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Capítulo 33

Penulis: Rina Vega
last update Tanggal publikasi: 2026-08-02 16:50:41

Mateo apretó el abrazo un instante antes de soltar a Lucía, pero mantuvo su mano en la cintura de ella con posesividad, como si reafirmara ante el mundo entero que la mujer a su lado le pertenecía. El sonido de los disparos de las cámaras resonaba incesante detrás de la valla perimetral. Algunos periodistas incluso peleaban por la mejor posición para obtener el ángulo perfecto de aquel momento romántico entre la estrella del fútbol y su esposa.

—Sonríe un poco más —susurró Mateo de nuevo, esta
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    Al día siguiente...La luz de la mañana, que se filtraba por las rendijas de las pesadas cortinas de la villa en la montaña, no lograba disipar el frío que se arrastraba por la habitación. Tras terminar de ajustar el último nudo del vendaje en la cintura de Mateo, Lucía se puso en pie con la respiración aún agitada.Sus movimientos eran lentos, como si manipulara un objeto extremadamente frágil. Sin perder tiempo, tomó el mando a distancia de la televisión sobre la mesa de madera y pulsó el botón de encendido.La gran pantalla plana cobró vida al instante, mostrando un boletín de noticias matutino de una cadena nacional que emitía un reportaje especial sobre el caos en el fútbol español. La voz de la presentadora sonaba incisiva, rompiendo el silencio asfixiante de la mañana.—Esta mañana, el mundo del deporte español sigue sacudido por dos noticias de gran calibre, opuestas entre sí, pero que manchan por igual la imagen del gigante Madrid Royale FC —anunció la presentadora con un ton

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    La luz del sol del mediodía atravesaba los huecos de las cortinas de lino blanco en el dormitorio principal de la villa, calentando el suelo de madera de roble pulido. Sin embargo, esa calidez no lograba disipar la tensión que atenazaba el pecho de Lucía. Ella estaba arrodillada al lado de la cama, con las manos finas temblando visiblemente mientras colocaba una venda estéril nueva sobre la cintura de Mateo. La gasa blanca ya empezaba a mancharse por la sangre fresca que atravesaba la primera capa.—Lucía, controla tu respiración. Pareces a punto de enfrentarte a un pelotón de fusilamiento, no de cuidar a tu propio marido —la voz de Mateo sonó baja, con ese tono rasposo propio de quien acaba de aguantar un dolor intenso.Hizo una mueca leve cuando sus músculos abdominales se tensaron, pero sus labios forzaron una sonrisa tenue para calmar la angustia en el rostro de la mujer.—¿Cómo quieres que esté tranquila, Mateo? —susurró Lucía, con la voz quebrada por un pánico contenido. Sus ded

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    El sonido del tono de llamada del móvil, que rompía el silencio de la mañana en la montaña, cambió instantáneamente la tensión en el aire. Hugo llamaba desde Madrid, y ni siquiera había terminado de sonar cuando Lucía ya le había arrebatado el dispositivo de la mesita de noche.—¿Hugo? ¿Cómo está la situación en Madrid? ¿Está todo resuelto? —exclamó Lucía sin preámbulos, con la voz vibrando entre la ansiedad y la exigencia.Al otro lado de la línea, el largo suspiro de Hugo se escuchó con claridad, seguido por el ruido de fondo que indicaba que se encontraba en la sala de espera de una comisaría o de algún despacho jurídico importante en la capital.—Tranquilízate, Lucía, respira primero —la voz de Hugo sonaba cansada, pero con un matiz de victoria que no podía ocultar—. Hernández ha sido detenido oficialmente. La policía lo ha sacado directamente de la sala de juntas esta mañana, acusado de fraude, malversación de fondos de la fundación y blanqueo de capitales.Lucía se cubrió la boc

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    Sus respiraciones volvieron a ser regulares poco a poco, llenando el silencio del dormitorio, ahora bañado por la luz dorada del sol de la mañana. Mateo estiró la mano para tirar de la gruesa manta, que antes había quedado apartada, y cubrir la espalda desnuda de Lucía, protegiendo su piel del aire de la montaña que aún se sentía fresco.Sin embargo, mientras Lucía descansaba apoyada en el pecho de Mateo, su mano, que recorría el abdomen del hombre, se detuvo en seco. Sus dedos tocaron el vendaje grueso en el lado derecho de la cintura de Mateo y sintió algo húmedo y pegajoso.—Mateo... —la voz de Lucía se tornó seria, y su somnolencia desapareció al instante—. Estás sangrando otra vez. Los puntos... los has abierto anoche.Mateo movió ligeramente el cuerpo, dedicándole a Lucía una sonrisa lánguida y profun

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    La luz de la mañana se filtraba por las rendijas de las cortinas de lino, bañando con calidez la gruesa manta sobre la cama. No había ruidos molestos de monitores cardíacos ni el penetrante olor a antiséptico de un hospital. Solo quedaba el aroma a pinos de la montaña y el canto de los pájaros.Mateo abrió los ojos lentamente.A su lado, Lucía dormía profundamente. Estaba acurrucada, con los dedos todavía aferrados con fuerza a la mano izquierda de Mateo —la que no estaba herida—, como si temiera que él se esfumara si soltaba su agarre.Mateo contempló ese rostro durante largo rato. El rostro de su esposa sin maquillaje, sin la presión de las cámaras ni la carga de un contrato. Solo estaba Lucía. La mujer que, ahora mismo, era la única razón por la que sentía que su vida estaba completa.Despacio, Mateo acercó su rostro y le dio un beso suave en la frente, manteniendo los labios ahí un momento para aspirar el reconfortante aroma a vainilla de su champú.Lucía parpadeó y soltó un peque

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    La lluvia torrencial seguía azotando el oscuro pavimento, creando charcos que reflejaban la luz roja de las luces traseras del SUV que Rafael conducía a una velocidad peligrosa. Dentro del habitáculo, la tensión era tan densa que parecía asfixiar a cualquiera que respirara el aire de su interior.Lucía abrazaba a Mateo con fuerza, mientras sus manos, manchadas de sangre, continuaban presionando el vendaje en el abdomen del capitán, intentando frenar el flujo sanguíneo que no cesaba. En el asiento del copiloto, Javier aferraba su arma, con los ojos entrecerrados y clavados en el retrovisor central, en estado de máxima alerta.—¡Siguen detrás de nosotros! —gritó Javier, con la voz casi ahogada por el rugido del motor y el estruendo de la tormenta—. ¡Dos SUVs negros, se están acercando! ¡No tienen intención de capturarnos, quieren matarnos aquí mismo!Rafael apretó la mandíbula; sus manos se aferraban al volante con tal fuerza que sus nudillos se tornaron blancos. —Resiste. Estamos cerc

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