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116: Al final de la búsqueda

last update 公開日: 2026-10-26 18:39:27

El zumbido regular del aire acondicionado no lograba romper el silencio opresivo dentro del sedán negro que avanzaba despacio. Leo miró por el espejo retrovisor a su jefe, con una lástima que apenas disimulaba.

—Señor, encontramos el registro de una pasajera a nombre de Aurora Lane que salió justo el día en que se fue la señorita Valerie —informó Leo, extendiéndole la hoja impresa con la lista de pasajeros del autobús interurbano—. Salió de la ciudad en autobús. Nuestro equipo en campo está ras
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  • LA OBSESIÓN DEL TÍO DE MI EXESPOSO   117: Sombras del pasado

    Los pasos ligeros de Valerie crujieron suavemente sobre el piso de madera de la casa alquilada. El aire de la noche era húmedo y traía el fuerte olor a sal del mar, que entraba por el ventanal con vista directa a la playa. Con la mano temblándole un poco, abrió la puerta del cuarto de Ethan, que no estaba cerrada del todo. La escena que la recibió tenía una calidez que, de pronto, le dolió en el pecho: Leander estaba acostado de lado en la camita, abrazando a Ethan, que dormía profundamente, con un brazo protector alrededor de su cuerpo, como si temiera que el niño fuera a esfumarse si lo soltaba aunque fuera un segundo.Leander no dormía. Miraba fijamente hacia la puerta, con ojos cansados, rodeados de ojeras oscuras y enrojecidos por la falta de descanso. Cuando vio a Valerie parada en el umbral, se sobresaltó apenas. Su expresión se volvió rígida e incómoda, como si lo hubieran sorprendido haciendo algo que ya no tenía derecho a disfrutar.Valerie no se ablandó ante la fragilidad q

  • LA OBSESIÓN DEL TÍO DE MI EXESPOSO   116: Al final de la búsqueda

    El zumbido regular del aire acondicionado no lograba romper el silencio opresivo dentro del sedán negro que avanzaba despacio. Leo miró por el espejo retrovisor a su jefe, con una lástima que apenas disimulaba.—Señor, encontramos el registro de una pasajera a nombre de Aurora Lane que salió justo el día en que se fue la señorita Valerie —informó Leo, extendiéndole la hoja impresa con la lista de pasajeros del autobús interurbano—. Salió de la ciudad en autobús. Nuestro equipo en campo está rastreando la ciudad de destino y calculando hacia dónde podría haber seguido la señorita Valerie.Leander asintió despacio. Sus dedos apretaron el borde de la hoja hasta arrugarla. Su rostro, siempre tan impecable, firme y apuesto, se veía ahora sombrío y apagado. Unas ojeras marcadas se hundían bajo sus ojos, señal clara de que llevaba días sin dormir bien y casi sin probar bocado.—Asegúrate de que todo el equipo se mueva sin hacer ruido —dijo Leander, con la voz ronca y áspera por la frustració

  • LA OBSESIÓN DEL TÍO DE MI EXESPOSO   115. Rastros de arrepentimiento

    La atmósfera en el despacho se volvía cada vez más sofocante. Leo entró con el rostro tenso, cargando una tableta que mostraba las grabaciones de las cámaras de vigilancia que su equipo de informática acababa de recuperar.—Señor, encontramos las imágenes del último lugar donde estuvo la señorita Valerie —informó Leo, extendiéndole la pantalla—. El auto que se llevó del penthouse apareció estacionado en el sótano de un edificio de casilleros privados, en las afueras de la ciudad. La señorita Valerie entró allí, sacó varios bolsos con cosas que parecen haber sido preparadas con mucha anticipación y luego salió por la puerta trasera.Leander miró la pantalla sin parpadear. Aquellas imágenes en blanco y negro, que mostraban los pasos serenos de Valerie, le desgarraban el alma como un cuchillo. Sus puños sobre el escritorio se apretaron hasta que las venas se le marcaron con fuerza.—Pero ya no hay rastro de ella después de que la señora entró al cen

  • LA OBSESIÓN DEL TÍO DE MI EXESPOSO   114. Distancia y libertad

    La luz tenue de la sala de interrogatorios clandestina proyectaba sombras frías sobre las paredes desnudas. En una silla de madera, el hombre de mediana edad que Valerie había contratado se desplomaba sin fuerzas. El sudor frío le resbalaba por la frente y le empapaba el cuello de la camisa. Frente a él, Leander se mantenía erguido, con las manos a los costados y la mandíbula tensa. Su sola presencia hacía que el hombre encogiera los hombros.—Te lo pregunto una vez más —dijo Leander en voz baja, pero tan afilada que le calaba hasta los huesos—. ¿Dónde debías entregarle a Valerie los resultados de la investigación médica?El hombre tragó saliva con dificultad. Sus ojos saltaron, inquietos, hacia Leo, que permanecía rígido junto a Leander, y volvieron a bajar al suelo. Las manos le temblaban sobre las rodillas.—En... en el centro comercial Grand Central, señor. Hay unos casilleros públicos en la planta baja. Me pidieron dejar ahí los documentos y la llave

  • LA OBSESIÓN DEL TÍO DE MI EXESPOSO   113. Una grieta imposible de ocultar

    La atmósfera en el despacho de Leander era densa y asfixiante. El aire frío del aire acondicionado no lograba disimular la furia que ardía tras su rostro, duro como la piedra. Leo estaba rígido frente al escritorio de madera oscura y barnizada, con la cabeza gacha y la respiración contenida. —Todavía no hemos encontrado la ubicación exacta de la señorita Valerie ni del joven amo Ethan, señor —informó Leo con la voz ronca y cuidadosa—. La señorita Valerie dejó su teléfono principal sobre la cama de la habitación. No se llevó nada que tenga un rastreador GPS activo. Leander no dijo nada. Tenía la mirada clavada en la pared, como si pudiera atravesarla, y sus puños cerrados sobre el escritorio le habían dejado los nudillos blancos. —Además... —Leo tragó saliva, casi sin que se notara, a punto de dar una noticia que enrarecería aún más el ambiente—. Hace un rato, nuestro equipo de ciberseguridad detectó una señal de intrusión y una solicitud

  • LA OBSESIÓN DEL TÍO DE MI EXESPOSO   112. La mentira se rompe

    En el silencio del dormitorio principal, Valerie permanecía inmóvil junto al ventanal. El teléfono vibraba levemente en su mano, transmitiendo en vivo el sonido de una grabación. El diminuto micrófono que había deslizado a escondidas en el bolsillo del saco de Leander antes de que él saliera esa mañana había captado cada segundo del enfrentamiento en la celda.La voz fría de Leander resonó cortante por el altavoz.—Tranquilo. Lo sabrá, pero... no ahora.A Valerie se le cortó el aliento. Sintió que el cuerpo entero se le deshacía; las rodillas le flaquearon y tropezó contra el borde de la mesita de noche. La vista se le nubló. Aquellas últimas palabras cayeron como una estaca de hierro y derrumbaron todo el muro de confianza que acababa de levantar. El aire a su alrededor se volvió tan escaso que el pecho le dolía.Con los dedos temblando sin control y los últimos restos de lucidez que le quedaban, sacó el teléfono de repuesto que guardaba al fondo

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