LOGINHabían pasado tres días desde que Micah había muerto, y Matt estaba hospitalizado, la bala había dado a un costado de su pecho, gracias al cielo, no había dañado ningún órgano, le habían hecho una cirugía, donde había extraído la bala, y hoy le daban la salida del hospital.
Samantha fue revisada apenas llegó al hospital por una ginecóloga, que le dijo que todo estaba bien, pero que debía descansar, y dejar tantas emociones que ponían en riesgo la vida del bebé, tanto Nathaniel, Sabrina y Alice fueron a vivir mientras a la Mansión de los Davis, nadie quería volver a pisar la casa donde se murieron tres personas.
Por su lado Matt estaba esperando salir del maldito hospital para ayudarlos a todos a rehacer sus vidas, ahora que el peligro ya no estaba debía hacer lo último por esas personas que habían sufrido por culpa de hermano y de su madre.
Samantha entró a la habitación, y sonrió al verlo, lo amaba demasiado y había estado al borde de morirse, ella llegó y lo abrazó, siempre que entraba hacía lo mismo, puesto que sabía lo que se sentía creer perder a alguien.
—Te amo tanto, ¿ya lo sabes verdad? — Matt sonrió al oírla.
—Claro que lo sé, porque yo te amo con las misma intensidad Samy, si no es que más.— Besó su cabeza, y luego tocó su vientre —¿Hay algo más que te preocupa cierto? — preguntó al ver su rostro de preocupación y molestia.
—Sí, Penélope, por ella estamos aquí, ella es una traidora, y debe pagar por lo que hizo. —Matt asintió, tienes razón, voy hablar con el jefe de policía, él es amigo de la familia, estoy seguro que se va hacer cargo de esa m*****a arpía, ahora, este campeón, ¿cómo está hoy? — Matt seguía acariciándole el vientre.
Samantha tocó también su vientre y sonrió.
—Feliz de que sus padres estén juntos, y siga creciendo día con día.
—Ya deseo que nazca.
—Para eso faltan siete meses y medio — dijo divertida.
—Bueno, haré que esos meses se vayan volando. — Samantha sonrió al verlo tan motivado y seguro.
…
Y así fue, en cuanto Matt salió del hospital, estuvo un mes reposando en casa, mientras trabajaba desde ahí, y poder darle una gran casa a Alice, con un jardín hermoso, donde pudieran jugar sus sobrinos, le había dado trabajo de la secretaria de su hermano, Nathaniel, era el vicepresidente de la empresa.
Nathaniel había decidido irse de la gran mansión, la vendió y se compró algo más pequeño para él, Matthew había pasado la casa a nombre de su hermano pero al parecer ninguno quería vivir ahí.
Sabrina también trabajaba con ellos, pero en diseño, Matt también le regaló una casa, algo más pequeña pero era elegante y hermosa.
Matt por su lado decidió irse a vivir a Chicago con Samantha ahí compraron una gran casa, y otra en Seattle, cerca de la de Nathaniel, Sam seguía con sus restaurantes, pero ahora se encontraban a la espera de su princesa, cuando se enteró que sería una niña, estaba eufórico de la felicidad, la habitación de la niña era el sueño de cualquiera, aunque no podía negar, que amaba a su otro hijo, uno al cual también mandó hacer una habitación especial, ese niño que había nacido siendo un ser bueno e inocente, el hijo de Micah y Penélope había nacido en la cárcel, dónde ella se encontraba, pero que había muerto en labor de parto, por lo que Samantha no dudo ni un segundo en que tenían que adoptar en cuanto le dieron la noticia, el pequeño Michael, era un niño precioso al cual amarían, cuidarían y enseñarían hacer un hombre de bien, su debilidad serían sus hijos.
Matt quería que tuvieran a la niña en la toscana, pero Sam decidió que fuera en un lugar donde estuvieran todos, y que no fuera tan largo, por eso optaron por algo mas céntrico para todos, por lo que Matthew alquiló una gran casa en Lanikai Beach, en una hermosa playa y arenosa, con aguas color turquesa, esa playa también era conocida como "mar celestial"
Nathaniel había estado muy cercano a Alice, quién era dos años menor que él, pasaban mucho tiempo juntos, y ya se habían besado un par de veces, pero ella aún tenía miedo abrirse, y él, se estaba enamorando, por lo que iba a esperar el tiempo que fuera necesario, pero de algo si estaba seguro, esa mujer sería su esposa, y a Matthew le encantaba la idea.
Sabrina por su lado, estaba saliendo con un buen hombre que también trabajaba para la empresa, era el director de finanzas, quería intentarlo, quería sentirse amada, así que le quiso dar una oportunidad.
Samantha y Matthew caminaban por la playa, cuando un dolor se instaló en su vientre bajo, Sam se detuvo y se agarró su gran panza, para luego dar paso a una gran presión en su vientre, hasta que sintió un líquido correr por sus piernas, ella miró hacia abajo, mientras que Matt abría los ojos como platos.
—Creo que Michy ya viene — Matthew la tomó en sus brazos y corrió con ella hasta la gran casa, ahí ya estaba el servicio especializado, al cual había contratado hacía un mes.
Matthew estuvo con ella en todo momento, y no sólo ella en realidad todos estuvieron en la gran habitación, pero tanto Nathaniel, como Matteo Rivera, decidieron esperar aún lado dentro de la habitación, para no incomodar a Samantha con su privacidad, a diferencia de las mujeres que estaban casi encima de ella, pero no le importaba, porque estaba las personas, que realmente eran su familia.
Luego de dos horas de parto, nació una hermosa niña, con un cabello, casi negro, como su madre su piel canela y unos hermosos ojos celestes como su padre, midiendo 52 centímetros y pesando 3 kilos y medio, a la que llamaron Michy en honor al padre de Matthew.
Después de que todos cargaran a la bebé, y estuvieran embobados, salieron de la habitación dejando a los recién estrenados papás, con el dulce angelito.
—No sabes como te amo, y le agradezco, una y otra vez a Dios por haberte puesto en mi camino, desde el día en que entraste por la puerta de mi casa, me enamoré en cuanto te vi, y supe que debía enamorarte, supe que eras la mujer de mi vida y que te quería para mí, gracias por este regalo tan hermoso, prometo que voy a cuidarlas y a protegerlas.
—Yo también te amo Matt, y también tengo que agradecer, haber sido la prometida de tu hermano, porque si no hubiera sido así, no te hubiera conocido, y eso es algo con lo que no me hubiera gustado vivir, eres mi vida, mi razón. — Matt se acercó y la besó cariñosamente.
—La prometida de mi hermano, si eso fuiste, pero pasaste hacer, mi prometida, mi esposa y la madre de mis hijos, así que soy muy feliz con eso.
Matthew y Samantha disfrutaron su amor, sin importarles que. Ellos tuvieron tres hijos más, dos mujeres y dos hombres, su familia seguía unida, su amor seguía intacto, por eso eran muy felices, porque tenían todo aquello que habían soñado, con la persona adecuada.
Serían felices siempre y cuando se tuvieran el uno al otro, para siempre.
Habían pasado tres días desde que Micah había muerto, y Matt estaba hospitalizado, la bala había dado a un costado de su pecho, gracias al cielo, no había dañado ningún órgano, le habían hecho una cirugía, donde había extraído la bala, y hoy le daban la salida del hospital.Samantha fue revisada apenas llegó al hospital por una ginecóloga, que le dijo que todo estaba bien, pero que debía descansar, y dejar tantas emociones que ponían en riesgo la vida del bebé, tanto Nathaniel, Sabrina y Alice fueron a vivir mientras a la Mansión de los Davis, nadie quería volver a pisar la casa donde se murieron tres personas.Por su lado Matt estaba esperando salir del maldito hospital para ayudarlos a todos a rehacer sus vidas, ahora que el peligro ya no estaba debía hacer lo último por esas personas que habían sufrido
—Eres un maldito cobarde — dijo viendo el arma, él tenía una, pero sabía que aún no era el momento.—Sería tan fácil deshacerse de ti en este momento.—¡Micah! Baja esa maldita arma de una vez y deja a tu hermano de una vez por todas. — la voz de Jasmine llegó detrás de ellos.—No te metas, ya te di a mi hijos, ahora yo me quedo con el tuyo.—Basta, por favor, Micah, baja el arma y deja a Matt, si alguna vez sentiste algo por mi, baja el arma. — Micah frunció el ceño al oírla, pero bajó el arma.—A ti es la que debería matar por zorra, por haberte metido con mi hermano pero hoy arreglaré la cuenta con todos, así que entren. — dijo esta vez apuntando a Samantha con el arma.—Qué no se te ocurra— dijo Matt apretando los dientes
Matthew no cabía de la felicidad, aún no había podía creer que sería padre, estaba muy seguro que iba a mimarlo, amarlo y protegerlo a toda costa, daría lo mejor de él para ser un excelente padre y esposo, por lo que antes de regresar envío todo lo que tenía a su abogado, quería cuanto antes presos a Jasmine y a Micah, no iba arriesgar la seguridad ni de Sam, ni de ese angelito que ya venía de camino.Miró a Samantha que iba dormida en al lado de él, con la cabeza recostada en su hombro, faltaban unas dos horas para llegar a Seattle, por lo que le dio un beso en la frente a ella, para luego descansar él también, pero antes volvió a mirar su celular y frunció el ceño, tenía un día tratando de comunicarse con Sabrina o Alice, pero ninguna contestaba las llamadas, ni el teléfono de la casa, incluso Nathaniel tampoco contestaba,
Samantha observaba con emoción a Matthew.—¿Me dirás a dónde vamos? — Matthew sonrió al verla como una niña pequeña.—Bueno, iremos a dos lados, y serán en Italia — a Sam le brillaron los ojos.—¿Cuáles? — Matthew se carcajeo.—¿No te vas a quedar solo con que vamos a Italia? — Samantha negó con la cabeza. — Iremos a la Toscana y luego a Liguria, estaremos rodeados de naturaleza, tranquilidad y belleza natural. — Samantha pegó un grito de emoción y se subió en el regazo de su ahora esposo.—Eso me gusta, gracias. —Matthew la abrazo por la cintura y la pegó más a él.—No ha sido nada, solo quería sorprenderte. — le dio un pequeño beso en sus labios.—Y lo has hecho, me
Micah, entró furioso a su casa, su madre lo miraba desde la sala.—¿Ahora que te pasa? — ella sabía que su hijo tenía dos días de estar furioso.—¿Sabes lo que hizo el maldito de Matthew? — Jasmine frunció el ceño.—Deja de decirle así a tu hermano.—Tú no me dices como debo o decirle a ese maldito, que por desgracia lleva mi misma sangre.—Micah, basta, ¿que pasa con él?—Se casó con Samantha, mi Samantha — dijo con tanta furia y odio, que si lo tuviera en ese instante de frente no dudaría en matarlo.—¿Qué has dicho?—Lo que has escuchado, —Micah se dirigió al bar, donde se sirvió una copa de whisky. — Ella es mía y no voy a descansar hasta tenerla.—&i
Matthew estaba deseoso de irse para su luna de miel, moría de ganas por hacer el amor con Sam muchas, muchas veces.—¿Por qué no nos vamos ya? — le susurró Matt al oído, Samantha se estremeció al oírlo hablar tan ronco, en especial porque cuando la abrazó por detrás pudo sentir lo duro que estaba.—Amor… aún no es hora… — La mano de Matt le acarició tan sensual, que Samantha cerró sus ojos y apoyó la cabeza en su pecho. — aaahh… por favor no hagas esto…—Necesito hacerte mía, así que tienes dos opciones, o nos largamos de una vez o nos escapamos por un rato a nuestra habitación. — Samantha se giró y de un rápido movimiento lo besó, muy apasionadamente, la había excitado y necesitaba hacérselo saber.—Vamos a la h







