LOGINPOV: Yara Niebla"Bajo la ley fronteriza de Cuervo", había dicho Baltasar Cuervo, dejando su taza de té con un clic delicado, "un espía acusado tiene derecho a una audiencia ante los ancianos del territorio anfitrión"."Entonces celebra tu audiencia", había dicho Ruy Tempestad. "Sacaré a Teo Robledal de esa celda yo mismo cuando termine"."Malinterpretas, Alfa. La ley es bastante antigua, y bastante particular. El Alfa invitado debe asistir solo y desarmado, y cualquier testigo del delito es retenida en una cámara hasta que los ancianos la llamen"."¿Ella?", había dicho yo."Fuiste encontrada en el pasaje, señorita Duskmoor", había dicho Baltasar Cuervo, sonriendo. "Por cualquier lectura, eres testigo"."No la dejaré aquí", había dicho Ruy Tempestad."Entonces el Maestro Robledal no tiene audiencia alguna, y me veré obligado a tratar el asunto como un simple allanamiento, que conlleva una simple penalidad". Había extendido las manos. "Odio ser yo quien lo diga".Recordaba el silencio
POV: Yara Niebla"Dilo otra vez", susurré a la habitación vacía, y la frase salió de mi boca en pedazos, sílabas que no significaban nada para mí, elevándose y cayendo como un himno medio recordado.Había estado diciéndolo toda la noche. Lo dije caminando de un extremo a otro de mi habitación de invitada, y lo dije de pie junto a la ventana, y lo dije con mi frente presionada contra la piedra fría, porque si dejaba de repetirlo, temía que el sonido se escapara y se llevara consigo el último regalo de Teo Robledal."Por favor", dije al guardia fuera de mi puerta, por quinta vez desde la medianoche. "Necesito hablar con el Alfa Tempestad"."El Alfa está ocupado, mi señora", respondió el guardia a través de la madera, educado e inquebrantable. "Está más segura donde está"."¿Segura de quién?""No podría decirlo, mi señora"."Entonces encuentra a alguien que pueda"."Tengo mis órdenes".Me deslicé por la puerta hasta quedar sentada en el suelo con las rodillas pegadas al pecho, y en algún
POV: Yara Niebla"Caminen", dijo el guardia, y la punta de su espada pinchó la parte posterior de mi hombro a través de mi vestido, una picadura de abeja de acero frío."Estoy caminando", dije, aunque mis rodillas se habían aflojado como cuerda mojada.Teo Robledal marchaba delante de mí con dos guardias agarrando cada brazo, su vela desaparecida hace mucho, su abrigo rasgado en la manga donde uno de ellos lo había arrancado. No miró hacia atrás hacia mí, y entendí que estaba manteniendo los ojos al frente a propósito, para que nada en su rostro pudiera delatarme.Nos arrastraron fuera del pasaje y subieron por una escalera de caracol y a lo largo de una galería colgada con estandartes del color de la sangre seca, y todo el tiempo la campana siguió sonando, aunque el sonido había cambiado, más lento ahora, con largos intervalos entre los golpes."¿A dónde nos llevan?", pregunté.Nadie respondió."¿El Alfa Tempestad sabe que nos tienen?""Silencio", murmuró el guardia detrás de mí."El
POV: Yara NieblaLa pequeña puerta se cerró de golpe detrás de nosotros, y la campana se redujo a un gemido sordo y palpitante, como si alguien hubiera presionado una almohada sobre toda la fortaleza."Siéntate", dijo Teo Robledal, produciendo un cabo de vela de dentro de su abrigo. Encendió una chispa con un pedernal que temblaba en sus dedos, y la llama prendió, pequeña y dorada, trayendo gradualmente el pasaje a la vista.Estrechas paredes de piedra cubiertas de telarañas nos rodeaban. Una pila de viejas cajas ocupaba una esquina, mientras que una escalera subía hacia la oscuridad de arriba."Prefiero quedarme de pie", dije."Querrás sentarte para esto"."Teo Robledal, Ruy Tempestad está luchando contra treinta extraños en una escalera, y yo estoy parada en un armario"."Lo sé", dijo, bajándose a una caja. "Y es exactamente por eso que necesito que te sientes, porque si te quedas de pie, saldrás corriendo por la puerta en el momento en que diga algo incorrecto".Me senté. La caja c
POV: Yara Niebla"Lo prometo", había dicho Ruy Tempestad, y entonces la campana se tragó el resto, y me quedé en ese estrecho corredor con su palabra colgando en el aire como una puerta dejada medio abierta."Ruy Tempestad", dije, pero mi voz se desvaneció bajo el estruendo, hierro contra hierro, una y otra vez, sacudiendo polvo de las vigas."¡Brecha!", gritó un guardia, corriendo junto a nosotros con su espada ya desenvainada. "¡Pared exterior, lado este, han atravesado la puerta!""¿Quién ha atravesado?", llamó Ruy Tempestad tras él."¡Desconocido, Alfa, salieron de la oscuridad sin estandartes!"Ruy Tempestad se volvió hacia mí, y el Alfa que había dado cien órdenes sin pestañear pareció, por un latido estirado, como un hombre tratando de sostener dos mitades de sí mismo con las manos desnudas."Yara Niebla", dijo, atrapando ambas mis manos en las suyas. "Lo que sea que estaba a punto de decir, lo terminaré. En el momento en que esto termine, lo juro"."Ya lo juraste", dije, mi vo
POV: Ruy TempestadLa madera tallada se tragaba todo. Estaba de pie con la espalda contra la pared opuesta del corredor, porque pararme más cerca de la puerta habría significado poner mi mano en ella, y poner mi mano en ella habría significado abrirla."Están bebiendo té", dijo Teo Robledal desde el asiento de la ventana. "Puedo escuchar la porcelana. Nadie es asesinado por porcelana, Alfa"."Cállate", dije."Solo estoy ofreciendo consuelo"."Estás ofreciendo ruido"."El ruido es una especie de consuelo", dijo Teo Robledal. "Pregúntale a cualquier ejecutor que haya hecho una guardia nocturna"."Teo Robledal"."¿Sabías que las cocinas de Cuervo emplean a cuarenta personas, y ni una sola es una panadera decente? Conté los panes al entrar, y me dicen que eso es señal de...""Teo Robledal", dije otra vez, más agudo, y la palabra se partió por el corredor como una hoja caída.Se detuvo. La sonrisa se deslizó de su rostro, y me di cuenta con un ardiente torrente de vergüenza que sus manos t







