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EL ALFA LLEGA

Auteur: abiayuwaotaru
last update Date de publication: 2026-10-19 07:50:56

CAPÍTULO 4

POV: Hailey

A mediodía, todos en la Manada del Bosque Oscuro hablaban del Alfa Kael Blackthorn de Shadowfang. Venía a reunirse con el Alfa Víctor por la creciente amenaza del Alfa Malachi Draven.

La influencia de Malachi se extendía por los territorios vecinos y la tensión entre las manadas se había vuelto imposible de ignorar.

"Kael no tolera la falta de respeto", advirtió un guerrero cerca de la entrada de la casa de la manada. "Hasta los Alfas con experiencia se lo piensan dos veces antes de cruzarse con él".

"Entonces esperemos que esta reunión salga bien", respondió otro guerrero con preocupación. "Lo último que necesitamos es otro enemigo".

Seguí clasificando suministros, fingiendo no escuchar. Aun así, sus palabras despertaron mi curiosidad. La reputación de Kael lo hacía sonar casi inhumano, un hombre cuya sola presencia podía silenciar una sala entera.

Me pregunté cómo sería en realidad. Luego me recordé que nada de eso tenía que ver conmigo. Los Alfas poderosos no tenían motivo para fijarse en alguien como yo.

Además, ya tenía suficientes preguntas quitándome el sueño. El sueño de la noche anterior seguía acosándome. Recordaba a la mujer asustada que me llamaba su dulce luna y el colgante de plata que me había puesto en la mano. Aunque jamás lo había visto, necesitaba respuestas, no otro misterio.

"¡Hailey!", llamó Lyra al acercarse, con una canasta apoyada en la cadera.

Me giré hacia ella.

"Te ves distraída", observó, estudiando mi rostro. "¿Sigues pensando en ese sueño?"

"Estoy pensando en cómo de pronto todos se han vuelto expertos en el Alfa Kael", respondí.

Rio. "Entonces mantente fuera de su camino", aconsejó con tono burlón. "No nos conviene que te metas en problemas con un Alfa visitante".

"Yo no busco problemas", protesté.

"Claro que no", dijo Lyra con una sonrisa. "Los problemas suelen encontrarte a ti".

Le dediqué una mirada poco impresionada, lo que le arrancó otra risa. Sus bromas aliviaron el peso en mi pecho y se lo agradecí.

Cuando Lyra se fue, reuní los suministros restantes y los llevé a la casa de la manada. Quería terminar mis deberes antes de que empezara la reunión y evitar las multitudes que se juntaban cerca del salón principal.

Por desgracia, tomé el giro equivocado. Entré en un corredor estrecho justo cuando alguien cruzaba una puerta. Antes de poder detenerme, choqué contra un pecho sólido.

Las cosas que llevaba en los brazos se esparcieron por el suelo. "¡Lo siento!", exclamé, agachándome de inmediato a recoger mis cosas. "No estaba mirando por dónde iba".

Fui a tomar un papel junto a un par de botas negras pulidas, y otra mano se movió hacia él al mismo tiempo que la mía. Me quedé helada. Lentamente, levanté la cabeza y unos ojos fríos e intensos se encontraron con los míos.

Por un momento olvidé los objetos desperdigados, el corredor concurrido y la disculpa que se me había quedado atascada en la garganta.

El hombre frente a mí era alto y de hombros anchos, vestido de ropas oscuras que acentuaban su presencia imponente. Su mandíbula firme y su expresión indescifrable lo hacían parecer inabordable.

Lo reconocí de inmediato. "Alfa Blackthorn", murmuré, poniéndome de pie a trompicones. "Por favor, perdóneme".

Apreté los papeles contra mi pecho y me hice a un lado, ansiosa por dejarlo pasar.

Entonces nuestros ojos se encontraron de nuevo y un extraño calor se extendió por mi pecho. El corazón me dio un vuelco antes de acelerarse tanto que me costó respirar.

Lo miré, confundida por la reacción repentina. Nunca había sentido nada igual y no entendía por qué estar frente a un desconocido me volvía tan consciente de mí misma.

Aparté la mirada. Quizá solo estaba agotada. El sueño me había dejado inquieta y casi no había dormido, así que debía de ser eso. Ninguna otra razón explicaba por qué mi corazón reaccionaba como si su presencia importara.

El Alfa Kael se agachó a recoger los últimos objetos.

"Puedo hacerlo yo", ofrecí rápidamente, agachándome a su lado.

Alcanzamos la misma tela doblada y nuestros dedos se rozaron. Una sensación poderosa me recorrió.

Me quedé quieta, con la mano aún bajo la suya, mientras el calor se extendía por mi cuerpo y un dolor agudo me apretaba el pecho. Por un instante suspendido, no pude oír las voces del salón cercano ni los pasos detrás de nosotros.

Solo podía sentir su tacto. Algo dentro de mí se estiraba hacia él, como si lo reconociera de una forma que mi mente no podía explicar.

El miedo se coló en mi confusión. No conocía a ese hombre y jamás lo había visto antes de hoy.

Entonces, ¿por qué tocarlo se sentía como haber encontrado algo que me había faltado toda la vida?

Alcé lentamente la cabeza. Kael me miraba. Su expresión controlada había cambiado, su mirada se había afilado y sus dedos seguían quietos contra los míos. Una ligera tensión cruzó su rostro antes de que la forzara a desaparecer.

Parecía tan confundido como yo, aunque estaba decidido a no demostrarlo.

Se me cortó el aliento. ¿Había sentido él también esa sensación extraña?

Quise preguntar, pero la pregunta quedó atrapada en mi garganta. No podía explicar lo que me pasaba, mucho menos encontrar las palabras para preguntarle si él había sentido lo mismo.

Durante otro latido, ninguno de los dos se movió. Entonces Kael retiró la mano. La sensación extraña se debilitó y dejó un dolor que no entendía.

Recogió la tela restante y me la entregó. La acepté con cuidado, evitando otro roce.

"Gracias", susurré.

Kael se enderezó hasta su altura completa y la incertidumbre que le había visto desapareció tras su expresión fría.

"Debería fijarse por dónde camina", advirtió, con su voz profunda y firme, sin dejar lugar a discusión.

Sus palabras dolieron más de lo debido. Sabía que había sido descuidada, pero ya me había disculpado y, de algún modo, su frialdad me hacía sentir tonta por la extraña reacción que no podía controlar.

"Lo siento, Alfa", respondí, bajando la mirada.

Me aparté y él pasó a mi lado sin otra palabra. Permanecí inmóvil hasta que sus pasos se desvanecieron.

Me temblaban las manos al mirar los objetos que había recogido, intentando convencerme de que el encuentro no significaba nada.

Estaba cansada y quizá el extraño sueño me había afectado más de lo que creía. Pero esa explicación no borraba el recuerdo de sus ojos ni la sensación que me había recorrido al tocarnos.

Corrí al almacén y volví a mis deberes, decidida a dejar el incidente atrás, pero fue más difícil de lo que esperaba.

Cada pocos momentos, mis pensamientos volvían a Kael. Recordaba cómo había cambiado su expresión, la quietud repentina de su mano y la intensidad con que había estudiado mi rostro.

No me había mirado como a una simple sirvienta descuidada. Por un breve instante, había parecido buscar algo.

¿Qué podía haber visto en mí? Me lo pregunté.

Me apreté la mano contra el pecho. El dolor seguía ahí, leve pero inconfundible.

Había pasado años preocupada y ahora este extraño encuentro me daba otra razón para preguntarme si algo de mi vida me había sido ocultado.

Miré hacia el salón de reuniones mientras terminaba mi trabajo. Kael estaba cerca de la entrada, hablando con dos guerreros del Bosque Oscuro. Aun de lejos, imponía su atención. Entonces giró la cabeza y nuestros ojos se encontraron de nuevo, o eso creí.

Mi corazón dio otro golpe doloroso y aparté la vista de inmediato. Era un desconocido, un Alfa poderoso cuya reputación me advertía que guardara distancia. Fuera lo que fuera lo que había pasado entre nosotros, no podía significar nada.

Sin embargo, no lograba sacudirme la sensación de que algo había pasado entre ambos, algo que ninguno de los dos entendía.

El sueño, mi pasado y la reacción extraña hacia Kael parecían haber abierto una puerta dentro de mí. No sabía qué esperaba detrás, pero una parte de mí temía las respuestas.

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