Mag-log in
POV: Liora
Hay recuerdos que nunca desaparecen. Puedes intentar enterrarlos, fingir que pertenecen a una vida que ya no existe y convencerte de que has cambiado demasiado... pero algunos permanecen intactos, marcados a fuego en la memoria.
A veces cierro los ojos y todavía puedo escuchar aquellas risas. Puedo sentir la brisa fresca acariciando mi rostro, escuchar el murmullo del agua de la fuente y recordar el sonido de nuestros pasos apresurados sobre el césped recién cortado.
En aquel entonces no sabía que la felicidad podía ser algo tan frágil. No sabía que existía un mundo cruel fuera de los límites de esa propiedad, ni que algún día desearía con todas mis fuerzas regresar a esos días donde el dolor no existía.
Solo era una niña. Tenía ocho años. Y mi mundo todavía era sencillo, lleno de luz y de certezas.
En aquel momento, mi mayor preocupación en la vida era ganarle una carrera a Aiden Moreau.
—¡Aiden, eso es trampa! —grité tratando de tomar aire.
Él volteó la cabeza sin dejar de correr y soltó una carcajada limpia.
—¡No es trampa! —respondió riendo.
—¡Sí lo es! Te adelantaste.
—¡Entonces atrápame si puedes, Liora!
Aceleró todavía más, dejando que la distancia entre los dos se hiciera más grande. Corrí detrás de él por el enorme jardín de la casa. Mi cabello rizado se movía desordenado con el viento mientras intentaba alcanzarlo, pero él era tres años mayor, tenía las piernas más largas y era mucho más rápido que yo.
El jardín era uno de mis lugares favoritos en todo el mundo. Había rosales de colores que mi madre cuidaba con esmero, árboles enormes y una fuente de piedra esculpida en el centro. Desde allí podía verse la majestuosa arquitectura de la enorme mansión de mi familia, una propiedad que simbolizaba el poder y la opulencia inalcanzable de los Vanderberg.
Pero para mí, nada de ese lujo importaba. Lo más importante era que Aiden estaba allí.
Aiden siempre había sido mi mejor amigo. Aunque era mayor que yo, nunca me trataba como si fuera pequeña. Jugaba conmigo, me escuchaba con atención y siempre encontraba alguna manera de hacerme reír.
Finalmente, aprovechando que él bajó el ritmo para esperarme, conseguí alcanzarlo y lo sujeté del brazo.
—¡Te atrapé! —exclamé victoriosa.
Aiden se giró, dejándose llevar por mi impulso mientras reía.
—Eso no cuenta. Te dejé alcanzarme, enana.
—¡Mentiroso!
Le di un pequeño empujón en el pecho y él volvió a reír con ganas. Nos quedamos allí parados unos segundos, intentando recuperar el aliento.
—Siempre haces trampa —dije cruzándome de brazos—. Y nunca aceptas cuando pierdes.
—Algún día vas a aprender a perder, Liora —sonrió con diversión.
—Nunca.
Mis padres solían estar ocupados con los negocios de la empresa y la alta sociedad, por lo que yo pasaba mucho tiempo sola. Por eso, cada vez que la familia Moreau venía de visita, yo esperaba con ansias en la entrada a que Aiden apareciera. Con él jamás me sentía sola.
Aquella noche, las familias se reunieron en el gran comedor para cenar. Los adultos conversaban entre copas de cristal sobre inversiones y alianzas. Recuerdo mirar a mi padre en la cabecera de la mesa y luego a Gabriel, el padre de Aiden. Ambos sonreían como los mejores socios y amigos del mundo. Al menos eso era lo que yo creía en mi inocencia. No había presagios de la tragedia que estaba por venir.
Al terminar la cena, mientras los adultos continuaban con sus licores, Aiden y yo salimos nuevamente al jardín. El cielo estaba oscuro y las primeras estrellas comenzaban a brillar sobre la fuente.
Nos sentamos en el borde de mármol, escuchando el correr del agua.
—¿En qué piensas? —preguntó él de pronto.
—En nada —respondí de inmediato.
—Siempre dices eso cuando piensas demasiado. Tu frente se arruga —dijo mirándome con sus ojos grises, atentos y profundos. Aunque era solo un niño de once años, muchas veces reflejaba una seriedad propia de los adultos. Pero conmigo bajaba la guardia. Conmigo sonreía de verdad.
Me quedé observándolo durante unos segundos.
—¿Qué miras? —preguntó.
Aparté rápidamente la mirada.
—Nada.
—Estabas mirándome.
—Porque eres raro.
—¿Raro?
Asentí.
—Sí.
—Entonces tú eres rara también.
—¿Por qué?
—Porque eres mi mejor amiga.
Sonreí.
No sabía por qué, pero escuchar esas palabras siempre me hacía sentir especial.
Se quedó en silencio observando el agua antes de que su tono cambiara a uno más serio.
—Liora… ¿me prometes algo?
—¿Qué cosa?
—Que nunca vas a olvidarte de mí. Porque algún día vamos a crecer, y las cosas cambian cuando la gente crece.
Para mi mente de ocho años, la vida siempre sería así.
—Aunque crezcamos, seguirás siendo mi mejor amigo —respondí con total seguridad—. Nada va a cambiar eso.
Aiden me observó fijamente y extendió su dedo meñique hacia mí.
—Entonces prométemelo de verdad.
Entrelacé mi pequeño meñique con el suyo sin dudarlo.
—Te lo prometo.
Una sonrisa sincera iluminó su rostro.
—Y yo te prometo que siempre voy a estar para ti. Pase lo que pase, siempre te voy a proteger. nuestra promesa.
—Nuestra promesa —repetí.
Qué fácil era creer en la eternidad a los ocho años. Qué fácil era pensar que las personas que amabas permanecerían a tu lado para siempre.
Cerré los ojos en la penumbra.
Poco a poco, la imagen del jardín soleado comenzó a desvanecerse. Las rosas se marchitaron, el agua de la fuente dejó de sonar y nuestras risas se apagan en la distancia. Ya no había mármol ni flores. Ya no tenía ocho años.
Abrí los ojos golpeándome contra la realidad.
El calor de la mansión había desaparecido. En su lugar, el frío de una habitación pequeña y austera me dio la bienvenida. El techo mostraba pequeñas grietas por el paso de los años y el crujido de la cama de hierro recordaba la humilde vida que nos habíamos visto obligadas a construir.
Habían pasado quince largos años desde aquella noche. Quince años de carencias, de luchar por salir adelante y de ver cómo el imperio de mi familia se desmoronaba hasta dejar solo ruinas.
Respiré profundamente el aire helado de la mañana.
—Liora… —la voz suave de mi nana me llamó desde el otro lado de la vieja puerta de madera, devolviéndome por completo al presente.
Levanté la cabeza de la almohada desgastada. Aquello de lo que llevaba tanto tiempo intentando escapar o recuperar estaba esperando por mí.
Me quedé mirando la puerta. Algunas historias no terminan cuando dejamos de recordarlas. A veces, la verdadera historia apenas está comenzando.
POV AidenVeo a Amelia salir de mi oficina después de decirle que no confíe demasiado rápido en las personas de aquí.Cuando cerró la puerta, su perfume a vainilla se quedó por toda mi oficina.Me recosté en mi silla, cerré los ojos y respiré profundamente ese perfume.Su nombre vino a mi cabeza.Amelia.Lo dije en un susurroCuando la vi en la mansión siendo atacada por mi padre, me llamó mucho la atención y no sé por qué.Por eso me acerqué a ver qué sucedía, pero, en realidad, lo que quería era verla de cerca.Es una mujer exageradamente hermosa, y sus ojos…Sus ojos me recordaron a mi pequeña Liora, la niña que fue mi amiga durante mi infancia.Recuerdo que me quedé observándola durante un largo rato.No sé por qué, pero sentí una conexión muy fuerte con ella, una conexión que jamás había sentido con ninguna otra mujer.Las mujeres que han pasado por mi vida han sido solo distracciones, algo pasajero, líos de una sola noche.Pero con Amelia es diferente, y entiendo el porqué.Yo j
Después de lo sucedido la noche anterior, hoy me preparo para mi primer día de trabajo como asistente de Aiden. Tengo que admitir que estoy un poco nerviosa. Jamás me imaginé llegar hasta la empresa. Mi objetivo era permanecer en la casa, pero la verdad es que trabajar aquí me viene mucho mejor, ya que puedo descubrir quién es ese tipo al que Gabriel quiere quitar de su camino y observar de cerca cómo trabaja y qué es lo que trama.Elegí un atuendo sencillo, pero elegante. Me puse una blusa blanca de cuello alto y la metí dentro de unos pantalones negros de vestir. Encima me coloqué un blazer negro de corte impecable.Completé el conjunto con unos tacones negros de punta fina y un pequeño bolso del mismo color. Recogí mi cabello con cuidado, dejando algunos mechones rubios sueltos alrededor de mi rostro.No quería llevar nada demasiado llamativo. Era mi primer día en Moreau Industries y quería parecer una empleada más.Me miré una última vez en el espejo antes de salir.Por fuera, par
Mi corazón dio un vuelco cuando lo vi entrar.Habían pasado tantos años desde la última vez que nos vimos. Yo sabía que, tarde o temprano, me lo encontraría, pero jamás me preparé para ese momento.Y por fin lo tenía justo frente a mí.El mismo niño que alguna vez conocí.Negué con la cabeza para alejar los recuerdos del pasado y volví a centrar mi mirada en él.Tenía que admitirlo: era un hombre condenadamente guapo. Me ruboricé un poco, pero cuando vi que comenzaba a acercarse a mí, empecé a temblar.Intenté tranquilizarme lo más que pude.—Mírame —me dijo.Levanté lentamente la cabeza porque, literalmente, tenía frente a mí a un hombre de casi dos metros.Fijé mi mirada en sus ojos grises. Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada, hasta que Gabriel habló.—Hijo, por fin llegas —dijo alegremente.Aiden se acercó a él y le dio un abrazo.—Hola, padre. ¿Se puede saber qué está pasando aquí?—Nada, hijo. Es solo que hay empleados incompetentes que no saben hacer su trabajo.
POV: LioraVi personas vestidas con trajes elegantes y vestidos costosos. A simple vista, podía reconocer que muchos de ellos eran personas importantes.Por un instante, recordé a mi madre organizando eventos como aquel. Recuerdo haberla visto sonreír mientras caminaba entre los invitados, orgullosa de todo lo que había construido.Sonreí con tristeza.A lo lejos, vi a una chica vestida igual que yo. En un dos por tres la chica se acercó a mí.—¿Eres nueva?Yo solo me limité a asentir.—Ven conmigo. Ya te están esperando.La seguí.Y por fin llegué hasta el salón de la mansión. Lo conocía muy bien, pero tenía que fingir que no. Me quedé unos segundos mirando todo detenidamente. Era increíble cómo, robando lo que no era tuyo, podías llegar a tener una casa así.—¿Qué haces ahí parada? Sígueme —me dijo la chica, devolviéndome a la realidad.Entonces empecé a caminar otra vez detrás de ella. Me llevó a una habitación que claramente era matrimonial.Así que aquí duermen los honorables señ
POV: LioraYa habían pasado dos semanas desde que perdí mi trabajo en el bar. Dos semanas enteras en las que me dediqué a afinar cada detalle de mi siguiente movimiento.Mi nana me esperaba en la cocina con el lunch en la mano, tan cariñosa como siempre.—Adiós, Nana. Ya tengo que irme a trabajar —le dije esbozando una sonrisa tranquila.—Adiós, mi niña. Que Dios te bendiga y te acompañe siempre.—Amén, Nanita.Me despedí de ella con un beso en la mejilla y un abrazo apretado. Salí de casa y me alejé a paso rápido hasta la esquina, donde mi taxi ya me esperaba para llevarme a mi casa secreta.Nana no sabía nada de lo que estaba haciendo. No sabía que había perdido el empleo ni que me preparaba para una misión peligrosa, y prefería que continuara en la ignorancia. Algún día le contaría la verdad porque merecía saberlo, pero aún no era el momento adecuado.El taxi me dejó justo frente a la fachada de mi casa secreta. Saqué la llave, abrí la puerta con sigilo y entré.Ese era el momento
POV: LioraEscuché a mi nana tocar la puerta y llamarme con su voz suave.—Mi niña, ¿ya estás despierta?Abrí lentamente los ojos y me reincorporé en la cama, todavía adormilada. Me levanté, caminé hasta la puerta con el cabello desordenado y la abrí. La vi recostada en el marco de madera, con los brazos cruzados sobre el delantal y una sonrisa radiante.—Buenos días, mi niña hermosa. ¿Qué tal has amanecido? —preguntó.Al verla, me abalancé hacia ella y le di un beso en la mejilla junto a un gran abrazo.—Muy bien, nanita. ¿Y tú?—Perfectamente bien, mi niña. He venido a avisarte que el desayuno ya está listo. Te espero abajo.—Muchas gracias, nanita. En un momento bajo.Cerré la puerta y me dirigí al baño. Dejé mi cabello rizado tal como estaba, me puse unos pantalones deportivos, una camiseta de tirantes y mis pantuflas antes de bajar al comedor.Encontré a mi nana sentada esperándome. Me senté a su lado, hicimos nuestra oración de siempre y comenzamos a desayunar. Sobre la mesa hab







