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Capítulo 83. Incómodo

Penulis: Panda
last update Tanggal publikasi: 2026-10-16 09:44:47

El chirrido de las bisagras la delató. La puerta, que había quedado entreabierta, terminó de abrirse por completo.

El aire de la habitación se sentía denso, impregnado de un intenso olor a sudor y a algo mucho más masculino.

En la cama, Julian ni siquiera se sobresaltó. Estaba recostado contra el cabecero, todavía respirando agitadamente, con el pecho subiendo y bajando a un ritmo pesado. Ni siquiera se molestó en tirar de la sábana, que ahora descansaba alrededor de sus caderas.

Sus ojos azule
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    —¿Así que realmente se fue sin despedirse? —La voz de Mira se abrió paso por encima del ruido del agua que corría en el fregadero.Estaba de pie en el umbral de la cocina, apoyada contra el marco de la puerta, con una taza de café negro entre las manos, de la que se elevaba lentamente el vapor.Elena no se volvió. El agua seguía corriendo sobre los platos limpios, enjuagándolos una y otra vez, como si aún quedara algo que necesitara eliminar.—Julian tiene un consejo de administración del que ocuparse, Mira. Despedirse quizá nunca haya figurado en su agenda.Su tono sonó ligero, casi indiferente. Sus dedos continuaron frotando el mismo plato durante demasiado tiempo, a pesar de que ya estaba limpio.Sin embargo, cuando Elena cerró el grifo, sus manos temblaron ligeramente.Aún sentía una leve punzada en las comisuras de los labios. El recuerdo de aquel beso seguía grabado en su memoria, al igual que la forma en que Julian le había sujetado la mandíbula.Pero él había desaparecido ante

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    —Veamos cuánto tiempo puedes conservar la cordura esta noche, Sterling.Las palabras brotaron lentamente de sus labios, sonando más a una invitación que a un desafío. Elena alzó la mirada y sostuvo los ojos del hombre frente a ella. La punta de sus uñas presionó suavemente el pulso de la muñeca de Julian, una provocación deliberada.Julian no respondió con palabras.Algo oscuro, reprimido durante demasiado tiempo en la mirada del hombre, finalmente se quebró. En una fracción de segundo, su mano abandonó la rodilla de Elena, ascendió hasta su nuca y la sujetó con una firmeza posesiva. La distancia entre ambos desapareció al instante.Julian la besó como si todas las barreras que había levantado hasta entonces se hubieran derrumbado.Se apoderó de sus labios con una pasión que ya no podía contener. Su brazo izquierdo rodeó la cintura de la mujer y la atrajo hacia él hasta que sus cuerpos quedaron pegados, sin dejar espacio entre ambos.El primer instinto de Elena fue resistirse. Ya tení

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    El chirrido de las bisagras la delató. La puerta, que había quedado entreabierta, terminó de abrirse por completo.El aire de la habitación se sentía denso, impregnado de un intenso olor a sudor y a algo mucho más masculino.En la cama, Julian ni siquiera se sobresaltó. Estaba recostado contra el cabecero, todavía respirando agitadamente, con el pecho subiendo y bajando a un ritmo pesado. Ni siquiera se molestó en tirar de la sábana, que ahora descansaba alrededor de sus caderas.Sus ojos azules se clavaron de inmediato en Elena, quien permanecía allí de pie, sin mostrar el menor arrepentimiento.—Esa puerta... —La voz de Julian sonó ronca, y su vibración se extendió lentamente por el aire silencioso—. Tienes que empujarla un poco más fuerte si quieres cerrarla bien.El rostro de Elena ardió de vergüenza. Sus dedos se entumecieron al soltar la manija metálica, como si acabara de tocar una brasa. Su error no había sido simplemente abrir la puerta. El verdadero problema era que había es

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    —La corbata de Leo no está en la canasta.La puerta del dormitorio principal se abrió al mismo tiempo que se escuchaba la voz de Julian.Elena acababa de retirar la mano de la perilla del baño. Una fina nube de vapor cálido se elevaba a sus espaldas y chocaba con el aire frío de la habitación.No llevaba nada más que una toalla que se había envuelto alrededor del cuerpo a toda prisa. La tela blanca y húmeda se adhería a su piel, delineando la silueta de su vientre cada vez más abultado.Julian se detuvo en el umbral, todavía con una mano en el picaporte plateado. No apartó la mirada, y fue precisamente aquel silencio lo que volvió de pronto irrespirable el espacio entre ambos.—Cerré esta puerta, Sterling —lo reprendió Elena, esforzándose por mantener un tono indiferente mientras se ajustaba la toalla sobre el pecho.—Pero no le pusiste seguro. —La voz de Julian sonó más grave de lo habitual.—Tenemos un acuerdo sobre nuestra privacidad.—¡Lo siento! Leo está quejándose en la mesa por

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    —¡Baja esa maleta! —ordenó Elena, haciendo que Julian se quedara inmóvil en el quinto escalón.—El armario de abajo ya está lleno de las cosas de Leo —replicó Julian en voz baja—. Mis camisas...—Dóblalas y listo. —Elena cruzó los brazos y lo miró desde lo alto de la escalera—. Esto no es tu penthouse. Todas tus reglas y los lujos corporativos se quedan fuera de mi puerta.Julian guardó silencio. Durante unos segundos tensos, se tragó su orgullo y dejó de lado toda su lógica.Sin pronunciar una sola palabra, se dio la vuelta. La maleta de cuero, que valía decenas de miles de dólares, comenzó a golpear resignadamente los escalones mientras su dueño la arrastraba hacia abajo.En cuanto salió el último repartidor y la puerta principal se cerró, un silencio denso se apoderó de la casa. Elena respiró hondo antes de terminar de bajar la escalera.Julian ya la esperaba en la entrada de la sala, con un vaso de agua en la mano. Llevaba las mangas de la camisa arremangadas descuidadamente hasta

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