INICIAR SESIÓN
—¿Aceptas a este hombre como tu legítimo esposo, para amarlo y cuidarlo? ¿En la salud y en la enfermedad?
La voz del oficial del registro resonó en la sala silenciosa, serena y solemne, y aun así sonaba demasiado fuerte en los oídos de Ivy. Todo parecía demasiado fuerte: su corazón, su respiración, incluso el silencio entre cada palabra. Ivy permanecía inmóvil, con las manos temblando levemente a los costados. Sus ojos se alzaron despacio hacia el hombre frente a ella. Xander. El hombre que estaba a punto de convertirse en su esposo. ¿Esposo? La palabra sonaba extraña en su mente, casi ridícula. Un resoplido amargo se le subió por dentro, pero se lo tragó. No había nada gracioso en esto. Tampoco nada real. Su mirada se detuvo en el rostro de él: frío, compuesto, indescifrable. Parecía un hombre firmando un trato de negocios, no alguien a punto de atar su vida a la de otra persona. Quizás eso era exactamente lo que era esto. Un contrato. Un trato. No amor. El silencio se extendió un instante de más. El oficial esperaba con paciencia, pero Ivy sentía que el mundo se había detenido solo para su respuesta. Podía irse. Podía decir que no. Pero no lo hizo. —Sí, acepto —dijo en voz baja. Su voz apenas se elevó por encima de un susurro, pero llevaba el peso suficiente para sellar su destino. El oficial asintió y se volvió hacia Xander. —¿Aceptas a esta mujer como tu legítima esposa, para amarla y cuidarla? ¿En la salud y en la enfermedad? —Sí, acepto. Sin vacilación. Sin pausa. Sin emoción. Su respuesta llegó fluida, como si hubiera estado esperando exactamente ese momento. Como si ya lo hubiera decidido mucho antes de que ella siquiera entrara en esa sala. El pecho de Ivy se tensó levemente. Claro que no vaciló. Esto no significaba nada para él. —Por el poder que se me ha conferido, ahora los declaro marido y mujer. Puede besar a la novia. Esas palabras golpearon distinto. Besar. Ivy se tensó levemente cuando Xander se acercó. Se le cortó el aliento por un segundo, su cuerpo reaccionando antes de que su mente pudiera procesarlo. Este no era su primer beso. Pero la primera vez… ella no había sido ella misma. Aquella vez estaba borrosa, distante, como un recuerdo que no le pertenecía del todo. Esta vez, estaba plenamente consciente. Plenamente presente. Y lo sintió todo. Su mano sostuvo con suavidad la cintura de ella, firme pero sin brusquedad. Su tacto era cálido, la anclaba de una manera que ella no esperaba. Entonces sus labios se encontraron con los de ella. Suaves. Pero también… firmes. Eso la confundió. El beso no fue apresurado, pero tampoco fue tierno. Se sintió controlado, deliberado, como todo lo demás en él. Pero Ivy odió el hecho de haberlo notado. Odió que, por un breve instante, olvidara dónde estaba. Entonces terminó. Así, sin más. Se separaron, y la realidad volvió a asentarse. Las cámaras destellaron casi de inmediato. —¡Por aquí! —¡Sonrían! —¡Más cerca! Ivy se volvió hacia las cámaras, forzando una sonrisa en su rostro. No le llegaba a los ojos, pero a nadie pareció importarle. Su mano descansó ligera sobre el brazo de Xander mientras posaban, luciendo en todo como la pareja perfecta. Una hermosa mentira. No había nadie en la sala por ella. Ninguna familia. Ningún amigo. Nadie para presenciar ese momento que se suponía debía ser uno de los días más importantes de su vida. Pero a ella no le importaba. O al menos, eso era lo que se decía a sí misma. Porque, ¿la verdad? Ya no quedaba nadie que pudiera venir. Después de algunas fotos más, el ambiente comenzó a calmarse. La pequeña multitud se dispersó, dejando atrás la tensión silenciosa que nunca había desaparecido del todo. Entonces una voz irrumpió desde atrás. —Así que, Xander… ya estás casado. Es difícil de creer. Ivy se volvió levemente cuando un hombre se acercó a ellos con una sonrisa en el rostro. Adrian. Su presencia se sentía más ligera, casi fuera de lugar comparada con el aura pesada de Xander. —Hola, Ivy —dijo él con tono casual. Ivy respondió con un pequeño gesto de la mano, su expresión volviendo a ese estado tranquilo y distante de siempre. —Hola —dijo, con voz cortés pero desapegada. Adrian rio suavemente, mirando entre los dos como si intentara descifrar algo oculto bajo la superficie. Pero no había nada que ver, porque no había nada allí. Tres días antes Ivy se incorporó de golpe en la cama, jadeando en busca de aire. Su pecho subía y bajaba con rapidez mientras el sudor empapaba su cuerpo. Mechones de cabello se le pegaban al rostro, y sus manos temblaban mientras intentaba serenarse. Otra pesadilla. Sus ojos recorrieron la habitación oscura, tratando de separar la realidad del miedo que aún se aferraba a su mente. Pero las imágenes seguían allí. Demasiado vívidas. Demasiado dolorosas. Las lágrimas le llenaron los ojos antes de que pudiera contenerlas. Bajó las piernas de la cama y se puso de pie con rapidez, caminando directo al baño. Abrió el grifo y se echó agua fría en el rostro, una y otra vez, como si intentara lavar los recuerdos. No funcionó. Nunca funcionaba. Se quedó mirando su reflejo en el espejo: ojos rojos, piel pálida, una mujer que parecía fuerte por fuera… pero que se quebraba lentamente por dentro. Ivy tomó una toalla, se secó el rostro y salió del baño. Caminó hacia la cocina, se sirvió un vaso de agua y bebió despacio. El sueño se había ido. Siempre pasaba lo mismo después de noches así. Se sentó, con la mirada perdida en la nada mientras el silencio llenaba el espacio a su alrededor. Entonces las lágrimas volvieron. Esta vez, no las detuvo. Las dejó caer libremente. Silenciosas al principio. Luego, incontrolables. Sus hombros temblaban mientras todo lo que había intentado reprimir durante el día se derrumbaba de golpe. Recuerdos. Pérdida. Dolor. Arrepentimiento. Todo la golpeó como una tormenta de la que no podía escapar. Pasaron las horas. Para cuando el sol comenzó a asomarse sobre Ivory City, sus lágrimas ya se habían secado. Su rostro estaba en blanco otra vez. Como si nada hubiera pasado. Como si hubiera vuelto a guardar todo en su lugar. Tomó su teléfono e hizo una llamada. —¿Alguna novedad? —preguntó, con voz calmada pero fría. —Ninguna, señora. Todavía no he encontrado nada. No creo que esta persona esté aquí —respondió la voz al otro lado. La expresión de Ivy no cambió. —Sigan buscando. Colgó de inmediato, sin esperar respuesta. Sin vacilación. Sin emoción. Igual que él. Para cuando llegó al trabajo, ya había recuperado el control por completo. Ivy bajó de su auto, sus tacones resonando contra el suelo con una confianza silenciosa. El edificio se alzaba imponente, elegante y poderoso, tal como el imperio que ella misma había construido. Su imperio. Ivy Luxe. —Bienvenida, señora —la saludó su secretaria al entrar. Ivy se quitó el abrigo con soltura, entregándolo sin detener el paso. —¿Cuál es mi agenda de hoy? —preguntó. —Tiene una reunión con el CEO de Blue's Design a las 2 p.m., y una reunión de directorio a las 5 —respondió la secretaria. —Bien. Simple. Directo. Ivy entró en su oficina y cerró la puerta tras de sí. El silencio regresó, envolviéndola como algo familiar. Se sentó despacio y dejó escapar un suspiro profundo. Por un momento… solo un momento… la máscara se resquebrajó. Sus ojos se suavizaron. Sus hombros se hundieron. Y el peso que cargaba se hizo visible. Pero solo por un segundo. Luego volvió a erguirse. De vuelta a la normalidad. De vuelta al control. Porque esa era la única manera que conocía de sobrevivir.La propiedad Russo se sentía distinta cuando Ivy regresó.Las paredes eran las mismas. Los pisos pulidos seguían reflejando la luz de los candelabros, y los guardias seguían de pie en sus puestos. Sin embargo, algo dentro de ella había cambiado.Durante meses, cada rincón de la casa le había recordado el peligro que los rodeaba. Cada sonido inesperado la había hecho preguntarse si Víctor había encontrado otra manera de alcanzarla.Ahora, mientras cruzaba las puertas principales, no sintió ningún impulso de mirar sobre su hombro.Estaba en casa.Raven caminaba a su lado, cargando una pequeña bolsa.—Estás mirando la casa —comentó Raven.Ivy sonrió levemente.—Estoy tratando de recordar la última vez que entré aquí sin esperar que pasara algo terrible.—¿Lo recordaste?—No.Raven deslizó su brazo a través del de Ivy.—Entonces tal vez deberíamos crear mejores recuerdos.Pasaron la tarde en la habitación de Ivy, hablando sobre su infancia.Raven recordó cómo Ivy solía robar la almohada m
Víctor sacó el arma de su chaqueta.—¡Entonces mueran juntos!El disparo quebró el silencio.Xander se movió antes de que Ivy pudiera reaccionar, lanzándose frente a ella mientras la bala golpeaba el suelo a su lado.—¡Al suelo!Empujó a Ivy detrás del auto y cargó contra Víctor.Sus cuerpos chocaron con suficiente fuerza para hacer que Víctor se tambaleara hacia atrás. Xander lo golpeó en la mandíbula, pero Víctor se recuperó rápido y le clavó el codo en las costillas.Xander gruñó, el aliento atascándosele en la garganta.Víctor siguió con otro golpe.—¡Siempre haces esto! —gruñó Víctor—. ¡Siempre me quitas todo!Xander bloqueó su siguiente puñetazo y lo estrelló contra el costado del auto.—¡No te quité nada!Víctor le clavó la rodilla en el estómago. Xander se dobló, y Víctor lo golpeó en el rostro.—¡Te llevaste el amor de Padre! ¡Su nombre! ¡Su imperio!Xander se limpió la sangre de la comisura de la boca.—¡Y tú destruiste a nuestra familia tratando de recuperarlos!Víctor rugi
Ivy estaba de pie frente al espejo, mirando su reflejo.La habitación estaba en silencio, pero su mente no lo estaba. El último mensaje de Víctor seguía repitiéndose en su cabeza.*Trae a tu esposa.*Se tocó la leve cicatriz cerca del hombro, luego bajó la mano.Durante años, había creído que necesitaba elegir entre dos personas viviendo dentro de ella. Aria, la asesina que Víctor había creado, e Ivy, la mujer que había aprendido a amar de nuevo.Había pasado tanto tiempo tratando de enterrar a Aria que a veces se preguntaba si solo estaba fingiendo ser otra persona.Pero, ¿y si no tenía que elegir?Aria era parte de ella. Esos recuerdos, el entrenamiento, las cosas terribles que había hecho bajo el control de Víctor: todo eso era parte de su historia.No podía borrarlos.Pero ya no tenía que obedecerlos.Un suave golpe sonó desde la puerta.Ivy se giró y vio a Raven ahí de pie.—¿Estás lista? —preguntó Raven.—Casi.Raven entró y cerró la puerta. Estudió el rostro de Ivy antes de ace
Las palabras de Silas resonaron por el edificio abandonado.Ivy se quedó mirando la pantalla, el corazón golpeándole con fuerza contra las costillas.—¿Qué dejó?—Una carta.Sus labios se entreabrieron, pero no pudo hablar.—¿Una carta? —repitió Raven, acercándose más al monitor—. ¿Dónde está?Silas apartó la mirada de la cámara. Cuando volvió a mirar, su expresión había cambiado.—Alguien se las llevará.—¿Alguien? —la voz de Xander se volvió fría—. ¿Nos pides que confiemos en otra persona conectada con tu organización?—No tienes que confiar en mí —Silas se recostó hacia atrás—. Pero si quieres lo que tu padre dejó, tendrás que decidir si conocer la verdad vale el riesgo.La mandíbula de Xander se tensó, pero Ivy le apretó suavemente la mano.—Quiero la carta.Silas la estudió por un momento antes de hacerle un gesto a alguien fuera del alcance de la cámara.Unos minutos después, un hombre entró a la habitación cargando un pequeño sobre sellado. Se acercó con cautela y se lo entregó
Ryder giró el teléfono hacia todos.—Alguien me envió esto antes de que saliéramos.Xander leyó el mensaje, su expresión endureciéndose con cada palabra.*No confíes en Silas.**No es la persona a la que deberías temerle.*Le devolvió el teléfono a Ryder.—Deberíamos haberlo esperado.—¿Esperar qué? —preguntó Zara.—Que Silas nos ofreciera exactamente lo que queremos —Xander miró a Ivy—. Ha estado esperando a que vayamos con él. Sabe lo que le pasó a ella, y de pronto está dispuesto a revelarlo todo. Eso no tiene sentido a menos que quiera algo a cambio.Ivy cruzó los brazos, pensando en la voz de Silas en el dispositivo.—Tal vez sí quiere algo. Eso no significa que todo lo que nos diga sea mentira.Xander se giró hacia ella.—No digo que esté mintiendo en todo. Digo que no podemos darnos el lujo de creerle solo porque conoce tu pasado.—Lo sé.Entendía su miedo. Después de todo lo que Víctor había hecho, confiar secretos a otro hombre poderoso era lo último que quería. Pero Silas ha
"Voy contigo."La respuesta de Xander fue tan rápida que la habitación quedó en silencio.Ivy permanecía de pie junto a la mesa, aún sosteniendo el dispositivo que Silas había usado para contactarlos. La pantalla se había apagado, pero sus últimas palabras resonaban en su mente."Ven y tómalo."Xander apretó la mandíbula. "De ninguna manera."Ivy bajó el dispositivo. "Xander…""No." Se acercó, con voz firme. "Sabemos lo que Silas quiere. Sabemos que se llevó a Victor, y sabemos que ha estado involucrado en tu vida desde antes de que siquiera entendieras lo que te estaba pasando. ¿Por qué caerías en sus manos?""Porque tiene respuestas.""O porque quiere que creas que las tiene.""Lo sé.""Entonces entiendes por qué me niego."Ivy lo miró. La tensión en sus hombros le indicó que ya estaba imaginando todas las posibles maneras en que la reunión podría salir mal. Ella le tomó la mano.—Yo tampoco confío en él —admitió—. No sé qué planea, y no voy a fingir que esto no es peligroso. Pero







