تسجيل الدخولPor su parte, Milena se había dejado caer en el sofá, tratando de asimilar toda aquella noticia, aún convencida de que debía estar atrapada en una pesadilla. Valentina había sido su única amiga durante todos esos años de duro maltrato a manos de Dionisio.Fue ella quien curó sus heridas, quien le brindó apoyo, quien conocía la verdad que se escondía tras las paredes de su casa.
Porque para el resto del mundo, Dionisio era un hombre ejemplar: amoroso, atento, un compañero perfecto. Pero puertas adentro, se transformaba en un monstruo brutal, que la golpeaba sin piedad. Y Valentina era la única que sabía cómo era realmente su vida.¿Cómo podía ser que ahora se enterara de que todo había sido una mentira? ¿Qué aquella amistad, que consideraba sincera y leal, no era más que una farsa?
Milena, perdida en sus pensamientos, apenas alcanzó a escuchar la voz del abogado a lo lejos, informándole que se retiraría por el momento, ya que debía verificar si toda la información que Valentina le había proporcionado era cierta. Le prometió que, una vez tuviera una respuesta concreta, se pondría en contacto con ella para darle los detalles.
Milena asintió con la cabeza, aún aturdida por el descubrimiento. Su mente era un torbellino de preguntas sin respuesta. No podía creer lo que acababa de escuchar, y lo más sensato era quedarse a solas con aquella mujer que durante cinco años había considerado su mejor amiga y así que le respondiera a sus innumerables preguntas que tenía en su mente.
Una vez quedaron solas, fue Valentina quien rompió el silencio. Su voz, cargada de resentimiento, soltó la verdad que Milena jamás imaginó escuchar:
—No sabes cuánto te odio. Desde la primera vez que te vi junto a Dionisio, decidí vivir cerca de ti. Por eso me mudé a la casa de al lado. Como no conocías a nadie en este país, me hice pasar por tu mejor amiga, solo para estar cerca de él… del hombre que siempre amé y que me dejó por tu culpa. Bastó con que te conociera para terminar todo lo que tenía conmigo. Aunque intenté reconquistarlo una y otra vez, él se negó a volver conmigo. Todo eso… porque te conoció a ti y se enamoró. No sabes cuántas veces recé para que murieras y me dejaras el camino libre.
Hizo una pausa, y Milena, aún paralizada por la confesión, aprovechó para formular la pregunta que le quemaba por dentro:
—Si todo fue así… ¿Cómo tuviste al niño? Él solo tiene un año y medio, y Dionisio y yo llevábamos cinco años viviendo juntos.
Valentina soltó una risa amarga y respondió con frialdad:
—Ah, esa es la peor parte. Esa noche estaba tan borracho que me confundió contigo. Fue la primera y única vez que me mostró su amor… a golpes. Me golpeó pensando que yo eras tú, y luego me hizo el amor como nunca me lo había hecho. No sabía que la mujer con la que estaba acostándose era yo.
Al día siguiente, cuando se le pasó el efecto del alcohol, me hizo prometer que no te diría nada de lo que había pasado, que si tú te enterabas de lo que pasó entre los dos, me dejaría de hablar. Y como yo lo amaba de verdad… sabía que si él me apartaba de su vida, yo me moriría.
Milena no podía creer todo lo que estaba escuchando. Sentada, con ambas manos sobre su cabeza, solo atinaba a escuchar en silencio cada palabra de su ahora revelada enemiga. Pero lo peor no fue descubrir la traición, sino lo que vino después.
—Y te odié aún más cuando me enteré de que a ti sí te pegaba —soltó Valentina con una sonrisa amarga—. Porque el tiempo que estuvo conmigo, nunca me demostró su amor de esa forma.
Milena levantó la mirada con lentitud. La observó con ojos desorbitados, como si frente a ella estuviera una criatura de otro mundo. Era tanta su incredulidad, que pensó que tal vez había oído mal. Por eso, con voz temblorosa, preguntó:
—¿Me estás diciendo que me odiaste más al ver cómo Dionisio me golpeaba?
—Sí —respondió Valentina con frialdad, dejando ver en su tono el profundo rencor que le guardaba.
Milena solo podía mover la cabeza de un lado a otro. Su mente se negaba a aceptar que todo aquello fuera real.
Y en su mente, Milena no dejaba de preguntarse cómo era posible que alguien que conocía su historia la odiara precisamente por no haber sido golpeada del mismo modo. ¿Acaso aquella mujer estaba loca?
Si una persona ajena a su realidad le hubiera dicho que la envidiaba, podría entenderlo hasta cierto punto, ya que Dionisio nunca dejó ver su violencia puertas afuera. Para el mundo, era un hombre ejemplar. Pero Valentina… Valentina sí sabía cómo la dejaba cada vez que se emborrachaba.
Estaba en estado de shock, incapaz de asimilar lo que escuchaba. Por más que se pellizcaba el brazo para despertar de lo que parecía una pesadilla, no podía salir de ella. Hasta que, de pronto, escuchó a Valentina decir:
—No sabes cuánto le supliqué después, que aunque fuera una sola vez, me pegara de nuevo… pero él se negó. Y desde entonces, mi odio por ti se intensificó más. Sentí que contigo sí podía ser él mismo… y conmigo no.
Milena la miró con una mezcla de asombro y repulsión, hasta que logró articular unas palabras:
—Definitivamente estás loca. Deberías ir a ver a un psiquiatra, porque normal no eres… ¿Quién, en su sano juicio, quiere que le peguen para demostrarle amor?
Luego de estas palabras, Milena se levantó y se acercó a su ahora ex amiga, mientras le decía con la voz entrecortada:
—Ya que querías tanto estar con Dionisio, ¿por qué no hiciste nada para que me dejara? O mejor aún, ¿por qué no lograste que te golpeara a ti en mi lugar? Así, al menos, me hubieras hecho la vida un poco más llevadera. Porque yo nunca quise sus golpes… en cambio, tú, serías feliz con eso, ¿o me equivoco?
Al ver la mirada cargada de odio con la que su “dichosa amiga” la observaba, Milena se preguntaba por qué no lo notó antes. ¿Cómo pudo ser tan ciega?
Volvió a hablar, esta vez con una mezcla de tristeza y rabia:
—Por lo menos me hubieras dicho lo que sentías por él. Te aseguro que entre las dos hubiéramos ideado un plan para que me dejara y así pudieras estar con él… recibiendo los maltratos que tanto amabas. Bueno, está bien que no me contaras que lo amabas, pero al menos me hubieras hablado de tu hijo. Te juro que habría buscado la forma de que estuvieran juntos, tú, él y tu hijo… y así fueras tú la maltratada en mi lugar.
Aquella mujer que durante años le había secado las lágrimas y curado sus heridas, que se había ganado su confianza y su cariño, ahora se revelaba como su peor enemiga. Si alguien le hubiera preguntado si algún día imaginó este escenario, Milena lo habría negado una y otra vez. Porque para ella, Valentina era la única luz en la oscura vida que compartía con Dionisio.
Ya habían pasado tres años desde que Milena había ingresado a prisión, y hasta ahora seguía recibiendo el mismo trato que el día que había llegado a aquel lugar, bueno eso ya había cambiado un poco, pues ahora ella junto a Laura se había unido a otro grupo de mujeres que no soportaban el maltrato de la pandilla de la Loba.Y aunque al inicio siempre eran maltratadas por la loba y sus seguidoras, ellas no se habían rendido, por eso las cosas habían cambiado ligeramente. Ya que, al menos, ahora recibían golpes y palizas, pero también habían aprendido a defenderse y a devolverles el golpe con la misma intensidad. Además, parecía que Valentina se había olvidado de su existencia, pues ya tenía más de cinco meses, que no la visitaba y esto no era normal, ya que conociendo a aquella mujer, la cual le gustaba verla sufriendo, tenía que haberle pasado algo malo: "ojalá se hubiera muerto ya" se dijo. —Cuando Fabricio fuese a visitarla, le preguntaría por ella.Sin embargo, que Valentina no le p
Dos días después de que Milena había sido trasladada a la celda de castigo, la desesperación se había apoderado de ella. La falta de comida y agua la tenía al borde del colapso; cada minuto se hacía eterno, y la sed y el hambre la debilitaban física y mentalmente, además del dolor que sentía por los golpes recibidos anteriormente. En medio de ese sufrimiento, Milena apenas podía comprender cómo era que Laura había soportado tanto, sin comer, ni beber nada de agua. Ahora mismo entendía por qué Laura se encontraba en aquella situación, ya que la falta de alimentos la había debilitado tanto que ya ni siquiera podía comunicarse. En ese instante, Milena estaba que no podía más y sin saber qué hacer para poder ayudarla. Ya que la crítica situación de Laura era muy mala y si nadie viniera por ella, eso quería decir una sola cosa que todo lo que las reclusas decían era verdad y nadie salía con vida de aquella celda, debido a que lo único que le decía que su compañera seguía con vida era únic
Milena de inmediato volteó la mirada hacia la procedencia de aquella voz, aunque la oscuridad le impedía ver algo con claridad. Con voz temblorosa, preguntó:—¿Quién eres tú?La voz, ronca y cansada, parecía provenir de alguien que llevaba mucho tiempo encerrada en esa celda sin hablar con nadie. Aquella reclusa respondió:—Soy otra víctima de la Loba. Al igual que a ti, me trajeron después de que ella me golpeara… y se quedó callada por un rato, y al no haber respuesta del lado de Milena, volvió a decir: Supongo que a ti te sucedió lo mismo, para que te envíen a la peor celda de castigo que existe dentro de este penal. ¿O me equivoco?Fue en ese instante cuando Milena comprendió que los rumores eran ciertos. Con el rostro lleno de incertidumbre, preguntó:—¿Cuánto tiempo llevas encerrada aquí?—Más de dos semanas —contestó la otra mujer—. Sin comer, ni beber agua, solo esperando mi muerte, ya que muchas de las reclusas que han entrado aquí han salido… muertas.Incrédula, Milena exclamó
Después de que Valentina se marchara junto al director del penal, entro el médico junto a la enfermera. Y sin perder tiempo, ambos le preguntaron a Milena:—¿Por qué no nos dijiste que conocías al director? Además, esa mujer parecía ser realmente importante.Milena, sorprendida por la repentina interrogación, optó por quedarse en silencio, convencida de que si revelaba la verdadera razón por la que el director había ido a verla, seguramente aquellos dos comenzarían a tratarla mal para quedar bien con él. Por ello, lo mejor para ella era quedarse callada y dejar que fuesen ellos que se imaginaran el motivo.Al ver que Milena no respondía nada, aquel médico le dijo:—Dado que tienes una buena relación con el director, hoy puedes quedarte aquí; sin embargo, si deseas permanecer más tiempo en la enfermería, tendrás que conseguir que el director nos dé la orden; de lo contrario, mañana te tocará regresar a tu celda.Milena se tranquilizó un poco, pues al menos hoy se quedaría en aquel lugar
Después de que el juicio de Milena terminara, fue trasladada de inmediato a la prisión de mujeres. Y apenas puso un pie en aquel lugar, un grupo de reclusas la atacó brutalmente hasta dejarla inconsciente.Cuando despertó, ya se encontraba en la enfermería. Y un dolor insoportable recorría cada rincón de su cuerpo. Intentó moverse, pero el ardor en sus heridas le hizo soltar un quejido.La enfermera, al notar que había despertado, le dio unos analgésicos.— Luego le dijo: tómatelos, te ayudarán con el dolor — después la observó con un poco de cautela—. Y bajo la voz, cuando dijo: escucha bien lo que te voy a decir, trata de no meterte con el grupo de La Loba. Esa mujer es muy violenta, además parece tener protección desde afuera, por ese motivo hace lo que quiere en esta prisión. Y nunca recibe castigo por lo que hace aquí adentro.Milena la miró con confusión.—¿Y por qué me atacaron? —preguntó con la voz un poco rasposa—. Ni siquiera sé quién es La Loba… No le he hecho nada a nadie.
Fabricio estaba profundamente preocupado por todo este asunto, pues no tenía nada en sus manos que pudiera sacar a su defendida de la cárcel. No obstante, lo primero que debía hacer en ese momento era ver a Milena y explicarle todo lo que se le avecinaba, ya que probablemente al día siguiente sería sentenciada. Las pruebas en su contra estaban más que claras, y todo indicaba que ella era la única culpable de la muerte de Dionisio. Por eso, quería que, cuando llegara ese momento, estuviera preparada para afrontar su condena.Sin embargo, él no pensaba rendirse. Apelaría la decisión del juez y encontraría las pruebas necesarias para conseguir su libertad. No descansaría hasta dar con el verdadero culpable del asesinato de Dionisio. No solo porque Milena era su prioridad y debía sacarla de ese infierno, sino también porque sentía que tenía una deuda personal: por los años que su padre y él habían trabajado para Dionisio, y porque, tras la muerte de su padre, Dionisio se había convertido







