LOGINSLOANEQuisiera decirte que mantuve la compostura durante la cena.Quisiera decirte que me senté frente a ambos, comí, conversé amablemente y no sentí absolutamente nada. Que lo de la mañana había sido un accidente, que lo había archivado ordenadamente y había seguido adelante como una adulta funcional.Pero estaría mintiendo.Porque la verdad es que pasé el día entero en mi habitación reviviéndolo todo. El vapor. El espejo. Sus ojos encontrándose con los míos antes de que cualquiera de los dos estuviera preparado. La forma en que mi nombre sonaba en su boca, como algo que no pretendía decir en voz alta. Intenté tres veces leer el mismo capítulo del mismo libro y no retuve nada. Me quedé mirando el techo durante un tiempo vergonzoso sin hacer absolutamente nada, salvo pensar en el agua recorriendo las clavículas y en una toalla colgando peligrosamente bajo.Y luego, Reid en el pasillo. Esa sonrisa que se curvaba lentamente. «Estás muy roja, Sloane».Para cuando llegó la hora de la cen
«Cierra la puerta».Cerré la puerta.Desde fuera. Lo que significaba que estaba en el pasillo. Lo cual era el resultado correcto. Eso estaba bien. Era el desenlace adecuado.Me quedé allí de pie, con la espalda contra la pared, el corazón intentando salirse del pecho y la mente haciendo algo inútil y poco práctico: revivir la escena. El agua sobre sus clavículas. La forma en que me había mirado. La manera en que pronunció mi nombre, como si fuera una advertencia que aún no se había decidido del todo a lanzar.«Baño equivocado».«Baño equivocado»: como si lo único malo de todo aquello fuera la ubicación.«¿Una mañana interesante?»Me di la vuelta de golpe.Reid estaba apoyado en el marco de la puerta de su habitación, a un par de metros por el pasillo. Con los brazos cruzados, el pelo revuelto y vestido con una camiseta gris y pantalones de chándal, me miraba con esa expresión suya: la que sugería que el mundo le parecía vagamente divertido y que no tenía ninguna prisa por fingir lo co
SLOANEDéjame contarte algo sobre el tipo de chica que soy.No soy imprudente. No soy de las que buscan problemas, errores o cosas que te quiten el sueño con los muslos apretados y la conciencia gritando. Hago listas. Pienso antes de hablar. En mis veinte años de vida, jamás he hecho algo que no pudiera explicar a la mañana siguiente.Así que necesito que entiendas que lo que pasó fue un accidente.Necesito que entiendas eso antes de contarte el resto.Porque el resto no me deja en buen lugar.*Llevaba seis días en la casa.Seis días aprendiendo qué tablas del suelo crujían, qué interruptores no funcionaban y a dónde conducía cada pasillo. Seis días de sonrisas cautelosas durante la cena y silencios aún más cautelosos en el resto de la casa. Seis días fingiendo que no notaba cómo Callum miraba a través de mí, como si yo fuera un mueble. Como si fuera un elemento decorativo ligeramente molesto que su padre había traído a casa y él aún estuviera decidiendo dónde colocar.Seis días fing
—Qué buena chica —elogió Cain—. Recibes nuestras pollas de maravilla. Naciste para esto, ¿verdad?No podía responder con la boca llena, pero gemí mientras lo tenía dentro.Me pasaron de uno a otro hasta que me dolió la mandíbula y la saliva me chorreaba por la barbilla. Hasta que estaba tan húmeda que sentía cómo el fluido me resbalaba por los muslos.Finalmente, Cain me puso en pie. —A la cama. Boca arriba.Subí a la enorme cama y me tumbé. Reaper se colocó sobre mí de inmediato; aún llevaba puesto su chaleco de cuero, que rozaba mi piel desnuda. Se situó entre mis piernas y penetró en mí con fuerza y sin previo aviso.—Joder —gruñó—. Sigues tan estrecha... Sigues tan perfecta.Me folló con fuerza; el cuero de su chaleco rozaba mis pechos con cada embestida. La sensación era abrumadora: el tejido áspero contra mi piel sensible, su polla penetrando profundamente, su peso aplastándome contra el colchón.—Llevas mi chaleco —gruñó al oído—. Eso significa que eres mía. Eres nuestra. Dilo.
Debería haber dicho que no. Debería haberme levantado y marchado.—Sí —me oí decir.—¿Sí, qué? —inquirió Cain.—Sí, señor.Su sonrisa fue lenta y peligrosa. —Buena chica. Ahora hay reglas que debes conocer.Ghost habló por primera vez; su voz tranquila resultaba, de algún modo, más intensa que las de los otros. —Regla número uno: eres nuestra exclusivamente. Nada de otros hombres. Ni siquiera coquetear. Ni siquiera pensarlo. ¿Entendido?—Sí.—Regla número dos —continuó Reaper—. Cuando te llamemos, vienes. No importa si tienes clase o planes con amigos. Cuando te queramos, te presentas.—Regla número tres —dijo Cain—. Lo que pasa en el club, se queda en el club. No hablas de nosotros con tus amigos. No publicas nada sobre nosotros en las redes sociales. No le dices a nadie adónde vas ni con quién estás. Esta vida es independiente de aquella otra.—¿Y si alguien pregunta dónde estoy?—Mientes —dijo Cain con sencillez—. Te vuelves creativa. Pero no les dices la verdad.—Y regla número cu
Me dije a mí misma que había vuelto por curiosidad. Porque necesitaba entender por qué había dejado que tres desconocidos me follaran en su sede. Porque quería cerrar ese capítulo.Todo mentira.Volví porque estaba enganchada. Porque cada vez que cerraba los ojos veía las manos tatuadas de Reaper sobre mi cuerpo, oía la voz autoritaria de Cain ordenándome que lo llamara «Señor» y sentía la mirada oscura de Ghost observándome mientras me deshacía. Porque había intentado acostarme con un chico de mi clase de economía dos días después de aquella noche y ni siquiera logré excitarme. Él me besó y me tocó, pero yo no sentí nada salvo aburrimiento y la abrumadora sensación de que algo no encajaba: piel suave en lugar de cicatrices, manos inseguras en lugar de agarres posesivos, preguntas educadas en lugar de órdenes.De repente, los chicos de la universidad me parecían niños jugando a ser hombres.Y ya no podía alcanzar el clímax sin imaginar cuero, peligro y moteros que tomaban lo que querí







