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31. El Beso Inesperado

last update publish date: 2026-08-29 20:36:40

A la mañana siguiente, Valerie y Ethan ya estaban sentados en el comedor. Los huevos fritos, el plato favorito de Ethan, ya estaban servidos en su plato, listos para comer, cuando un alboroto desde la puerta principal rompió la calma de aquella mañana.

—¡Señorita, no puede entrar así como así! —Se escuchó la voz de Liana, alarmada, intentando detener a alguien que se abría paso a la fuerza. Los pasos rápidos y apresurados se acercaban cada vez más al comedor.

Serena entró caminando rápido, esqu
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  • LA OBSESIÓN DEL TÍO DE MI EXESPOSO   109. El escenario de la verdad

    Aquella mañana, el patio del Juzgado casi no tenía un solo espacio libre. Decenas de periodistas se apretujaban detrás de la reja de hierro con las cámaras en alto, y los flashes estallaban sin pausa cuando el vehículo de traslado de detenidos entró al estacionamiento. Cuatro policías uniformados formaban una hilera cerrada a lo largo del camino de acceso. —¡Háganse a un lado! ¡Dejen pasar! —gritó un oficial, deteniendo por el hombro a un reportero que había intentado avanzar. Dentro de la sala principal, nadie hablaba en voz alta. Las butacas del público estaban llenas, pero solo se oían una tos suelta y el roce de las hojas de papel. La puerta lateral se abrió. Las cadenas de hierro en los tobillos de Devano arrastraban por el piso y tintineaban a cada paso. El uniforme naranja de detenido le colgaba de los hombros, demasiado grande para un cuerpo que se había encogido en las últimas semanas. Tenía las mejillas hundidas

  • LA OBSESIÓN DEL TÍO DE MI EXESPOSO   108. El precio de la soberbia

    Los pasos de Valerie resonaban despacio por el pasillo de piso de cemento frío de la zona de detención y atención especial de la policía. Llevaba un elegante abrigo de cachemira color crema y el cabello recogido con pulcritud. En su rostro ya no había rastro de miedo ni de debilidad. Leander caminaba a su lado y le daba un apoyo firme, aunque él mismo decidió quedarse del otro lado de la puerta para que ella tuviera todo el espacio para cerrar su pasado. La sala de interrogatorios, en penumbra, estaba dividida por un grueso cristal insonorizado. Al otro lado del primer cristal, Devano estaba sentado, desplomado, con el uniforme naranja de detenido. Estaba flaco, con los ojos hundidos y rodeados de ojeras negras, y los dedos esposados no paraban de temblarle. Cuando se abrió la puerta del lado de Valerie, Devano levantó la cabeza de golpe. Sus ojos apagados se encendieron de pronto, con pánico y una añoranza enfermiza. Agarró el auricular

  • LA OBSESIÓN DEL TÍO DE MI EXESPOSO   107. Caída total y mente quebrada

    La noticia del arresto masivo de la junta directiva de Luthier Group se extendió como el fuego sobre paja seca. En cuestión de horas, los titulares de todos los canales de televisión y de la prensa escrita se llenaron de fotografías de la detención de Grigory Luthier y del congelamiento de todos los bienes de la familia de magnates. El mundo empresarial de la ciudad se sacudió, mientras la gloria de la que los Luthier habían presumido durante décadas se esfumaba y se convertía en una vergüenza que andaba de boca en boca. En otro rincón de la ciudad, lejos del lujo de los rascacielos que habían sido el centro de su poder, una villa privada, el último bien que le quedaba a la familia, se veía silenciosa y siniestra. La cinta amarilla de la policía recorría toda la reja del frente. Loretta estaba hecha un ovillo en el piso de mármol helado, en medio de una sala que ya no tenía nada. Los ejecutores de la fiscalía se habían lleva

  • LA OBSESIÓN DEL TÍO DE MI EXESPOSO   106. La ruina de los negocios de la familia Luthier

    Los pasos de Leander resonaban con calma y a un ritmo parejo por el frío corredor de la jefatura de policía. Detrás de él, los gritos desesperados de Loretta y la risa desquiciada de Devano se fueron apagando hasta desaparecer tras la gruesa puerta de hierro, que se cerró con un golpe seco. El silencio de la noche volvió a adueñarse del pasillo, pero el aire alrededor de Leander no se suavizó en absoluto. La furia que lo había envuelto hasta hacía un rato se había enfriado y endurecido en algo más pesado.Leo se puso a su lado y le tendió una carpeta de cuero abultada, llena de documentos financieros, copias de transferencias bancarias al extranjero y el registro de bienes ocultos.—Señor, ya compilamos todos los expedientes sobre el desvío de fondos, la falsificación de documentos fiscales y el historial financiero secreto de la familia Luthier —informó Leo en voz baja, pero firme—. La Fiscalía Superior y el organismo regulador financiero recibieron las copias completas hace diez min

  • LA OBSESIÓN DEL TÍO DE MI EXESPOSO   105. La revelación del secreto de Aurora

    Las luces del pasillo del hospital parpadeaban con un brillo tenue y dejaban una claridad blanca y fría sobre el piso de vinilo. Valerie dormía en la cama de la habitación VIP, con las muñecas ya vendadas. Leander se quedó un momento a su lado. Le pasó la mano despacio por la frente, con tanto cuidado que apenas la rozó, y se detuvo a mirar las vendas manchadas de un rojo pálido. Después se dio la vuelta y salió. Tenía la mirada oscura y la mandíbula tensa.—Señor Leander, Loretta acaba de llegar a la jefatura de policía —informó Leo, que lo esperaba junto a la puerta—. Está armando un escándalo y exige que liberen a Devano de inmediato.Leander se acomodó el cuello de la camisa negra. Sus labios se curvaron en una línea delgada y peligrosa.—Bien. Es hora de terminar con esto.***En la sala de interrogatorios de la jefatura, estrecha y con olor a metal frío, Loretta les gritaba a dos oficiales. Tenía el cabello algo desordenado, pero la soberbia seguía intacta en su rostro.—¿¡No sa

  • LA OBSESIÓN DEL TÍO DE MI EXESPOSO   104. La caída de Devano

    El empujón y el codazo repentino de Valerie hicieron que Devano se tambaleara hacia atrás. Su pie tropezó con el extremo de una tabla podrida y perdió el equilibrio justo al borde del muelle. Por puro reflejo, su mano se disparó al aire buscando de dónde agarrarse, y los dedos, crispados y desesperados, se estiraron hacia la ropa de Valerie.Pero antes de que rozaran la tela de su blusa, Leander ya se había lanzado hacia adelante.Con un movimiento firme y certero, la rodeó por la cintura y la jaló contra su pecho, cerrando los brazos a su alrededor con tanta fuerza que no quedó espacio para el miedo. Al mismo tiempo, su pierna salió disparada y golpeó a Devano en el pecho, lo bastante fuerte para dejarlo fuera de su alcance.—¡Argh! —gritó Devano.Su cuerpo salió despedido hacia atrás y chocó contra la barandilla de madera, tan carcomida que se quebró con un crujido seco. Cayó sobre las tablas con un golpe sordo que se oyó hasta el otro extremo del muelle. Antes de que pudiera incorp

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