LOGIN~MINA~ Salimos de la última tienda con tantas bolsas que ya no sabía si habíamos ido de compras o si Artem pretendía mudarnos dentro de un centro comercial. Yo llevaba algunas, él cargaba la mayoría y Emiliano caminaba entre los dos con una bolsa pequeña que había insistido en llevar porque dentro estaban unos carritos nuevos que, según él, no quería perder de vista. —Tengo hambre —me dijo de pronto. Lo miré. —Ya vamos a irnos a la casa y te preparo algo rico. —Estás loca —soltó Artem. Giré hacia él. —¿Perdón? —¿Quieres encerrarlo otra vez en el departamento? Vamos a comer algo aquí. —No hace falta seguir gastando. —No empieces con eso otra vez. —Güero... Me ignoró completamente y miró a Emiliano. —¿Qué quieres comer, Campeón? El niño se quedó pensando. —No sé. —Lo que quieras. Emiliano dudó un poco antes de responder. —Siempre he querido comer una hamburguesa. Me detuve. —¿Nunca has comido una? Negó con la cabeza. —Lorena nunca me dejó comer una cuando llevaba a
~MINA~ Si alguien me hubiera dicho unas semanas atrás que terminaría recorriendo tiendas en Chicago acompañada por un mafioso ruso y por mi hijo mientras discutía con ambos sobre cuántos pantalones necesitaba un niño de seis años, probablemente habría pensado que estaba loco. Pero allí estaba, viendo cómo Artem metía otra muda de ropa en el carrito sin siquiera mirar el precio mientras Emiliano caminaba a su lado con una expresión cada vez más interesada. —Güero, ya tiene suficientes. —Tiene cuatro pantalones. —Cinco. —Ese no cuenta. —Señaló uno de algodón en color gris. —¿Por qué no cuenta? —Porque es un jogger, no un pantalón. Viré los ojos y sacudí la cabeza, negando. Artem tomó otro y lo levantó frente a Emiliano para calcularle el tamaño. —Yo creo que te quedará perfecto. —Oh, Dios —murmuré. Emiliano soltó una risita y Artem lo miró. —¿Te gusta? Emiliano asintió. —Sí. —Entonces va. —¡No le preguntes! —protesté. Artem dejó el pantalón en el carrito de todos modos
~MINA~ La puerta del departamento se abrió y levanté la mirada hacia Artem. Me quedé observándolo unos segundos con una mezcla de fastidio, desconcierto y curiosidad porque no lo veía desde el día anterior; desde que me había soltado, con toda la tranquilidad del mundo, que iba a casarse conmigo y luego se había marchado como si no acabara de cambiarme la vida con una sola frase. No me dio ni una sola explicación del porqué había decidido aceptar. Tampoco hubo ni una conversación después. Nada. El hombre solamente soltó aquella respuesta que fue como una bomba y se fue dejando los estragos detrás. Artem entró, cerró la puerta y dejó las llaves donde siempre, sin darme ningún saludo. —Vaya, hasta que decides aparecer —solté, por supuesto que muy enfadada con él por su comportamiento. —Hola —murmuró y eso me fastidió todavía más. Inhalé profundamente y lo fulminé con la mirada. —¿Así acostumbras comprometerte? —pregunté—. ¿Dices que te vas a casar y luego desapareces? Artem
~ARTEM~No intenté discutirle. Podía seguir insistiendo en que el acuerdo con Valdés había sido mío y solamente mío, pero Maksim tenía razón en algo que yo había preferido ignorar mientras me convenía: no podía quitarme el cargo de Sovietnik como si fuera una chaqueta cada vez que quería hacer algo sin involucrar a la Bratva.—Lo sé —admití—. Pero necesitaba encontrar al niño y Valdés era la forma más rápida de llegar hasta Ramiro.Maksim soltó aire por la nariz, todavía cabreado.—Sigue.Le conté lo necesario. Ramiro nos había llevado hasta Chuy y Chuy, finalmente, hasta Emiliano. No entré en cada detalle de lo ocurrido en México porque nos habría tomado el resto de la mañana, pero sí les expliqué que habíamos descubierto que el niño estaba bajo el cuidado de una de las mujeres de Ezequiel, y que fuimos por él antes de que Montalvo pudiera moverlo a otro lugar.Alessia escuchaba sin interrumpirme, mientras Maksim hacía preguntas concretas cada vez que necesitaba entender cómo una cos
~ARTEM~Maksim dejó de mirarme como si acabara de anunciar una estupidez y empezó a hacerlo como Pakhan.Conocía perfectamente el nombre de Ezequiel Montalvo, sabía que su cártel llevaba años disputándose territorio con Valdés y también sabía que cualquier problema relacionado con él podía terminar convirtiéndose en algo mucho más grande de lo que parecía al principio.Alessia permaneció callada, aunque su expresión también había cambiado. Ya no había curiosidad por mi repentino matrimonio, sino una atención mucho más seria.—Habla entonces —exigió.Asentí y comencé a hablar:—La conocí una noche en una carretera, cuando estaba en México por las negociaciones con Valdés. Salió corriendo de la nada y la atropellé.Maksim parpadeó.—¿La atropellaste?—Accidentalmente.—Eso espero.Alessia me miró como si intentara decidir si hablaba en serio.—¿Y qué hacía corriendo por una carretera en mitad de la noche?—Huyendo. Había hombres buscándola en la zona, pero en ese momento yo no sabía qui
~ARTEM~Llevaba varios minutos sentado a la mesa en el comedor de la mansión Volkov cuando escuché movimiento en el pasillo. Una de las empleadas me había servido café al llegar, pero apenas lo había tocado. Tenía demasiadas cosas dándome vueltas en la cabeza como para preocuparme por beberlo.El día anterior había estado a punto de contarle a Maksim la verdad sobre Mina y todo lo que había ocurrido en México, pero Alessia había entrado justo en ese momento y la conversación había quedado pendiente. Esta vez no pensaba irme sin hablar. Ya se lo debía como Pakhan, pero también como el hombre que había sido mi hermano durante prácticamente toda mi vida.Había dejado que aquello creciera demasiado, acumulando secretos, muertos, favores y decisiones tomadas a sus espaldas. Y ahora, por si no fuera suficiente, también tenía que explicarle que había decidido casarme.Maksim y Alessia entraron juntos al comedor. Me puse de pie y los saludé. Maksim respondió con una sonrisa demasiado grande p







