Home / Hombre lobo / LAZO ROTO: La calma de dos Alfas / capítulo 2: Una omega...rota

Share

capítulo 2: Una omega...rota

last update publish date: 2026-06-25 20:33:25

El silencio de la montaña, aunque acogedor por su aislamiento, se rompió en pedazos en el instante en que los dos líderes del refugio cruzaron el umbral del sendero principal. No caminaban con la premura de una emergencia médica, sino con una determinación solemne que atrajo todas las miradas de las personas que se encontraban alli. El problema no fue solo su llegada, sino la forma en que lo hacían: ella, inconsciente y pequeña, reposaba en los brazos de uno de ellos, mientras el otro caminaba a su lado como si estuviera custodiando el tesoro más preciado de la existencia.

​La plaza central, que hasta hacía unos momentos bullía con las tareas cotidianas y el murmullo de los residentes, quedó sumida en un silencio sepulcral. El aire pareció espesarse, cargado de una electricidad estática que hacía erizar el vello de los brazos de todos los presentes.

​Entre la multitud, el grupo de omegas liderado por Elara y Mía se detuvo en seco. La escena era una afrenta directa a todo lo que habían construido en la comunidad. Durante un par de años, ellas habían alimentado la idea de que la jerarquía y la utilidad eran la moneda de cambio para estar cerca de los líderes. Ver a una extraña, sucia de barro y con la marca de su nuca palpitando en un tono violáceo y grotesco, siendo cargada como si fuera una reina herida, era una imagen que quemaba sus retinas.

​—¿Qué se supone que es eso? —el susurro de Elara cortó el aire como un cuchillo. No esperaba una respuesta, buscaba sembrar la semilla del descontento entre los demás.

​Mía, a su lado, apretó los labios hasta que se le pusieron blancos. Su risa fue seca, un sonido desprovisto de alegría que pretendía ser contagioso.

—Es una omega —respondió, asegurándose de que su voz llegara lo suficientemente lejos como para ser escuchada por quienes observaban con desaprobación —Y además rota ¿No ven el estado de su nuca? Es una paria. Un animal herido que han encontrado en la cuneta. Si los alfas permiten que se quede, solo será para que sea una carga. ¿Quién querría cuidar de alguien que ni siquiera tiene la dignidad de ocultar su cicatriz?

​A su alrededor, las cabezas comenzaron a asentir. Algunos alfas menores, que soñaban con algún día ganar la aprobación de los dos líderes, empezaron a murmurar con fastidio. ¿Por qué traer una bocas más que alimentar? ¿Por qué romper el equilibrio de un refugio que se preciaba de ser selecto y fuerte?

​Sin embargo, a los dos líderes no les importaba el juicio de la multitud. Su caminata era un despliegue de autoridad que dejaba claro que no buscaban aprobación. Cuando llegaron al corazón del asentamiento, se detuvieron. La chica, en el letargo de su inconsciencia, soltó un quejido débil al sentir el cambio de temperatura; un sonido pequeño, lastimero, que hizo que el alfa que la cargaba tensara la mandíbula, no por molestia, sino por una furia contenida hacia el mundo que la había dejado en ese estado.

​—Es una omega —anunció el segundo líder, su voz resonando con una autoridad que obligó a que todos bajaran la mirada —Pero no esta rota, su lazo si y no es una carga. Es alguien que ha sobrevivido a lo que ninguno de ustedes podría imaginar, y desde este momento, su bienestar es nuestra prioridad absoluta.

​Elara dio un paso al frente, incapaz de contener su indignación, aunque el miedo a la mirada del alfa la obligó a mantener una distancia prudente.

—¿Por qué ella? —preguntó, con la voz temblorosa por la rabia —Es una paria, una loba sin lazo. Traerla aquí es invitar a la debilidad. Nuestra paz se basa en la fuerza, no en la caridad hacia los desechos de otros clanes.

El alfa clavó sus ojos en Elara, haciendo que el aire se volviera pesado. Dio un paso hacia ella, con una calma que resultaba mucho más aterradora que cualquier grito.

​—¿Te atreves a cuestionar nuestra decisiones, Elara? —su voz resonó con una autoridad implacable —Ella es una loba, ¿cómo puedes referirte a alguien de tu propia especie de esa manera tan despectiva? Te recuerdo que aquí la hostilidad está prohibida, y no toleraré que siembres el desprecio en mi clan. Ella necesita nuestra ayuda, y se la daremos.

​El silencio que siguió a sus palabras fue absoluto. El líder que sostenía a la forastera giró la cabeza lentamente hacia Elara.

​—La debilidad no está en su nuca, Elara —respondió el alfa, su voz un susurro cargado de peligro —Está en tu incapacidad de ver más allá de tu propia envidia. La paz no es la ausencia de problemas, es la capacidad de proteger a quienes han perdido el rumbo. Si alguien tiene un problema con nuestra decisión, tiene las puertas del bosque abiertas para marcharse por donde vinimos.

​El mensaje fue claro: la forastera no era una invitada temporal, era una protegida de alto nivel. Mientras los dos hombres continuaban su camino hacia la residencia principal, dejando atrás a una turba confundida, la chica entre los brazos del alfa comenzó a despertar tenuemente.

Sintió la dureza de los músculos del hombre que la cargaba, el aroma a pinos y a una seguridad que le resultaba ajena. Por un instante, el dolor en su nuca, que siempre había sido un recordatorio de su desgracia, pareció calmarse bajo el roce de la capa del alfa. No sabía quiénes eran, ni por qué la habían rescatado de su camino hacia la muerte, pero mientras se adentraba en la calidez de su refugio, comprendió que su existencia ya no le pertenecía solo a ella. Había caído, accidentalmente, en la mira de dos alfas que, por primera vez en su vida, no buscaban consumirla, sino reclamarla como parte de su mundo.

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • LAZO ROTO: La calma de dos Alfas    capítulo 25: una sombra en la noche

    La abuela levantó la mirada. Por primera vez, observó directamente a Aiden y Silas. —Eso es precisamente lo que me preocupa. Los dos alfas intercambiaron una mirada. —¿Por qué? —preguntó Aiden. La anciana no respondió de inmediato. —Porque nunca pensé que serían dos. El silencio cayó nuevamente. Maia sintió que su corazón comenzaba a golpear con fuerza. —¿Dos qué? La abuela miró primero a Silas. Después a Aiden. —Guardianes. Una corriente de aire atravesó la habitación. Las velas titilaron. La cicatriz de Maia ardió, esa marca esta siendo expulsada de la nuca de la omega, porque nunca debió de existir. Los dos alfas reaccionaron al mismo tiempo. —Maia. Ella se llevó una mano al cuello. Pero esta vez no sintió dolor. Sintió calor. Y entonces su loba apareció nuevamente. Más fuerte. Más clara. Por primera vez, Maia escuchó su voz como si estuviera a centímetros de ella. —No tengas miedo. Maia cerró los ojos. —¿Qué quieres decirme?

  • LAZO ROTO: La calma de dos Alfas    capítulo 24: Dos guardianes

    La voz desapareció. Pero nadie se movió. Durante varios segundos, el silencio fue absoluto. Maia permanecía inmóvil junto a la ventana, con una mano apoyada sobre su cuello y la respiración entrecortada. Silas la observaba sin saber qué decir. Aiden, en cambio, parecía haber olvidado incluso cómo respirar. "La hija perdida ha vuelto." Las palabras seguían resonando en sus cabezas. —¿Quién era? —preguntó Maia finalmente. Su voz apenas fue un susurro. Ninguno respondió. Maia miró primero a Silas y después a Aiden. —¿Quién era esa mujer? ¿También la oyeron? Aiden apretó la mandíbula y asintió. —No lo sabemos. —Mentira. Los dos alfas se quedaron inmóviles. Maia tragó saliva. —Ustedes saben algo. Silas dio un paso hacia ella. —Maia... —No. Ella retrocedió. —No me digas que no sabes nada. Ya estoy cansada de que todos sepan cosas sobre mí mientras yo soy la última en enterarme. Su voz se quebró. —Primero me dicen que pertenezco a esta manada. Después descubro que mi v

  • LAZO ROTO: La calma de dos Alfas    capítulo 23: Lo Que Despierta

    Maia cerró los ojos. Podía sentirla. Pequeña. Débil. Pero presente. No había escuchado su voz desde hacía tanto tiempo que casi había olvidado cómo se sentía tenerla cerca. Y entonces llegó una sensación. Una palabra. No pronunciada. Pero clara. Hogar. Maia abrió los ojos de golpe. —¿Qué pasó? Silas se acercó un poco. —Nada. —Ella... Maia respiró con dificultad. —Creo que acaba de decirme algo. Silas permaneció inmóvil. —¿Qué? Maia lo miró. —Hogar. Silas no respondió. Pero algo en sus ojos cambió. Porque él también había sentido aquella palabra. No como un sonido. Como una certeza. --- El camino de regreso fue diferente. Maia caminaba junto a Silas. No detrás. No varios pasos apartada. A su lado. Y aunque ninguno habló demasiado, el silencio ya no era incómodo. Al llegar al corredor principal, Maia se detuvo. Silas la miró. —¿Qué ocurre? Ella observó la enorme residencia. —Es extraño. —¿Qué? —Hace unos dias

  • LAZO ROTO: La calma de dos Alfas    Capítulo 22: No siento que quiera escapar

    —Creo que me gusta este lugar —susurró. Silas sonrió. —Entonces es tuyo. Maia lo miró. —¿En serio? —En serio. Ella volvió a mirar las luces reflejadas en los cristales. —Gracias. —No tienes que agradecerme. —Sí tengo. Silas negó. —Maia... Ella giró hacia él. Sus miradas se encontraron. Durante un instante ninguno se movió. La conexión apareció nuevamente. Pero esta vez no fue dolorosa. El cuello de Maia comenzó a calentarse. Silas lo sintió también. Su expresión cambió. No se acercó. No la tocó. Solo permaneció allí. Dándole la oportunidad de decidir. Maia miró sus manos. Después levantó lentamente una de ellas. Y tomó la mano de Silas. Él se quedó completamente quieto. Los dedos de Maia eran pequeños y estaban fríos. Silas cerró suavemente la mano alrededor de la suya. Nada más. Pero para Maia fue suficiente. Su respiración se volvió más lenta. Su loba dejó de agitarse. Y el calor de su cuello se extendió lentamente por su pecho. No había miedo. No

  • LAZO ROTO: La calma de dos Alfas    Capítulo 21: Un lugar especial

    Maia cerró la puerta de su habitación detrás de ella. Apoyó la espalda contra la madera y dejó escapar el aire que llevaba varios segundos conteniendo. Su corazón seguía golpeando con fuerza. Demasiado rápido. Llevó ambas manos hasta su rostro. —¿Qué me está pasando...? Algo debtro de ella se movió, sería su loba? imposible. No era la agitación habitual que aparecía cuando sentía miedo. Era diferente. Atenta. Despierta. Como si después de años de permanecer dormida hubiera encontrado finalmente algo que reconocer. Maia cerró los ojos. Y volvió a sentirlo. El calor en su cuello. La presencia de Aiden. La mano de Silas sobre su brazo. Dos aromas. Dos alfas. Y aquella sensación inexplicable de que su cuerpo sabía algo que su mente todavía no podía comprender. Unos golpes suaves en la puerta la hicieron sobresaltarse. —Maia. La voz de Silas. Ella se quedó inmóvil. —¿Sí? —Soy yo. Maia tragó saliva. —¿Qué necesitas? Hubo un pequeño silencio al otro lado. —Nada.

  • LAZO ROTO: La calma de dos Alfas    Capítulo 21: Un lugar especial

    Maia cerró la puerta de su habitación detrás de ella. Apoyó la espalda contra la madera y dejó escapar el aire que llevaba varios segundos conteniendo. Su corazón seguía golpeando con fuerza. Demasiado rápido. Llevó ambas manos hasta su rostro. —¿Qué me está pasando...? Algo debtro de ella se movió, sería su loba? imposible. No era la agitación habitual que aparecía cuando sentía miedo. Era diferente. Atenta. Despierta. Como si después de años de permanecer dormida hubiera encontrado finalmente algo que reconocer. Maia cerró los ojos. Y volvió a sentirlo. El calor en su cuello. La presencia de Aiden. La mano de Silas sobre su brazo. Dos aromas. Dos alfas. Y aquella sensación inexplicable de que su cuerpo sabía algo que su mente todavía no podía comprender. Unos golpes suaves en la puerta la hicieron sobresaltarse. —Maia. La voz de Silas. Ella se quedó inmóvil. —¿Sí? —Soy yo. Maia tragó saliva. —¿Qué necesitas? Hubo un pequeño silencio al otro lado. —Nada.

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status