로그인POV: DAIMON
“¿Lo escuchaste?” Fenrir gruñó dentro de mí, su voz grave y fría resonando en mi mente.
Asentí levemente, observando a la pequeña criatura frente a mí. Ella temblaba, encogida contra el frío, intentando calentarse con sus propias manos. Estaba atrapada. Frágil. Demasiado pequeña para estar aquí.
— ¿Por qué ella? — Le pregunté a Fenrir, observando a la humana acercarse a las inscripciones grabadas en la piedra. Solo los receptáculos del gran lobo ancestral podían leerlas. Pero Airys… parecía entender algo.
Sus dedos se deslizaron por las inscripciones. Noté cuando sus ojos se cerraron por un instante, su respiración se volvió más pesada. Un segundo después, retrocedió bruscamente, como si hubiera visto un fantasma. Su olor cambió. El miedo de siempre aún estaba allí, pero ahora mezclado con algo diferente. Algo más profundo.
“Teme más que a nosotros.” Fenrir chasqueó la lengua, impaciente. Estaba demasiado cerca de la superficie.
— Hay algo en ella. — Incliné la cabeza, tocando su espalda y empujándola hacia adelante, hacia la mansión imponente, su piel estaba fría bajo mis dedos calientes. Ella obedeció sin resistencia, con pasos cortos y vacilantes mientras cruzaba la entrada de la mansión.
Airys miraba alrededor, sus ojos atentos al entorno, cuando los murmullos comenzaron, vi cómo su postura se encogía aún más. Las miradas sobre ella no eran de amenaza, eran de lástima.
— ¿Por qué nos miran? — Su voz salió incierta, casi un susurro.
— Estás demasiado cerca de mí. — Me encogí de hombros, guiándola por los pasillos a media luz. — Y sigues viva…
— ¿Por qué? — La humana se detuvo al pie de la escalera en espiral, su voz vacilante. — ¿Vas a matarme, Alfa Supremo?
Me giré lentamente, dejando que mi presencia pesara sobre ella. Mis ojos la atraparon en su lugar, la amenaza clara en la forma en que mi presa se proyectaba sutilmente.
— Si quisiera que estuvieras muerta — hablé, la voz baja y afilada. — Ya estarías en el suelo.
Ella tembló, su cuerpo tenso. Pero, para mi sorpresa, levantó el mentón. Su miedo era evidente, los puños cerrados al costado, los músculos contraídos, pero se negaba a retroceder.
— ¿Qué pretendes hacer conmigo, bestia? — Su voz sonó firme, pero había un leve temblor. Sus ojos color miel brillaron, con sutiles matices verdosos en su iris.
“La marca divina.” Fenrir gruñó dentro de mí, raspando sus garras contra mi mente. Su curiosidad era tan clara como la mía.
— Aún no. — Corté su hambre impaciente. No era el momento. Aún no.
— ¿Por qué tanto interés en una humana traidora? — Airys forzó las palabras, su respiración vacilante cuando mi mirada pesó sobre ella. Di un paso al frente, absorbiendo su aroma. Dulce. Marcante. Sus sentimientos estaban en caos y eso me gustaba.
Me gustaba la forma en que su piel entregaba lo que su boca intentaba esconder.
Me incliné hacia adelante, obligándola a callar. El único sonido que salía de ella era el de su corazón acelerado y su respiración irregular. Raspe mis colmillos contra su mejilla, cortando un fino hilo de sangre. Lami la gota roja lentamente. Su cuerpo tembló, un suspiro ahogado escapó de su garganta.
— Es lo que pretendo descubrir. — Susurré, gruñendo bajo antes de alejarme. Observé la confusión en su rostro, la respiración aún irregular.
Continuamos caminando. Airys miraba alrededor, absorbiendo cada detalle del entorno. Se detuvo frente a los cuadros en la pared, retratos de los antiguos Fenrir. Sus dedos tocaron los ojos tallados con reverencia.
— Los antiguos Supremos… He oído muchas historias sobre ellos. Lycans poderosos y temidos. — Su tono llevaba curiosidad. Se acercó más, analizando los detalles. — Pero los ojos… los tuyos son diferentes.
Se giró hacia mí, vacilante. Sus ojos recorrieron mi rostro antes de dar un paso al frente. Con la mano temblorosa, la levanté en mi dirección. Gruñí en advertencia, mostrando mis colmillos. Airys dudó, pero algo la hizo continuar. Sus dedos tocaron mi piel, deslizándose por las cicatrices de mi mejilla, subiendo por la ceja y bajando alrededor de mis ojos.
— Los tuyos son únicos. — Su voz fue un susurro.
Agarré su muñeca con firmeza. Ella jadeó, sus ojos se abrieron con sorpresa.
— Alfa… — La palabra escapó de sus labios.
— Es peligroso tocarme sin permiso, humana. — Gruñí bajo, cargado de amenaza. Ella no parecía entender o temer la inestabilidad de mi bestia. Si conocía a los Fenrir, debería estar aterrada como todos los demás.
— No te engañes, eres solo una mercancía vendida y comprada. No trates de engañarte con algo diferente. — Mis ojos se clavaron en los suyos, reforzando mi posición.
— ¿Y con qué me engañaría, bestia? — Airys respondió con desprecio. — Hasta donde sé, soy tu prisionera en contra de mi voluntad y estoy a merced de un monstruo cuyas intenciones aún no me han sido aclaradas.
Alcé una ceja, los ojos entrecerrados.
— ¿Prefieres el burdel? ¿O servir a tu marido y tu hermana infieles?
— ¡Prefiero ser libre! —gritó ella.
Abrí la puerta detrás de ella y la empujé hacia dentro de la habitación, sin paciencia.
— La libertad es algo que se conquista, conejita. — Gruñí, con los colmillos expuestos. — Ve a dormir. Mañana, tu vida cambiará para siempre.
Cerré la puerta con fuerza, oyendo sus puños golpear la madera, seguidos de un grito.
— ¡Te odio, Alfa Supremo!
Una sonrisa apareció en mis labios.
“El odio es un sentimiento.” Fenrir provocó dentro de mí.
— Es un comienzo. —respondí, caminando hacia la sala donde Symon me esperaba.
Mis ojos se dirigieron a las pantallas de vigilancia. Airys estaba encogida en la cama, abrazando sus rodillas, temblando. Tiró la manta sobre su cabeza, intentando esconderse del mundo.
“Llanto.” Fenrir resopló dentro de mí. Sentía su aliento caliente en mi mente. Desde esa noche, él podía olfatear y sentir sus emociones. Era... “Intenso.”
— Mi rey, ¿está seguro de esto? — Symon hizo una reverencia, llamando mi atención.
Me giré hacia él y luego volví la mirada hacia las pantallas.
— Ella es solo una humana. No tiene un lobo. Podría morir. — El beta argumentó.
— Si ella es la designada, sobrevivirá. — Me senté en el sillón majestuoso. — Si no... Habré desperdiciado tiempo y recursos con una presa interesante.
POV: ORIONA pesar de las lágrimas que corrían, percibí el alivio en el semblante de Amicia. Cuando Jasper la atrajo hacia sus brazos en un abrazo protector, ella giró discretamente el rostro en mi dirección. Entre las rendijas, su voz baja llegó solo hasta mí:— Gracias.Sequé con el pulgar la comisura de la boca manchada de sangre y arqueé una ceja, guiñándole un ojo con una media sonrisa que no hizo más que reforzar mi decisión.— ¿Cómo te atreves, Orion? — rugió Jasper, con los puños temblorosos y la respiración pesada. — ¿Hacerle esto a mi familia? ¿Humillar a mi hija delante de todas las manadas? ¿Dónde está el respeto, dónde está la consideración hacia nosotros?“Ah, el esc&aacu
POV: ORION— Esto está mal. — Hela gruñó, soltando mi mano y retrocediendo, con los ojos azules chisporroteando de furia. — No vine aquí para esto.Intentó pasar a mi lado, pero agarré su muñeca y la atraje de vuelta con firmeza. Incliné la cabeza, entrecerrando los ojos al evaluarla de cerca.— ¿Y por qué exactamente la hija del Alfa del Norte, enemigo de nuestra casa, está en el baile del Supremo? — gruñí en voz baja, con los colmillos expuestos, aprisionándola entre mis brazos. — ¿Viniste a infiltrarte y abrir camino para un ataque sorpresa?“Lo sientes.” Susurró mi lobo, ácido y sabio. “Y ella también lo siente. Pero mira cómo intenta negarlo… como si fuera posible escapar de nosotros.”Hela s
POV: ORION— ¿Quién eres tú? — llamé con firmeza, sin obtener respuesta. El olfato no engañaba, había alguien detrás de mí. Giré en un movimiento seco, agarré el brazo y lo lancé con brutalidad contra el suelo. — ¡Mierda, me asustaste!— ¿Yo te asusté? — gruñó Theron, con la voz cargada de irritación, mientras acomodaba el cuerpo. — Me tiraste al suelo y todavía arruinaste mi traje. ¿Sabes cuánto costó esta mierda?— No deberías acercarte a escondidas. — escupí las palabras, manteniendo la mirada seria, aunque una sonrisa de lado se escapó cuando extendí la mano para ayudarlo a levantarse. — ¿Qué haces aquí afuera, en vez de hacer de príncipe en el baile?Acept&o
1 – EL BAILE DE LA UNIÓNPOV: ORION— Odio los bailes. — refunfuñé en voz baja, sin disimular el aburrimiento.“Mucha gente falsa sonriendo y soñando con tu caída.” Ironizó mi lobo, la voz grave resonando dentro de mí. “Si fuera por mí, ya estaríamos separando a los que sirven de los que no merecen respirar.”— Contrólate. — murmuré, alzando el mentón, con la mirada firme. — No puedo despedazar a nadie en plena celebración.Theron apareció a mi lado con una copa de vino, arqueando una ceja.— Cuidado, hermano. Con esa cara, vas a terminar espantando a las pretendientes.— Mejor espantarlas que dar falsas esperanzas. — repliqué, seco.Él rio, provocador.— Eres
POV: AIRYSDaimon agarró mi cuello con firmeza, dominante, sin hacerme daño. Su mano caliente presionaba mi piel sensible, atrayéndome más cerca de sus labios hasta que nuestras miradas se alinearon. Mi cuerpo se estremeció con su intensidad. Sus ojos terrosos brillaban en rojo, Fenrir al acecho, ardiendo entre nosotros.— No más de lo que yo la amo, mi reina. — Su voz salió cargada, grave, vibrando entre nosotros. Sus ojos descendieron lentamente hacia mis labios antes de volver a los míos, atrapándome sin posibilidad de escape. — Podríamos dejar a Jasper de niñera e irnos a casa.— Oye, estoy aquí y los estoy escuchando a los dos... hablen en serio... — Jasper resopló, poniendo los ojos en blanco mientras se levantaba con ese aire burlón. — Vayan, yo me encargo de los mocosos.Per
POV: AIRYSMe apoyé contra el árbol, observando la escena frente a mí con el corazón acelerado. Daimon vestía solo un pantalón deportivo negro, el torso desnudo marcado por cicatrices y músculos definidos que se movían con cada orden firme. Entrenaba a nuestros cachorros con un orgullo evidente en la mirada, corrigiendo posturas, ajustando golpes e incentivando a cada uno de ellos con esa autoridad que nadie se atrevía a cuestionar.De vez en cuando, sus ojos terrosos se encontraban con los míos a la distancia. Bastaba una sola mirada para que un escalofrío intenso recorriera mi piel, haciéndome morder los labios en pura provocación. Sabía exactamente el efecto que causaba en él, y también sabía que sería deliciosamente castigada por tanta audacia.“Estás completamente entregada, Airys...” ro






