ログイン~VALENTINA~ Miré a Emiliano fijamente, esperando que dijera que era una jodida broma. Los segundos pasaron y él no dijo nada, solo se quedó igual a mí, observándome y, tal parecía, esperando una respuesta de mi parte Parpadeé, perpleja, y no pude evitar reír como una idiota. —¿Estás bromeando? Su entrecejo se arrugó un poco. —¿Por qué iba a estar bromeando? Reí un poco más y le respondí con un encogimiento de hombros. —¿No se supone que no puedo salir de este rancho, porque mi perfecto esposo me tiene cautiva? Emiliano sonrió apenas. —Conmigo sí puedes salir, Valentina. —Ah, ya entiendo. Entonces el requisito para que pueda salir es que tú me acompañes como a una niñita tonta e indefensa. —Sé muy bien que tú puedes ser cualquier cosa, menos tonta o indefensa. —Pyes así es como me tratas y después de eso como a una cautiva. —No eres una prisionera de este rancho, Valentina. —¿Puedo ir a un bar a divertirme un rato? —No. —Prisionera. —Ya te dije que
~VALENTINA~ Esperé hasta después del almuerzo para volver a llamar a mi padre. La inquietud que me había dejado la llamada con mi padre el día anterior no había desaparecido del todo, aunque intentaba convencerme de que estaba exagerando. Bruno no había notado nada porque ni siquiera estaba en Chicago, mis otros hermanos tampoco, y eso me había dejado con demasiadas preguntas dando vueltas en la cabeza. La videollamada tardó unos segundos en conectar. Cuando la imagen apareció, sentí que una parte de la tensión que llevaba acumulada se aflojaba de inmediato. Mi padre se veía mucho mejor. Tenía mejor color, no parecía tan agotado y ya no tenía aquella expresión extraña que me había inquietado durante nuestra última conversación. —Hola, Valya. —Te ves mejor. Sonrió. —Buenos días para ti también. Entorné los ojos con irritación y él rio. —Quiero imaginar que si me estás llamando tan seguido es porque ya me perdonaste. —Lo digo en serio, papá. La última vez parecías a punto
~EMILIANO~Encontré a Yuri en una de las salas privadas del hotel donde solíamos reunirnos cuando tenía compromisos en México. Estaba sentado frente a una mesa cubierta de documentos, revisando algo en su computadora mientras hablaba por teléfono.Levantó la mirada cuando entré y terminó la llamada pocos segundos después.—Llegas temprano.—Necesito preguntarte algo.Dejó el teléfono sobre la mesa.—Eso sonó serio.Cerré la puerta y me acerqué.—Quiero que recuerdes algunos eventos de hace siete años.Frunció ligeramente el ceño.—¿Siete años?—Sí.Saqué mi teléfono y abrí las fotografías que Valentina me había enviado. Empecé únicamente por las imágenes tomadas durante fiestas, cenas y eventos públicos.Le enseñé la primera.—¿Recuerdas a esta mujer?Yuri acercó el teléfono hacia él y observó.—Sí. Era una de las modelos que se contrataban para las campañas publicitarias. Creo que se llamaba Amanda o Samantha. La agencia la mandó para acompañarte a una gala.Pasé a otra fotografía.—
~EMILIANO~ Había dormido poco y bastante mal. Aun así, no me sentía cansado, sino más bien ansioso. Mi mente no dejaba de darle vueltas a todo lo que Valentina y yo habíamos hablado la noche anterior, especialmente a aquellas fotografías en las que aparecía con todas esas modelos con las que estaba seguro de no haber estado sexualmente. Al menos no por voluntad propia. Después de analizar mentalmente toda la información que tenía hasta el momento, pude llegar a varias teorías, pero todavía necesitaba más información. Salí de la cama, me di una ducha, me vestí y cuando estuve listo salí de la habitación y me encontré a Valentina saliendo de la suya. Ella no me había visto y ya caminaba hacia la parte principal de la casa. —Buenos días —la saludé. Giró la cabeza hacia mí y al verme se detuvo. —Eh..., hola. Buenos días. Me apresuré a alcanzarla, aunque no tenía ni puta idea de por qué había sentido la necesidad de hacerlo ni mucho menos de qué íbamos a hablar. Era cie
~VALENTINA~ Emiliano me sostuvo la mirada durante varios segundos antes de dejar el vaso sobre la mesa. Metió una mano en el bolsillo del pantalón, sacó su teléfono y lo desbloqueó. —No tengo idea de por qué tú estás tan segura de lo que afirmas —dijo—. Pero ¿quieres saber por qué estoy tan seguro de lo que yo afirmo? Escucha esto. Desbloqueó el teléfono, buscó algo y dejó el aparato sobre la mesa. Una grabación comenzó segundos después y sentí que todo mi cuerpo se tensaba al reconocer la voz detrás. Era mi voz. La sangre se me heló y me quedé paralizada. ¿Cómo era posible semejante cosa si yo jamás lo había hecho? Me escuché identificarme como Valentina Volkova y hablar de Emiliano. Decir quién era realmente, quién había sido su padre biológico, quién lo había criado y dónde podían encontrarlo. Después llegó lo peor. Aquella voz decía que Emiliano necesitaba convertirse en alguien importante, poderoso, peligroso. Que un simple piloto no estaba a la altura de la
~EMILIANO~ Su propuesta me dejó mirándola durante varios segundos. Volver a ser como antes. La sola idea era absurda. Habían pasado siete años, demasiadas cosas entre nosotros y suficiente resentimiento como para llenar aquella casa entera. No podíamos simplemente sentarnos a beber tequila y fingir que seguíamos siendo aquellos dos adolescentes que se buscaban para contarse cualquier estupidez que les hubiera ocurrido durante el día. Y, sin embargo, durante los últimos minutos se había sentido exactamente así y eso era lo que más me molestaba. —¿Todos nuestros secretos? —murmuré. Una pequeña sonrisa apareció en sus labios. —Bueno, ya descubrimos que realmente no nos contábamos todos nuestros secretos. La observé por encima del vaso, con más suspicacia que antes, porque sabía perfectamente que detrás de toda esa aparente amabilidad había algo más. Conocía lo suficiente a Valentina Volkova como para saber lo astuta que podía ser para sacarle información a alguien.







