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La Asistente Secreta del Ceo
La Asistente Secreta del Ceo
Author: La Nemo Books

Capítulo 1: El Regreso al Infierno de Cristal

Author: La Nemo Books
last update publish date: 2026-01-02 07:11:59

El edificio de Sepúlveda Holdings no era solo una corporación; para Mia López, era el mausoleo de su primer amor. Habían pasado dos años desde la última vez que vio a Antonio Sepúlveda, dos años desde que el anillo de compromiso que él le dio terminó en el fondo del río Hudson y ella huyó con el alma hecha pedazos.

​Ahora, a sus veinte años, la vida la había puesto de rodillas. La enfermedad de su madre y las deudas que su padre acumuló en su ausencia la obligaron a hacer lo impensable: solicitar el puesto de asistente personal en la única empresa que podía pagar lo suficiente para salvarlos. Lo que no esperaba era que el propio Antonio filtrara las solicitudes para encontrar la suya.

​Cuando las puertas del ascensor se abrieron en el piso cincuenta y cuatro, Mia sintió que el aire se volvía ácido. El lujo que antes le parecía romántico, ahora le resultaba ofensivo. Caminó por el pasillo, sus tacones resonando contra el mármol como una cuenta regresiva hacia su propia ejecución.

​—Llegas tarde, Mia —la voz la golpeó antes de que ella pudiera entrar al despacho.

​Antonio estaba sentado detrás de su escritorio de ébano, envuelto en un traje negro que resaltaba su palidez y esa mirada azul que alguna vez la miró con adoración, pero que ahora solo proyectaba un desprecio glacial. A sus treinta años, Antonio ya no era el joven apasionado que ella recordaba; era un bloque de hielo tallado por el poder.

​—Vine en cuanto recibí la llamada de Recursos Humanos —dijo ella, tratando de mantener la barbilla en alto, aunque sus manos temblaban dentro de los bolsillos de su chaqueta—. No sabía que tú mismo harías la entrevista.

​—No es una entrevista —él se puso de pie, rodeando el escritorio con la elegancia de un depredador que conoce cada debilidad de su presa—. Es una rendición. Sabía que vendrías. Sabía que después de que tu padre perdiera la última propiedad, no tendrías a dónde ir.

​Se detuvo a centímetros de ella. El aroma de su perfume —sándalo y peligro— invadió los sentidos de Mia, despertando recuerdos de noches que ella había jurado olvidar. Antonio extendió una mano y, con un dedo, recorrió la línea de su mandíbula. Mia se estremeció.

​—Te ves diferente —susurró él, su voz bajando a ese tono íntimo que solía usar en la cama—. Menos luz en los ojos. Más sombras. El mundo no ha sido amable contigo desde que me dejaste, ¿verdad?

​—No vine aquí a hablar del pasado, Antonio —escupió ella, retrocediendo para romper el contacto—. Vine por el trabajo. Necesito el sueldo.

​—Y lo tendrás. Pero no serás una asistente común —él volvió a su escritorio y arrojó una carpeta negra frente a ella—. Firmarás un contrato de exclusividad. Vivirás en mi residencia. Estarás disponible las veinticuatro horas. Serás mi "Asistente Secreta", la que maneja los hilos del Proyecto Fénix y la que, ante el mundo, seguirá siendo la mujer que nunca debió irse de mi lado.

​Mia abrió los ojos de par en par.

—¿Quieres que finja que seguimos juntos? ¿Después de lo que me hiciste?

​—Quiero que pagues tu deuda, Mia —dijo él, y por primera vez, una chispa de furia genuina brilló en sus ojos azules—. Me dejaste plantado en el altar frente a las familias más poderosas del país. Destruiste mi reputación y casi mi imperio. Ahora, vas a ayudarme a reconstruirlo. Y si alguien pregunta por qué volviste, les dirás que no pudiste vivir sin mí.

​El "secreto" que Mia descubrió esa tarde en la oficina no fue una carpeta oculta, sino algo mucho peor: una foto en su cajón. Era la foto de su boda cancelada, pero Antonio no la había tirado. Había tachado el rostro de Mia con tinta roja, y debajo había escrito una sola palabra: "Mía".

​No era una etiqueta de pertenencia por amor, sino una sentencia de posesión.

​Cuando Antonio regresó de su reunión y la encontró mirando la foto, no hubo disculpas. Él cerró la puerta con llave y caminó hacia ella con una determinación que la dejó sin aliento.

​—¿Buscabas algo, ex prometida? —preguntó él, su voz vibrando con una mezcla de odio y deseo—. ¿O es que extrañabas ver cómo solíamos ser antes de que te convirtieras en una traidora?

—Bienvenida a casa, Mia. Esta vez, no hay escape. El Proyecto Fénix requiere un sacrificio... y tú acabas de ofrecerte voluntaria.

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