LOGINHabían pasado dos semanas desde que Leo había sido llevado de urgencia al hospital tras agotarse durante la clase de educación física. Ahora su estado era lo bastante estable como para recibir el alta, aunque el médico todavía le había prohibido realizar actividades extenuantes.Elena revisó el contenido del bolso por última vez. Los medicamentos y la ropa de cambio de Leo estaban completos.—¿Ya terminaste, mamá? —preguntó Leo desde el borde de la cama. Tenía sobre las piernas una almohada estampada con planetas.—Casi. Si falta algo, dímelo.Leo asintió y luego miró a Julian, que estaba de pie cerca de la puerta.—¿Papá vendrá a casa con nosotros?Julian bajó la mirada hacia su hijo.—Si quieres que vaya.—Sí. Quiero que vengas conmigo.Elena levantó la maleta sin responder. Desde lo ocurrido en la escuela, Julian pasaba cada vez más tiempo con ellos. Leo estaba feliz, pero para Elena, la presencia de su esposo solo complicaba aún más las cosas.No podía negar que Julian era el padr
Los pasos de Tristan resonaban sobre el suelo de linóleo. Caminaba de un lado a otro junto a la cama de Leo, con los puños apretados.—Déjame encargarme de esto —gruñó—. Esta misma noche, el padre de esos mocosos se arrepentirá de lo que hicieron.Julian estaba de pie al otro lado de la cama. Una mano le presionaba el costado del abdomen. La sangre se filtraba por debajo de su costosa camisa, pero su rostro permanecía impasible.—Si los atacas en plena calle, mañana por la mañana tu cara aparecerá en todas las cámaras.Tristan soltó un resoplido.—Hace diez minutos bloqueé sus canales de distribución en la costa este —continuó Julian—. Mañana por la mañana, sus operaciones estarán paralizadas. No necesito armar un escándalo para destruirlos.—¿Crees que bloquear sus envíos hará que Leo se recupere más rápido? —Tristan lo miró con dureza—. Siempre encuentras la manera de destruir a la gente usando tu dinero. Pero esta vez no están en juego acciones ni contratos.—¿Y crees que golpear a
—Aléjate un poco más o harás que se te abran los puntos del abdomen otra vez.Elena apoyó una mano en el hombro de Julian para mantenerlo a distancia.Julian se acercó aún más. El calor de su cuerpo se hizo sentir junto al de ella. Antes de que Elena pudiera apartarse, él ya había inclinado el rostro hacia su cuello.—Mi oferta nunca caduca —susurró.Elena se dio la vuelta de inmediato, dándole la espalda. Cerró los ojos y se subió la manta hasta los hombros.Sin embargo, la voz de Julian seguía resonando en su mente. Le irritaba que aquel hombre consiguiera perturbar su tranquilidad incluso cuando no estaba haciendo nada.A la mañana siguiente, lo único que se oía en la mesa del desayuno era el tintineo de las cucharas y los tenedores. Elena mantenía la cabeza gacha detrás de los planos, fingiendo estar ocupada revisando el diseño, aunque era consciente de que Julian no dejaba de observarla.Al otro lado de la mesa, Julian untaba mermelada en su tostada con toda tranquilidad. La sonr
—Leo no quiere dormir si papá está solo en la habitación de invitados.Los pequeños dedos de Leo apretaban el borde de la manta estampada con constelaciones hasta arrugarla. Miraba a Elena con el ceño fruncido, claramente decidido a no cambiar de opinión.Elena contuvo el aliento. Cruzó los brazos frente al abdomen y permaneció de pie junto a la cama, manteniendo una distancia calculada, como si aquellos pocos centímetros pudieran protegerla de una discusión que no tenía ganas de enfrentar esa noche.—La cama de la habitación de invitados es lo bastante grande para tu papá, cariño. Con esa herida, podrá dormir más cómodo allí.—Pero la herida de papá todavía sangra. —Leo señaló hacia la puerta—. Si le duele esta noche, quizá mamá no pueda oírlo desde aquí.Julian estaba de pie en el umbral, apoyando el hombro izquierdo contra el marco para sostenerse. No dijo nada. Se limitó a dejar que Leo le transmitiera su petición a Elena.Elena volvió la mirada hacia él, afilada y acusadora.—Est
La lluvia golpeaba el parabrisas. Elena mantenía la vista fija en la carretera, mientras Julian permanecía sentado en silencio a su lado. Desde que habían salido del hospital, él no había pronunciado una sola palabra.—Llevas veinte minutos sin decir nada —comentó ella al fin—. ¿Piensas pasar todo el trayecto sin hablar?Julian volvió el rostro hacia la ventana. Con la mano derecha, se presionaba la herida del abdomen, justo debajo de la camisa. Cada vez que el auto pasaba por un tramo irregular de la carretera, apretaba los dedos con más fuerza.—La carretera está resbaladiza —respondió con voz ronca.—Entonces, presta atención al camino.Elena le lanzó una mirada de reojo.—Si quieres que me concentre en conducir, deja de poner esa cara como si el mundo estuviera a punto de acabarse.Julian no respondió.Elena exhaló por la nariz. Desde que habían salido de la sala de exploración, Julian ni siquiera había encendido el teléfono. No había llamado a Liam ni preguntado por los asuntos d
—Sube al auto o dejaré que una ambulancia te recoja delante de todos los padres.Elena mantuvo abierta la puerta de la Range Rover sin apartar la mirada de Julian.Él se aferró al borde de la puerta para sostenerse. El sudor le perlaba las sienes mientras miraba hacia el otro lado de la calle, en dirección a la residencia de Elena.—Tu casa está a solo cinco minutos de aquí. ¿Para qué molestarnos en ir al hospital? —Su voz sonó ronca—. Puedo descansar en tu sofá. No ocupo mucho espacio.—Es una pésima idea. Necesitas atención médica. ¡No seas tan insensato!—Vamos, es una idea brillante.Elena negó lentamente con la cabeza.—¿Estás intentando negociar conmigo? Mejor me voy de una vez —sentenció con una crueldad que no se molestó en disimular.Finalmente, Julian subió al vehículo. Contuvo la respiración al sentarse, pero incluso ese pequeño movimiento le provocó una punzada de dolor que se extendió desde el abdomen. Una mancha rojiza comenzó a filtrarse por su camisa.Apoyó la cabeza e







