LOGINDiana CrossLos preparativos para la boda estaban a todo vapor, y sentía mis piernas pesadas de tanto caminar al lado de Beatriz resolviendo cada detalle.—¡Hola, chicas! Por lo visto su día estuvo de esos intensos, ¿eh? —Lorenzo llega del trabajo, esbozando una sonrisa cálida y abrazándome fuerte.—Hola, señor Bianchi. Estamos aquí desde temprano sin ver la cara del descanso —Beatriz lo saluda, acomodando las carpetas de decoración.—¡Hola, mi amor! Llegaste más temprano hoy, ¿pasó algo? —pregunto, besando su rostro y sintiendo la aspereza encantadora de su barba rala.—¿Qué han logrado adelantar de tanto trabajo? —él pregunta, agachándose para tomar algunos bocadillos repartidos en la mesa de centro.—Ya cerramos casi todo, pero necesito ir pronto a Castiglioncello para definir el lugar de la ceremonia —explico, respirando hondo.—Estoy pensando en pedirle a Leonardo que revise una de esas mansiones exclusivas cuyos propietarios conoce —comento, levantándome del sofá.Empiezo a reco
Lorenzo BianchiDecidí ir al departamento de mi padre para visitarlo y saber cómo está tras nuestro reciente acercamiento.Desde la noche de la cena en que formalicé mi propuesta de matrimonio a Diana, terminamos distanciándonos en la rutina ajetreada de mis funciones profesionales y ahora prometido y futuro padre.—¡Hola, papá! ¿Cómo está usted? —lo saludo con una sonrisa cálida en cuanto abre la puerta del departamento para recibirme.—¡Hola, hijo mío! Qué alegría verte por aquí. Entra, acabo de colar un café fresco, vamos a tomarlo juntos —me abraza apretado.Cierro la puerta detrás de mí y lo sigo a la cocina compacta y acogedora, sintiendo el aroma fuerte del café invadir el ambiente.—¿Cómo están Diana y mis nietos? —pregunta con cariño, caminando hacia la barra para tomar dos tazas de porcelana.—Ella está excelente y le mandó un abrazo especial. Ayer supimos el sexo de los bebés en la ecografía —abro una sonrisa tonta.—¡Usted va a ser abuelo de una pareja de gemelos, papá! Un
Marcella SalazarYa no aguantaba más vivir en este infierno en el que mi propio padre me colocó de forma tan fría y calculadora.¿Cómo Antonio Salazar fue capaz de venderme como si fuera un mero objeto a cambio de deudas y promesas vacías?Salí de Vilafranca del Cardener, en España, para estudiar y trabajar duro, enviando cada centavo para ayudar a mi madre Josefa y a mi hermana menor, Pilar.Todo lo que quería era llenar de orgullo a nuestra gente en Cataluña, pero fui tragada por la codicia ciega de mi padre por sus tierras de cultivo de frutas.Ahora estoy aquí, encerrada en este departamento de lujo en Florencia, sometida a las humillaciones constantes de un hombre que ni siquiera conocía.Rafael Tomazo me tomó como pago por los préstamos que financió en las tierras de mi familia, arrancándome cualquier vestigio de libertad.—No necesitas estar con esa carita seria, querida... —Rafael susurra con un tono cínico, acercándose a mí en la cama.Esto sucede justo después de haber cruza
Leonardo CrossRegresé a Castiglioncello el mismo día en que mi hermana Diana también decidió dejar Turín atrás y los malos recuerdos de todo lo que pasó.De alguna manera extraña, tras el entierro de Andrew y de atestiguar la emotiva reconciliación entre Dy y nuestra madre, una paz súbita me invadió.Tuve la nítida sensación de que en ese momento cerramos de una vez un ciclo tempestuoso y lleno de sombras de nuestro pasado.Éramos cuatro amigos inseparables, casi hermanos, que construyeron planes grandiosos, pero vieron todo derrumbarse por culpa de elecciones egoístas y venenosas.El pobre Andrew se fue consumido por la propia culpa; Diana encontró a un hombre de verdad que la valora y está realizando el sueño de ser madre...Mientras tanto, la inútil de Selena tendrá que pagar el precio de sus artimañas, y yo... yo me siento inexplicablemente solitario.Es como si, de repente, me diera cuenta de que hay un enorme vacío en mi rutina, un espacio que suplica desesperadamente ser llena
Diana CrossNecesitaba contarle a Beatriz todas las novedades impactantes de los últimos días y disfrutar con mi mejor amiga.Como me estaba ayudando activamente con los preparativos de la boda, usé eso como la excusa perfecta para invitarla a nuestro penthouse.—¡Vaya, amiga! ¡Estás logrando ponerte cada día aún más deslumbrante! —Beatriz dice en cuanto me ve abrir la puerta de entrada.Me jala hacia un abrazo apretado y lleno de cariño, demostrando lo mucho que me extrañó durante este período turbulento.—Tengo tantas novedades para contarte... Y quiero saber qué has adelantado sobre la boda —cierro la puerta.Caminamos juntas directo a la cocina amplia, donde ya separo algunos ingredientes para preparar una cena ligera mientras conversamos.—Quiero que me cuentes primero cómo estuvo tu viaje a Turín —Beatriz pide, sentándose con elegancia en la barra de mármol.—¡Qué cosa tan inesperada y triste toda esa historia con la muerte de Andrew! Lo detestaba, pero era demasiado joven para
Enzo BianchiMientras mi hermano Lorenzo saborea la paz recién conquistada al lado de Diana y de los herederos que vienen en camino, mi mundo continúa sumergido en el caos absoluto.Después de las investigaciones rigurosas y las debidas detenciones de los involucrados en los esquemas de corrupción, finalmente estamos estabilizando las operaciones en Valmont.Francesco Russo está ahora confinado en una celda de máxima seguridad, pagando por sus traiciones, mientras Antonella se pudre en una penitenciaría femenina.Pero ninguna de estas victorias judiciales consigue aplacar la opresión sofocante y la angustia que siento en el pecho desde la noche en que dejé a esa mujer en el hotel.El nombre de Marcella resuena en mi mente como una obsesión silenciosa, un punto ciego que desafía todo mi autocontrol y mi lógica de CEO dominante.Las demandas urgentes de la exportadora exigieron cada gota de mi atención, impidiéndome ir tras ella de inmediato para garantizar que estuviera a salvo.—Señor







