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Capítulo 13

Author: Echo
Raphael nunca tuvo la oportunidad de saldar cuentas con Leo y Nico. Antes de que terminara de comprenderlo, su mundo se vino abajo.

El regalo que le envié a la familia Guzmán, toda la evidencia de que Raphael les estaba robando, hizo que los jefes del cártel mexicano perdieran los estribos. Con una recompensa por su cabeza, Raphael fue perseguido.

Sus antiguos aliados, al sentir la presión de la familia Falcone, lo traicionaron uno por uno. Su mano derecha, Leo, fue atrapado por la gente de Guzm
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  • La Audiencia Que Cambió Mi Destino   Capítulo 13

    Raphael nunca tuvo la oportunidad de saldar cuentas con Leo y Nico. Antes de que terminara de comprenderlo, su mundo se vino abajo.El regalo que le envié a la familia Guzmán, toda la evidencia de que Raphael les estaba robando, hizo que los jefes del cártel mexicano perdieran los estribos. Con una recompensa por su cabeza, Raphael fue perseguido.Sus antiguos aliados, al sentir la presión de la familia Falcone, lo traicionaron uno por uno. Su mano derecha, Leo, fue atrapado por la gente de Guzmán. Para salvar su pellejo, entregó todas las casas de seguridad de Raphael. En cuanto a su dinero, usé mis contactos en la familia Rossi para congelar hasta el último centavo.Desde la cárcel, Chloe había llamado a Raphael suplicándole que pagara su fianza.Pero lo único que eso logró fue recordarle que sus mentiras fueron las que hicieron que me perdiera para siempre.Así que Raphael usó la poca influencia que le quedaba para que alguien en el interior se encargara de ella.Su vida ahí dentro

  • La Audiencia Que Cambió Mi Destino   Capítulo 12

    La campaña de desprestigio pasó en un suspiro.Para cuando nuestro jet privado aterrizó en Nueva York, los abogados de la familia Falcone ya se habían encargado de todo.En cuanto a Chloe, la responsable de todo aquello, ya estaba tras las rejas. Su motivo era simple: celos. Raphael la había dejado.Después de la luna de miel, me sumergí de nuevo en mi trabajo.Y parada a la entrada de mi galería estaba una figura conocida. Raphael. Estaba sin afeitar y con la mirada desencajada. En el momento en que me vio, su cara se iluminó como si hubiera encontrado la salvación y avanzó con torpeza hacia mí.Mis guardaespaldas se movieron para bloquearle el paso, pero levanté la mano para detenerlos. Quería ver qué clase de actuación iba a montar ahora este aspirante a actor.Raphael se detuvo a tres pasos de mí, con los ojos enrojecidos y la voz temblorosa. —¿No quieres saber qué me pasó? La verdad es que...[Vaya actuación tan falsa].[¡Nunca he visto a alguien tan descarado!].[Gracias a Dios

  • La Audiencia Que Cambió Mi Destino   Capítulo 11

    Me recosté en el asiento e imaginé a Raphael gritando a todo pulmón mientras lo sacaban a rastras de la iglesia; estaba satisfecha—¿En qué piensas?El hombre a mi lado habló. Ya se había desabrochado el primer botón del saco y se había aflojado la corbata.—En nada. Solo siento que... acabo de ver un espectáculo de circo bastante bueno.Los largos dedos de Marcello sujetaron mi barbilla mientras su pulgar rozaba mi piel.—Deja de mirar al payaso. Ahora, mira a tu esposo.No pude evitar sostenerle la mirada.El deseo en sus ojos era más crudo y ardiente de lo que jamás lo había visto.—Como desees, Don. —Me reí entre dientes y me incliné con audacia para darle un beso en su nuez de Adán.Él soltó un gemido bajo y su mano grande se cerró sobre mi nuca, profundizando el beso.Esa noche, Marcello fue una bestia insaciable.Sus besos eran urgentes; recorrían mi frente, mis labios, mi clavícula y después bajaban aún más.—¿Tienes idea de cuánto tiempo he esperado esto? Desde el primer momen

  • La Audiencia Que Cambió Mi Destino   Capítulo 10

    El día de la boda, el sol brillaba con fuerza.Me encontraba frente al sacerdote con un vestido de un blanco inmaculado. A mi lado, Marcello lucía imponente con un esmoquin negro.—Dios, se ven perfectos juntos —susurró Sofia.Pero cuando el sacerdote hizo la pregunta de rigor: “¿Alguien se opone?”, las pesadas puertas de la iglesia se abrieron de par en par.—¡Yo me opongo!Raphael Russo entró. Tenía la ropa arrugada, el cabello hecho un desastre y los ojos rojos. Parecía un loco; toda su antigua arrogancia había desaparecido, reemplazada por la desesperación y la demencia.Corrió hasta el centro del pasillo con los brazos abiertos y una sonrisa torcida en la cara.—¡Sabía que me estabas esperando! ¿Ves? ¡Estoy vivo! ¡Regresé del mismísimo infierno por ti!Él esperaba que yo gritara, que llorara o que corriera a sus brazos.En cambio, me quedé allí de pie y lo miré fijamente.Como si fuera un payaso.Marcello le lanzó a Raphael la clase de mirada que se le daría a un hombre muerto; lu

  • La Audiencia Que Cambió Mi Destino   Capítulo 9

    Marcello y yo celebramos nuestra fiesta de compromiso poco después, y fijamos la fecha de la boda. Todo marchaba a la perfección.Hasta que aparecieron Leo y Nico.La cara de Leo era una máscara de furia.—¡El jefe lleva muerto menos de un mes! ¿Y ya te estás vendiendo a los Falcone? ¿Cómo crees que se siente él al respecto?—Sí, tal vez... tal vez el jefe no esté realmente muerto. ¿Y si regresa...? —intervino Nico.Me cubrí la boca, fingiendo conmoción.—¿Qué están insinuando? ¿Que la muerte de Raphael fue una mentira?Nico entró en pánico por un segundo, pero antes de que pudiera decir una palabra más...CRACK.Un crujido de huesos nauseabundo llenó el aire.—¡AHHH! —gritó Nico como un cerdo al que están sacrificando, mientras se desplomaba en el suelo con la pierna doblada en un ángulo antinatural.Marcello había aparecido detrás de mí. Enfundó su pistola y habló con voz gélida:—Parece que la familia Russo no solo es un asco para los negocios, sino que tampoco tiene modales. ¿Por q

  • La Audiencia Que Cambió Mi Destino   Capítulo 8

    —Acepto.Mi padre me miró, sorprendido y complacido.Extendí mi mano con voz firme. —Sería un honor para mí unir fuerzas con el Don Marcello Falcone.Marcello tomó mi mano. Pude sentir una ligera humedad en su palma.—El honor es todo mío, Cecilia. Creo que debemos discutir los detalles... a solas.Mientras todos en el salón nos miraban con asombro y envidia, Marcello me llevó de la mano hacia la gran terraza.Las puertas se cerraron tras nosotros, dejando fuera el ruido.Soltó mi mano y se apoyó contra la barandilla de mármol mientras sacaba una caja de cigarros de su bolsillo. Extrajo un cigarrillo, pero no lo encendió.—No tienes que obligarte, Cecilia.Su tono ya no era cortés. Había una indulgencia en él que yo empezaba a comprender.—Si no quieres esto, puedo volver allá adentro y decirles que no soy digno de ti. Podrías volver a ser tasadora de arte y nadie se atrevería a tocarte. Yo mismo me encargaré de cualquier problema con la familia Russo.Me quedé atónita.Él lo sabía to

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