LOGIN~ARTEM~—¿Ya lo entendiste? —indagó Mina, viéndolo con una expresión altiva.Ramiro no respondió, únicamente la miró con rabia.Mina levantó sus cejas.—Bien, tomaré tu silencio como una respuesta afirmativa, así que empecemos. Quiero saber qué hicieron con mi hijo.Ramiro tensó la mandíbula y negó una vez.—Yo no sé nada de eso —respondió—. No tengo nada que ver en ese pedo.Mina ladeó la cabeza.—No empieces con mamadas.—Ya te dije que no sé de qué hablas.—¡Tú estabas ahí! —gritó Mina.Ramiro no respondió.—Tú y Chuy estaban afuera de la habitación cuando mi hijo nació —continuó—. Ustedes me agarraron cuando intenté seguir a Ezequiel después de que se llevó a mi hijo.—Han pasado muchos años. No me acuerdo de todo.Mina se acercó un paso.—Pues haz memoria.—Vete a la chingada.Mina empuñó el arma y disparó con tanta rapidez contra la pierna del tal Ramiro, que lo único que pude hacer fue levantar ligeramente las cejas.Ramiro empezó a gritar por el dolor. La sangre rápidamente em
~ARTEM~—Déjame hacerlo a mí —insistió Mina por tercera vez.Miré al hombre que permanecía inconsciente y amarrado a una silla en medio de la habitación antes de regresar la atención hacia ella.—No estoy seguro de que estés preparada para esto —manifesté.Su expresión se endureció.—Estoy más preparada de lo que tú crees.—Hace unos días apenas estabas aprendiendo a sostener correctamente una pistola, Mina. Interrogar a un hombre como este no es lo mismo.—Ya sé que no es lo mismo, güero. No soy pendeja.—No he dicho que lo seas.—Pero me estás tratando como si no supiera a qué me estoy enfrentando.Resoplé y me pasé una mano por la barbilla. No quería discutir con ella. Mucho menos impedirle que participara después de haber aceptado que tenía derecho a estar allí, pero una cosa era permitirle enfrentarse a Ramiro y otra muy diferente entregarle completamente el control de un interrogatorio que podía remover demasiada mierda en su cabeza.Mina todavía tenía heridas que yo ni siquiera
~MINA~ Para cuando cayó la noche, los dos hombres que acompañaban al Rami ya se habían bajado de la camioneta en distintos puntos del camino y él continuaba manejando solo. Eso era exactamente lo que estábamos esperando. Artem y yo lo seguíamos desde bastante lejos, manteniendo suficiente distancia para no levantar sospechas. Habíamos dejado atrás las zonas más transitadas y ahora avanzábamos por un camino solitario, rodeado de oscuridad y vegetación, con las luces de nuestro automóvil apagadas para no delatarnos. Yo permanecía hundida en el asiento, todavía usando la gorra y la ropa holgada de mi fabuloso disfraz de narcotraficante adolescente, con una pistola descansando sobre mis piernas y los ojos clavados en las luces traseras de la camioneta que aparecían y desaparecían a lo lejos. Mi corazón llevaba un buen rato latiendo demasiado rápido. No era por miedo. Bueno, quizá sí había algo de miedo, pero no el suficiente para hacerme querer regresar. Mientras siguiéramos detrá
~MINA~ —Parezco un pinche chamaco que va a vender mota atrás de una secundaria —murmuré mientras me acomodaba por enésima vez la gorra que Artem me había hecho ponerme. El güero apartó apenas los binoculares de sus ojos para mirarme de reojo y después recorrió con la vista la camisa holgada, los pantalones anchos y la chaqueta que ocultaba bastante bien las curvas de mi cuerpo. Mi cabello estaba completamente recogido y escondido debajo de la gorra, y unos lentes oscuros terminaban de hacerme lucir lo suficientemente diferente como para que nadie que me viera desde cierta distancia pensara inmediatamente en Herminia Salazar. —Ese era precisamente el objetivo. —¿Que parezca vendedor de mota? —Que no parezcas tú. —Pues felicidades. Lo logramos. Artem soltó una risa breve y volvió a llevarse los binoculares a los ojos. Yo hice lo mismo. Nuestro automóvil estaba oculto a suficiente distancia del rancho como para no llamar la atención, estacionado en un punto desde donde podíamos
~ARTEM~Mi atención se clavó inmediatamente en la llamada y me alejé unos pasos de Mina, aunque no tanto como para que ella pudiera escuchar lo que hablábamos.—Habla.—Mis muchachos tardaron un poco porque resulta que el cabrón ya no anda tan pegado a Montalvo como antes —explicó Valdés—. Pero sí, encontramos al hombre que estás buscando. Ramiro Ortega, alias el Rami. Cincuenta y dos años, moreno, grandote y con el pelo casi rapado. Lleva más de veinte años trabajando para Montalvo.La descripción coincidía demasiado bien con la que Mina me había dado.—¿Dónde está?—Por Los Mochis. Montalvo tiene un rancho a las afueras que utiliza para algunos de sus negocios y el Rami pasa bastante tiempo allí. Según mi gente, ahora se encarga de supervisar algunas operaciones y de mantener a raya a los pendejos que trabajan para ellos.—¿Vive allí?—No. Tiene una casa en la ciudad, pero entra y sale del rancho constantemente. Mis hombres ya llevan siguiéndolo desde ayer para confirmar sus movimie
Dos días después... ~ARTEM~Mina ya había conseguido mejorar lo suficiente como para que al menos dejara de preocuparme la posibilidad de que terminara disparándose en un pie durante el entrenamiento.No pensaba decírselo, por supuesto.—Otra vez —ordené.—¿Otra vez? Güero, ya llevo como cincuenta.—Treinta y dos.Mina bajó el arma y volteó a verme con los ojos entrecerrados.—¿Los estás contando?—Claro.—Pinche obsesivo.—Y tú sigues hablando demasiado.—Eso no se me va a quitar nunca, así que ve resignándote.Tuve que contener una sonrisa mientras ella volvía a colocarse frente al blanco.Habíamos pasado los últimos dos días entrenando varias horas, sin excedernos por su pie, que continuaba mejorando, y aquella mañana había decidido hacerla practicar algo más que quedarse quieta disparando. Necesitaba aprender a moverse, mantener el arma segura y conservar la atención aunque tuviera cosas ocurriendo a su alrededor.El problema era que distraer a Mina resultaba demasiado fácil.Per







