Share

Capitulo 3

Author: Monn Star
last update publish date: 2023-12-29 08:17:50

—¡Oh, Jye, eres tan ingenuo! —lo absurdo de esa acusación lo dejó mudo, pero, por desgracia, Stephanie no sufrió ese problema—. Fue Kat quien en primer lugar le sugirió a Brad lo del matrimonio fingido —explicó—. Dio por hecho que él querría conseguir la dirección del departamento cuando éste quedó vacante y le pidió que la recomendara para ocupar su puesto. Cuando él le informó de que ni siquiera lo considerarían para el ascenso porque al padrino le gustaba que sus ejecutivos estuvieran casados, a Kat se le ocurrió la idea de un matrimonio de conveniencia.

Tenías razón con la evaluación que hiciste de ella, Jye —continuó—. Kat es una mujer que sólo piensa en su carrera. El interés que tiene por Brad es sólo profesional, nada más.

—¡Tonterías! —replicó él—. Puede que tenga planes para su futuro profesional, pero también los tiene sobre Brad. Piensa en ello, Steff. Si sólo persiguiera el anterior puesto de él, le habría bastado con convencerlo de que se casara con alguien... —calló para dejar que las palabras surtieran su impacto—. Por lo que tú has dicho, se ofreció voluntaria al papel.

La duda nubló los ojos de Steff mientras se mordía el labio.

—¡Te equivocas! —exclamó con énfasis—. Kat le dijo a Brad que no ponía objeción alguna a que tuviera relaciones durante su falso matrimonio, siempre y cuando fuera discreto.

—Imagino que eso también te lo contó Brad, ¿no es cierto? —gimió Jye.

—Sí, y le creo.

—Entonces se reduce a un cara o cruz entre proponerte a ti para el premio a la Señorita Ingenua del año o a él para un Oscar.

—Basta, Jye —imploró—. ¿No puedes ver que lo que tienen Karrie y él es sólo... un acuerdo de negocios? Un acuerdo temporal. Lo que yo siento por él es... —enderezó los hombros—. Bueno, de verdad creo que lo amo.

—¡Pues tu proceso mental apesta! —rugió, incapaz de contener la frustración—. Dios mío, Steff , ¿te oyes a ti misma? Estás ahí tratando de justificar tu participación en un asunto sórdido con un hombre casado. Bueno, cariño, si esperas que te dé mi bendición, tendrás que esperar mucho. ¡Puede que a mí no me interese el matrimonio, pero considero sagrado el de los demás!

—¡Deja de ser tan santurrón, Jye! ¡Te repito que no es un matrimonio de verdad!

—¡Si es legal... es real!

—¡No es espiritualmente real!

—Dame fuerzas —Jye alzó la vista al cielo en busca de una pista sobre cómo tratar a una mujer decidida a sabotear su cordura—. De acuerdo —decidió cambiar de táctica—. De acuerdo, finjamos que debido a tus estrechos conceptos de cómo debe ser un matrimonio de verdad, Brad  esté «técnicamente» libre. ¿Por qué, entonces, armas tanto revuelo por el asunto? Quiero decir, dado que lo quieres y él te quiere a ti, si no lo consideras «casado de verdad», ¿dónde demonios radica tu problema?

—El problema —repuso— es que todo el mundo sabe que Kat no sale mucho, y Brad es tan agradable que siente que no está bien colocarla en una posición en la que, si alguien averiguara que él y yo nos veíamos, quedaría como una tonta.

—¡Pero si el tipo es un santo!

—Pero para mí no tiene sentido esperar hasta que Kat empiece a salir con alguien —hizo caso omiso de su sarcasmo—. Santo cielo, Jye, ¡lo único que hace es trabajar! Está tan entregada a su carrera que los hombres a los que es probable que conozca son otros ejecutivos que, gracias al pensamiento medieval del padrino, estarán todos casados.

—Bueno, quizá tengas suerte y el chico que se encarga del mantenimiento de las fotocopiadoras se encapriche de ella —sugirió con tono seco.

—Imposible —repuso como si lo hubiera considerado—. Scott es gay. Lo sé porque el año pasado perdí casi todo un mes tratando de conquistarlo.

—¿Quisiste seducir al mecánico de las fotocopiadoras?

—Está muy bueno —se encogió de hombros—. ¡Cielos! Qué sentido del humor tan retorcido tiene... —antes de que él pudiera digerir ese comentario fascinante, ella continuó—: Mira, Jye, sé que no te gusta mucho la idea de que vea a Brad...

—¿Qué te hace pensar eso?

—¡Por favor, Jye! Necesito tu ayuda. ¿Al menos puedes escucharme? —unos enormes ojos azules grisáceos le suplicaron hasta que hicieron que pensara que era él quien se equivocaba.

«¡Maldita sea! ¿Cómo lo conseguía?», se preguntó, y se resignó al hecho de que probablemente estaría muerto antes de ser inmune a ello. Y a pesar de que le encantaría echarla de su despacho y olvidar que alguna vez habían mantenido esa absurda conversación, no podía, no cuando se la veía tan vulnerable; Steff y Dominic eran lo más próximo a una familia que jamás iba a tener. Si no podía darle su simpatía, al menos le debía dejarla hablar para descargar su problema.

—De acuerdo —dijo con voz cansada—. Te escucho. Pero en diez minutos tengo una reunión con Dom y los chicos del departamento financiero, así que dispones de ocho para decir lo que quieras decir. Y no se te ocurra pedirme que te cubra el trasero —alzó la voz ante el gesto de ella de querer interrumpirlo— si el jefe llega a averiguar que te acuestas con un hombre casado.

—¡No me acuesto con él!

—¿No?

—¡Sólo he salido con él una media docena de veces!

—¡Demonios! Steff, prácticamente me dijiste...

—Cielos, Jye —quedó boquiabierta, con una expresión entre asombrada y dolida— ¿Cómo puedes decir algo semejante? ¿Cómo puedes pensar siquiera que me metería en la cama con un chico que apenas conozco? ¿Cómo...?

—Quizá —cortó su insinuación de que él era el villano ahí— se debe a que acabas de contarme que tu objetivo inmediato en la vida es ser la amante de ese tipo.

—¡Jamás dije eso! —negó con pasión, desterrado ya su aspecto vulnerable.

—Pues es la impresión que recibí.

—Para tu información, el amor tiene algo más que sexo. En contra de tu experiencia personal, no todas las relaciones entre un hombre y una mujer son físicas.

—Es cierto, no todas —coincidió—. Algunas son simplemente exasperantes —se enfrentó a su mirada indignada, sin saber si la emoción que predominaba en él era el enfado o el alivio. Se sintió aliviado al saber que no era amante de Brad , pero, m*****a sea, quiso estrangularla por dejar que pensara lo peor y por su renuencia a no cortar dicha relación.

La estudió, preguntándose cómo una mujer tan atractiva, inteligente y culta como Steff  podía ser tan estúpida cuando se trataba de su vida personal. A pesar de que su pelo revuelto, su graciosa boca y su falda demasiado corta en las reuniones con clientes varones hacían sospechar que sólo era una decoración, Steff era un miembro valioso de  Resort Corporation. Aunque su objetivo en la vida era el matrimonio, una casita con valla blanca en un suburbio, un montón de hijos y un perro labrador, durante las horas de negocios se centraba absolutamente en su trabajo.

—¿Y bien? preguntó, con los brazos cruzados como una institutriz que recibe a su díscolo pupilo.

—¿Y bien, qué?

—Estoy esperando que te disculpes por sacar conclusiones precipitadas.

Jye no pudo dejar de esbozar una leve sonrisa ante su tono de voz. Intentó ocultar la facilidad con que podía aprovecharse de él. Fue un sentimiento sincero de culpabilidad lo que lo impulsó a romper su duelo de silencio.

—Más que sacar conclusiones, me empujaron a ellas —dijo—, y alzó una mano cuando ella amagó con debatir esa cuestión—. Sin embargo, lamento haber dicho lo que dije.

—Entonces, ¿me ayudarás? —su rostro expresó felicidad.

—¿Ayudarte cómo? —frunció el ceño.

—Seduciendo a Kat.

—¿Qué?

—Oh, Jye, por favor —suplicó—. Si consigues que Kat salga contigo, entonces Brad no se sentirá culpable por salir conmigo —incapaz de hablar por la audacia de su petición, Jye sólo pudo menear la cabeza, pero Steff dominó incluso su pequeño logro al enmarcarle la cara en sus manos

—. ¿No lo ves, Jye? —habló con voz ligera y amable, sin duda en deferencia a su estado de estupefacción—. Es la solución perfecta. De hecho, es la única. Y será fácil. ¡Katt no se te resistirá! Después de todo, eres inteligente, rico, atractivo, sexy... —casi ronroneó la palabra—. Y, mejor aún, el siguiente en la línea para ser presidente de  Resort Corporation.

Reconócelo —añadió con sonrisa confiada—, por ser una mujer dedicada a su carrera, aunque Kat  te considere el idiota más grande de la historia, no salir contigo sería la peor decisión profesional que podría tomar.

Sintió una cierta dosis de satisfacción al asirle las muñecas y apartar sus brazos. Se inclinó y pegó la nariz a la suya.

—No.

—No, ¿qué? —ella parpadeó.

—No, no pienso caer ante una sonrisa dulce, una voz suave o alguno de los ardides femeninos con los que acabas de intentar machacarme. Y, no, no voy a pedirle a Katt que salga conmigo.

El intento de Steff de soltarse hizo que pegara su torso al de Jye; su furia era

tan evidente como el subir y bajar de sus pechos contra su camisa y su rostro

acalorado.

—Ella... se hace llamar... Kat Dent.

—Puede hacerse llamar como mejor le plazca; no altera el hecho de que está casada con Brad .

Ella trató de soltarse con más vehemencia, algo que él le negó durante unos segundos, tentado a meterle cierto sentido común en la cabeza. Pero cuando ese impulso benigno de pronto se vio dominado por uno más perturbador de hacerle perder el sentido con un beso, Jye la dejó libre; de inmediato lo lamentó al darse cuenta de que Steff empleaba todo su cuerpo para soltarse. Sus esfuerzo fueron en vano, y un segundo después ella terminó con el trasero en la alfombra. En el acto se puso en cuclillas a su

lado.

—Demonios, Steff, ¿te encuentras bien? Cariño, lo siento —extendió una mano para ayudarla a incorporarse—. No esperaba...

—¿Cuánto lo sientes? —los ojos le brillaron con un placer y una expectación casi infantiles.

—No tanto...

—Lo cual demuestra que hablar es fácil —le apartó la mano—. Si de verdad lo lamentaras aceptarías invitar a Kat. Es lo menos que puedes hacer por tirarme al suelo y lastimarme el trasero.

—No te tiré al suelo —Jye apretó los dientes—. Y si pensara que serviría para algo y le daría algo de cordura a tu tonta cabeza romántica, te azotaría el trasero.

—Y si yo pensara que serviría para algo —repitió con ardor, poniéndose de pie con una celeridad que le proporcionó a él una tentadora visión de su pierna—, apelaría a tu gentil corazón y te pediría que lo reconsideraras. ¡Pero es evidente que no tienes corazón, Jye!

Continue to read this book for free
Scan code to download App

Latest chapter

  • La Esposa Falsa De Mi Mejor Amigo   Capitulo 25.1 Final

    Unos segundos después Jye observaba el pequeño tubo que había en la cómoda de Steff. Ni por asomos era o iba a ser de color azul. Las instrucciones en el test que él había comprado ponían que azul era positivo cuando había un embarazo; si no se modificaba, negativo. Steff lanzó un grito y se soltó de la mano de él. La desesperación que Jye vio en su cara fue como una daga clavada en su corazón. Trato de calmarla de la mejor manera que se le ocurrió. —Steff, está bien —se apresuró a decir—. El color es claro. ¿Lo ves? —alzó la evidencia—. No estás embarazada. Para ello, se tendría que haber puesto azul. —¡Lo sé! —espeto ella. —¿Lo... sabes? Pero... pero estás llorando... no lo entiendo. —¡Claro que no! Como podrías entender eres Jye. Tú nunca quisiste tener hijos; sin embargo, yo quiero ser madre desde que tengo memoria —sollozó—. Quería tanto tener este bebé. —Oh, cariño, tranquila... Eso no significa que no podrás tener hijos en el futuro. Demonios, sólo tienes veinti... —¡No te

  • La Esposa Falsa De Mi Mejor Amigo   Capitulo 25

    Durante toda la noche Jye sólo pensó en una cosa. «No quiero que este sea el final de todo». Sólo porque llevaba reloj supo que la cena con los Mulgan y el trayecto de trasladarlos al aeropuerto para subir al vuelo privado que los llevaría a casa habían durado seis horas; aparte de eso, no habría sido capaz de contar qué había sucedido durante la velada. Sólo fue consciente de Steff, del tono melodioso de su voz y de su risa. La arrebatadora belleza de su cara lo había mantenido hechizado.Pero en ese momento temía apartar la vista del camino para mirarla, por miedo a que hablara. El absoluto silencio que había mantenido desde que se despidieron de los Mulgan tenía una cualidad ominosa.Al girar el coche para entrar en la calle de ella volvió a verse abrumado por una inquietud emocional que no entendía. Necesitaba tiempo para pensar sin distracciones... un tiempo a solas. Pero por primera vez en su vida la idea de quedarse solo lo tenía casi paralizado de terror.Por un lado parecía r

  • La Esposa Falsa De Mi Mejor Amigo   Capitulo 24.1

    Steff contuvo las lágrimas, el dia anterior ellavio como jye compraba unos libros y revistas que contenian articulos sobre el embarazo y despues de la cena se había enfrascado en la lectura de una revista femenina, sobre el cuidado y consejos sobre la lactacia materna. Al día siguiente debía llegarle el período, y todas las señales indicaban que no se retrasaría. Tenía los pechos más plenos y sensibles, le dolía la cabeza y se sentía completamente desgraciada.—¿Steff? ¿Me has oído...?—Jye, ¿quieres olvidarte de ello por un rato? —gritó—. No estoy embarazada, ¿de acuerdo? Ya te lo he dicho hasta el cansancio —se mordió el labio.—¿Has tenido el período?—Eh... no, todavía no. Pero créeme, lo tendré mañana. Sé reconocer todos los síntomas preliminares —forzó una risa por miedo a que él notara su decepción—. Uno de ellos es mi estado de ánimo irritable. Lo siento, Jye, no pretendía saltar...—¿Mañana? Pero me dijiste que tenía que llegarte hoy.—Quería decir que sería mañana por la

  • La Esposa Falsa De Mi Mejor Amigo   Capitulo 24

    Con manos ansiosas se quitaron la ropa, al tiempo que realizaban apreciaciones de sus respectivos cuerpos y se daban besos apasionados y codiciosos. Pero cayeron sobre lacama de Steff como una sola persona, y la urgencia de su deseo dio paso al placer sensual de la exploración lánguida y pausada. Para Steff fue la experiencia más excitante y espiritual de su vida, y poder acariciar el cuerpo desnudo y musculoso de Jye de pronto se convirtió en el placer más erótico que podía imaginar. Sentir los besos que le daba en las pantorrillas y los pies creó sensaciones emocional y físicamente tan estimulantes que flotó entre las lágrimas de gozo y la realización del clímax. ¿Cómo podía un hombre capaz de semejante ternura no creer en el amor?—Tu piel es como satén líquido —jadeó él mientras con los labios abría un sendero por sus muslos y su ingle hasta llegar al estómago—. Quiero tocar... y probar cada milímetro... —detuvo el tormento de sus besos ardientes y húmedos para alzar la cabeza y

  • La Esposa Falsa De Mi Mejor Amigo   Capitulo 23

    —Nunca pensé en ello —calló unos momentos—. Aunque imagino que debe ser estupendo poder legarle a tu propio hijo algo tan único. Pero no soy machista, así que no me importaría que fuera un niño o una niña. Salvo que, como tú bien has dicho, debe desearlo. Y me gustaría pensar que lo apoyaría sin importar que quisiera seguir mis pasos o hacerse surfista profesional.—¡Es lo mismo que pienso yo! Se supone que los padres deben guiar y apoyar a sus hijos, no empujarlos y limitarlos. Nnosotros crecimos sin nuestros padres pero tuvimos el ejemplo y la guia...—¿Dominic hizo con nosotros eso mismo? Ser una buena guia y ejemplo para los pequeños es lo mejor...—No intencionadamente. Afrontémoslo, Dominic no tenía ni idea de qué hacer con nosotros hasta que terminamos la secundaria. De no haber sido por las excursiones y las vacaciones que le organizaba Flo para nosotros, es probable que, aparte de la escuela, sólo hubiéramos ido a la oficina.—¿Estás diciendo que no fuiste feliz? —preguntó c

  • La Esposa Falsa De Mi Mejor Amigo   Capitulo 22.1

    Luego se volvió hacia Steff y la abrazó con la efusividad reservada sólo para los cumpleaños y las navidades, plantándole un beso en cada mejilla. Jye jamás había dudado del cariño que sentía Dom por ellos dos, pero las demostraciones habían sido pocas y espaciadas. Lo cual sólo podía significar que su tutor, igual que él, jamás había comprendido el placer que le brindaba a Steff las muestras tangibles de afecto. Pero Jye lo vio en ese momento en los ojos y en la sonrisa de ella, que le iluminó todo el rostro de un modo que le llegó al alma. En ese instante estaba más hermosa que ninguna mujer que hubiera visto jamás. Se sintió extasiado ante la idea de que pudiera llevar a su hijo en su interior. El hijo de ambos. Una personita que los dos habían creado...Los sentimientos que el concepto produjo en él, tanto mental como físicamente, estaban más allá de toda descripción. Lo único que sabía era que Steff podía discutir todo lo que quisiera sobre que un matrimonio de verdad sólo podía

More Chapters
Explore and read good novels for free
Free access to a vast number of good novels on GoodNovel app. Download the books you like and read anywhere & anytime.
Read books for free on the app
SCAN CODE TO READ ON APP
DMCA.com Protection Status