Share

Capítulo 4

Auteur: Ora
—Si mi esposo te va a llevar a hacerte unos exámenes, entonces ¿yo qué soy?—pregunté, marcando cada palabra.

Los pacientes y las enfermeras que estaban a nuestro alrededor voltearon a mirarnos.

En el rostro de Alice cruzó un destello de incomodidad, pero aun así siguió fingiendo esa cara de ofendida.

—Darlena, ¿por qué tienes que ser tan mezquina? Solo le pedí a Richard que me hiciera un favor.

Richard frunció el ceño.

—Darlena, Alice está embarazada. No te pongas a discutir con ella.

Lo miré directo a los ojos y esperé su respuesta.

—Solo respóndeme una cosa. ¿Me eliges a mí o la eliges a ella?

Un segundo, dos, tres…

La mano de Richard seguía sujetando a Alice con fuerza, sin la menor intención de soltarla.

Solté una risa amarga, burlándome de mí misma.

—Richard, entre nosotros se acabó.

Me di la vuelta y fui directo al despacho del director.

—Director, ¿podría adelantar mi partida a Liora?

Él se mostró algo sorprendido.

—Los trámites van a tardar por lo menos una semana más. ¿Tienes tanta prisa?

—Quiero empezar mi nueva vida cuanto antes.

La voz me salió con un leve temblor.

El director suspiró.

—Está bien. Voy a hacer lo posible por agilizarlo. Pero piénsalo bien: una vez que te vayas, serán por lo menos tres años. ¿De verdad no piensas decirle nada al señor Corleone?

Negué con la cabeza.

—Ya no hace falta.

Salí del despacho sin volver la vista atrás.

A la mañana siguiente, Richard entró en mi habitación del hospital con el desayuno en las manos.

—Te traje croissants y chocolate caliente.

Miré lo que había dejado frente a mí y sonreí con ironía.

—Richard, detesto las cosas demasiado dulces. ¿Ya se te olvidó?

A Alice era a quien le gustaban esas cosas.

Cuando éramos niñas, la abuela siempre le preparaba postres dulces a ella. A mí, en cambio, nunca me gustaron.

Richard se quedó paralizado un instante, y luego reaccionó de inmediato.

—Entonces voy a comprarte un sándwich.

—No hace falta. Mejor llévame de vuelta a casa. Quiero que me den de alta.

Aparté la manta. La herida de mi pierna no era más que un rasguño superficial. Podía recuperarme perfectamente en la mansión.

Ya en el auto, vi por casualidad un delicado broche de perlas en la guantera.

Era el mismo que yo había visto la última vez en una tienda por departamentos, el que tanto le había gustado a Alice.

Lo tomé entre los dedos y lo hice girar despacio.

—¿Es de Alice?

Richard se apresuró a explicarse.

—Reed tenía que irse al extranjero por unos asuntos. Alice dijo que estaba haciendo frío y que no tenía suficiente ropa, así que la llevé a comprar unas cuantas cosas. Debió dejarlo aquí por accidente.

Después añadió, como si todavía necesitara justificarse:

—Está embarazada y la está pasando mal. Al fin y al cabo, seguimos siendo familia. Si puedo echarle una mano, lo hago.

Lo miré mientras se apuraba a dar explicaciones, y me pareció ridículo. Solo alguien con la conciencia sucia necesita justificarse tanto.

—Vámonos—dije, soltando el broche de nuevo dentro de la guantera y volviendo la vista hacia la ventana.

Cuando regresamos a casa, Sophia me vio y enseguida empezó otra vez con sus reproches.

—Por una heridita así te quedaste hospitalizada. Qué delicada eres. En mis tiempos, cuando yo era Donna, aunque me metieran un tiro, seguía al frente de los asuntos de la familia.

Me detuve y me giré para mirarla.

—Si a usted le gusta sufrir, fue decisión suya. A mí mis padres no me criaron para andar soportando humillaciones.

Sophia se quedó inmóvil, claramente incapaz de creer que me hubiera atrevido a responderle.

Yo no le presté más atención y seguí de largo hasta la habitación.

Lo primero que hice fue marcar un día en el calendario de la pared.

El 25 de diciembre, dentro de una semana, era el cumpleaños de Richard. Y también sería el día en que yo me iría.

Lo segundo fue descolgar la foto de nuestra boda y arrojarla al fuego de la chimenea junto con todas las demás fotos que tenía con Richard.

Mientras las imágenes se consumían entre las llamas, sentí que también ardían todos aquellos recuerdos falsos.

Lo tercero fue recoger todos los regalos que Richard me había dado: collares de oro, relojes de marca, vestidos hechos a medida…

Todo lo que pude tirar, lo tiré. Y lo que no, lo empaqué y se lo di al personal de la mansión.

Cuando terminé con todo eso, sentí el pecho mucho más ligero.

Al caer la tarde, Richard regresó.

En cuanto vio las cenizas dentro de la chimenea, su rostro se ensombreció al instante.

—Darlena, ¿quemaste todas nuestras fotos?

—Eran cosas viejas. Solo estorbaban—respondí con calma.

—¿Viejas?—repitió él, con el enojo contenido en la voz—. ¡Esos eran nuestros recuerdos!

—Ya habrá otros recuerdos.

Después de asearme, me acosté en la cama.

—Estoy cansada. Quiero descansar.

Richard me observó en silencio. En sus ojos pasó una sombra de dolor, pero al final no dijo nada y terminó acostándose en el sofá.

Ya muy entrada la noche, lo escuché murmurar en voz baja:

—Ese círculo en el calendario… ¿es porque quieres darme una sorpresa por mi cumpleaños?

Mantuve los ojos cerrados y no respondí.

—¿Una sorpresa?

Lo único que podía darle era un adiós definitivo.
Continuez à lire ce livre gratuitement
Scanner le code pour télécharger l'application

Latest chapter

  • La Donna que el Mafioso Traicionó   Capítulo 18

    Diez años después.En el patio de la clínica, aquella acacia ya había crecido muchísimo.Kip se graduó de la facultad de medicina y regresó a la aldea, convertido ya en uno de los médicos de la clínica.Llevaba la bata puesta y atendía a sus pacientes con toda la seriedad del mundo, pero en cuanto me vio, volvió a mostrar aquella sonrisa luminosa que tenía de niño.—¡Darlena!—corrió hacia mí con una carta en la mano—. Llegó una carta desde Veyra.Tomé la carta y reconocí al instante la letra de Tony en el sobre.Durante diez años, sus cartas nunca dejaron de llegar, aunque yo nunca respondí ni una sola.Abrí el sobre y empecé a leer, línea por línea."Señorita Valentino:Con profunda tristeza le informo que el señor Corleone falleció hace tres días.Se fue en paz, mientras dormía. El médico dijo que su cuerpo llevaba mucho tiempo agotado, y que haber resistido tantos años ya había sido un milagro.Antes de morir, me pidió que le hiciera llegar una carta.La dejó escrita tiempo atrás y

  • La Donna que el Mafioso Traicionó   Capítulo 17

    Un año después.Mi boda con James se celebró en Liora, justo en aquella pequeña cafetería junto al río.El dueño decoró todo el local con flores e incluso invitó a la banda que mejor ponía a bailar a todo el mundo.Musa y Kip viajaron especialmente desde Zambala para acompañarnos.Kip había crecido muchísimo. Llevaba un traje que claramente no lo hacía sentir del todo cómodo, pero sonreía con una felicidad imposible de disimular.Yo llevaba un vestido blanco sencillo, sin velo ni adornos recargados. Solo me había prendido una pequeña margarita en el pelo.James estaba frente a mí, vestido con un traje azul oscuro. Se había peinado con esmero, aunque aun así había un mechón rebelde empeñado en levantarse.—Te ves hermosa—me dijo en voz baja.Sonreí.—Tú tampoco te ves nada mal.El sacerdote recitaba los votos, pero yo me quedé un poco perdida en mis propios pensamientos.Pensé en la Darlena de mi vida pasada, la que murió en el Río Veyra.Seguro que ella jamás habría imaginado que, en e

  • La Donna que el Mafioso Traicionó   Capítulo 16

    Medio año después.El proyecto terminó y James y yo regresamos a Liora.Cuando el avión aterrizó, miré la ciudad desde la ventanilla y, por primera vez, sentí que estaba volviendo a casa.—¿A dónde quieres ir primero?—preguntó James, arrastrando la maleta con una sonrisa.Miré aquellas calles conocidas y, después de pensarlo un instante, respondí:—A la cafetería junto al río.La cafetería seguía allí, y el dueño era el mismo anciano de cabello canoso.En cuanto me vio, agitó la mano con entusiasmo.—¡Darlena! ¡Volviste! ¿Qué tal te fue en Zambala?—Muy bien—respondí, sentándome mientras pedía un café americano helado.James tomó asiento frente a mí. La luz del sol caía sobre su rostro y hacía que sus ojos azules brillaran como dos gemas.—Darlena—dijo de pronto.—¿Sí?Vi la seriedad en su expresión y, de pronto, sentí que se me hacía un nudo en el pecho.James respiró hondo.—Durante estos seis meses estuve esperando el momento indicado. Pero después entendí que ese momento perfecto n

  • La Donna que el Mafioso Traicionó   Capítulo 15

    Los días en Zambala eran sencillos, pero plenos.Cada mañana, James y yo despertábamos con el canto de los gallos. Después de alistarnos a toda prisa, empezábamos a recibir pacientes.Malaria, fiebre tifoidea, desnutrición… enfermedades que rara vez se veían en otros lugares, allí eran cosa de todos los días.Un mes después, yo ya podía comunicarme con los habitantes del pueblo en lo más básico del idioma local.—Señorita, gracias.Un niño me tomó de la mano y me habló en un inglés entrecortado.Se llamaba Kip Marshall. Fue el primer paciente que atendí desde que llegué a Zambala. Tenía malaria grave y estuvo a punto de no sobrevivir.Me agaché y le acaricié la cabeza.—Tienes que tomarte bien la medicina, ¿entendido?Kip asintió con fuerza y luego sacó del bolsillo una pulsera tejida a mano.—Es para usted.Recibí aquella pulsera, sencilla pero llena de cariño, y sentí que se me humedecían un poco los ojos.Esa noche me la puse en la muñeca. James la vio y soltó una risa.—Ese mocoso

  • La Donna que el Mafioso Traicionó   Capítulo 14

    Un mes después, estaba de pie en la terminal del aeropuerto, con el boleto a Zambala apretado entre los dedos.James llegó arrastrando la maleta y me miró en silencio.—¿Ya lo decidiste?Asentí y le mostré el boleto.Él sonrió, y aquella sonrisa brilló más que nunca.El anuncio de abordaje sonó por los altavoces, y los dos avanzamos juntos hacia la puerta de embarque.Fue entonces cuando, a mis espaldas, resonaron unos pasos apresurados.—¡Señorita Valentino!Me di la vuelta y vi a Tony corriendo hacia mí, jadeando, con el rostro desencajado por la angustia.—¡No puede irse! El señor… él…Lo miré con calma.—¿Qué pasó con él?Los ojos de Tony se enrojecieron.—El señor… intentó suicidarse. Anoche, en la habitación del hospital, se cortó las venas con una hoja que había escondido. Por suerte, una enfermera lo encontró a tiempo y lograron salvarlo, pero perdió demasiada sangre y sigue inconsciente.Lo escuché sin que nada se moviera dentro de mí.—Señorita, por favor, vaya a verlo—rogó T

  • La Donna que el Mafioso Traicionó   Capítulo 13

    Un mes después.La primavera había llegado a Liora, y los árboles a la orilla del río empezaban a llenarse de brotes tiernos y verdes.Yo estaba en el auditorio de la Facultad de Medicina, terminando de presentar mi último caso clínico.Apenas concluí, estalló una ronda de aplausos.El director se puso de pie, con una sonrisa de franca satisfacción.—Darlena, tu desempeño ha sido extraordinario. Quiero invitarte formalmente a unirte al equipo docente y de investigación de nuestra facultad.Sonreí.—Gracias. Es un honor para mí.Cuando salí del auditorio, James ya me estaba esperando junto a una ventana del pasillo, con un ramito de margaritas en las manos.—Felicidades—dijo, tendiéndomelo.Tomé las flores y acerqué el ramo al rostro para respirar su aroma fresco.—¿Cómo supiste que hoy era mi presentación?James sonrió. Sus ojos azules brillaron con una ternura que me apretó el pecho.—Porque, cuando se trata de ti, quiero saberlo todo.Caminamos juntos por el campus, mientras la luz d

Plus de chapitres
Découvrez et lisez de bons romans gratuitement
Accédez gratuitement à un grand nombre de bons romans sur GoodNovel. Téléchargez les livres que vous aimez et lisez où et quand vous voulez.
Lisez des livres gratuitement sur l'APP
Scanner le code pour lire sur l'application
DMCA.com Protection Status