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Capítulo 2

Author: E.Nuella
last update publish date: 2026-08-02 00:02:54

Ivy había terminado por hoy. La oficina llevaba rato vacía, las luces atenuadas, y el silencio que siguió se sentía más pesado que el ruido que alguna vez la había llenado. Se quedó sentada en su silla un rato, con la mirada perdida en ningún punto en particular.

No quería ir a casa. Casa significaba silencio. Silencio significaba recuerdos. Y recuerdos significaba que las pesadillas volverían. Sus dedos se tensaron levemente sobre el borde del escritorio. Esta noche no. No podía pasar por eso otra vez esta noche.

Despacio, se puso de pie, tomando su bolso y las llaves del auto. Un suspiro silencioso escapó de sus labios mientras salía de su oficina, sus tacones resonando suavemente en el pasillo.

—No voy a ir a casa —murmuró para sí misma.

En su lugar, decidió ir a un bar. Hoy no era un día cualquiera. Hoy… estaba de luto. Su preciosa pequeña Lily. El solo nombre le apretó el pecho con dolor, pero se obligó a seguir moviéndose.

—Ella no iría a trabajar mañana sin más —se dijo en voz baja.

Una sonrisa tenue, casi quebrada, le rozó los labios. Era agradable ser la jefa. Al menos podía elegir cuándo desaparecer.

Llegó a un hotel de lujo poco después. El edificio se alzaba alto y elegante, resplandeciendo bajo las luces de Ivory City. Todo en él gritaba lujo, poder y privacidad, exactamente lo que ella necesitaba. Ivy entró con confianza, su expresión serena, indescifrable.

—Quisiera una habitación —dijo en la recepción.

En cuestión de minutos, todo estaba arreglado. Después de dejar sus cosas en la habitación, bajó al bar.

En el momento en que entró, las miradas se volvieron hacia ella. Algunos admiraban su belleza. Otros… la desnudaban con los ojos. Pero a Ivy no le importaba. Estaba acostumbrada. Caminó directo hacia la barra y tomó asiento.

—Necesito su trago más fuerte —le dijo al barman sin vacilar.

Él la miró brevemente, luego asintió antes de servirle un shot fuerte. Ella ni siquiera dudó. Se lo bebió de un solo trago. El ardor le golpeó la garganta al instante, pero lo recibió con gusto.

—Con calma —dijo el barman, arqueando levemente una ceja.

—Solo sírvame otro vaso —respondió Ivy, con un tono que dejaba claro que no quería consejos.

El barman vaciló un segundo, luego sirvió otro. Ella bebió de nuevo. Y otra vez.

En otra parte del mismo hotel—

—Te reservé a una chica, Xander. Esta te va a gustar —dijo Adrian con una sonrisa mientras estaban en la recepción.

Xander ni siquiera pareció interesado.

—Lo que sea —dijo con frialdad—. Solo asegúrate de que la persona llegue puntual hoy.

Eso era todo lo que importaba. Sin emociones. Sin apegos. Solo una distracción para la noche.

De vuelta en el bar, Ivy ya se estaba hundiendo en una bruma. El alcohol había comenzado a difuminar sus pensamientos, pero no lo suficiente como para borrar el dolor. Nada lo lograba nunca.

—¿Tiene usted un hijo? —le preguntó de repente al barman, con la voz ahora más suave.

El barman se detuvo, un poco sorprendido por la pregunta.

—No, no tengo —respondió.

Ivy asintió levemente.

—Perdón por preguntar eso —dijo con una sonrisa tenue y triste, antes de tomar otro trago.

—Está bien —dijo el barman con suavidad, antes de alejarse para atender a otro cliente.

En el momento en que él se fue, el aire a su alrededor cambió. Ella lo sintió antes de verlo. Una presencia. Pesada. Incómoda. Un hombre que llevaba un rato observándola finalmente se acercó. Parecía tener unos cincuenta años, sus ojos cargados de algo que le erizó la piel a Ivy.

—¿Qué hace una dama tan hermosa como usted aquí, sola? —preguntó mientras se sentaba a su lado.

Ivy se volvió despacio, y aun en su estado de embriaguez, sus ojos eran filosos. Fríos. Una advertencia. No te acerques.

Pero él la ignoró.

—¿No tiene pareja? —continuó, inclinándose un poco más cerca.

Eso fue todo. Sin pensarlo, Ivy levantó la mano y le dio una bofetada fuerte en la cara. El sonido resonó con fuerza. Por un segundo, todo quedó inmóvil. Luego la expresión de él cambió. Oscura. Peligrosa.

Cuando Ivy intentó ponerse de pie, él le sujetó la muñeca con fuerza. Ella forcejeó de inmediato.

—Suélteme —dijo, con voz baja pero firme.

Pero el agarre solo se apretó más. Y en su estado de ebriedad, no lograba liberarse. Un destello de miedo la atravesó. Conocía este tipo de situación. Sabía de lo que eran capaces hombres como él. Aun así, luchó.

Pero entonces—

Algo se sintió mal. Demasiado rápido. Demasiado repentino. Antes de que pudiera reaccionar, él dejó caer algo en su bebida y se la forzó contra los labios. Los ojos de ella se abrieron de par en par.

No.

La comprensión la golpeó al instante. La había drogado. Su cuerpo se tensó, el pánico creciendo en su pecho. Esto era malo. Muy malo. Su respiración se aceleró mientras el miedo comenzaba a apoderarse de ella.

Con la última gota de fuerza que le quedaba, Ivy levantó la pierna y le dio una patada fuerte en la entrepierna. Él gimió de dolor, y su agarre se aflojó de inmediato. Esa fue su oportunidad. Se soltó y retrocedió tambaleándose, sin perder un segundo. Necesitaba escapar. Ahora.

Su visión se nubló levemente mientras se abría paso para salir del bar. Sus pasos eran inestables, su cuerpo comenzando a reaccionar tanto al alcohol como a la droga. Conocía esta sensación. Sabía exactamente qué le habían dado. Y eso la asustaba aún más.

—Tengo que llegar a mi habitación… —susurró para sí misma.

Se apresuró todo lo que pudo, su cuerpo balanceándose mientras caminaba por el pasillo. Cada paso se sentía más pesado que el anterior. Su piel comenzaba a sentirse caliente. Incómoda. Su corazón latía con fuerza en sus oídos.

Entonces—

Vio una puerta. Ligeramente abierta. Sin pensarlo, se dirigió hacia ella. No tenía tiempo para pensar. El hombre podía seguir tras ella. Y no podía arriesgarse a que la atraparan de nuevo. Así que empujó la puerta y entró.

Dentro de la habitación—

Xander acababa de salir de la ducha. El agua aún se aferraba a su piel mientras alcanzaba una toalla. Entonces lo oyó. El sonido de la puerta. Frunció el ceño levemente al voltearse. Una figura entró en la habitación. Una mujer. Tambaleándose. Inestable.

Por un segundo, él no dijo nada. Luego, asumiendo que era la chica que Adrian había arreglado, su expresión se volvió indiferente.

—Ven aquí —dijo simplemente.

Ivy levantó la cabeza despacio, su visión luchando por enfocarse. Su cuerpo ardía. Su mente se desvanecía. Pero caminó hacia él de todos modos. No porque quisiera. Sino porque no sabía qué más hacer.

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