LOGINKaela no durmió en la casa principal esa noche.Bram le asignó un cuarto chico cerca de la entrada, de esos que antes se usaban para guardar herramientas y que alguien había vaciado a las apuradas.Había un catre, una jarra de agua, una ventana angosta con barrotes que nadie había puesto ahí para ella pero que de golpe parecían tener otro significado.Afuera, junto a la puerta, un guardia se acomodó con la espalda contra la pared. Estaba lo bastante lejos como para no escuchar respirar, y lo bastante cerca como para que ella supiera que estaba.—No es una prisión —le explicó Dorian, parado en el pasillo con los brazos cruzados, sin mirarla del todo—. Es tiempo. Para que todos nos acostumbremos a la idea.—Entiendo.Lo dijo sin ironía, sin ese filo que le conocían de memoria, y eso fue lo que más incomodó a Dorian. Hubiera sabido qué hacer con una burla. No sabía qué hacer con una Kaela que simplemente aceptaba.Se fue sin agregar nada. Bram lo siguió, y el pasillo quedó en silencio, s
Kaela apareció al día siguiente. Sola, sin avisar, parada en el límite del territorio con las manos vacías, visibles.—¡No disparen! —gritó un guardia—. ¡Viene sola!Dorian llegó corriendo, Ivara detrás, Bram con el arco todavía tenso.Kaela no se movió. La cara distinta a como Ivara la recordaba de la cantera: sin la sonrisa filosa, sin el brillo de burla. Solo cansancio.—Vine a hablar —dijo—. Sola. Sin trampa, esta vez.—Perdón si no te creo —dijo Dorian.—No te pido que me creas a mí —lo miró, después a Ivara—. Te pido que me escuches a vos. Después decidís qué hacer conmigo.Ivara dio un paso adelante. Dorian la agarró del brazo.—Ivara.—Está sola. Está visible —se soltó despacio—. Dejame escuchar.Se sentaron en el límite mismo, ninguna queriendo cruzar del todo hacia el territorio de la otra. Dorian se quedó cerca, tenso.—¿Qué querés? —preguntó Ivara.—Saber si es verdad —la voz de Kaela más chica de lo normal—. Lo que dicen que Ossian anda contando. Que soy nieta de alguien
El consejo se reunió esa misma noche, sin esperar al amanecer.Ossian entró último, apoyado en Bram, y se sentó en su lugar de siempre. Nadie dijo nada sobre lo pálido que estaba. Todos sabían algo ya.—El ataque va a ser dos horas antes de la luna llena completa —dijo Dorian, parado en el centro, el mapa de Hendrick sobre la mesa—. No cuando lo esperábamos.Feric se inclinó a mirarlo.—¿Y esto de dónde salió?—De Hendrick. En persona.Un murmullo recorrió la sala.—¿Confiás en la palabra de ese hombre?—No confío en él —Dorian no levantó la voz—. Pero no tenemos otra fuente, y el riesgo de ignorarlo es peor que el de no creerle.Ossian levantó una mano.—Hay más —su voz cansada pero firme—. Kaela es hija de mi hermano. Nieta mía, aunque ella no lo sepa. Y la usaron toda su vida sin que tuviera idea de quién era.Silencio distinto al de antes. Más incómodo.—¿Por qué nos importa eso ahora? —preguntó Feric.—Porque si Kaela no es del todo enemiga, sino alguien usada desde niña, tal vez
Corrieron más que caminaron.El sol ya estaba alto cuando llegaron de nuevo a Puerto Bruma. Los tres muy cansados de tanto correr. Ossian arrastrando los pies pero sin pedir que pararan.Renata los vio entrar y no preguntó nada. Solo trajo agua.— ¿Kael? — preguntó Ivara, apenas pudo hablar.— Arriba. Mejor. Camina, aunque despacio.Ivara subió corriendo.Kael estaba sentado en la cama, ya vestido, probando fuerzas con el brazo.— ¿Qué pasó? — Se paró en cuanto la vio entrar así, agitada.— Hendrick. Lo encontramos. O nos encontró él.Le contó todo, rápido, mientras Bram y Ossian subían detrás, mientras Renata les traía algo de comer que nadie tocó del todo.— ¿Tu madre viva? — Kael se sentó de golpe, como si las piernas no le respondieran —. ¿Estás segura de que no es una trampa para que bajes la guardia?— No estoy segura de nada. — Ivara se sentó en el borde de la cama, el mapa todavía apretado en la mano —. Pero el ataque es real. Eso sí lo tengo.Le mostró el papel. Kael lo estud
—¿Dónde está? —repitió Ivara, un paso más cerca—. Decime dónde está.—No lo sé exacto —Hendrick levantó las manos—. Sé que la escondieron hace años, en un lugar que ni yo conozco del todo. Solo sé que sigue viva porque el Colmillo Negro todavía la usa.—¿La usa para qué? —Ossian, la voz dura.—Para asegurarse de que Ivara coopere. Es la garantía. Si no se entrega sola, amenazan con matar a la madre. Si se entrega, quizás la dejen vivir un poco más.Bram avanzó.—Eso es mentira. O manipulación. O las dos.—Puede ser —Hendrick no se defendió—. Yo tampoco confío del todo en lo que me dicen. Pero vi algo, hace un mes. Una mujer, de lejos, en uno de los campamentos del norte. No pude acercarme. Pero el pelo, la forma de caminar...—¿Estás seguro? —No. No estoy seguro de nada. Por eso vine. Porque si hay una chance, aunque sea chica, de que sea verdad, no podía quedarme sin decírtelo.Ossian dio un paso más, hasta quedar cerca de su hermano.—¿Por qué ahora, Hendrick? Treinta años sin una
—No puede estar viva —dijo Bram—. La vieron morir. Todos en la manada saben esa historia.—¿La vieron morir, o les dijeron que murió? —Ossian se sentó de nuevo, despacio, todavía débil—. No es lo mismo.Ivara no podía soltar el papel.—¿Vos sabés algo de esto?—No —negó con la cabeza—. Pero si Hendrick escribió esto, y conoció a tu madre hace treinta años, puede que sepa algo que ninguno de nosotros sabe.—O puede que esté mintiendo —dijo Bram—. Para que vayas sola. Eso es lo único que necesita.Ivara dobló el papel, se lo guardó cerca del pecho, junto al colgante y la nota de Kael.—Tengo que ir.—No —Bram se paró frente a ella—. Ivara, pensalo. Es exactamente lo que Dorian dijo que no hiciéramos.—Dorian no está acá.—Por eso mismo. Le prometiste.Se quedó callada, el peso de la promesa pesándole de verdad por primera vez.—Le prometí que si encontrábamos algo raro nos retirábamos. Esto es raro. Pero también es lo único que tengo de mi madre en veinticuatro años.—Eso es exactamente







