Mag-log inMilena se encontraba perdida en sus pensamientos, aún le resultaba difícil de creer que la mujer que en su momento la había apoyado, en realidad la había odiado todo ese tiempo. Fue sacada de su ensimismamiento por la voz de Valentina, quien decía con tono acusador:
—Estoy más que segura de que si te hubieran dicho la verdad, tú misma te habrías encargado de que Dionisio me mandara lejos de aquí. Así que no me vengas ahora con que no lo harías. ¿Qué mujer en su sano juicio entrega tan fácil a su hombre a otra? Y menos aún un hombre con dinero y tan atractivo como Dionisio.
Milena se estaba dando cuenta de que era inútil tratar de hablar con ella. Valentina ya se había convencido de que ella era la culpable de arrebatarle el amor de Dionisio. ¡Qué equivocada estaba! Para Milena, aquel hombre no era más que su peor pesadilla. Hubiese dado todo por librarse de él.
Si lo hubiera sabido antes, con gusto se lo habría entregado con moño y todo, solo por escapar del infierno que vivía a su lado. Ahora que ya no estaba, por fin podía respirar en paz, sin el temor constante de que él apareciera borracho a golpearla como solía hacerlo.
Luego, al pensar en todo lo que había pasado y al saber que ya estaba libre de aquel maltratador, Milena dijo:
—¿Sabes qué? Quédate con todo. Ni siquiera me importa lo que hay dentro de la casa. Y si es por dinero que te estás comportando así conmigo, pues quédatelo también. Mañana mismo te desocupo y me iré de esta casa, y así tú y tu pequeño hijo podrán mudarse a vivir en esta mansión como siempre lo soñaste.
Hizo una pausa, y con la voz quebrada continuó:
—A pesar de todo lo que me hiciste, estoy muy agradecida por lo que hiciste por mí cuando más necesitaba una mano amiga. Aunque tu amistad haya sido falsa, me hiciste muy feliz cada vez que me ayudabas con mis heridas o me dabas palabras de aliento… y eso, créeme, nunca lo voy a olvidar.
Al día siguiente, muy temprano, Milena comenzó a recoger todas sus cosas y a empacarlas, pues pensaba marcharse esa misma mañana. Sin embargo, parecía que a su ex amiga le preocupaba que no cumpliera su palabra, porque apenas terminó de alistar todo y estaba a punto de irse de aquel lugar donde tanto había sufrido, apareció Valentina.
Aquella mujer no quería dejarla ir tan fácilmente, había madrugado solo para echarla. Sin embargo, al verla lista para marcharse, la interceptó y le dijo que aún no podía irse, al menos no hasta que sus hombres revisaran todas sus pertenencias. Según ella, debía asegurarse de que no se llevara cosas que no le pertenecían.
Al escuchar esas palabras de la mujer que alguna vez consideró su amiga, Milena no pudo evitar pensar que Valentina solo quería humillarla. Había creído que su actitud se debía a la herencia de su hijo, pero ahora que ella misma había decidido dejarlo todo y marcharse sin nada… la hostilidad persistía.
Lo único que se le venía a la mente era que Valentina solo quería humillarla de aquella forma, delante de toda esa gente que había traído con ella, como si ella fuera una vil ladrona.
Milena solo negaba con la cabeza mientras la miraba, dedicándole una sonrisa irónica al escuchar sus palabras. Sin embargo, cuando oyó que tenía que abrir sus maletas para que las revisaran, su expresión cambió de inmediato a una mirada llena de rencor. Se daba cuenta de que aquella mujer no se detendría hasta verla humillada frente a todos. Era la primera vez que Milena la miraba de esa manera.
Ni siquiera la había mirado así cuando se enteró de que Dionisio la había engañado con ella y que su hijo era producto de aquella traición. Nunca la odió, más bien había sentido lástima por ella. Porque enamorarse de un hombre como Dionisio era una verdadera pesadilla, y eso ella lo sabía muy bien… Al haber amado a ese hombre, solo la llevó al infierno.
Y ahora, cuando ya le había dejado todos los bienes a su hijo… ¿Qué más quería de ella? Lo único que se estaba llevando eran sus pertenencias. Entonces, ¿qué más debía hacer para que aquella mujer por fin se sintiera feliz?
¿Acaso pensaba que se iba a dejar pisotear sin decir nada? Ya bastante había soportado a Dionisio, y eso solo porque le tenía miedo a sus represalias. Pero se había prometido que, si lograba salir de los brazos de aquel hombre, nunca más nadie volvería a aplastar su autoestima. Mucho menos su ex amiga, quien en lugar de querer humillarla, debería estar pidiéndole disculpas por todo lo que le había hecho… o al menos dándole las gracias por haber decidido dejarle todo.
Pero como dice el dicho: "tras de ladrón, bufón".
Así que, sin pensarlo, le dijo con firmeza:
—Si quieres conocerme bien, atrévete a abrir mi maleta, y hazlo frente a toda esta gente que trajiste contigo. Porque si yo quisiera pelear por la herencia de Dionisio, créeme que lo haría. Y te aseguro que me quedaría con la mitad de todo, porque tengo muchos testigos que pueden afirmar que fui su mujer en unión libre, además de ser su prometida y estuvimos viviendo juntos durante cinco años, y ese tiempo es suficiente para heredar.
Hizo una pausa, la miró con desprecio y concluyó:
—Y si no lo hago es porque no quiero nada de ese maldito hombre. Lo único que deseo ahora mismo… es irme lejos de todo esto.
Luego volvió a mirar a las personas que Valentina había traído con ella, mientras le decía con firmeza:—Si realmente quieres conocerme, diles que revisen mis cosas… así sabrás quién soy en realidad.
Valentina solo quería verla humillada. No podía olvidar lo que sintió cada día al verla al lado de Dionisio, ocupando el lugar que ella creía suyo. Quería verla en el suelo… nada más. Sin embargo, al escuchar las palabras firmes de Milena, se acobardó por un instante. En ese segundo de vacilación, se le vinieron a la mente todos aquellos momentos en los que se sintió menospreciada, invisible ante Dionisio.
Y ese pequeño destello de inseguridad se transformó en furia.
—¡Tiren todo al suelo! —gritó—. ¡Quiero asegurarme de que no se lleve nada que le pertenezca a mi hijo!
Apenas terminó de hablar, los hombres comenzaron a revolver y tirar al piso todo lo que Milena había empacado. Ensuciaban y desordenaban sin cuidado alguno. Y cuando vio la cantidad de joyas que llevaba, Valentina no tardó en gritar:
—¡Eres una ladrona! ¡Eso también le pertenece a mi hijo! ¡Todo lo compró su padre!
Milena, al ver sus cosas tiradas en el suelo, pensaba en el trabajo que había pasado, arreglándolo todo, para que ahora esa gente lo arrojara como si fuera basura.Estaba a punto de darle unas cuantas cachetadas a su ex amiga, cuando fue interrumpida por el abogado, quien acababa de llegar con la confirmación de que, en efecto, lo que Valentina había dicho anterior era cierto.
Sin embargo, también les comunicó que Milena no podía abandonar la mansión, ni salir del país hasta que concluyera la investigación por la muerte de Dionisio.
Milena, antes de llegar a la mansión en la que antes compartía con Dionisio, los recuerdos comenzaron a invadirla. Algunos eran felices y otros tristes; recordaba con alegría la primera vez que llegó a ese lugar, sin poder creer que sería el sitio donde viviría junto al amor de su vida, o, mejor dicho, junto a la persona que ella pensaba que era el amor de su vida, el cual resultó ser su peor pesadilla.En ese momento, mientras se perdía en sus pensamientos, Fabricio la interrumpió con un tono nervioso cuando le dijo:—Llegamos y tenemos que bajarnos.Ella dijo: tan rápido, mientras comenzaba a mirar a todas partes.—Sí —respondió Fabricio—, pero todavía estamos a tiempo de irnos y volver otro día, si no te sientes bien.—No, estoy bien, solo que me invadieron los recuerdos de cuando vivía en este lugar; nunca pensé que volvería a venir, y menos como visitante —dijo Milena con su voz un poco apagada.Luego se bajaron del auto, Milena miró a Fabricio y preguntó:—¿Estás seguro de que V
Aunque Fabricio sabía que aquellas palabras ella se las había dicho porque Luciano estaba cerca, igual le dolieron mucho, ya que en su rostro se reflejaba su dolor. Por su parte, Milena, que las había dicho al ver que su presa estaba a punto de irse, ahora sentía que había herido a la única persona que había estado para ella cuando más lo necesitaba su único y mejor amigo. Con tono apenado, le dijo:—Está bien, no eres solo mi abogado; eres mi mejor amigo. Y sé que estás aquí porque te preocupa mi salud más que a mí, y te lo agradezco de corazón. Pero, solo por hoy, déjame beber sola. ¿No ves que lo único que quiero es beber y así poder olvidarme de todo? Ahora por favor vete y déjame sola; te prometo que mañana haré todo lo que me pidas sin chistar.Al notar que ella se sentía apenada, Fabricio se retiró, pero antes de irse, le recordó:—Recuerda que tienes otro compromiso, y no creo que, por querer tomar como loca, no vayas a ir a ver a tu mejor amiga, ¿lo recuerdas?En ese instant
Fabricio llevó a Milena a un bar. Cuando llegaron, ella preguntó:—¿Es aquí?Él le respondió:—Sí, y recuerda que no puedes tomar licor por el problema de tu estómago; lo mejor es que entre contigo y así pueda detenerte cuando lo vayas a hacer, pues conociendo como te conozco se que no te vas a conformar solo con pedir una bebida sin licor, o pedir un trago y fingir que estás tomando, ¿cierto?Milena negó con la cabeza, mientras replicaba:—¿Crees que alguien se me acercará si tengo a un hombre a mi lado? Quédate aquí, que cuando termine te llamaré.Aunque Fabricio asintió, apenas vio que ella entraba, se bajó del coche y la siguió, pues conocía la tenacidad de Milena y sabía que estaba dispuesta a poner incluso su salud en riesgo para lograr su propósito.Al entrar al bar, Milena no miró a ningún lado y caminó con elegancia hasta la barra. Según el informe que había leído, aquel hombre se acercaría en cuanto la viera con un vestido rojo, por lo que ella siguió con su plan. Al llegar a l
Milena ya estaba en libertad y, al no tener a dónde ir, Fabricio le ofreció quedarse con él en su apartamento. En un principio, ella se negó, pues aquel hombre le había ayudado mucho y no quería seguir abusando de su confianza. Sin embargo, al final terminó aceptando, ya que no tenía otro lugar donde quedarse y, más adelante, pensaría en cómo pagarle todo.Una vez en el apartamento, Fabricio le mostró la habitación donde viviría, la cual ya estaba llena con todas sus cosas. Al ver esto, Milena se emocionó y lo miró entre lágrimas, diciéndole:¿Cómo lograste que Valentina te diera mis cosas?—Fácil —respondió Fabricio—, pues como soy tu abogado, tenía que dármelas; de lo contrario, la habría demandado y me imaginé que no quería verse metida en ninguna pelea legal por la campaña electoral que se le avecinaba a su padre.Como Milena se había quedado callada, Fabricio continuó diciendo:—Deja de pensar mucho de ahora en adelante, ya que no quiero que te preocupes por nada por ahora. Por hoy
Ya habían pasado tres años desde que Milena había ingresado a prisión, y hasta ahora seguía recibiendo el mismo trato que el día que había llegado a aquel lugar, bueno eso ya había cambiado un poco, pues ahora ella junto a Laura se había unido a otro grupo de mujeres que no soportaban el maltrato de la pandilla de la Loba.Y aunque al inicio siempre eran maltratadas por la loba y sus seguidoras, ellas no se habían rendido, por eso las cosas habían cambiado ligeramente. Ya que, al menos, ahora recibían golpes y palizas, pero también habían aprendido a defenderse y a devolverles el golpe con la misma intensidad. Además, parecía que Valentina se había olvidado de su existencia, pues ya tenía más de cinco meses, que no la visitaba y esto no era normal, ya que conociendo a aquella mujer, la cual le gustaba verla sufriendo, tenía que haberle pasado algo malo: "ojalá se hubiera muerto ya" se dijo. —Cuando Fabricio fuese a visitarla, le preguntaría por ella.Sin embargo, que Valentina no le p
Dos días después de que Milena había sido trasladada a la celda de castigo, la desesperación se había apoderado de ella. La falta de comida y agua la tenía al borde del colapso; cada minuto se hacía eterno, y la sed y el hambre la debilitaban física y mentalmente, además del dolor que sentía por los golpes recibidos anteriormente. En medio de ese sufrimiento, Milena apenas podía comprender cómo era que Laura había soportado tanto, sin comer, ni beber nada de agua. Ahora mismo entendía por qué Laura se encontraba en aquella situación, ya que la falta de alimentos la había debilitado tanto que ya ni siquiera podía comunicarse. En ese instante, Milena estaba que no podía más y sin saber qué hacer para poder ayudarla. Ya que la crítica situación de Laura era muy mala y si nadie viniera por ella, eso quería decir una sola cosa que todo lo que las reclusas decían era verdad y nadie salía con vida de aquella celda, debido a que lo único que le decía que su compañera seguía con vida era únic







