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capítulo 26: la heredera ha vuelto

last update publish date: 2026-09-23 20:26:11

Dentro de la habitación de la abuela, el silencio se había vuelto insoportable.

Maia permanecía sentada junto a Silas.

Aiden estaba de pie frente a ellos.

La anciana no había apartado la mirada de la puerta desde que descubrió que alguien había escuchado la conversación.

—¿Quién era? —preguntó Aiden.

—No lo sé.

—Abuela.

—No lo sé —repitió ella—. Pero sé que no debemos confiar en nadie.

Maia levantó lentamente la mirada.

—¿Ni siquiera en los miembros de esta manada?

La ancian
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  • LAZO ROTO: La calma de dos Alfas    Capítulo 27: La puerta de piedra

    La noche había pasado, pero Maia apenas había dormido. Seguía sentada frente a la ventana. La nieve continuaba cayendo sobre la montaña, cubriendo los árboles y los senderos que se perdían entre la oscuridad. Pero Maia ya no miraba el paisaje. Solo podía pensar en aquella imagen. La mujer frente a la puerta de piedra. La sensación que había experimentado al verla. Y aquella palabra que había escapado de sus labios antes de poder detenerla. —Mamá... Maia cerró los ojos. Intentó recordar su rostro. No podía. Solo tenía fragmentos. Una silueta. Unos ojos. La puerta. Y una sensación extraña de seguridad. Como si, en algún lugar de su memoria, ya conociera aquel lugar. Llevó una mano hasta su cuello, ya se le volvio costumbre, ahora ya no hay rastros de aquella marca, como si nunca hubiera existido. —¿Eres tú? Durante unos segundos no ocurrió nada. Entonces sintió aquella presencia dentro de ella. Su loba. Más despierta que nunca. Más cercana

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    Dentro de la habitación de la abuela, el silencio se había vuelto insoportable. Maia permanecía sentada junto a Silas. Aiden estaba de pie frente a ellos. La anciana no había apartado la mirada de la puerta desde que descubrió que alguien había escuchado la conversación. —¿Quién era? —preguntó Aiden. —No lo sé. —Abuela. —No lo sé —repitió ella—. Pero sé que no debemos confiar en nadie. Maia levantó lentamente la mirada. —¿Ni siquiera en los miembros de esta manada? La anciana negó. —No hasta descubrir quién ayudó a que te llevaran. Aquellas palabras hicieron que Maia sintiera un escalofrío. Había pasado toda su vida creyendo que sus padres "adoptivos" eran las únicas personas responsables de su sufrimiento. Ahora descubría que alguien más había participado. Alguien que pertenecía a aquella montaña. A aquel lugar que su loba acababa de llamar hogar. —¿Por qué no me buscaron? —preguntó. La abuela pareció dolida. —Lo hicimos. —Entonces ¿por qué nad

  • LAZO ROTO: La calma de dos Alfas    capítulo 26: la heredera ha vuelto

    Dentro de la habitación de la abuela, el silencio se había vuelto insoportable. Maia permanecía sentada junto a Silas. Aiden estaba de pie frente a ellos. La anciana no había apartado la mirada de la puerta desde que descubrió que alguien había escuchado la conversación. —¿Quién era? —preguntó Aiden. —No lo sé. —Abuela. —No lo sé —repitió ella—. Pero sé que no debemos confiar en nadie. Maia levantó lentamente la mirada. —¿Ni siquiera en los miembros de esta manada? La anciana negó. —No hasta descubrir quién ayudó a que te llevaran. Aquellas palabras hicieron que Maia sintiera un escalofrío. Había pasado toda su vida creyendo que sus padres "adoptivos" eran las únicas personas responsables de su sufrimiento. Ahora descubría que alguien más había participado. Alguien que pertenecía a aquella montaña. A aquel lugar que su loba acababa de llamar hogar. —¿Por qué no me buscaron? —preguntó. La abuela pareció dolida. —Lo hicimos. —Entonces ¿por qué nad

  • LAZO ROTO: La calma de dos Alfas    capítulo 25: una sombra en la noche

    La abuela levantó la mirada. Por primera vez, observó directamente a Aiden y Silas. —Eso es precisamente lo que me preocupa. Los dos alfas intercambiaron una mirada. —¿Por qué? —preguntó Aiden. La anciana no respondió de inmediato. —Porque nunca pensé que serían dos. El silencio cayó nuevamente. Maia sintió que su corazón comenzaba a golpear con fuerza. —¿Dos qué? La abuela miró primero a Silas. Después a Aiden. —Guardianes. Una corriente de aire atravesó la habitación. Las velas titilaron. La cicatriz de Maia ardió, esa marca esta siendo expulsada de la nuca de la omega, porque nunca debió de existir. Los dos alfas reaccionaron al mismo tiempo. —Maia. Ella se llevó una mano al cuello. Pero esta vez no sintió dolor. Sintió calor. Y entonces su loba apareció nuevamente. Más fuerte. Más clara. Por primera vez, Maia escuchó su voz como si estuviera a centímetros de ella. —No tengas miedo. Maia cerró los ojos. —¿Qué quieres decirme?

  • LAZO ROTO: La calma de dos Alfas    capítulo 24: Dos guardianes

    La voz desapareció. Pero nadie se movió. Durante varios segundos, el silencio fue absoluto. Maia permanecía inmóvil junto a la ventana, con una mano apoyada sobre su cuello y la respiración entrecortada. Silas la observaba sin saber qué decir. Aiden, en cambio, parecía haber olvidado incluso cómo respirar. "La hija perdida ha vuelto." Las palabras seguían resonando en sus cabezas. —¿Quién era? —preguntó Maia finalmente. Su voz apenas fue un susurro. Ninguno respondió. Maia miró primero a Silas y después a Aiden. —¿Quién era esa mujer? ¿También la oyeron? Aiden apretó la mandíbula y asintió. —No lo sabemos. —Mentira. Los dos alfas se quedaron inmóviles. Maia tragó saliva. —Ustedes saben algo. Silas dio un paso hacia ella. —Maia... —No. Ella retrocedió. —No me digas que no sabes nada. Ya estoy cansada de que todos sepan cosas sobre mí mientras yo soy la última en enterarme. Su voz se quebró. —Primero me dicen que pertenezco a esta manada. Después descubro que mi v

  • LAZO ROTO: La calma de dos Alfas    capítulo 23: Lo Que Despierta

    Maia cerró los ojos. Podía sentirla. Pequeña. Débil. Pero presente. No había escuchado su voz desde hacía tanto tiempo que casi había olvidado cómo se sentía tenerla cerca. Y entonces llegó una sensación. Una palabra. No pronunciada. Pero clara. Hogar. Maia abrió los ojos de golpe. —¿Qué pasó? Silas se acercó un poco. —Nada. —Ella... Maia respiró con dificultad. —Creo que acaba de decirme algo. Silas permaneció inmóvil. —¿Qué? Maia lo miró. —Hogar. Silas no respondió. Pero algo en sus ojos cambió. Porque él también había sentido aquella palabra. No como un sonido. Como una certeza. --- El camino de regreso fue diferente. Maia caminaba junto a Silas. No detrás. No varios pasos apartada. A su lado. Y aunque ninguno habló demasiado, el silencio ya no era incómodo. Al llegar al corredor principal, Maia se detuvo. Silas la miró. —¿Qué ocurre? Ella observó la enorme residencia. —Es extraño. —¿Qué? —Hace unos dias

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