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La Cura A Mi Calentura
La Cura A Mi Calentura
Auteur: Héctor Cerrajas

Capítulo 1

Auteur: Héctor Cerrajas
—Mi amor, me pica mucho, ayúdame, por favor...

Sentí que el calor me recorría otra vez. La adicción se me disparaba apenas tocaba a Iván, que era jugador del equipo de básquetbol de la universidad.

Enseguida la tanguita se me empapó. La comezón era insoportable; solo podía rogarle con los ojos que lo hiciéramos una vez más.

—Eres una cochina, todo el día pensando en lo mismo.

Me apartó de un empujón y jadeó, sin aire.

—Ya van dos; no puedo hacerlo otra vez. Mejor lo hacemos con tu juguete.

El juguete me incomodaba y no me calmaba la comezón; yo seguía queriendo a Iván. Sin importarme nada, me pegué a él.

Llevaba una minifalda negra, cortísima y de tela ligera; pegada a él, no dejaba de contonearme y restregarme contra él para provocarlo.

Pero él no parecía disfrutarlo; al contrario, se veía incómodo.

—Nena, espérame un segundo, tengo una sorpresa para ti. Cierra los ojos.

Me susurró al oído, me dio la vuelta y me apretó el trasero. Mientras yo esperaba ansiosa, abrió la puerta de la cabina y salió.

Estábamos en los vestidores del equipo de la universidad.

Iván acababa de jugar básquetbol y, al verlo con el uniforme empapado de sudor, se me disparó la adicción; apenas terminó el partido, lo arrastré al baño porque ya no aguantaba más y lo hicimos ahí mismo.

Una vez no me bastó y pedí otra. Quería más, pero Iván ya no tenía fuerzas. En los últimos días la adicción se me había descontrolado y al parecer lo dejé seco.

Aun así me seguía la corriente, y eso me enternecía. En eso, escuché un golpe y la puerta detrás de mí volvió a abrirse. ¡Qué rápido se había alistado Iván! Ni me imaginaba cuál sería la sorpresa.

¿Me haría ver las estrellas? En plena fantasía, sentí una mano grande y tibia detrás de mí; empezó a recorrerme el trasero. Enseguida un cuerpo ardiente se me pegó por detrás.

Esa dureza me encantaba. Con la adicción desatada, ya no podía aguantar las ganas. No dejaba de mover las nalgas para que esa mano grande siguiera tocándome.

Él también parecía impaciente. Metió la mano bajo mi minifalda negra y me agarró la tanguita empapada.

—La verdad no me lo esperaba. Romina, aunque seas la más bonita de la universidad, vaya que eres calenturienta; mira cómo tienes la tanguita de mojada. Con razón Iván me pidió que jugara contigo un buen rato.

¡El hombre que tenía detrás no era Iván! Mientras decía esas cochinadas, tiró de la tanguita que tenía agarrada bajo mi falda. Sentí un frío repentino entre las piernas y volteé aterrada.

—Tú... no eres Iván. ¿Mauro?

Cuando vi que el hombre detrás de mí era Mauro, me llevé un susto enorme. Al girar la cabeza, su cara quedó pegada a la mía.

—¿Ahora te haces la difícil? ¿No es lo que querías? ¿No querías quitarte las ganas? Si tu novio no puede, yo te ayudo.

Con la otra mano me rodeó la cintura, me sujetó con fuerza y me obligó a ponerme en cuatro frente a él.

Y me bajó la tanguita mojada hasta la mitad.
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