MasukPOV: Liora
Escuché a mi nana tocar la puerta y llamarme con su voz suave.
—Mi niña, ¿ya estás despierta?
Abrí lentamente los ojos y me reincorporé en la cama, todavía adormilada. Me levanté, caminé hasta la puerta con el cabello desordenado y la abrí. La vi recostada en el marco de madera, con los brazos cruzados sobre el delantal y una sonrisa radiante.
—Buenos días, mi niña hermosa. ¿Qué tal has amanecido? —preguntó.
Al verla, me abalancé hacia ella y le di un beso en la mejilla junto a un gran abrazo.
—Muy bien, nanita. ¿Y tú?
—Perfectamente bien, mi niña. He venido a avisarte que el desayuno ya está listo. Te espero abajo.
—Muchas gracias, nanita. En un momento bajo.
Cerré la puerta y me dirigí al baño. Dejé mi cabello rizado tal como estaba, me puse unos pantalones deportivos, una camiseta de tirantes y mis pantuflas antes de bajar al comedor.
Encontré a mi nana sentada esperándome. Me senté a su lado, hicimos nuestra oración de siempre y comenzamos a desayunar. Sobre la mesa había un desayuno recién preparado. El aroma del café llenaba la estancia, mezclándose con el olor del pan caliente y los huevos recién hechos. La luz de la mañana entraba por las ventanas e iluminaba suavemente la mesa. Era uno de esos desayunos sencillos que siempre conseguían hacerme sentir en casa.
Al terminar, recogí los platos y me puse a lavarlos en el fregadero. Mientras lo hacía, observé nuestra pequeña casa. No era demasiado grande, pero tenía un encanto acogedor. Las paredes lucían tonos cálidos, había flores en la ventana y los muebles de madera, aunque antiguos, estaban perfectamente cuidados. No era una casa lujosa, pero era nuestra. Y después de todo lo que había perdido tras la caída de mi familia, este lugar había sido lo más parecido a un hogar que había conocido en quince años.
Subí a mi habitación para ducharme y prepararme para ir a trabajar. Me puse jeans, una camisa corta, tenis y me hice una coleta alta. Al bajar, Nana me esperaba con mi lunch en las manos.
—Aquí tienes, mi niña. Come toda tu comida, cuídate, que Dios te bendiga y no llegues tan tarde —dijo entregándomelo.
Tomé el paquete y le di un afectuoso beso en la frente. Ella no solo me había cuidado tras la muerte de mis padres; había sido mi refugio y la única persona que me enseñó a seguir adelante. En muchos sentidos, la mujer que era hoy se lo debía a ella.
Salí de casa y comencé a caminar hacia mi trabajo. El bar donde trabajaba de mesera no quedaba lejos y prefería caminar para despejar la mente. Sin embargo, al llegar al local, algo me pareció extraño de inmediato: dos guardias de seguridad estaban parados rígidamente frente a la entrada.
Intenté pasar de largo, pero el más alto se interpuso bruscamente y me empujó el hombro hacia atrás, haciéndome perder el equilibrio por un instante.
—¿Pero qué hacen? Déjenme pasar. Voy a llegar tarde —reclamé.
La rabia me quemó la garganta. Lo miré fijamente y di un paso hacia él hasta quedar a pocos centímetros de su rostro.
—En tu maldita vida se te ocurra volver a ponerme una mano encima —susurré con una frialdad que los tomó por sorpresa.
El guardia más bajo, John, le hizo una señal nerviosa al otro.
—Luis, habla tú.
Luis suspiró antes de mirarme.
—No podemos dejarte entrar, Amelia. Son órdenes del jefe.
Amelia.
La única persona en este mundo que tenía permitido llamarme Liora era mi nana. Para ella siempre sería la niña que había criado. Pero fuera de esas cuatro paredes, para el resto del mundo, yo era Amelia Mirren: el nombre falso que utilizaba para trabajar y vivir el día a día. Nadie conocía la historia trágica detrás de mi verdadero apellido. Liora pertenecía a mi pasado destruido; Amelia Mirren era la fachada con la que me protegía.
—¿Y por qué me prohíbe entrar? —pregunté cruzándome de brazos.
—Porque yo lo he ordenado —se escuchó una voz desagradable detrás de los guardias.
Me giré. Ahí estaba Adrián, el dueño del local y mi maldito jefe. Era un hombre de unos sesenta años, con sobrepeso y la horrible costumbre de acosar a las empleadas jóvenes. Se acercó y me recorrió de pies a cabeza sin disimulo.
—Pero miren nada más… Si es mi pequeña belleza. Hoy por fin llegaste temprano —dijo con una sonrisa torcida.
—Con todo el respeto que usted no se merece, ¿por qué sus guardias no me dejan entrar a trabajar?
Adrián disfrutó de su pequeño momento de poder.
—Verás, mi pequeña belleza… resulta que estás despedida.
Lo miré durante unos segundos. Siempre supe que perdería este trabajo de m****a por no seguirle el juego a sus insinuaciones, pero no me importaba en lo absoluto.
—Vale. Entonces me voy —respondí dándome la vuelta.
—¡Espera, espera! ¿Cómo que te vas? ¿Acaso no te importa quedar en la calle?
Me giré lentamente, sonreí y solté una carcajada limpia.
—Oh, por Dios. ¿En serio crees que me importa perder este trabajo de porquería? Me has hecho un gran favor. Por fin voy a dejar de ver tu asquerosa cara.
El hombre se puso rojo de la rabia.
—¡Perra estúpida! ¿Cómo te atreves a hablarme así?
—Si quieres respeto, gordo, empieza por darlo tú primero —respondí completamente tranquila.
Los tres se quedaron en un silencio sepulcral. Los miré una última vez, me giré y comencé a caminar con la frente en alto. Antes de doblar la esquina, levanté ambas manos a mi espalda y les mostré los dedos medios.
—¡Adiós, idiotas!
Sentí la mirada furiosa de Adrián en mi espalda, pero ya no me importaba. Ese trabajo solo era un medio temporal para mantener mi fachada.
Hice una seña y me subí a un taxi. Mi siguiente destino no era el humilde hogar donde había vivido con Nana, sino mi nuevo lugar secreto. Mientras el auto avanzaba, observé por la ventana. En un semáforo vi a un hombre vendiendo rosas rojas. Un recuerdo dulce y punzante intentó abrirse paso en mi mente, pero sacudí la cabeza y aparté la mirada. No era momento de lamentarse.
El taxi me dejó frente a una hermosa casa que logré comprar con el esfuerzo de mis ahorros. Aunque no tenía la majestuosidad de la antigua mansión Vanderberg, era infinitamente superior a la vivienda modesta de mi infancia reciente. Pero, sobre todo, esta casa era mi centro de operaciones.
Entré y cerré la puerta con seguro. Caminé por el pasillo, me acerqué a una de las paredes y aparté un cuadro para revelar una caja fuerte. Introduje la contraseña, escuché el clic y abrí la puerta. Saqué una caja metálica de seguridad y tomé el teléfono encriptado que guardaba en su interior.
Lo encendí. La pantalla se iluminó e inmediatamente ensanché mi sonrisa al ver una notificación. Tenía un mensaje de mi aliado: alguien infiltrado dentro de la familia Moreau que me mantenía informada de todos sus pasos. En el pasado, mis padres lo trataron con enorme respeto y por lealtad a su recuerdo se había convertido en mis ojos y oídos en esa mansión.
Abrí su mensaje:
“Muy pronto te llegará el informe completo de todo lo que ha estado haciendo la familia. Prepárate, porque esto apenas empieza.”
Leí las palabras una segunda vez mientras mi corazón latía con fuerza. Por fin, después de quince largos años, estaba a punto de dar el primer paso.
Mi nana no sabía nada de esta casa ni del plan; si llegara a enterarse de que me iba a meter en la boca del lobo, se moriría del susto. Por eso mantenía todo en secreto. Solo tenía que esperar el informe y, cuando lo tuviera en mis manos, ejecutaría mi próximo movimiento.
Todos iban a pagar por lo que le hicieron a mi familia. Por habérmelo arrebatado todo.
Liora Vanderberg había regresado. O mejor dicho… Amelia Mirren estaba lista para infiltrarse.
Era momento de vernos cara a cara, Gabriel Moreau. Porque a los enemigos no se les destruye desde afuera… Se les destruye desde adentro.
Amelia Estoy muy nerviosa. No he podido concentrarme en el trabajo. Hoy, en la madrugada, era el ataque a la villa de Theo y, la verdad, es que no he podido pensar en otra cosa. Gabriel es capaz de todo y se sabe que, cuando es traicionado, no descansa hasta mandar al otro mundo a los que se convierten en sus enemigos o estorbos.Lo único que se me viene a la cabeza es: ¿qué habrá pasado con Theo? ¿Logró escapar? ¿Gabriel lo encontró y lo asesinó? Eso es algo de lo que tal vez no me entere o quizás sí. Lo único que quiero es que la persona que iba conmigo de la mano para ponerme a salvo haya logrado escapar, porque, si estoy viva, es, en pocas palabras, gracias a Theo.Mi instinto me dice que sí pudo huir. Espero que así sea, porque, la verdad, Theo y yo tenemos mucho de qué hablar, porque lo que quiero saber es cuál es la relación que tenía mi padre y él. La verdad es que mi vida solo está hecha de misterios y secretos, y eso cansa. Pero, para poder cerrar ese capítulo de mi vida y
Capítulo 10 — El ataquePOV Gabriel MoreauYo soy un hombre que siempre consigue lo que quiere, un hombre que se va contra todo y todos, y más si es algo que me va a beneficiar mucho. En este negocio no existen las lealtades y mucho menos se debe confiar demasiado. Eso es lo que pasó con Brandon Vanderberg.El Don de la mafia francesa era mi amigo, sí, pero no amigo amigo. Él me contaba que no se debería confiar en la gente y el imbécil confió en mí. Al parecer, no aprendió absolutamente nada sobre este negocio.Solo tuve que fingir que no solo era su amigo, sino su hermano también, alguien en quien debería confiarle la vida, y eso fue lo que hizo.Siempre quise lo que él tenía. Siempre quise ese respeto que la gente le daba, ese poder. Aunque debo admitir que Brandon era un hombre valiente, astuto, temerario y, sobre todo, un gran estratega. Cada vez que íbamos a misiones, todos regresábamos con vida gracias a él, y lo digo también porque sus hombres siempre regresaban vivos.El dese
AmeliaDespués de aquella reunión tan tensa, aún no puedo dejar de pensar en ese señor que se apellida Lafayette. No sé por qué, pero al escucharlo me dio un pequeño escalofrío. Yo soy una persona que le hace mucho caso a su intuición, y esta me dice que de niña había escuchado ese apellido. No sé si ya estoy paranoica, pero yo jamás me equivocaba.Aquí estoy sentada en mi oficina con los papeles que Aiden me dio y sé que aquí voy a encontrar lo que quiero, pero la verdad es que me la estoy pensando en abrirlos porque tengo miedo de lo que me pueda encontrar.Pero antes de que alguien venga a interrumpirme, con manos temblorosas empiezo a buscar entre los papeles. Aparecen nombres de personas que no me interesan, pero después de pasar como quince hojas aparece el apellido que estoy buscando.—Lafayette —digo en un susurro.Los papeles estaban metidos en un folder y no como los otros, que eran hojas sueltas. Abro el folder y lo que veo me deja sorprendida. Aparece una foto de este homb
AmeliaPensé que me iba a acostumbrar rápido trabajando aquí, pero la verdad es que se me hace difícil, aunque no imposible. Todas las personas de aquí son algo extrañas, o tal vez estoy exagerando. Aún recuerdo las palabras de Aiden, de que no confiara rápido en la gente, y puede que tenga razón, pero a mí no me gusta juzgar sin antes conocer.Estoy en la oficina que me asignó el personal de Aiden. Es muy hermosa y tiene una vista increíble. Cuando sea más tarde, por aquí el atardecer se miraría hermoso. No sé por qué Aiden pidió que me entregaran esta oficina, porque es muy elegante, pero bueno, no quiero seguir indagando en cosas sin importancia.Sigo haciendo mi trabajo como una buena secretaria. Veo en mi computadora las citas que tiene Aiden hoy. A las 3 p. m. tiene que ir a un restaurante con un tal Valentino Torrinelli, después se tiene que ver con un tipo que se llama Dante Acerbi a las 5 p. m.Hoy solo fueron dos citas, pero estoy segura de que cada día se irá aumentando. Es
POV AidenVeo a Amelia salir de mi oficina después de decirle que no confíe demasiado rápido en las personas de aquí.Cuando cerró la puerta, su perfume a vainilla se quedó por toda mi oficina.Me recosté en mi silla, cerré los ojos y respiré profundamente ese perfume.Su nombre vino a mi cabeza.Amelia.Lo dije en un susurroCuando la vi en la mansión siendo atacada por mi padre, me llamó mucho la atención y no sé por qué.Por eso me acerqué a ver qué sucedía, pero, en realidad, lo que quería era verla de cerca.Es una mujer exageradamente hermosa, y sus ojos…Sus ojos me recordaron a mi pequeña Liora, la niña que fue mi amiga durante mi infancia.Recuerdo que me quedé observándola durante un largo rato.No sé por qué, pero sentí una conexión muy fuerte con ella, una conexión que jamás había sentido con ninguna otra mujer.Las mujeres que han pasado por mi vida han sido solo distracciones, algo pasajero, líos de una sola noche.Pero con Amelia es diferente, y entiendo el porqué.Yo j
Después de lo sucedido la noche anterior, hoy me preparo para mi primer día de trabajo como asistente de Aiden. Tengo que admitir que estoy un poco nerviosa. Jamás me imaginé llegar hasta la empresa. Mi objetivo era permanecer en la casa, pero la verdad es que trabajar aquí me viene mucho mejor, ya que puedo descubrir quién es ese tipo al que Gabriel quiere quitar de su camino y observar de cerca cómo trabaja y qué es lo que trama.Elegí un atuendo sencillo, pero elegante. Me puse una blusa blanca de cuello alto y la metí dentro de unos pantalones negros de vestir. Encima me coloqué un blazer negro de corte impecable.Completé el conjunto con unos tacones negros de punta fina y un pequeño bolso del mismo color. Recogí mi cabello con cuidado, dejando algunos mechones rubios sueltos alrededor de mi rostro.No quería llevar nada demasiado llamativo. Era mi primer día en Moreau Industries y quería parecer una empleada más.Me miré una última vez en el espejo antes de salir.Por fuera, par







