LOGIN~EMILIANO~ Cuatro malditas semanas habían pasado desde que Valentina salió del hospital y, durante todo ese tiempo, mi vida se había convertido en una lucha constante por mantener el autocontrol. Ella no había dejado de provocarme ni un solo día en todo ese tiempo. A veces lo hacía de forma descarada, otras con cosas tan pequeñas que cualquiera habría jurado que no tenían ninguna intención detrás, pero yo sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Pero, gracias a Dios y a la Virgen, ese día se terminaba la maldita tortura en la que ella me tenía. El médico terminó de revisar la cicatriz de Valentina y retiró los guantes antes de asentir con una expresión satisfecha. —La herida está cerrando muy bien. No hay inflamación, no hay señales de infección y la recuperación interna también va como esperábamos. Valentina, sentada sobre la camilla, sonrió como si el médico acabara de darle la mejor noticia de su vida. Yo, por mi parte, permanecí de pie a su lado, escuchando con aten
~EMILIANO~ Necesitaba una ducha. Una ducha helada de dos horas. Casi corriendo me metí al baño de la habitación de invitados y cinco minutos después, mi verga seguía más dura que el acero a pesar del agua fría que corría sobre mí. Valentina estaba en todas partes, invadiendo cada uno de mis sentidos, cada recoveco de mi mente. Su cuerpo desnudo, su sonrisa descarada y su actitud insoportable. Si cerraba los ojos, solamente podía ver su increíble cuerpo desnudo sobre aquella cama. La sentía bajo mi piel. La olía cada vez que respiraba. La saboreaba cuando mi lengua rozaba el paladar de mi boca. Era como si se hubiera metido dentro de mí y se hubiera instalado en mi cuerpo. Golpeé con el puño la pared de azulejos y gruñí todas las palabrotas que se me cruzaron por mi cabeza. Pero era inútil, no podía quitarme de la cabeza las imágenes que me acababa de regalar. Envolví la base de mi verga con la mano y apreté con fuerza hasta que mis ojos se pusieron en blanco y sentí cier
~EMILIANO~ Valentina soltó un bostezo y volteé a mirarla para observar cómo se estiraba antes de apagar el televisor. Giró la cabeza hacia la mesa donde me encontraba trabajando y anunció: —Iré a darme una ducha para meterme a la cama a dormir. —De acuerdo. Solo debo terminar un par de cosas y en unos minutos iré. Asintió sin darle mucha importancia. Se puso de pie y se fue, desapareciendo en el pasillo que llevaba hacia nuestra habitación. [...] Alrededor de media hora después terminé finalmente con lo que estaba haciendo, cerré la última ventana en la computadora y moví el cuello de un lado al otro intentando descontracturarlo. Quedarme sin representante en plena temporada había resultado ser una verdadera m****a. Yuri se había encargado durante años de contratos, reuniones, compromisos con patrocinadores y una cantidad absurda de asuntos relacionados con mi carrera que ahora estaban cayendo directamente sobre mí mientras encontraba a alguien capaz de sustituirlo. Cerré la la
~VALENTINA~ El timbre sonó poco después del mediodía y Emiliano dejó lo que estaba haciendo frente a su laptop para ir a abrir, mientras yo permanecía sentada en el sofá con una manta sobre las piernas y una expresión de profundo fastidio por seguir teniendo que guardar reposo. Apenas abrió la puerta, escuché la voz de Mina antes incluso de verla entrar. —Muévete, güero, que vas a tirar la olla. —Mexicana, prácticamente llevo cargándola desde que salimos de casa y todavía no la he tirado. —Porque yo te voy diciendo cómo agarrarla. Artem apareció detrás de ella cargando una enorme olla con ambas manos y me miró como si quisiera dejar muy claro que él no tenía ninguna responsabilidad sobre aquella situación. —Hola, Valentina. —Hola, Artem. Mina entró detrás de él con varias bolsas. —¿Cómo está mi nuera querida? —Hola, suegra —la saludé—. Me siento mucho mejor. —Eso dices porque no te has visto la cara de enferma que todavía tienes. —Gracias por el cumplido. —No es un cumpl
~EMILIANO~ —¿De verdad nunca intentaste empezar algo con otra mujer? —indagó Valentina. Negué con un movimiento de mi cabeza. —No. Ninguna me interesó lo suficiente. Valentina levantó un poco la cabeza para mirarme mejor, como si todavía buscara alguna contradicción en mi respuesta. —¿Ni siquiera lo intentaste? —¿Para qué? —repliqué—. Después de lo nuestro no tenía ganas de meterme en otra relación. Además, estaba completamente enfocado en mi carrera. Entrenamientos, viajes, competencias, contratos... prácticamente vivía entre aeropuertos, circuitos y hoteles. Y después apareció todo lo relacionado con los Montalvo y terminé teniendo todavía menos tiempo para pensar en mujeres. Frunció ligeramente el ceño. —Eso es algo que todavía no comprendo. —¿Qué cosa? —Cómo terminaste aceptando convertirte en jefe del Cártel Montalvo si siempre dijiste que no querías tener nada que ver con ese mundo y mucho menos con el apellido Montalvo. Solté aire lentamente. No era una pregunta co
~EMILIANO~Valentina soltó una risa cargada de malicia y se apartó de mí antes de que pudiera interpretar correctamente aquella expresión en su rostro.—Quiero ver la habitación en la que vamos a dormir —manifestó, como si acabara de recordar algo mucho más importante.La vi dar apenas un par de pasos antes de reaccionar. Estiré la mano, la sujeté del brazo con cuidado de no hacerle daño y la hice detenerse.—Ni se te ocurra escapar así.Giró hacia mí con una inocencia tan falsa que casi consiguió irritarme más.—¿Escapar de qué?—Sabes perfectamente de qué.—Emiliano, estoy cansada —respondió con todo el descaro del mundo—. Me duele la herida y necesito reposar. El médico fue bastante claro con eso.Entrecerré los ojos.—Deja de hacerte la tonta y responde.—No me estoy haciendo la tonta. De verdad me siento mal.La conocía demasiado bien.Podía ver la diversión escondida detrás de aquella expresión supuestamente cansada y eso terminó de confirmar que estaba disfrutando cada segundo.







