ella permaneció inmóvil, de espaldas a él, presionando una sábana contra su pecho.

—Cumplí con mi primo Santiago. Tú y yo ya consumamos este matrimonio, tal como se exigió para sellar la alianza.

Se giró y dio un paso amenazante.

—Así que, de aquí en adelante, eres solo una esposa de papel. No te cruces en mi camino, no esperes amor y... acostúmbrate al nombre de Olga, porque ella es la única que tiene derecho a mi cama. Y vas a verla por la hacienda.

Isabella sintió el impacto en el estómago, pero clavó las uñas en la sábana hasta que su rostro dejó de traicionarla. Era la primera vez que escuchaba ese nombre y, aun así, supo que significaba mucho para él.

Lo supo por la forma en que lo había pronunciado.

Se giró despacio, aferrando la sábana contra su cuerpo. Le dolía entre las piernas y la humillación le quemaba la piel, pero levantó la barbilla.

Después de todo, ella jamás había pedido este matrimonio. Fue su propio padre quien se lo impuso para usarla como una simple moneda de cambio.

Tragó saliva y le sostuvo la mirada.

Ante su silencio, Mateo frunció el ceño, incómodo, y cambió el peso de su cuerpo de un pie al otro.

—¿Qué? ¿No vas a decir nada? ¿Ni siquiera te interesa saber quién es Olga?

Isabella se mantuvo callada mientras su mente trabajaba a mil por hora.

La verdad era simple: no veía a un marido frente a ella. Le daba exactamente igual quién fuera Olga o con cuántas mujeres se acostara.

Lo que sí le importaba era que este matrimonio forzado era su pase de salida, y Mateo Carrera no era más que un peón en su propio tablero, la oportunidad que había estado esperando durante demasiado tiempo.

Mateo apretó los labios con molestia y abrió la boca para hablar, pero, en ese preciso instante, Isabella se puso de pie y dejó caer la sábana, mostrando su cuerpo desnudo.

No esperaba que ella le afectara.

Mucho menos que le hiciera desear volverla a tumbar sobre esa cama y tomarla otra vez. Se controló, porque lo suyo había sido netamente necesario; aun así, sintió un golpe de sangre agolparse en su entrepierna.

«Maldita sea».

Sin prisa, Isabella tomó la bata de seda que colgaba del respaldo de una silla y se la colocó con movimientos lentos, dejando el escote ligeramente abierto y mostrando sus pechos aún marcados por él.

Resultaba irónico: se la había follado con ganas y ahora la trataba como a una esposa indeseada.

Pero a ella esa humillación no le importaba, porque había algo infinitamente más grande en juego.

—No me interesa lo que hagas, Carrera —sentenció, cruzándose de brazos—. Y mucho menos tu cama. Eso guárdalo para tu amante. Tengo la impresión de que ella lo va a necesitar bastante más que yo.

La mandíbula de Mateo se apretó al límite. Esperaba lágrimas. Súplicas. En cambio, aquella mujer le sostenía la mirada sin una gota de temor.

Sin que ella lo viera venir, la acorraló contra la pared.

—Ten mucho cuidado, Isabella. He matado a hombres por mirarme con mucho menos desafío que tú.

La cercanía de Mateo le invadió los sentidos de golpe y un calor sofocante le subió por el cuerpo. Por un segundo se dejó llevar por aquella reacción, pero la aplastó y, a cambio, le regaló una sonrisa fría.

—Entonces dispárame —dijo, sin bajar la mirada—. Pero mientras siga viva, vas a tener que escuchar mis condiciones.

Mateo frunció el ceño.

—¿Condiciones? ¿De qué carajos estás hablando?

Isabella volvió a sonreír.

—Es fácil, Carrera. Actuaré como la esposa perfecta ante tu primo Santiago y me haré de la vista gorda con tu amante. Pero, a cambio, quiero libertad absoluta. Cero preguntas sobre adónde voy, qué hago o a quién veo. —Hizo una breve pausa antes de seguir—. Y, en exactamente un año, el día de nuestro primer aniversario, me firmas el divorcio.

Mateo parpadeó, desconcertado. Su cerebro tardó tres segundos enteros en procesar la propuesta y, cuando por fin entendió lo que ella le estaba ofreciendo, una ola de emociones contradictorias lo sacudió por dentro.

—¿Me estás diciendo que... me estás dando permiso para acostarme con Olga?

Isabella se encogió de hombros.

—Con Olga, con Irene, con María... hasta con tu hombre de confianza si se te antoja. Me da completamente igual. Eso sí, solo si aceptas el trato.

Mateo soltó una risa corta y cargada de burla, pero la diversión desapareció de su rostro casi al instante.

—¿De verdad crees que estás en posición de negociar conmigo?

—Esta unión significa demasiado para Santiago —lo interrumpió—. No querrás que todo se arruine si yo empiezo a expresar mi descontento, ¿verdad? —Inclinó la cabeza y dejó ver una mueca irónica—. Qué indignante sería... Mi marido paseando a su amante por la hacienda después de nuestra boda. Quizás debería contárselo.

Mateo apretó los labios. Una punzada de frustración le recorrió el pecho, porque sabía que ella tenía toda la razón.

Esa alianza era vital para Santiago.

De hecho, él mismo había aceptado ese matrimonio no solo por obediencia a su capo, sino porque beneficiaba directamente al negocio. La familia había subido de nivel desde que Santiago se casó con Emma Stanton y ahora, con los Restrepo, sumaban las rutas de Colombia.

Si echaba a perder esto, su primo se encabronaría.

No lo mataría, claro, pero se sentiría profundamente decepcionado de él, y eso le dolía mucho más que un balazo.

Dio un paso atrás y la observó con detenimiento. Se preguntó por qué esta mujer proponía un acuerdo de ese tipo, y la respuesta le llegó de inmediato: era la hija rechazada, la ilegítima, la que Alejandro Restrepo jamás quiso. Probablemente, solo estaba desesperada por escapar.

Estuvo a punto de decírselo.

A punto, también, de volver a tumbarla en esa cama solo para borrarle esa calma de la cara.

Mateo dio un paso hacia ella.

—Escúchame bien. No sé qué clase de libertad crees que acabas de comprar con este matrimonio, pero estás en mi casa, bajo mi techo y rodeada de mis hombres. Aquí no haces lo que te da la gana. Aquí mando yo. Y no olvides lo más importante, jamas voy a enamorarme de ti, así que no te ilusiones.

Algo pequeño y desagradable punzó el pecho, pero le pareció ridículo. Ese hombre no significaba nada para ella, así que sonrió

—Entonces tendrás que acostumbrarte a que tu esposa no sea muy obediente. Y lo de enamorarme de mi.... primero tendría que querer conservarte. Y ya te estoy pidiendo el divorcio.

Los ojos de Mateo se oscurecieron, porque fue un golpe directo.

Frustrado, tomó su arma y las llaves de su Escalade, necesitaba salir de allí antes de cometer un error. Ya en la puerta, se giró hacia ella con la mirada encendida.

—No estoy aceptando nada, colombiana. Y que te quede claro: en esta casa, el que pone las condiciones soy yo.

Isabella lo observó con calma, pero por dentro la consumió la frustración. No podía permitirse perder esta oportunidad.

Mateo salió de la habitación azotando la puerta a su paso.

Solo cuando se vio completamente sola dejó salir el aire que tenía retenido. Se llevó una mano al pecho; el corazón le golpeaba desbocado.

Era miedo, y no podía permitirse sentirlo.

Caminó hacia su bolso y sacó una mantita pequeña de bebé, desgastada por el tiempo. La llevó a su rostro y cerró los ojos.

Ya no olía a su hijo. Hacía mucho que no. Pero ella seguía buscándolo ahí.

Por un instante, otro nombre intentó colarse en su mente, uno que llevaba tres años sin permitirse pronunciar.

Lo apartó con fuerza.

Ese nombre pertenecía a París, y París estaba enterrado. Aun así, las lágrimas amenazaron con salir.

—Mamá va a encontrarte, lo prometo... Solo espérame, bebé. Ya voy.

Continue to read this book for free
Scan code to download App
Comments (1)
goodnovel comment avatar
Lus Palma
este el primo de Santiago carrera
VIEW ALL COMMENTS

Latest chapter

  • LA ESPOSA INDESEADA SE CONVIRTIÓ EN SU OBSESIÓN   CAPÍTULO 12 — ¿ESTÁ CLARO, COLOMBIANA?

    CAPÍTULO 12 — ¿ESTÁ CLARO, COLOMBIANA?El reloj de la mesita marcaba las siete de la mañana.Siete horas desde el último mensaje de Alain; todavía faltaban diecisiete para que se cumpliera el plazo de veinticuatro.Alain Moreau era el hermano mayor de Francis y, después de Isabella, probablemente la única persona que quería encontrar al niño con la misma desesperación. Había sabido que Alejandro estaba detrás de la muerte de su hermano mucho antes de que Isabella tuviera pruebas, pero enfrentarlo entonces habría sido un suicidio inútil.Alejandro estaba protegido por dinero, hombres y contactos; Alain, además, no tenía una sola prueba que pudiera llevar hasta él sin terminar enterrado junto a Francis.Así que había hecho lo único que podía hacer sin alertarlo: esperar y buscar.Meses atrás, mucho antes de que Alejandro sacara a Isabella de París para llevarla a Medellín y casarla con Mateo, la había contactado.Apretó el teléfono satelital entre las palmas antes de deslizarlo bajo el

  • LA ESPOSA INDESEADA SE CONVIRTIÓ EN SU OBSESIÓN   CAPÍTULO 11 — LA PRIMERA MENTIRA

    CAPÍTULO 11 — LA PRIMERA MENTIRAJusto cuando el aliento de Mateo le rozó el labio superior, Isabella levantó la mano derecha y plantó dos dedos firmes sobre su boca.—No.Mateo se quedó inmóvil, sintiendo el calor de las yemas de ella contra sus labios, pero no retrocedió.—No parecías querer decir que no.Isabella retiró los dedos despacio, pero mantuvo los ojos clavados en los suyos con una frialdad casi desesperada.—Ese es exactamente el problema.Se deslizó fuera del banco por un costado, apoyando con cuidado el pie vendado para ganar distancia, se pasó una mano por el cabello húmedo de sudor y recogió su toalla del suelo.—Tenemos un trato.—Empiezo a odiar ese maldito trato —soltó él, girándose hacia ella con los puños metidos en los bolsillos del pantalón para no volver a agarrarla.—Y apenas llevamos unos días. Acostúmbrate.Caminó hacia la salida sin cojear, forzando la postura con ese orgullo absurdo que a él le revolvía el estómago, y abrió la puerta.—Isabella.Ella se q

  • LA ESPOSA INDESEADA SE CONVIRTIÓ EN SU OBSESIÓN   CAPÍTULO 10 — EL CISNE Y LA BESTIA

    CAPÍTULO 10 — EL CISNE Y LA BESTIAEl peso de la caja negra en la mano derecha le recordó a Mateo que debía moverse, pero los pies se negaron a obedecer.Se quedó clavado contra el marco de madera oscura, con el aire retenido en el pecho y la sangre agolpándose en la pelvis.Su esposa giró sobre una pierna, buscó la elevación y falló en la caída. El tobillo se le dobló apenas, pero Isabella no soltó un quejido; en cambio, apretó la mandíbula, retrocedió dos pasos y volvió a colocarse en posición.Giró de nuevo y la pierna no subió con la misma limpieza.La rabia le tensó el cuello.No había frustración de aficionada en ese gesto, sino el veneno puro de quien exige obediencia absoluta a su propia carne. Lo repitió una tercera vez, arrastrando el esfuerzo en una respiración áspera que llegó hasta la puerta.En ese momento, Mateo dejó de mirar solo la curva de los glúteos y el sudor bajando por la espina dorsal y se concentró en la furia.Era la misma que él sentía cuando vaciaba un carg

  • LA ESPOSA INDESEADA SE CONVIRTIÓ EN SU OBSESIÓN   CAPÍTULO 9 — PARALIZADO POR EL DESEO

    CAPÍTULO 9 — PARALIZADO POR EL DESEOAL DÍA SIGUIENTE...El sol caía y dentro de la oficina Mateo revisaba un flete marítimo con la mandíbula tensa. Tenía la camisa desabotonada en el cuello, el pelo revuelto por la falta de sueño y la mirada fija en los números, aunque en realidad no estaba leyendo nada.Su cabeza seguía atrapada en la noche anterior.En Isabella.En Francis Moreau.No eran celos.O al menos eso se repetía.Era desconfianza.Instinto.La necesidad de saber quién carajos era el hombre que había conseguido que su esposa perdiera el control durante una fracción de segundo.Nico todavía no llamaba con respuestas y la espera empezaba a ponerlo de peor humor.La puerta se abrió suavemente y Olga entró con una sonrisa. Llevaba una blusa de seda ajustada y el cabello suelto, perfectamente peinado. No venía furiosa, ni reclamando, ni con los ojos hinchados de celos.Venía armada con algo mucho más peligroso: cuatro años de intimidad compartida.Caminó directo hacia el escrit

  • LA ESPOSA INDESEADA SE CONVIRTIÓ EN SU OBSESIÓN   CAPÍTULO 8 — EL FANTASMA DE PARÍS

    CAPÍTULO 8 — EL FANTASMA DE PARÍSIsabella sonrió.—Ni en otra vida.Fue como tirarle agua helada.—Perfecto. Coincidimos en algo.El tono de Mateo volvió a ser frío, pero Isabella había visto el golpe.Por suerte, unos tacones resonaron en el pasillo. Emma apareció con dos copas de champaña en las manos. Miró primero a Mateo, después a Isabella y finalmente la distancia ridículamente pequeña que aún existía entre ellos.Levantó una ceja.—¿Interrumpo un asesinato o algo más interesante?—Un asesinato —respondieron ambos al mismo tiempo.Emma soltó una carcajada.—Mateo, Santiago te necesita en el despacho. Llegó la gente de Nayarit y dicen que no van a soltar un solo cargamento si tú no estás en la mesa.Él no se movió al instante. Tenía los ojos clavados en Isabella, con el pecho subiendo y bajando pesadamente.—Mateo —repitió Emma, esta vez más seria—. Es negocio. Ya sabes cómo es Santiago.Él exhaló lentamente.—Esta conversación no se ha terminado.La miró un segundo más antes de

  • LA ESPOSA INDESEADA SE CONVIRTIÓ EN SU OBSESIÓN   CAPÍTULO 7 — SUENA A QUE ERES MÍA

    CAPÍTULO 7 — SUENA A QUE ERES MÍA—Te hice una pregunta, Isabella. ¿Lo amabas?—Yo no recibo órdenes tuyas. No soy uno de tus matones con pistola.Mateo plantó la palma de la mano contra la piedra, justo al lado de su cabeza. No la tocó, pero la distancia se volvió mínima y ella podía sentir el calor pesado que salía de su cuerpo.—Camille dijo que ibas a casarte con él —insistió, con la mandíbula apretada—. Algo tenías que sentir.—¿Y qué si lo amaba?Mateo se quedó inmóvil y ella vio la reacción. Fue apenas una pequeña contracción en su mandíbula, pero ahí estaba, así que decidió empujarlo un poco más.—¿Qué vas a hacer? ¿Pegarle un tiro?—No me tientes.Isabella soltó una risa incrédula y, contra toda lógica, Mateo sintió ganas de sonreír. Solo un segundo, porque la imagen era absurda, pero se contuvo.—Estás enfermo.—Nunca dije lo contrario.La respuesta la sorprendió y Mateo aprovechó ese segundo para observarla. Debajo de toda aquella arrogancia había visto algo cuando mencionó

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status