LOGINqTreinta minutos después, Loretta ya había sido trasladada a una sala de internación. Valerie esperaba de pie junto a la puerta, aguardando noticias sobre su estado, cuando el sonido de pasos apresurados resonó por el pasillo.
—¿Qué le pasó a mi madre?Devano casi gritó al ver a Valerie parada allí.El ceño de Valerie se frunció al instante.—¿Otra vez quieres culparme como antes? ¿Ni siquiera piensas escuchar mi explicación primero?—Solo estoy prEl zumbido regular del aire acondicionado no lograba romper el silencio opresivo dentro del sedán negro que avanzaba despacio. Leo miró por el espejo retrovisor a su jefe, con una lástima que apenas disimulaba.—Señor, encontramos el registro de una pasajera a nombre de Aurora Lane que salió justo el día en que se fue la señorita Valerie —informó Leo, extendiéndole la hoja impresa con la lista de pasajeros del autobús interurbano—. Salió de la ciudad en autobús. Nuestro equipo en campo está rastreando la ciudad de destino y calculando hacia dónde podría haber seguido la señorita Valerie.Leander asintió despacio. Sus dedos apretaron el borde de la hoja hasta arrugarla. Su rostro, siempre tan impecable, firme y apuesto, se veía ahora sombrío y apagado. Unas ojeras marcadas se hundían bajo sus ojos, señal clara de que llevaba días sin dormir bien y casi sin probar bocado.—Asegúrate de que todo el equipo se mueva sin hacer ruido —dijo Leander, con la voz ronca y áspera por la frustració
La atmósfera en el despacho se volvía cada vez más sofocante. Leo entró con el rostro tenso, cargando una tableta que mostraba las grabaciones de las cámaras de vigilancia que su equipo de informática acababa de recuperar.—Señor, encontramos las imágenes del último lugar donde estuvo la señorita Valerie —informó Leo, extendiéndole la pantalla—. El auto que se llevó del penthouse apareció estacionado en el sótano de un edificio de casilleros privados, en las afueras de la ciudad. La señorita Valerie entró allí, sacó varios bolsos con cosas que parecen haber sido preparadas con mucha anticipación y luego salió por la puerta trasera.Leander miró la pantalla sin parpadear. Aquellas imágenes en blanco y negro, que mostraban los pasos serenos de Valerie, le desgarraban el alma como un cuchillo. Sus puños sobre el escritorio se apretaron hasta que las venas se le marcaron con fuerza.—Pero ya no hay rastro de ella después de que la señora entró al cen
La luz tenue de la sala de interrogatorios clandestina proyectaba sombras frías sobre las paredes desnudas. En una silla de madera, el hombre de mediana edad que Valerie había contratado se desplomaba sin fuerzas. El sudor frío le resbalaba por la frente y le empapaba el cuello de la camisa. Frente a él, Leander se mantenía erguido, con las manos a los costados y la mandíbula tensa. Su sola presencia hacía que el hombre encogiera los hombros.—Te lo pregunto una vez más —dijo Leander en voz baja, pero tan afilada que le calaba hasta los huesos—. ¿Dónde debías entregarle a Valerie los resultados de la investigación médica?El hombre tragó saliva con dificultad. Sus ojos saltaron, inquietos, hacia Leo, que permanecía rígido junto a Leander, y volvieron a bajar al suelo. Las manos le temblaban sobre las rodillas.—En... en el centro comercial Grand Central, señor. Hay unos casilleros públicos en la planta baja. Me pidieron dejar ahí los documentos y la llave
La atmósfera en el despacho de Leander era densa y asfixiante. El aire frío del aire acondicionado no lograba disimular la furia que ardía tras su rostro, duro como la piedra. Leo estaba rígido frente al escritorio de madera oscura y barnizada, con la cabeza gacha y la respiración contenida. —Todavía no hemos encontrado la ubicación exacta de la señorita Valerie ni del joven amo Ethan, señor —informó Leo con la voz ronca y cuidadosa—. La señorita Valerie dejó su teléfono principal sobre la cama de la habitación. No se llevó nada que tenga un rastreador GPS activo. Leander no dijo nada. Tenía la mirada clavada en la pared, como si pudiera atravesarla, y sus puños cerrados sobre el escritorio le habían dejado los nudillos blancos. —Además... —Leo tragó saliva, casi sin que se notara, a punto de dar una noticia que enrarecería aún más el ambiente—. Hace un rato, nuestro equipo de ciberseguridad detectó una señal de intrusión y una solicitud
En el silencio del dormitorio principal, Valerie permanecía inmóvil junto al ventanal. El teléfono vibraba levemente en su mano, transmitiendo en vivo el sonido de una grabación. El diminuto micrófono que había deslizado a escondidas en el bolsillo del saco de Leander antes de que él saliera esa mañana había captado cada segundo del enfrentamiento en la celda.La voz fría de Leander resonó cortante por el altavoz.—Tranquilo. Lo sabrá, pero... no ahora.A Valerie se le cortó el aliento. Sintió que el cuerpo entero se le deshacía; las rodillas le flaquearon y tropezó contra el borde de la mesita de noche. La vista se le nubló. Aquellas últimas palabras cayeron como una estaca de hierro y derrumbaron todo el muro de confianza que acababa de levantar. El aire a su alrededor se volvió tan escaso que el pecho le dolía.Con los dedos temblando sin control y los últimos restos de lucidez que le quedaban, sacó el teléfono de repuesto que guardaba al fondo
La luz de la mañana se filtraba suavemente por las cortinas finas del dormitorio principal del penthouse y teñía de dorado el piso de madera impecable. La mañana transcurría en absoluta calma, con los restos de la calidez de la noche anterior aún flotando en el aire. Valerie estaba de pie junto al armario, con un sencillo vestido casual, acomodándole el cuello de la camisa oscura a Leander. Sus dedos delicados alisaban con esmero los pliegues de la tela y abrochaban el botón superior, un pequeño gesto de cariño sincero en medio del ajetreo matutino.—¿Tienes que irte tan temprano, Lean? —preguntó Valerie en voz baja, mirando los ojos oscuros del hombre frente a ella con una calidez que ya no cargaba ninguna duda.Leander esbozó una sonrisa leve y suave, y le acarició la mejilla con el dorso de los dedos, tibios. —Hay unos asuntos importantes en la oficina central que debo resolver con Leo. No tardaré, Val. En cuanto termine, vuelvo directo a casa.







