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CAPITULO 96

Author: MARA VELUM
last update publish date: 2026-07-07 02:00:47

AARÓN

Amelia se dobló por completo entre mis brazos, apretándome los hombros con una fuerza desesperada mientras soltaba unos quejidos cortos que me partieron el alma. Tenía el rostro empapado en sudor y el color de su piel se había vuelto gris del puro dolor. El pánico me dio un golpe en el pecho, pero no me quedé estático.

—¡Quitate del camino, George! —le rugí a mi primo, em

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    RENATAHacer una maleta llorando era una experiencia bastante humillante. Había metido tres vestidos, cinco blusas, un pantalón que ya empezaba a apretarme y suficiente ropa interior para sobrevivir un mes cuando Valeria abrió la maleta, sacó la mitad y empezó de nuevo.—Estás embarazada, no huyendo de la policía. Necesitas ropa cómoda, tus vitaminas, tus documentos y zapatos con los que no vayas a romperte la madre. Lo demás lo compramos si hace falta.Me senté en la orilla de la cama.—No estoy huyendo.Valeria levantó una ceja.—Claro que no. Por eso apagaste el teléfono, estás haciendo una maleta sin saber cuánto tiempo vas a irte y llevas quince minutos diciendo que necesitas salir de aquí antes de que Alexander llegue a México. Podemos llamarlo retiro espiritual si te hace sentir mejor.—No me hagas reír porque me duele la cabeza.—Pues deja de llorar cinco minutos y te dolerá menos.Le lancé una almohada, la atrapó y siguió doblando ropa.Eso era lo que necesitaba de ella. No q

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    ALEXANDERLlegué a la oficina con ganas de cancelar la reunión, subir al avión y resolver todo desde México. El problema era que ni siquiera sabía qué tenía que resolver.Renata había apagado el teléfono. Carlo seguía hablando con el chofer y con seguridad del edificio mientras caminábamos hacia mi despacho. Yo solo quería cinco minutos sin que nadie me preguntara nada.No los tuve. Mi padre estaba esperándome.—Antes de que me digas que tienes una reunión, ya la moví cuarenta minutos. Tienes una cara espantosa, tu nombre está por todas partes y tu madre lleva una hora preguntándome si debe llamar a Renata. Así que vas a sentarte y contarme qué pasó antes de que alguno de nosotros consiga empeorarlo.Cerré la puerta.—No sé qué pasó.Aarón dejó de parecer molesto.—Eso necesita una explicación bastante mejor.—Renata me despertó llorando. Me acusó de acostarme con la mujer de las fotografías y terminó conmigo antes de que yo entendiera de qué estaba hablando. Esa mujer resulta ser Ele

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    ALEXANDERLlamé otra vez y nada. A la siguiente, el teléfono de Renata ya estaba apagado.—Joder.Me quedé sentado en la cama mirando el celular. Me dolía la cabeza de la chingada, Renata acababa de terminar conmigo y yo todavía no entendía por qué.Había despertado con Renata llorando y llamándome hijo de puta y después me había dicho que no quería volver a verme y había cortado antes de que yo consiguiera entender siquiera de qué me estaba acusando.Tenía que ir a México, primero necesitaba conseguir que mi cuerpo cooperara. Me metí a la ducha y dejé correr el agua mientras intentaba despertar de una puta vez. El dolor de cabeza no cedía y tenía la boca seca, pero lo que verdaderamente me estaba volviendo loco era la voz de Renata.Abrí los ojos de golpe y algo hizo clic en mi cabeza. Elena, la mujer

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    RENATAAlexander contestó cuando estaba a punto de cortar.—Renata...Tenía los ojos casi cerrados y la voz ronca. La camisa blanca seguía arrugada sobre su cuerpo, abierta en el cuello, exactamente la misma que llevaba en las fotografías.—Eres un hijo de puta.Alexander parpadeó varias veces.—¿Qué?—¡Eres un hijo de puta! ¡Los dos lo son! ¿Qué clase de enfermos son ustedes? ¿Qué mierda les hice para que tengan que volver a hacerme esto?Las lágrimas me impedían verlo bien. Me las limpié con rabia y solo conseguí que siguieran cayendo.—Renata, espera... ¿qué está pasando?—¡No me pidas que espere! Te esperé anoche como una imbécil. Te escribí, te llamé, pensé que estabas ocupado, que la maldita recepción se hab&i

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    RENATA—Diles que no vamos a cambiar el diseño. Si alguien necesita que nuestro tequila parezca menos mexicano para considerarlo un producto de lujo, entonces no entiende lo que está comprando.Marcelo cerró la carpeta sin discutir. Llevábamos casi veinte minutos dando vueltas sobre la misma propuesta y, a juzgar por su expresión, estaba tan cansado como yo.—Eso era exactamente lo que necesitaba escuchar de ti. Puedo defender una negativa, pero quería asegurarme de que no fueras a acusarme mañana de haber mandado al carajo una oportunidad internacional.—Si mañana cambio de opinión, puedes recordarme que hoy estaba embarazada, hambrienta y particularmente intolerante a las estupideces. Será una defensa bastante sólida.Valeria soltó una carcajada.—Me preocupa que estés empezando a utilizar el embarazo para justificar tu carácter cuando todos sabemos que eras igual de insoportable antes.—No estoy utilizando a mi hijo para nada. Estoy aprovechando una ventaja temporal que probablemen

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    ELENAEl chófer alcanzó la puerta antes de que yo pudiera hacerlo.—Gracias. Yo me encargo desde aquí —dijo, inclinándose hacia Alexander.Toda su atención estaba puesta en su jefe, desplomado contra el asiento trasero. Hacía menos de diez minutos todavía podía caminar apoyado en mí. Ahora tenía los ojos cerrados y la cabeza ladeada.Me había pasado.Había querido bajarle las defensas, confundirle la noche lo suficiente para que mañana dudara de sus recuerdos. No dejarlo casi inconsciente.El chófer fue a cerrar la puerta.—Voy con ustedes.Esta vez sí me miró.—El señor Kane estará bien. Lo llevaré a casa.—Hace veinte minutos también parecía estar bien y míralo ahora. Estuve con él cuando empezó a sentirse mal. No pienso irme sin saber que llegó bien a su departamento. Después puede dejarme donde encuentre un taxi.Miró a Alexander y luego hacia la entrada del hotel, donde todavía quedaban fotógrafos.—Suba. Pero cuando lleguemos, yo me ocuparé del señor Kane.Sonreí como si acabara

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