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Capítulo 5

Author: Ava Sterling
last update publish date: 2026-08-20 16:46:08

El campus ya estaba en llamas para cuando Mia salió del salón de clases.

Las noticias viajaban más rápido de lo que ella podía caminar. Estudiantes a los que apenas conocía le lanzaban miradas de reojo, susurraban detrás de las manos y sacaban sus teléfonos en el instante en que pasaba. Para cuando llegó al cuadrángulo, su nombre zumbaba en media docena de chats grupales en los que ni siquiera estaba.

“¿Oíste? El profesor Vale y una de último año…”

“Lucas Grant perdió los estribos en clase…”

“Ha estado follando con él por créditos extra, obviamente.”

Mia mantuvo la cabeza alta, la mandíbula apretada, pero su estómago se retorció en nudos. La falda corta y el andar confiado que se habían sentido poderosos el día anterior ahora la hacían sentirse expuesta. Se apretó el suéter alrededor del cuerpo y se apresuró hacia los dormitorios.

Sophie la esperaba afuera de su edificio, con los brazos cruzados, la coleta rubia balanceándose mientras caminaba de un lado a otro. En el momento en que vio a Mia, la agarró del brazo y la arrastró adentro y por las escaleras sin decir una palabra.

En el segundo en que se cerró la puerta de su habitación del dormitorio, Sophie explotó.

“¿Qué carajos, Mia? ¿Lucas irrumpiendo en la clase de Vale de esa manera? Todo el departamento de atletismo me está escribiendo. La gente dice que has estado escondiéndote con un *profesor*. Dime que no es verdad.”

Mia se dejó caer en su cama, enterrando la cara en las manos por un momento. El dolor entre sus piernas de las últimas veinticuatro horas era un recordatorio burlón. “Es… complicado.”

“¿Complicado?” La voz de Sophie se alzó. “Mia, esto es un suicidio profesional para él y un suicidio social para ti. El decano Hargrove se come vivo al personal por esta m****a. ¿Y tus padres? Si tu papá se entera de esto, te sacará de la universidad tan rápido que se te va a dar vueltas la cabeza.”

Mia levantó la vista, los ojos avellana brillando con desafío incluso mientras el miedo la roía. “Sé los riesgos. Pero no es solo una aventura cualquiera. Hay algo entre nosotros. Química real. Intelectual. Física. Todo.”

Sophie la miró como si le hubiera salido una segunda cabeza. “¿Vas a tirar todo por una polla? Tiene el doble de tu edad, Mia. Divorciado. Y ahora todo el campus piensa que eres su putita de semen.”

La palabra golpeó como una bofetada. Mia se estremeció. Eso era lo que Adrian le había llamado en privado—sucio, posesivo, delicioso. Oírlo retorcido en veneno público le apretó el pecho.

Su teléfono vibró. Un mensaje de un número desconocido: *Disfruta tus quince minutos, puta. Oficina del decano mañana. – L*

Lucas.

Antes de que pudiera responder, llegó otro mensaje—este de Elena Reyes: *Adrian, necesitamos hablar. Inmediatamente. Mi oficina. Los rumores ya están llegando al decano.*

La sangre de Mia se heló. Le mostró la pantalla a Sophie. “Esto está mal.”

---

Al otro lado del campus, en el edificio de la facultad, Adrian Vale estaba sentado detrás de su escritorio con las persianas bajadas, mirando el mismo mensaje de Elena. Sus manos no dejaban de temblar.

Había pasado la última hora respondiendo correos preocupados de otros dos profesores y borrando un comentario anónimo y vil en el foro del departamento. La plata en sus sienes de pronto se sintió más pronunciada; el peso de sus treinta y siete años presionaba más fuerte que nunca.

Sonó un golpe seco. Abrió la puerta lo justo para dejar entrar a Mia, luego la cerró con llave detrás de ella.

Se veía alterada. Hermosa, pero alterada.

“Adrian—”

“No.” Su voz era ronca, bordeada de agotamiento y furia apenas contenida. “¿Tienes idea de lo que has hecho? ¿De lo que *hemos* hecho?”

Mia dio un paso más cerca, pero él levantó una mano, manteniendo el escritorio entre ellos como un escudo.

“Lucas sabe lo suficiente para arruinarme,” continuó, caminando de un lado a otro. “Elena ya está sospechosa. Nos ha estado vigilando durante semanas. Y ahora todo el departamento está hablando. El escándalo de mi exesposa casi destruyó mi carrera hace tres años. Apenas sobreviví a los susurros, a la lástima, a las preguntas sobre mi juicio. Si esto sale oficialmente…” Rió amargamente. “Tendré suerte si me dejan enseñar en un instituto después de esto.”

Los ojos de Mia brillaron, pero su barbilla se mantuvo alta. “Lamento la escena. No le pedí a Lucas que viniera. Pero no me arrepiento de nosotros. Tú también lo sentiste. En el pasillo. En tu oficina. En la biblioteca. Esto no es solo yo siendo imprudente.”

Adrian dejó de caminar. Por un momento, el hombre dominante y de boca sucia que la había destrozado sobre su escritorio desapareció. Solo quedaba un profesor cansado que finalmente había perdido el control de la vida que había reconstruido con tanto cuidado.

“Podría perderlo todo,” dijo en voz baja. “La permanencia. La reputación. Mi hermano ya me advirtió después del divorcio—no le des más munición a la gente. Y tú… tus padres son donantes. Si se enteran, pueden enterrarte socialmente y a mí profesionalmente.”

Mia tragó saliva. “¿Entonces qué hacemos? ¿Terminarlo?”

El silencio se estiró. Los ojos gris-azulados de Adrian la taladraron, oscuros de conflicto. Quería decir que sí. *Necesitaba* decir que sí. Pero el recuerdo de ella de rodillas, de su calor apretado alrededor de él, de la forma en que lo desafiaba como nadie más lo había hecho nunca, hizo que la palabra se le atascase en la garganta.

“Tenemos que ser inteligentes,” dijo por fin. “Nada más de riesgos. Nada más de horas de oficina. Nada más de bibliotecas. Nos mantenemos alejados el uno del otro en público. Yo me ocuparé de Elena. Tú te ocupas de Lucas y de tu compañera de cuarto. Si alguien pregunta, fue un malentendido. Un ex celoso propagando rumores.”

Mia asintió lentamente, pero su expresión decía que no creía que fuera a ser tan simple. “¿Y si Lucas va al decano de todas formas?”

“Entonces probablemente estoy acabado.” Adrian se pasó una mano por el cabello oscuro. “Y tú serás conocida como la estudiante que se acostó para pasar Literatura Avanzada.”

Un golpe pesado los interrumpió. La voz de Elena Reyes se filtró a través de la puerta. “¿Adrian? Sé que ella está ahí. Abre. Necesitamos hablar antes de que esto explote más.”

El rostro de Adrian se puso pálido. Miró a Mia con urgencia cruda. “Escóndete. Ahora.”

Mia se deslizó detrás del archivador alto en la esquina justo cuando Adrian abrió la puerta.

Elena entró, con mirada aguda y profesional en su blazer azul marino. “La secretaria del decano ya me llamó. Lucas Grant presentó una queja informal esta mañana. Afirma una relación inapropiada y favoritismo. Esto es serio, Adrian. Si tienes algo que decirme…”

Adrian se apoyó en su escritorio, forzando la calma en su voz. “Es una tontería. Un exnovio celoso causando drama. La señorita Sinclair es una excelente estudiante, nada más.”

La mirada de Elena barreó la habitación, deteniéndose cerca del archivador un latido demasiado largo. “Por tu bien, espero que sea verdad. Porque si descubro lo contrario, no podré protegerte. La política de la universidad es cristalina—sin excepciones.”

Se fue con una última mirada de advertencia.

En el momento en que se cerró la puerta, Mia salió. El aire entre ellos crepitaba de miedo, deseo sin resolver y algo más profundo.

Adrian la atrajo a un abrazo feroz—breve, desesperado, pero no sexual. “Tenemos que tener cuidado. Mucho cuidado.”

Mia asintió contra su pecho, luego se separó. “Yo me ocupo de Lucas. Tú de Elena. Pero Adrian… esto no ha terminado. Ni de lejos.”

Mientras se deslizaba fuera de su oficina, su teléfono vibró de nuevo. Esta vez era su padre: *Tu madre y yo estamos oyendo rumores inquietantes. Ven a casa este fin de semana. Necesitamos hablar.*

Adrian la observó irse desde la ventana, el corazón acelerado. El nudo se apretaba más rápido de lo que había imaginado.

Y en el fondo, ya sabía que una separación temporal no bastaría.

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