LOGINSara observó a Alan con una expresión que dejaba ver que sus palabras no le afectaban en nada, o eso es lo que ella quería hacerle creer, porque en realidad, si le dolieron, más de lo que creía, no entendía por qué el era tan cruel con ella.
Sara enderezó sus hombros y levanto su mentón para que él no pudiera descifrar que sus palabras le habían producido algo. —No se preocupe señor, jamás imaginé que lo que había pasado con nosotros era algo importante, sé que soy una simple empleada y eso no lo he olvidado —él apretó la quijada porque no esperaba esas palabras de ella, imagino que herir su ego le serviría para que su empleada le diera lo que él quería, pero qué equivocado estaba, Alan asiente sin decir una sola palabra, porque sabe que si lo hace, enloquecerá frente a ella. — Bien, si dejamos eso claro, me gustaría saber para qué me llamo. —Necesito un reporte de los últimos años de la empresa —Sara lo observo con los ojos entrecerrados, no entendía para que él le estaba pidiendo eso, sí un día atrás lo había hecho. —Pensé que el que le había dado ayer le era de su agrado. —Lo fue, soy un hombre que reconoce cuando una persona es buena en lo que hace y tú lo eres —Sara sonrió sintiendo un agradable frío porque este hombre estuviera reconociendo que era muy buena en su trabajo. —¿Entonces?, no comprendo lo que desea. —Quiero un analices de todos estos años, uno real, porque sé que me han estado robando y yo no tolero ese tipo de cosas —ella tiemblo en su asiento, no porque tuviera miedo, sino porque sabía que muchas personas saldrían mal cuando él se enterara. —¿Por qué piensa eso? —le pregunto ella con la voz temblorosa. —No voy a dejar mis empresas en manos de cualquier persona, aunque este lejos, no significa que no este pendiente de lo que aquí pasa. —¿Y sabe quién lo hizo? —Alan observó a la mujer frente a él con una de sus gruesas y negras cejas en alto, ¿por qué le preguntaba eso?, ¿tendría que ver con eso?, no, no podía ser posible porque él investigó y supo siempre que el trabajo de la pelirroja era pulcro e intachable. —La noto muy interesada en eso, señorita Wilson, ¿por qué? —Sara sintió como los ojos de Alan no dejaban de analizarla y eso la ponía nerviosa, ¿sería bueno contarle?, no creía que el hombre que había sido su gerente por tanto tiempo, pudiera hacerle daño. —Es que… No sé si sea bueno decirle lo que sé. —¿A qué se refiere?, si sabe algo que ayude a todo esto, es mejor que hable, si no será cómplice de esas personas —ella niego asustada. —Hace tiempo he visto raros movimientos, se lo dije al gerente, pero él solo decía que era algo que no tenía importancia. —¿Por qué nunca me lo dijo? —preguntó Alan con un poco de alivio en su voz, sabía que ella no podría haber sido capaz de algo como eso. —Bueno, las veces que hablábamos estábamos pendientes de otra cosa —dijo ella con el rostro sonrojado al recordar a qué se refería. Alan sonrió al ver roja a la mujer frente a él. —Debo reconocer que su voz por teléfono es algo exquisita, sin contar que no le hace justicia a su hermosa belleza, señorita Wilson Los ojos de Sara se agrandaron de una manera exagerada, el hombre frente a ella esta a coqueteándole, ¿o lo estaba imaginando?, no claro que no, él estaba haciendo justo lo que ella creía, ¿pero qué le pasaba a ese hombre?, primero la hacía sentir mal y luego hacía este tipo de cosas, ¿a qué jugaba?, ella aprieto las manos con fuerza y se enderezó para encarar a Alan frente a ella que no dejaba de sonreírle, como si ella fuera un chiste o algo parecido. —¿A qué juega, señor? —él sonrió y limpió una pelusa imaginaria de su caro traje. —¿A qué se refiere? —Acaba de coquetearme, y no me diga que no, porque no soy estúpida, eso era lo que estaba haciendo y no entiendo por qué. Primero me humilla, porque eso fue lo que hizo —dijo ella levantando un poco el tono de su voz —. Y ahora me coquetea, ¿a qué juega? El jeque no podía creer que la mujer frente a él tuviera las agallas para desafiarlo, ella sabía quién era y aun así parecía no importarle y aunque no quisiera aceptarlo, eso le fastidiaba mucho, aunque no pudiera decirlo. —¿Coquetearle? —ella asiento. —Sí, es lo que está haciendo y no puede negarlo —él intentó esconder una sonrisa porque esa mujer cada vez lo sorprendía más. —No pensaba hacerlo, ¿por qué tendría que esconderlo?, yo admiro la belleza de las mujeres y jamás niego lo inevitable, eso sería absurdo y además, no soy ciego, usted es una mujer muy hermosa —ella agacho la mirada porque no podía negar que le afectaba todo lo que tenia que ver con el, ¿siempre sería así? —Pues entonces gracias. —De nada, señorita Wilson —dijo él aún con la sonrisa reflejada en su rostro. Ninguno dijo nada por un par de segundos, hasta que el guardaespaldas grande y fornido que espero a Sara en la entrada del hotel se acerca a ellos. —¿Está todo listo?—le pregunto el jeque sin dejar de ver a la pelirroja que tenia frente a él. —Si, señor, está todo en orden, pueden subir cuando lo deseen —una de las cejas perfectas y bien definidas de ella se levantaron por la impresión de las palabras Alan. —¿Podemos? —él asintió aun sonriendo. —Sí, no puedo mostrarle lo que deseo en este lugar, por lo que subiremos a mi habitación —ella abrió los ojos sorprendida, el hombre detrás de ella dijo que no recibía a nadie en sus maravillosos aposentos, ¿qué cambio? —Pensé que no recibía a nadie en el lugar donde descansaba. —Así es, pero haré una excepción con usted. Ahora sígame —dijo levantándose de su lugar para arreglar su traje y pasar por el lado de la mujer que no dejaba de verlo. Alan se detuvo en el umbral cuando ella no lo siguió. —¿Piensa quedarse allí? —pregunto, mirándola sobre su hombre y haciendo que ella se levantara de golpe. Él sonrió y siguió como si nada su camino. Ella sin más se levanto y sigue a Alan por el pasillo hasta un hermoso ascensor, parecía de oro o algo así, todo lo que este lugar tenía gritaba dinero y poder por donde lo viera, eso en una parte la aterraba, jamás había estado cerca de un hombre que mostrara el dinero y poder que Alan Dahdah demostraba. Las puertas del lugar se abrieron y él entró seguido por su guardaespaldas y mejor amigo, él y su primo eran los únicos que lo conocían en realidad. Los ojos del Alan se quedaron fijos en la mujer que entraba detrás de ellos, cuando se dio la vuelta para quedar de espaldas, él no pudo evitar dirigir sus ojos a una parte en específico de la hermosa pelirroja que tenía delante, ese redondo y apretado lugar de su cuerpo lo estaba volviendo loco y aún no lo tocaba. Ninguno dijo nada en todo el trayecto. Cuando las puertas se abrieron, él fue el primero que salió seguido por el hombre a su lado, Sara observo el lugar con la boca abierta y luego salió sin despegar la mirada de ningún lugar del Penthouse de Alan. —Esto es exagerado —dijo ella sin dejar de ver el lugar con asombro. —Si esto te parece una exageración, no sé qué dirás de cuando estemos en Arabia —Sara abrió los ojos recordando que no estaba sola en ese lugar y sintiendo como sus mejillas se ponían rojas por el bochorno. —Lo siento, se me olvido con quién estaba Alan solo la observo unos segundos para luego asentir. Su bochorno e inocencia hacía que algo en su interior se revolviera y no le agradaba para nada. —Puede quedarse aquí, iré a cambiarme y en unos segundos vuelvo —le dijo el jeque a la mujer frente a él. —Está bien, ¿podría traerme un vaso de agua? —él levanto una de sus oscuras cejas en alto. —¿Tengo cara de sirviente? —ella abrió los ojos grandemente. —¡No, claro que no!, no me refería a usted, decía que si lo podía hacer alguna de las personas que trabajan para usted —dijo ella con un tono de súplica, ya no sabía como más hablarle a este hombre, eso empezaba a ponerla nerviosa y muy inquieta, ¿que era lo que él quería? —Le diré a una de las empleadas que lo haga —la miró unos segundos más y luego se alejó sin decir nada más. Sara vio como el hombre desaparecía por un largo pasillo y suspiraba tomando asiento en el largo sillón que estaba frente a ella. —¿Desea algo?, puedo ir a traerlo para usted —le pregunto el fortachón que tenía a su lado. —¿Él siempre es así? —pregunto ella, queriendo saber más sobre ese hombre, para saber como tratarlo y poder entenderlo si eso era posible. —¿Así cómo?, ¿déspota?, ¿engreído?, ¿arrogante?, ¿y cruel? —dijo el hombre con una media sonrisa en su rostro. —Sí, bueno, no pudo describirlo mejor —él río con fuerza y ella pensó que de esa manera se veía más joven de lo que aparentaba. —Te sorprendería descubrir que todos los hombres cercanos al son igual, es la manera y la forma en como los criaron. Los sentimientos te hacen débil, por lo que no se demuestran —ella abrió la boca de una manera asombrada cuando él terminaba de decir eso. —¿Cómo?, ¿y no se besan o demuestran cariño a sus parejas? —el hombre la observo con una ternura que hacia que ella agachara la mirada. —La mayoría de relaciones son arregladas, el amor en Arabia se define de una manera muy diferente, con el tiempo aparece, pero casi nadie se casa por amor, solo negocios o alguna deuda. Sara negó porque no podía aún creer que algo como eso pudiese suceder en alguna parte del mundo aún, ¿cómo podría casarse con alguien que no querías? —Vaya, eso sí que me toma por sorpresa, pensé que en este tiempo, eso de que te cambian por una vaca ya no existía —el hombre estallo en una fuerte risa que la hacía reír también a ella. —Vaya… Usted es muy graciosa. —¿Se están divirtiendo? —exclamo el jeque observado la escena recostado de brazos cruzado en una de las grandes murallas del lugar. Su cuerpo estaba tenso y sus manos apretadas con fuerza, jamás imagino que odiara ver como otro hombre la hacía sonreír así. Su empleado se enderezo, y cambió la expresión de su rostro, por esa máscara de frialdad que siempre solía tener. Conocía tanto a su mejor amigo, que sabía que le recalcaría que no podía fraternizar con sus empleados. —No, lo siento señor, la señorita me acaba de contar un chiste que me causo mucha gracia —Alan lo observo con su entrecejo arrugado y solo asintió acercándose a ellos. —Bueno, sería bueno que colocara en su currículo, que también es payasa en tiempo libre —la quijada de Sara se desencajo cuando él dijo eso. —¿Disculpe? —dijo ella sintiendo como su cuerpo se llenaba de una ira que le recorría todo el cuerpo con fuerza. —Escucho muy bien, al parecer le gusta hacer reír a mis empleados, podría ponerlo en s currículo, me serviría para saber que la tengo a la mano para alguna fiesta infantil que necesite. —Mire, usted puede ser el rey del mundo si se le da la gana, pero no puede venir a hablarme como quiera, merezco respeto, y si usted no piensa dármelo, entonces renuncio —dijo ella con los dientes apretados y haciendo que el jeque abriera sus ojos de una manera exagerada al reconocer que la mujer tenía ovarios. —¿Eso es una amenaza? —pregunto él con la quijada tan apretada que Sara pensó que en cualquier momento la perdería. —No, es una advertencia, usted puede ser mi jefe, pero eso no le da derecho a tratarme como se le dé la gana, y si no tiene nada más que decirme, creo que es hora de irme —indico ella levantándose de su lugar. —No va a ir a ninguna parte, porque aún no hemos terminado —rugió él con un tono alterado y fuerte. —¿Ah, no? —pregunto Sara cruzándose de brazos —. Yo creo que sí, y es por eso que me voy a ir ahora mismo. Le regalo una última mirada antes de pasar por su lado sin decir una sola palabra, ella no pensaba permitir que él hiciera con ella lo que se le diera la gana, podía ser un jeque muy poderoso y millonario, pero no iba a pisotearla, eso jamásSara observaba todo desde detrás de la espalda de Alan, estaba asustada, no quería que esto terminara mal, no quería perderlo, el y sus hijos fueron la fuerza que ella necesitó para seguir soportando todo lo que él le hacia. —¿Que pretendes entonces? —dijo Alan. —Tener un familia, eso es lo que quiero, y con ella es con quien lo deseo. —No va a pasar eso, ella se va a ir conmigo. —Primero te mato —dijo el con el arma en alto. —¡¡No, no!! —dijo Sara, saliendo detrás de Alan y colocándose frente a él. —Por favor, no, es suficiente, ya no más. Dijo Sara sollozando, si lo pierde a él, todo será diferente y no soportará nada más —Entonces ven, si no quieres que el termine muerto a tus pies, ven conmigo ahora mismo —dijo Ronald con el arma en alt,o, en dirección a Alan. —No, claro que no, no volverás a su lado, ya fue suficiente, el debe estar en una cárcel o en una fosa común como tu padre —Ronald titubeo. —¿Que?, eso no es verdad, mi madre no lo permitiría. L
Sarah está en la cocina de la casa preparando la comida como todas las noches, llevaba un mes al lado de Ronald, después de haberlo curado, había ganado su confianza, por lo que ya no estaba en ese oscuro y sucio lugar sino en la parte de arriba de la casa. Había descubierto que se encontraban una casa de lago en un bosque, nunca había visto ese lugar, y por más que intento buscar la manera de escapar, todo fue en vano. Ahora tenía que actuar como si fueran una familia aunque ella siempre estaba encadenada y solamente se podía mover por la casa si lo autorizaba. Sus hijos estaban bien, y por muy sorprendente que su pudiera ser, hace 15 días había sido operada por fin de su corazón corazón, las cosas habían salido mejor de lo que esperaba y su cuerpo había aceptado el corazón de Mariana. En ese momento una charla que tuvo con Ronald llega a su mente con rapidez. —¿ por qué estás haciendo esto? — quiso saber ella, había llegado con un médico para decirle que hoy sería su operac
Había pasado un mes, un mes en el que Alan no sabía nada de Sarah, un mes en el que las cosas estaban mal, se había distanciado de sus hermanos, comía no dormía, y le dolía ver poco a poco como la mamá de Sarah iba enfermando y muriendo un poco más. Willy sus hermanos estaban enfocados en encontrar a Ronald, pero el hombre había desaparecido de la faz de la tierra, no se sabía de él, lo poco que se sabía era algo que no servía para nada. Alan se acercó a la cuna de su pequeña hija, y acarició su pelo rojo como el de su madre. — sé que extrañas a tu mamá hija, yo también lo hago, pero te juro que estoy haciendo lo imposible para encontrarla Su pequeña hija hizo un pequeño ruido que se hizo cuando él siguió acariciando su pequeñita cabeza. Alan apretó los dientes con fuerza porque un soso quería salir de él, nunca había llorado en su vida o bueno lo había hecho desde que conocí a Sarah, pero como ahora jamás, todas las noches se quedaba dormido llorando imaginando que nunca
Sara observaba el lugar en el que se encontraba con miedo y temor, no sabía donde se encontraba, estaba lleno de suciedad y mal olor, no sabía porque la había traído aquí, pero de lo que si estaba segura era que necesitaba salir de aquí como fuera, no podía seguir ni un día más en este lugar del que no sabía que le esperaba. —Está un poco sucio, pero todo estará mejor cuando salgamos de aquí. Ella miraba a Ronald como si se hubiera vuelto loco, no tenía idea de lo que él tenía en mente, pero no quería saberlo y el miedo que ahora mismo estaba sintiendo, jamás lo había sentido, y eso le aterraba más que el sentirlo a él cada vez más cerca. —No quiero estar aquí, Ronald, sabes que este no es mi lugar, necesito que me dejes ir, que me dejes seguir mi vida. —Tu vida es a mi lado, y es lo que va a pasar, así que es mejor que lo aceptes lo más rápido que puedas para que no te duela. —¡¡Esque no tengo nada que aceptar, ni lugar no está a tu lado y tienes que aceptarlo!!, ¡¡Jam
Sara se movía por medio de su habitación, estaba impaciente, no podía creer que ellos sí hubieran hecho eso, las cosas no estaban saliendo bien, o eso era lo que ellos creían. El lugar estaba en silencio y ella estaba un poco paranoica, se encontraba sola en casa porque sus padres habían salido a la rutina diaria de las citas de su mamá. Un fuerte golpe en la parte de abajo la hizo salir rápido su habitación y bajar las escaleras para averiguar que estaba pasando. Sarif estaba en el piso bocabajo estrategias se encontraba la persona que pensó que jamás volvería a ver —Hola hermosa — Dijo Ronald —¿ qué haces aquí? — preguntó ella con su voz temblando —¿ no es obvio? —ella negó asustada. — no, no lo es y no lo quiero saber, ahora? Qué le hiciste?— Dice ella mirando al piso donde se encuentra desmayada su hermana. — no me gustan los caos sueltos, ella siempre fue un caos suelto, y me encargué de ella — Sarah intentó acercarse para saber si estaba viva, pero Ronald negó
Ahora nos observaba la mujer que tenía frente a él una y otra vez, la mujer que tenía la cara desfigurada le sonreía como si fuera su mejor amiga. —¿ no me recuerdas? — ella aún sin dejar de sonreír. — no te cuide quién eres. — claro que lo sabes, dentro de tu mente hay un recuerdo que no quieres traer, pero cuando lo hagas recordarás quién soy. Alan negó un par de veces, él sabía que una parte de él lo conocía pero no recordaba de dónde. —¿ qué es lo que quieren de mí? — preguntó ella. — ya lo sabes, la pregunta aquí es, ahora, Qué estás dispuesta a hacer para irte de aquí?--¿Quien te dijo que quiero irme? --Alan levanto una de sus cejas negras.--¿No quieres irte? --La verdad esque aquí estoy muy bien, no tengo necesidad de regresar al lugar en el que estaba.Azar miro Alan sin comprender de que estaba hablando esa mujer, ¿como era que estaba mejor estando aqui?, estaba amarrada a una silla, y paso la noche incomoda, ¿estaba loca? -Se lo que están pensando, que si estoy lo







