LOGINROWANAvanzamos por el Torreón de Mooncrest con un propósito claro. Cada paso tenía peso. Nadie dudó. Mis lobos se deslizaron hacia su formación sin una sola palabra, guiados tanto por el instinto como por mi orden.Los pasillos estaban abarrotados de ruido, voces alzadas, pisadas apresuradas, el miedo filtrándose en el aire, pero los atravesamos como una cuchilla. El ataque había convertido el torreón en un laberinto de confusión. La gente no sabía adónde ir ni a quién escuchar.Yo sí. Podía sentir a Karin.Su presencia tiraba de mí con constancia, firme e innegable. No era pánico. No era miedo. Era dirección. Como un tirón en el pecho que se negaba a ser ignorado.Tercer piso. Se dirigía hacia el Alto Cónclave.El mismo salón donde Sebastian Drayke y su delegación habían sido alojados bajo una falsa cortesía. «Invitados de honor». Las palabras sabían amargas ahora.La verdad encajó con una claridad punzante. Este ataque nunca había tratado sobre daños o derramamiento de sangre. Era
ROWANLos informes llegaban sin pausa. Uno tras otro. Cada uno cayó como un golpe en el pecho.—Línea del Amanecer vulnerada en tres puntos, Alfa. Están usando armas con punta de plata.—El Nexo de Señales está caído. Operamos solo con sistemas de respaldo.—Siete heridos. Dos críticos. Están atacando nuestras rutas de patrulla con premeditación.Me quedé de pie en la sala de guerra, con ambas manos apoyadas en la mesa táctica. La superficie vibraba levemente con el movimiento de los lobos que pasaban a mis espaldas. Mi gente seguía informando, con voces cortantes y rostros tensos. Sin pánico. Sin confusión. Solo las claras señales de una manada bajo presión.Esto no era caos. Esto no era desesperación.Esto era planificación.Sabían dónde golpear. Sabían cuándo. Sabían cómo responderíamos.Alguien les había informado.*Traidor*, gruñó Ken en mi mente. *Alguien dentro de la manada nos vendió*.El pensamiento hizo que mi mandíbula se tensara y el calor corriera por mis venas. Lo hice a
KARIN—El Pack de la Caída de la Noche está bajo ataque —dijo uno de los guardias—. Hay varias brechas a lo largo de la Línea del Amanecer. El Alfa nos ordenó que la lleváramos al búnker de inmediato.Incluso mientras hablaba, algo más presionó contra mis sentidos. Esta nueva conciencia no provenía del miedo. Venía de saber.Esto no era un ataque salvaje ni una agresión fortuita. Cada movimiento encajaba demasiado bien. Estaba planeado. Calculado. Diseñado para dispersar a la gente, para saturar a la manada con ruido y pánico.Y en el centro de todo ello, sentí a Maribel Crowne.Sentí su enfoque. Su satisfacción. El agudo placer de ver cómo las piezas caían en su lugar.—Está usando el ataque como cobertura —dije. La verdad encajó en su sitio antes de terminar de hablar.— Sea lo que sea lo que esté haciendo, está ocurriendo ahora mismo.Los guardias intercambiaron miradas. Escucharon mis palabras, pero no las entendieron.Evelyn sí.Su rostro perdió el color. El horror cruzó por sus o
KARIN—El regalo más raro de nuestro linaje —dijo Evelyn con voz baja—, no solo el poder de guiar a un lobo, sino a manadas enteras a la vez. Llegar hasta los lazos de Alfa y tirar de ellos. Curar heridas que nunca deberían sanar... —Se detuvo, claramente eligiendo qué decir a continuación—. Para crear o destruir las conexiones que sostienen a la sociedad de los hombres lobo.El peso de todo aquello me golpeó de golpe. Lento, luego demoledor. Si podía afectar los lazos de Alfa y dar forma a la lealtad de la manada, entonces no era solo una prisionera encerrada tras una puerta reforzada. Era un elemento de chantaje. Era una amenaza. Podría ser la persona más poderosa dentro de este edificio.—¿Lo sabe Rowan Kincaid? —pregunté.—Sabe que hay algo inusual en ti —dijo—. Pero no sabe hasta dónde llega. Tu padre, Elias, ocultó tu herencia con mucho cuidado. Se aseguró de que pasaras por completamente humana. —Cruzó la habitación y miró a través de la pequeña ventana de la puerta, observando
KARINEl ala de máxima seguridad se sentía como una tumba. Fría. Cerrada. Pesada.Sentada en el borde de la estrecha cama, los ojos permanecieron fijos en la puerta reforzada. Esa puerta se interponía entre mí y cualquier cosa que se pareciera a la libertad. No había ventanas. Ni luz del día. Solo luces fluorescentes zumbando arriba, ásperas y blancas, despojando de color a todo. Mi piel se veía pálida y extraña bajo ellas.Unas botas pasaron por el pasillo. Pasos lentos. Siempre cerca. Un recordatorio de que esto era más que una celda. No solo estaba encerrada. Alguien creía que era peligrosa.Tres horas. Eso era todo lo que había pasado. Sin embargo, las paredes ya se sentían más cerca.Las manos temblaban mientras alcanzaba el termo que Evelyn Hart había entregado antes. Los guardias lo habían inspeccionado, discutido, y luego permitido pasar. Té de hierbas, dijo. Algo relajante.El vapor se elevó cuando se quitó la tapa. El olor era suave. Manzanilla y algo más que no pude nombrar
ROWANAlgo andaba mal. La sensación se instaló en lo más hondo, silenciosa pero pesada. Provenía de Maribel antes siquiera de que hablara. Su aroma había cambiado, justo lo suficiente como para notarlo si la conocías bien. Más agudo. Más tenso.Su postura también era diferente. Demasiado controlada. Demasiado cautelosa. Como si cada movimiento hubiera sido decidido de antemano.Tres años con ella me habían enseñado cómo operaba. Sabía cuándo presionaba. Sabía cuándo esperaba. Sabía cómo tergiversaba las situaciones mientras fingía ser útil. Conocía la mirada que ponía cuando quería algo.Esta no era esa mirada. Se sentía más fría. Llevaba una intención.—Maribel —dije. Mi voz salió firme, pero la advertencia estaba ahí—. Deberías volver a tus deberes.—Por supuesto, Alfa. —Sus dedos se envolvieron alrededor de mi brazo, ligeros y familiares. Antaño, ese tacto me había anclado. Ahora se sentía mal, como algo que ya no pertenecía—. Solo quería mostrar mi apoyo durante este... momento di







